• No se han encontrado resultados

Experienciar y solución creativa de problemas

Ana Gimeno-Bayón Cobos*

10. Experienciar y solución creativa de problemas

Pienso que con todo lo dicho se han ido perfilando las grandes similitudes que existen entre James, Gendlin y Perls a la hora de con- cebir lo que uno denominará la corriente del pensamiento, y los otros experienciar o ciclo de la experiencia,

Quisiera terminar este recorrido señalando cómo de próximos se encuentran los tres autores a la hora de concebir la solución de pro- blemas, aspecto especialmente interesante para los que entendemos la psicoterapia como un proceso especial y específico de resolución de problemas. Empezaré entendiendo al igual que Johnson, (1976, cit en González Marqués, p. 200) que los problemas se dan “cuando un organismo está motivado para alcanzar una meta y su primer inten- to resulta infructuoso”.

Pues bien: considero que los autores que me ocupan coinciden en entender que el movimiento del experienciar se dirige hacia la solución del problema en forma creativa, no rutinaria, en base a las sensaciones de tendencia que empujan hacia el completamiento del significado de la experiencia mediante la búsqueda del elemento ausente.

Y decimos búsqueda creativa porque, a diferencia de lo que ocu- rre en lo que se entienden como problemas “bien definidos”, en los cuales “la información precisa para resolverlo está especificada en el enunciado” (Howard, 1983, cit. en González Marqués 1985, p. 202), aquí no se pueden seguir los caminos rutinarios porque no se cono- cen todos los elementos que han de intervenir en la solución, y eso impide compararlo con otros similares ya experimentados. Además, el propio dinamismo del experienciar hace que el problema cambie conforme va avanzando el proceso, y la propia delimitación del pro- blema necesita de un constante reajuste a estos cambios sutiles que van teniendo lugar.

Pues bien: James explica este hecho en un párrafo sobre el curso del pensamiento (que recuerda la afirmación de San Juan de la Cruz de que “para encontrar la fuente/ sólo la sed nos alumbra”):

El deseo presiona y hace fuerza en una dirección que siente que es la correcta, pero hacia un punto que no puede ver. En pocas palabras, la ausencia de un elemento es un determinante de nuestras representaciones tan positivo como puede ser su propia presencia. La brecha ya no se vuelve vacío a secas, sino lo que se llama vacío doloroso (James, ibídem, p. 467)

Y es que, para James, ese dolor servirá para activar el experienciar enfocado a la búsqueda de la solución:

En todo pensar voluntario hay algún tema o sujeto alrededor del cual giran todos los miembros del pensamiento. La mitad del tiempo este tema es un problema, una brecha que no podemos llenar todavía con una imagen, palabra o frase definidas, pero que de la manera descrita antes nos influye de un modo psíqui- co intensamente activo y determinado. Sean cuales fueren las imágenes y frases que pasan ante nosotros, sentimos su relación con esta brecha dolorosa. Llenarla es el destino de nuestros pen- samientos (Ibídem, p. 207).

Justamente el Focusing va a tener como centro de interés la obser- vación de esa brecha y de cómo llenarla a partir de la simbolización anidada en las sensaciones corporales. Llenarla exclusivamente con frutos del intelecto que no mantienen conexión con la sensación cor- poral, según Gendlin, es una operación que no lleva a cambio tera- péutico alguno porque, en cierto sentido, carece de las bases de sus- tentación más profundas que puedan darse en el ser humano.

Bien: William James observa el “de dónde” y “adónde” intrínsecos a los flujos de pensamiento señalando cómo éstos parecen estar hechos de alternancias entre vuelos y paradas:

llamemos a los lugares de descanso las “partes sustantivas”, y a los lugares de vuelo las “partes transitivas”, del curso de pen- samiento. Así vemos entonces que el fin principal de nuestro pensamiento es en todo momento alcanzar alguna otra parte sustantiva diferente de la cual nos acaban de desalojar. Y pode- mos decir que la aplicación principal de las partes transitivas es llevarnos de una conclusión sustantiva a otra (James, ibí- dem, p. 195).

A través del estudio del experienciar, como un todo unitario, Gendlin ha podido observar y estudiar algunos de los fenómenos que habían sido ya descritos por James a propósito de la corriente de pen- samiento, como por ejemplo, las interrupciones, los vacíos, y las dife-

rentes sensaciones correspondientes a esos vacíos o interrupciones, según la referencia implícita. Y tanto Gendlin como James entienden que el movimiento interno dirigido teleológicamente hacia la con- secución del logro de esa coherencia o “verdad” produce una íntima sensación de satisfacción subjetiva. Gendlin va a repetir a lo largo de su obra que “el proceso de cambio se siente de forma muy agrada-

ble” (Gendlin 1981/1988, p. 32), que “la experiencia de ver cómo de ahí surge algo distinto de lo habitual se siente como un alivio y un revivir”

(Ibídem) y que esa sensación de alivio, de encaje, de coherencia, es síntoma de que se está realizando una correcta simbolización.

Veamos en qué forma tan similar lo ejemplifican ambos, a propó- sito de la búsqueda de algo olvidado

Supongamos que queremos recordar un nombre olvidado; aquí el estado de nuestra conciencia es peculiar. Hay una brecha ahí; pero no una simple brecha. Ésta es más intensamente activa. Hay en ella una especie de fuego fatuo, que nos llama en cierta dirección, que nos cosquillea con la sensación de su cercanía y que luego nos vuelve a hundir sin darnos a conocer el término tan buscado. Si se nos proponen nombres errados, esta brecha, singularmente definida, obra de inmediato y los niega. No enca- jan en su molde. La brecha de una palabra no se siente igual que la brecha de otra; ambas están vacías de contenido, pues de otra suerte no sería definidas como brechas. Cuando en vano trato de recordar el nombre de Spalding, mi conciencia está muy lejos de lo que es cuando en vano trato de recordar el nombre de Bowles.

Sólo podemos designar la diferencia pidiendo prestados los nombres de objetos que aún no están en la mente [...] Pero el carecer de nombre es cosa compatible con la existencia. Hay innumerables conciencias de vacío, ninguna de las cuales toma- da en sí misma tiene nombre, aunque todas son diferentes entre sí (James, ibídem, pp. 201-202).

Y ahora leamos la descripción de Gendlin, a propósito del mis- mo proceso:

La manera mejor que conozco para describírtela es comenzando con una experiencia humana conocida: la rara sensación de saber que se te ha olvidado algo pero no sabes lo que es. Sin duda te ha sucedido más de una vez. Supongamos, estás a punto de hacer un vuelo para visitar a la familia o a amigos. Subes al avión con un pequeño e insistente pensamiento sermoneándote: te has olvidado de algo. El avión despega. Miras por la ventanilla, repasando varias cosas en tu mente, buscando aquella pequeña parte de conocimiento. ¿Qué es lo que se me olvidó? ¿Qué era?

Te molesta la sensación-sentida de alguna situación no resuel- ta, algo dejado por hacer, algo olvidado en casa. Fíjate que no tie- nes datos reales. Tienes un aura interna, un sabor interno. ¡Tu cuerpo sabe, pero tú, no! [...]

Suspiras y de nuevo revisas todo en tu mente. Hallas una posi- bilidad “La fiesta de Elena! ¡Se me olvidó decirle a Elena que no puedo ir a su fiesta!”.

Esta idea no satisface a tu sensación. Es del todo verdad que se te olvidó decir a Elena que perderías su fiesta pero tu cuerpo sabe que no es esto lo que te ha estado dando la lata toda la mañana... Todavía no sabes qué es lo que se te olvidó, y todavía sientes esa molestia sin palabras. Tu cuerpo sabe que te has olvi- dado alguna cosa más y sabe lo que es esa cosa. Así es como sabes que no es la fiesta de Elena...

En algunos momentos, la sensación-sentida de lo que es, se hace tan vaga que casi desaparece, pero en otros momentos vuel- ve con tanta fuerza que sientes como que casi lo sabes. Luego, de repente, desde esta sensación-sentida salta algo a la superficie. “¡Las fotos! Me olvidé de empaquetar las fotos que iba a enseñar a Charlie!”.

Has dado con ello, y el acto de haber dado con ello te pro- duce una sensación de un repentino alivio físico (Gendlin, 1981,

p. 63).

En Psicoterapia de la Gestalt se hablará igualmente de la sensa- ción de plenitud que se produce cuando se completa el ciclo de expe-

riencia que estaba falto de un cierre significativo, e igualmente todo el modelo se explaya en analizar cómo ese proceso, en el que existe un hueco por llenar presiona a la búsqueda de ser completado y para ello se intentan soluciones que, si son inauténticas, harán que reviva la tensión hacia el cierre genuino, la solución real del problema, a la primera ocasión que se presente. La solución se ofrece a partir de lo que en el marco de la Escuela de la Psicología de la Gestalt –de la que Perls es heredero (Rosal y Gimeno, 1983)– Wertheimer había llama- do “pensamiento productivo”. Este tipo de proceso, a diferencia del pensamiento lógico y asociativo, produce nuevos conocimientos, mediante una captación de la estructura subyacente a los elementos observables, y da lugar a una reorganización global de la percepción de la realidad. En la Psicoterapia de la Gestalt está claro que ante ese vacío que lucha por completarse hay un puente construido por el sujeto que completa lo que falta en base a esa comprensión holista del sistema que es a la vez cognitiva y afectiva. Y es este salto creati- vo el que lleva a la solución a partir de símbolos idiosincrásicos y pensamientos divergentes, que necesitarán ser validados, verificados experiencialmente desde la globalidad de la sensación vivida, pero que no deberán ser desechados por el sólo hecho de discurrir por caminos poco trillados y distintos del de la lógica habitual.

No queremos terminar sin señalar, por su trascendencia terapéu- tica, cómo, al igual que James, cuando describe la suavidad y ritmo del proceso de búsqueda, Perls y Gendlin se refieren a esa lentitud en el proceso, que nos recuerda la fase de “incubación” que Wallas (1926) señala para el proceso creativo, en la que se da una especie de silencio en la superficie de la conciencia, mientras toda la sabiduría no consciente va generando la solución creativa.

Para la Psicoterapia de la Gestalt, en los animales se da un ajuste muy primario, inmediato y unitario, de la respuesta motriz al entor- no concreto. Pero no es así en todas las situaciones humanas, donde la unicidad de los diferentes subsistemas puede diluirse en un momento dado. Entonces surge una lentificación del proceso de ajus- te entre el organismo y el entorno:

Las experiencia visuales, auditivas se perciben en la frontera con- tacto (los ojos, oídos) donde se enraízan en la realidad y donde son percibidos como un todo unificado (no como píxeles, que dicen los físicos que son). En el contacto hablamos de toma de conciencia sensorial y comportamiento motriz, que en organis- mos menos evolucionados es un acto único y que en los más evo- lucionados tampoco es difícil ver la relación entre sensación, sen- timiento y movimiento campo (Perls, Hefferline y Goodman,

1951-1979, p. 11).

Eso a lo que se llama “conciencia” parece ser un cierto tipo de toma de conciencia, una función contacto donde se producen dificultades y demoras en el ajuste (Ibídem, p. 12).

La conciencia, tal como Freud y sobre todo William James han subrayado, resulta de un retraso de la interacción en la frontera.

[...] Se puede constatar inmediatamente que la conciencia es fun-

cional. Porque, cuando la interacción en la frontera contacto es relativamente sencilla, la toma de conciencia, la reflexión, el ajus- te motor y la intención deliberada son reducidos. Pero cuando es difícil y complicada, la toma de conciencia se intensifica. La complejidad creciente de los órganos sensoriales indica una nece- sidad acrecentada de selección, a medida que el animal se con- vierte en más móvil y que su entorno se amplía. Se puede así ima- ginar que el fototropismo se convierte en visión consciente, des- pués en mirar deliberado; o que la ósmosis se convierte en acto de comer, después de nutrirse (Ibídem, p. 46).

A partir de esa conciencia, respeto y atención al ritmo necesario para que se dé el proceso en forma completa el psicoterapeuta ges- táltico –a diferencia de otros modelos que animarán a la expresión viva para soltar el malestar– le propone al sujeto “quedarse en la sen- sación” por desagradable que sea, para observar hacia donde evolu- ciona, y valora el awareness, el darse cuenta desde una atención rela- jada y global más que el insight punzante y puntual. Con igual pers- pectiva, Gendlin insiste una y otra vez en los pequeños pasos y en el

sentimiento más hondo que subyace a la emoción llamativa. También desde ahí James se refería a un ir percibiendo la aproximación al objetivo de búsqueda y a la persistencia en el mismo.

* * *

Desde esa convicción de crecimiento positivo, orientado y creati- vo que los tres autores que hemos visto comparten, podemos ani- marnos y animar a las personas a quienes atendemos profesional- mente a encarar las dificultades de nuestro lento madurar como per- sonas flexibles, como las cañas de bambú que antes citamos, a quie- nes las vicisitudes zarandean, pero no quiebran. Y también a vivir los inevitables momentos arduos como parte de nuestro mismo crecer –como si estuviéramos generando un nuevo tramo y nos costara atra- vesar el nudo– tan sólo sostenidos por la fuerza de la savia sabia de la Vida empujando hacia arriba, en torno al íntimo y central misterio del silencio que nos habita. Misterio de lo humano que incluso pue- de convertir su dolor, cuando la vida lo corta y lo taladra, en el suave milagro de una música de flauta.