Ana Gimeno-Bayón Cobos*
3. La experiencia, en el centro de la reflexión coincidente de James, Perls y Gendlin
La primera coincidencia a resaltar entre los tres autores es la colo- cación de la experiencia en el centro de su reflexión y como modo de conocimiento de la realidad. Y no nos debe llamar a engaño el hecho de que James hable de “curso del pensamiento” entendiendo con ello que se está refiriendo a la dimensión cognitiva de aquélla. No: el pensamiento para el autor, es un hecho psicofisiológico, es un pen- samiento corporal, que incluye en un solo acto la dimensión senso- rial y la cognitiva “abarca indistintamente toda forma de conciencia” (James, 1890/1989, p. 181) y equivale a “vida subjetiva” (Ibídem, p. 192), y que por ello se parece tanto al concepto que Gendlin recoge bajo el término de experiencing.
La experiencia se convierte, así, en el modo primordial de conoci- miento. Sin negar la posibilidad de otras formas de acercamiento a la verdad, tanto James, como Gendlin o Perls señalan la experiencia como la manera básica de acceso a lo que es real, verdadero, cierto. James, desde su filosofía del empirismo radical afirma rotunda- mente:
Con el fin de que un empirismo sea radical es menester que no admita en sus construcciones ningún elemento que no sea directamente experimentado, ni excluya de ellas ningún elemen- to que sea directamente experimentado (James, Essays in Radical Empiricism, II, 1, cit. en Ferrater, 1994, E-J, 1000)
Y por su parte, Gendlin dirá:
El conocimiento tiene diferentes dimensiones: la lógica, la opera- tividad, la experiencial (directamente sentida). El significado no es sólo acerca de cosas, ni acerca de la estructura lógica, sino que también implica el “felt experiencing”. Cualquier concepto, cosa o conducta es significativo (lleno de sentido) sólo si la cosa, even- to o ruido interacciona con el experienciar sentido. Los significa- dos se forman y desarrollan a través de una interacción entre el experienciar y los símbolos o cosas (Gendlin, 1970/1997, p. 131).
Vamos a encontrar igualmente la palabra clave, experiencia, en el centro del modelo gestáltico como guía de lo real. No es casualidad que aparezca ya en el primer apartado del primer capítulo del primer libro en que se formula la teoría nuclear del modelo:
La experiencia se sitúa en la frontera entre el organismo y el entorno, es decir en el nivel de la epidermis y de los órganos sen- soriales y motores. La experiencia es la función de esta frontera y, psicológicamente, lo que es real, son las configuraciones “globa- les” establecidas por esta función, un significado aprehendido, una acción consumada. La experiencia forma un todo; es una estructura unificada definida que, sin embargo, no engloba la realidad en su conjunto. Psicológicamente, lo que es exterior al todo de la experiencia, incluyendo la misma noción de organis- mo o de ambiente, no es más que una abstracción, una cons- trucción posible, una posibilidad que puede realizarse en otra experiencia (Perls, Hefferline y Goodman, 1951/1979, p. 11).
Justamente para Perls la salud mental está en la aceptación de la experiencia:
Me gustaría llamar a la Terapia Gestáltica la filosofía de lo obvio. Por lo general, tomamos a lo obvio como un hecho establecido. Pero al examinar lo obvio más detenidamente, vemos que tras lo que llamamos lo obvio hay una cantidad de prejuicios, fe distor- sionada, creencias y cosas por el estilo. Para llegar a lo obvio y para entender lo obvio, en primer lugar tenemos que captar lo obvio y esto es lo más difícil. Todos queremos ser inteligentes, o escondernos, o pretendemos ser algo que vale la pena, etc. [...] Un neurótico es sencillamente una persona que no ve lo obvio (Perls,
1973/1976, p. 164).
Frente al racionalismo y al elementalismo, James se alza opo- niendo su concepto de verdad, –que luego retomará buena parte de la Terapia Familiar Sistémica (Hoffman, 1981/1987)– como proceso dinámico y, en parte, creado por el ser humano.
La verdad, para James, no es una posesión estática, sino una flecha indicando el camino para conseguir un determinado logro. Para este autor (creador del pragmatismo filosófico) admite como verdaderas tan sólo las ideas que pueden ser interpretadas en términos de “fun- ciones” experimentables. Los racionalistas le criticaron que confundía la realidad de la verdad con la demostración de la misma. James se refería a la verdad como conocimiento de la realidad, y entiende que la realidad la captamos a partir de la experiencia, que es un hecho psi- cofísico. Así, la verdad es algo que acontece en un momento dado a una proposición, que se verifica o convalida a partir de la experiencia.
Ello no significa que la proposición se plantee como verdadera desde el puro subjetivismo del sujeto que formula la teoría o la hipó- tesis: el hecho de exigir la funcionalidad significa que, además de no ser incompatible con creencias o experiencias anteriores ni con el sentido común, conduce hacia un resultado razonable y verificable. La funcionalidad implica la satisfacción de un interés, pero no per- mite elegir cualquier hipótesis por el simple hecho de que realice dicha satisfacción.
Por otro lado, James señala que, dado el carácter dinámico de la realidad y la experiencia, toda creencia puede ser revisada y que si
bien las categorías que usamos son producto del curso de la expe- riencia y es indispensable su uso, pueden ir cambiando conforme este curso evoluciona. El concepto de afirmaciones verdaderas o fal- sas se convierte aquí en un proceso dinámico, imposible de separar de la propia realidad cambiante.
Tanto en nuestra vida cognoscitiva como en nuestra vida activa somos creadores. Añadimos, tanto al sujeto como al predicado, parte de la realidad. El mundo es realmente maleable, está espe- rando recibir su toque final de nuestras manos. Como el reino de los cielos, sufre voluntariamente la violencia humana. El hombre engendra verdades acerca de él. [...]
para el racionalismo la realidad está ya hecha y completa des- de la eternidad, en tanto que para el pragmatismo está aún haciéndose y espera del futuro parte de su estructura. (James,
1907/1973 p. 197).
En James, la idea o hipótesis es plan de actuación que puede hacer que cambie la realidad existente en un momento dado y, por lo tan- to, que lo que en él sirve para explicar la experiencia del presente, ten- ga que ser revisado a la vista de las experiencias que van teniendo lugar y respecto a las cuales esa hipótesis (que acaso era “verdadera” en aquel momento) ahora ya no lo es. Y si el pragmatismo de James admite como “verdaderas” tan sólo las ideas que pueden ser inter- pretadas en términos de “funciones” experimentables, desde su empi- rismo radical, afirma:
La verdad, así, se vuelve, en parte, en una verdad construida. Somos creadores y damos forma al caos con algo nuestro: la percepción de la relación, el orden, el asidero, el significado
(Ibídem).
Como señalara Bergson en el prólogo a la obra de James, mientras que para las otras doctrinas una verdad nueva era un descubrimien- to, para el pragmatismo era una invención.
Desde un enfoque similar se moverán Gendlin y Perls. El primero nos dirá que:
Según el método experiencial, las teorías no son ni verdaderas ni falsas. No son verdaderas porque el tipo de entidades que esta- blecen en realidad no existe en la experiencia humana concreta. Pero tampoco son en sí mismas falsas porque en ocasiones per- miten que las personas identifiquen experiencias que de otra manera pasarían desapercibidas. Sin embargo, aunque desesti- máramos la teoría, el sustrato de realidad inherente a la misma permanecería (Gendlin, 1996/1999, p. 19).
El segundo, con el habla desenfadada que frecuentemente utiliza para ejemplificar su pensamiento, nos dice:
Aprovechando tu racha de aprecio por mí, te voy a dar otra cla- sificación:
1) sobreísmo 2) debeísmo 3) esismo. [...] La ciencia es sobreís- mo. Descripciones, murmuraciones, evitar el compromiso, dar vueltas y vueltas en torno al asunto. [...]
Esismo. Una rosa es una rosa es una rosa. “Yo soy lo que soy, soy Popeye el marinero”. Esto es lo que se llama el enfoque fenome- nológico o existencial. Nadie puede en un momento dado ser dife- rente de lo que es en ese momento. Incluso su deseo de ser dife- rente no lo hace diferente. Tautología: la experiencia de la auto- evidencia (Perls, 1969/1975, p. 184).
Todas estas afirmaciones acerca de la centralidad de la experien- cia para el conocimiento de la realidad, no se queda en pura referen- cia teórica. En la práctica psicoterapéutica, tanto el modelo de Gendlin como el de Perls, como todo el conjunto de las llamadas psicoterapias experienciales, parten de la convicción de que la eficacia del proceso psicoterapéutico no dependerá básicamente de proporcionar al paciente unos nuevos conocimientos acerca de la realidad aportados por el terapeuta desde el subsistema cognitivo. Más bien el proceso consistirá básicamente en proporcionar al cliente una nueva expe- riencia global, que ponga en tela de juicio el significado disfuncional que el sujeto de la terapia viene dando a sus experiencias anteriores.
Por ello el psicoterapeuta estará atento y activo para procurarle este tipo de situación experimental en la propia sesión terapéutica y para confrontar desde ella los contenidos no acordes con la realidad del presente y elaborar conjuntamente con el paciente unos significados más funcionales (más “verdaderos”) para el momento actual.
Este tipo de planteamiento en muchos casos llevará pues, al psi- coterapeuta experiencial (yendo mucho más allá de la mera escucha), a acompañarle en su exploración de la realidad y a suscitar juegos simbólicos que permitan revisar las antiguas creencias mediante la implicación total del sujeto, prestando atención a que los aspectos corporales, afectivos, cognitivos e interaccionales estén presentes en la experiencia en forma coherente. Más que descubrirle nuevas ver- dades, le pone ante situaciones que representan un desafío de las vie- jas verdades y le reta a que él mismo descubra nuevos sentidos, nue- vas posibilidades de vivir en forma más acorde con la realidad del presente. Bien es cierto que no hay que olvidar que esas verdades dinámicas no deben confundirse con autoengaños subjetivistas: por ello la necesidad de contrastarla con los resultados a que lleva en la práctica, más allá de la satisfacción del propio interés, tal como ya se ha señalado.
Por otra parte, aquel carácter inventivo de la realidad al que se ha hecho referencia adquirirá después, en la práctica psicotera- péutica, un singular relieve a partir de categorías empleadas desde distintos modelos, tales como el “autocumplimiento de la profe- cía”, o el concepto de “guión de la vida” del Análisis Transaccional y las autointerrupciones repetitivas de la Psicoterapia de la Gestalt.
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Los tres autores objeto de este estudio señalan como característi- cas propias del experienciar el hecho de ser un acontecimiento glo- bal, prelógico, dinámico y continuo, que es sentido corporalmente. Veremos a continuación estos rasgos.