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Algunos datos sobre William James

Ana Gimeno-Bayón Cobos*

2. Algunos datos sobre William James

A manera de esbozo muy esquemático sobre su vida, diré que William James nació en Nueva York en 1842, en el seno de una fami- lia un tanto peculiar, tanto por su brillo social y falta de convencio- nalismo (su padre, Henry, autor de numerosos escritos religiosos, era considerado un intelectual excéntrico; su hermano fue el novelista Henry y su hermana Alice era igualmente escritora) como por ser propensos, como el propio William, a padecer desequilibrios psicoló- gicos. Para comprender este último rasgo puede ayudar la lectura del capítulo que Schafstein (1980) dedica a William James.

Tras una educación en la que no faltaron los viajes y estudios en Europa, un primer intento de convertirse en pintor que fracasó por falta de capacidad e interés y un segundo intento de estudiar Ciencias Químicas que fracasó también por falta de salud suficiente para resistir el clima del laboratorio, William James inició en 1864 y sin demasiada convicción su carrera como médico en la Harvard Medical

School. Obtendría el título en 1869, tras haber vivido la experiencia

de un año en Brasil (en una investigación biológica sobre flora y fau- na) y de la constatación de la fragilidad de su salud física y psíquica, con las limitaciones que ello significaba para su trabajo. La convale-

cencia tuvo lugar en Alemania, en el balneario de Teplitz, mientras continuaba sus estudios en Dresden, Berlin y Heidelberg.

Durante el período comprendido entre 1869 y 1872 sufrió persis- tentemente ideación suicida. Padecía una depresión de tipo existen- cial, en la que se daba una dura pelea interior entre sus sentimientos religiosos y la filosofía determinista. Gracias a la lectura del filósofo Renouvier, William James sale de la depresión, en base a su elección de dar un voto de confianza a la posibilidad del libre albedrío. Esta decisión le llevará igualmente a dar un voto de confianza a la vida y a la convicción de nuestra capacidad creadora en relación con la misma.

Se casa en 1878 (hecho seguramente muy decisivo para el arraigo definitivo de su equilibrio psíquico) y en 1879 es nombrado profesor de fisiología en Harvard. Pero su anhelo era impartir esta asignatura en forma integrada e interdisciplinar, juntamente con la filosofía y la psicología. Este tipo de enfoque, como luego veremos, va a ser deter- minante a la hora de realizar sus aportaciones psicológicas. Poste- riormente hay un ir y venir de una a otra materia, incluso en el pla- no académico: en 1876 es nombrado profesor auxiliar de psicología; 1880 es nombrado profesor auxiliar de filosofía y en 1885 catedráti- co de filosofía, para volver en 1889, como catedrático, a la psicología. Por ello en su obra hay una continuidad entre su pensamiento psico- lógico y filosófico. Desde esta última vertiente, William James se nos presenta como uno de los creadores del pragmatismo en su vertiente clásica, al que luego nos referiremos a propósito de su empirismo radical epistemológico.

William James desarrolló una intensa actividad intelectual, vivien- do la amistad con personas como Bergson, Spencer y Kipling. Su influencia no se limitó a los Estados Unidos, sino que tuvo igual- mente una gran resonancia en Europa, donde impartió numerosas conferencias con gran éxito y resonancia en el ámbito de la vida cul- tural. Muere en Chocorua (New Hampshire) en 1910. Su figura se constituyó en un punto de referencia para la vida intelectual de Estados Unidos. Tanto su actividad como profesor en Harvard (don- de tuvo como discípulos, entre otros, a George Santayana y Gertrude Stein), como sus escritos, tuvieron tal relevancia que la mayoría de

historiadores están de acuerdo en afirmar que sin él no puede com- prenderse la evolución de la Psicología americana de principios del siglo XIX.

De su obra escrita hay que destacar, ante todo, The Principles of

Psychology, un gran tratado que se gestó durante doce años (1878-

1890) y que sorprende por su carácter pionero y su capacidad de seguir siendo novedoso, a pesar del paso del tiempo: en él se apuntan –en forma sumamente matizada– buena parte de los temas que tra- tará la Psicología del siguiente siglo, y se apuntan direcciones que seguirán siendo fuente de inspiración durante muchas décadas.

De sus conferencias, merece especial atención el ciclo que dictó en Edimburgo durante 1901-1902 y que se recopilaría después bajo el título The Varieties of Religious Experience. En ese ciclo ofrece una interesante reflexión sobre las experiencias religiosas indivi- duales, con independencia del marco institucional en que apare- cen, y las relaciones que estas experiencias pueden guardar con la salud mental.

Por ese carácter de pionero, al que antes hice referencia, le recla- man como precursor múltiples escuelas y movimientos de la Psicología. Así, se ha dicho de él que es

• un precursor del conductismo, pues califica a las ideas como hábitos para la acción;

• un adelantado de la Psicología de la Gestalt, al oponerse a la concepción elementalista de la experiencia, de tal forma que algún autor, como Boring, recoge expresiones como la de que

“él fundó la psicología de la Gestalt, veinticinco años antes de que ésta naciera” (Boring, 1950/1978, p. 537)

• otros autores, como Rollo May y Basescu, lo citan dentro de la Psicología Existencial, diciendo:

Los elementos existenciales de James incluyen, en primer lugar, su insistencia apasionada en la inmediatez de la expe- riencia. Hizo, además, hincapié sobre la voluntad y la deci- sión, afirmando que el compromiso constituía un requisito previo para el descubrimiento de la verdad. [...] Por último, el

respeto manifestado por James frente a los valores sociales y humanistas –tomados como contexto ineludible u “orden ge- neral envolvente” en el que la ciencia natural no desempeña sino una función limitada– lo aproxima a los existencialistas

(May y Basescu, 1968, pp. 685s.)

• el inspirador del inicio de la Psicología Transpersonal. Así, auto- res como Tart (1980), Wilber (1983), Grof (1985), y tantos otros que estudiarán experiencias individuales de estados de con- ciencia alterados no dudan en otorgarle el título de pionero por su estilo de investigación, como cuando Wilber señala que:

“Varieties”, de William James, fue una investigación clásica, la cual llegaba a la conclusión de que el manantial de la religión no era la creencia ni la fe, sino la experiencia directa. (Wilber,

1983, p. 109)

• no podemos tampoco dejar de lado que su visión integrada del ser humano, y especialmente en lo que respecta a la incidencia de los procesos corporales en los psíquicos y a la inversa, for- man parte del sustrato básico del que se nutren las diferentes psicoterapias corporales. La relevancia psicológica de los cam- bios corporales y la relevancia corporal de los cambios psíqui- cos son ya una adquisición para la Psicosomática o los modelos terapéuticos que la tienen en cuenta (hoy día la mayoría de ellos) y para importantes posturas de nuestra filosofía y medi- cina, como por ejemplo el “materismo” de Zubiri (1980) o Laín Entralgo (1989).

Otras importantes obras suyas son The Will to Believe and Other

Essays in Popular Philosophy, publicada en 1897; Essays in Radical Empiricism, publicada en 1904; Pragmatism, publicada en 1907; y The Meaning of Truth, que vió la luz el año 1909.

Los comentaristas de James lo retratan como persona cordial, ori- ginal, brillante, de un estilo comunicativo sumamente imaginativo y colorido, a la vez que poco sistemático, capaz de escuchar voces pro-

cedentes de campos y pensamientos opuestos. Phelan (1968) lo retra- ta como un personaje interdisciplinar del que dice:

Esta meta suprema (el mejoramiento de la calidad de la expe-

riencia del individuo), esta orientación humanista determinó su

pensamiento tanto en metafísica como en religión, en epistemo- logía como en problemas sociales. James fue, ante todo, un hu- manista; solo en segundo lugar fue psicólogo, filósofo, y hombre de letras con talento.

Como autor clave en la historia de la Psicología contemporánea, me parece que resume muy bien el papel que jugó la afirmación de Boring, cuando señala que “James estaba diciendo a los demás cómo ir a donde ellos ya querían ir” (Boring, 1950/1978, p. 536).

3. La experiencia, en el centro de la reflexión coincidente de