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14 DE JULIO DE 2010, LOM, BULGARIA

In document EL INCIDENTE (página 76-80)

- Jezabel, querida… ¿te has fijado en estos detalles? Ni siquiera Andrey los vio, pero están ahí.

- ¿Qué son?

- Los análisis químicos efectuados en algunos de los cadáveres. Son concluyentes. El líquido que anegaba los pulmones era agua salada en una proporción cercana a la marina, pero lo que me llama la atención es esto de aquí

- ¿Electrolitos? ¿Urea? ¿Restos de sustancias proteínicas? Explíquemelo, por favor.

- Los forenses determinaron que su presencia podría deberse a la toma de medicaciones o incluso a alteraciones debidas al trauma, no se si eso es lícito o no, pero les sirvió para cerrar el asunto en cada uno de los casos en los que los detectaron. Ya le dije que era demasiado evidente todo, y que no indagaron más. Yo pienso, por lo que he podido investigar, que lo que aquí vemos son los restos de algunos elementos integrantes de la sustancia conocida como líquido amniótico.

- Podría ser, pero… eso es muy anómalo.

- ¿Y qué no lo es? Mire, hemos avanzado mucho porque tenemos abundantes datos gracias a su documentación. No hemos dado pasos en falso, a pesar de que lo que estamos hallando sea francamente irregular, y en todo momento nos hemos movido dentro de las premisas más conservadoras. Lo que sucede es que cuando las cosas sólo tienen un camino no hay que seguir por otro lado, aunque duela, porque no se llega a ninguna parte. Lo que dio lugar a esos ahogamientos fue la rotura de algo que contenía líquido amniótico, y como médico sabe perfectamente lo que eso significa.

- ¡Dios mío! ¿Está sugiriendo…?

- Sí. Estos restos son la evidencia de algo parecido a un parto a través del esófago con una rápida evacuación de los fluidos hacia los pulmones. Eso explica… los desgarros estomacales, pero ¿Cómo pudo salir lo que fuera que fuese a través de ese esófago sin dañarlo? Eso es lo que no acabo de entender… dañó el estómago, que es un cuerpo muy fuerte, y sin embargo…

- No puedo imaginarlo, pero si lo que dice resultase cierto lo que salió debería de ser muy pequeño.

- Sí, volvemos a entendernos, y la respuesta a la cuestión la hemos tenido todo el tiempo ante los ojos

- ¿Y qué es?

- ¿Quizás algo parecido a esporas?

- ¿Esporas? ¿Por qué esporas? Ese es un elemento que está más cerca del reino vegetal que del animal.

- Así es. Pero en algunos casos… en estos de aquí, los tengo apartados, hay restos mínimos de un tipo desconocido de espora en la saliva. No se investigó porque se tomó por contaminación exomórfica, y se dejó estar. ¡Mal hecho!

- ¡Eso es! Algo eclosiona en el estómago y proyecta las esporas al exterior a través del esófago usando el componente salino en el que ha estado inmerso, que sube para alojarse en el conducto adyacente y desactivar la función respiratoria del receptor. Usa el estómago como una placenta, y el líquido amniótico como arma. Todo eso en un estado perfecto de letargo, como reflejan las autopsias, de modo que a medida que el líquido cambia del tracto digestivo al respiratorio para matar al anfitrión las esporas eclosionadas salen y por su volatilidad se quedan en la boca. Deben ser muchas, como en las eyaculaciones espermáticas, y algunas, las que más suerte tienen, consiguen tomar contacto con el aire exhalado por las convulsiones pulmonares al intercambiar aire por líquido desde los alveolos, tos incipiente, corrientes muy bruscas dentro de la cavidad bucal, y de ese modo son expelidas al exterior…

- Donde flotan a la espera de encontrar nuevos receptores. Pero, ¿cómo llegan a los aviones? Quiero decir, que no seleccionan su destino geográficamente, ¿verdad? Sería de locos pensar en qué mecanismos precisarían.

- ¿Por qué?

- Pienso que… cualquiera es susceptible de respirarlo… y por tanto de contagiarse. De hecho creo que la mayoría de las personas que vieron esos cadáveres nada más producirse el óbito recibieron al intruso y lo portan en estado latente.

- ¿Y qué hace? ¿Permanece en letargo?

- Sí. Aguarda su momento. A veces nunca llega porque precisan de circunstancias terribles para activarse, pero eso no importa, esperan y esperan. Y Harris… el americano.

- Sí, ¿qué pasó con Harris?

- Todo en él fue normal… excepto que el líquido amniótico no pudo encontrar el acceso a los pulmones, y por tanto las esporas eclosionadas e impelidas desde el estómago quedaron en su boca. Seguramente no pudieron salir de allí por la falta de corrientes abruptas que las expelieran al exterior.

- Recuerdo que me dijo que aquel amanecer su boca conservaba el sabor a agua salada, pero mezclado con algo desagradable. El lo definió como “grumos”, creo. Lo tengo por ahí…

- Es posible que las esporas se descompusieran expuestas a la saliva, y eso explica el sabor. La amalgama de ácidos no debe de irles muy bien.

- ¿Y cómo resistieron a los del estómago?

- ¡Querida, en el estómago estaban remojadas en su propio líquido! Recuerda que los jugos gástricos ya no funcionaban, como demuestra la tremenda falta de apetito. Sin embargo, después de aquel día eso cambió en ese hombre, y comenzó de nuevo a nutrirse.

- Creo que no. Pero la chica francesa, la que se hizo llamar Dominique… es probable que sea ahora mismo una portadora.

- En estado latente. - Sí.

- ¿Se da cuenta de que esto supera ampliamente a la ficción? ¿Qué se hace ante algo así?

- Crear un antídoto y liberarlo. Pero el primer paso es atrapar al asesino.

In document EL INCIDENTE (página 76-80)