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EL INCIDENTE

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EL INCIDENTE

P.J. RUIZ

2012

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10 DE MAYO DE 2009, MADRID, ESPAÑA

- Mira este otro caso. Mary Stanford se salvó del accidente del vuelo de la TWA en 1997. Fue la única, como esa chica rumana de la que te he hablado. Lo curioso es que cuando indagué descubrí que había muerto también no mucho después.

- Mera coincidencia. Además, no hay un nexo entre ambos asuntos. - ¿No te parece suficiente el nexo de la muerte?

- Por favor, no seas tétrica.

- Es igual, porque hay muchos más casos. Mira este. Vuelo 334 un pequeño bimotor de tránsito entre algunas islas de Japón en el que Florence Sterrit viajaba en 1986 junto con otras siete personas. Los miembros de salvamento dicen que la vieron salir incomprensiblemente por su propio pie de los restos de la tragedia sin el menor rasguño, sólo levemente desorientada. Vive en Nantucket, o debería vivir, porque falleció algo más tarde. También te puedo hablar de Kevin Frost, superviviente único del Lufthansa 1253 en 1990, un fortachón australiano que por alguna razón falleció poco después en Camberra pese a ser jugador de rugby profesional y salir indemne de un avión que se había precipitado sobre una cordillera rocosa desde casi nueve kilómetros de altura. Nadie se salva de eso. O este otro, curiosamente un piloto, Timo Locke, finlandés, que volaba desde Ceylán a Amsterdan cargado de plantas exóticas y que fue el único de entre los cuatro tripulantes del gran Jumbo de transporte de una empresa privada que tenía a su mando. Se estrelló antes de salir de la isla de origen, con los depósitos llenos de combustible y desde 10000 metros. Un mar de fuego.

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- Tuvo suerte.

- Nadie acumula tanta en su vida, Juan. He consultado con especialistas en salvamento, bomberos aeroportuarios y pilotos, y lo consideran una aniquilación total, un desastre del que de antemano sabes que no saldrá nadie con vida. Tantas plazas en el avión, tantas bolsas de cadáveres. Así lo miran ellos cuando se preparan para ir a uno de estos puntos de impacto.

- Pues ya ves que a veces fallan. Hay pequeños detalles que te salvan, como la situación en el avión, caer sobre otras personas, estar en cola… No sé, pero a la vista está que queda gente con vida, ¿no?

- Pamela Vargas tenía sólo seis meses, y debía viajar en brazos de su madre cuando sucedió la tragedia, porque conservaba marcas en las costillas de haber sido arrancada literalmente por la inercia de unas manos que la agarraban con fuerza. Lo último que percibió esa madre fue a su hija proyectada contra el desastre e intentó retenerla, Juan, pero no pudo. Se le escapó. Dejando eso al margen, su piel estaba brillante e inmaculada, pese a que las ropas de bebé se notaban quemadas, y aun tenía restos de papilla resecada por el intenso calor alrededor de la boca. Sonreía de un modo que los testigos no conseguían encajar entre tantos restos humanos desperdigados por un campo verde de Alemania. Ese bebé debió volar literalmente entre hierros y llamas rebotando contra todo, pero se salvó sin que ni siquiera el suelo le dejara señales y sorprendentemente falleció también poco después en casa de sus tíos sin que nadie se lo explicase, lo cual fue una noticia muy triste en Argentina, donde la habían considerado una niña milagro.

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- Sí, sin duda, pero lo que me intriga es dónde está esa lógica en estos casos. - ¿Cuál es el lapso temporal sobre el que has extendido tu investigación?

- Es amplio. El accidente más antiguo que he localizado es de hace casi 30 años. - Eso da una media de más de uno de esos raros supervivientes por año. ¿Tantos

accidentes aéreos se producen? Lo desconocía.

- Sí, pero la mayoría son de tipo menor, pequeños aviones, transportes, aerotaxis y demás. Las noticias apenas se detienen en ellos, por eso no nos enteramos apenas.

- Supongo que ese tipo de noticias no estimulan suficientemente el morbo si no hay muchos cadáveres.

- Por desgracia es una de las deformaciones de nuestro siglo.

- Aún así, más de un superviviente único por año es una media alta, creo. - La verdad es que pienso lo mismo.

- ¿Y cuáles fueron las causas de las muertes posteriores de esa gente? ¿Las sabes? - Pues eso es lo que nadie se explica… Ahogamiento.

- ¿Quieres decir asfixia?

- No. He dicho ahogamiento. Agua hasta inflar los pulmones e impedir la ventilación.

- ¿En todos los casos? - Sí.

- ¡Vaya! Esa si que es toda una coincidencia.

- Sí, lo es. Lo más curioso es que la mayoría ni siquiera estaban cerca de grandes acumulaciones de agua cuando fallecieron. Aparecieron muertos sin explicación aparente, y las preceptivas autopsias posteriores demostraron el ahogamiento ante la sorpresa general, sin más. Mira esto. Latifa Misrah, una cooperante

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superviviente del Aeroflot 77, se hallaba en un campamento de refugiados en el centro del antiguo Sáhara español cuando le sobrevino la muerte… por ahogamiento. ¿Sabes la carencia de agua que hay en la zona? Nadie muere allí por esa causa. De hecho, exceptuando la costa, no hay antecedentes históricos de ello.

- Pues sí que no lo entiendo.

- ¿Y si además te digo que en todos los casos era agua salada lo que anegaba los pulmones de esa pobre gente? Tengo los informes forenses y son muy claros al respecto. Lo curioso es que no mostraban sus ropajes mojados ni nada que aparentemente indicara la presencia de una corriente o algo similar que provocase la muerte.

- ¿Cómo puede ser? Mira, Jezabel, debe haber una explicación sencilla, ¿no te parece? Visto así no puedo negar que suena extraño, que se puede montar una fantasía con ello, pero a veces todo depende de sutilezas que no alcanzamos a ver, cosas que no aparecen en los informes. Es fácil crear leyendas urbanas sólo por ignorancia o desconocimiento.

- Si, ¿verdad? Aparte de agradecerte tu valoración al llamarme ignorante, he de decirte que por suerte está todo documentado, sellado y archivado.

- No seas susceptible, es sólo una forma de hablar. Tenemos confianza, ¿no? - Sí, pero recuerda que no eres más escéptico que yo misma. Y ahora, don listo,

saltándome tus comentarios prepárate para lo mejor. Mira estas fechas. - ¿Aún hay más? Veamos…

- Contrasta la del accidente y la del fallecimiento posterior. Esas dos columnas de ahí.

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- 66 días. - ¿Cómo?

- En todos los casos, y son 32, el periodo de vida posterior a la tragedia de la que se salvaron sin un rasguño es de 66 días exactos. Después fallecieron. Se ha sido tan preciso en ese detalle que incluso se respetan las fechas bisiestas para cuadrarlo, como si la muerte entendiese de aritmética.

- ¡No puede ser! ¿Has constatado esto?

- Muchas veces, Juan. Ya te digo que los datos son reales, extraídos de fuentes diversas y cotejados en organismos oficiales de los diferentes países. 33 accidentes, 32 únicos supervivientes que no presentaban ni un rasguño y que murieron ahogados 66 días tras el desastre.

- ¡No puede ser casualidad!

- No, pero entonces, ¿qué es lo que está detrás de esto? ¿Entiendes mi interés? - ¿Qué o quién? ¿Un asesino en serie?

- ¿Intercontinental? No lo creo. Ya lo pensé, pero mis amigos de la policía me asesoraron y dieron datos al respecto. No es nada probable algo así. De hecho, está fuera del alcance de la mayoría de las personas sencillamente por las distancias, sincronicidad y necesidades económicas, burocráticas y de tiempo. La tenacidad tiene un límite, incluso la enfermiza.

- ¿Y por qué el agua salada como arma?

- No lo sé, pero pienso que igual podría tratarse más bien una firma que de un arma, ya veremos. Quizás se trate de una pista hacia algo. El caso es que tengo una entrevista que puede arrojar luz sobre esto. Es por eso por lo que me voy a Chicago sin haberte dicho nada antes.

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- ¿Quién es el afortunado que merece que una mujer guapa se desplace 10000 km para verlo?

- Adrian Harris, único superviviente del United Air Lines 234 en 2005. - ¿Está vivo?

- Sí. Es la excepción. Él hace el número 33, pero por algún motivo ha desarrollado una vida normal después de aquello.

- ¿Qué lo hace diferente? ¿Por qué los demás, a los 66 días, han muerto ahogados después de salvarse milagrosamente de algo tan terrible y él no?

- Creo que se debe a que Adrian tiene una traqueotomía desde 1996. - ¡Vaya! ¡Sus pulmones no tienen acceso desde la boca! Interesante.

- Así es. Deduzco que por algún motivo es eso lo que lo ha mantenido con vida. - ¡Dios mío, Jezabel! ¿A qué te enfrentas? ¿A algo que los ahoga pero que no es

capaz de distinguir una traqueo en el cuello de un hombre? Suena a peli mala. - No lo sé, Juan, pero sólo te mantendré informado si dejas tus comentarios

frívolos. Es hora ya de irse.

- Sí, el avión no espera. Aguarda, que pago el café, cogemos un taxi y te acompaño al embarque. Será sexy ver cómo te cachean.

- ¡Simpático!

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 11 DE MAYO DE 2009: El vuelo ha sido larguísimo. No era la primera vez que cruzaba el charco, pero se me ha hecho pesado, y además el jet lag me tiene algo trastornada, pero creo que sobreviviré. Al llegar he pasado un montón de controles, y me han puesto pegas para dejarme pasar el GPS. Por suerte al final han accedido, y por eso se más o

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que desconocía, pero que cuando lo miraba desde el taxi me parecía que llegaban a las nubes, lo que me hizo comprender de golpe el concepto de “rascacielos” y “skyline”. Es muy diferente verlo frente a ti que en una película. Después, mirando la información que el hotel tiene en las habitaciones, me he enterado de que la gran construcción oscura, la más alta, es la Torre Sears, que en su momento fue la mayor del mundo. No me extraña, porque es imponente. Mañana tengo la cita con Adrian Harris, pero hace unos minutos le llamé y le hice saber que ya estoy aquí, no sé si quizás esperando a ver si me decías que fuese, pero no ha funcionado. Se le ve un hombre amable, y espero que la entrevista sea interesante para seguir desgranando este curioso e inesperado misterio con el que me he topado. Aunque Juan me habla de casualidades a mí me da que hay algo más, pero es pronto para decirlo. Lo que sí está claro es que mañana por la tarde podría tener un punto de vista más amplio, así que ya veremos. Ahora voy a relajarme, que el día ha sido duro y… la bañera es grande.

12 DE MAYO DE 2009, CHICAGO, ILLINOIS, ESTADOS UNIDOS

- Señor Harris, ha sido usted muy amable al recibirme.

- Es lo menos que puedo hacer por alguien que se interesa por las andanzas de un viejo lobo como yo. Disculpe este cacharro, pero desde que me hicieron la operación hablo así de raro.

- Yo le veo perfecto, no tiene de qué preocuparse. La verdad es que es usted en estos momentos muy importante para mí. Llevo mucho tiempo completando mi investigación y creo que es posible que usted me dé algunas respuestas.

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- Esas respuestas que persigue deben ser muy especiales para justificar tanto esfuerzo. Yo no soy importante en absoluto, pero sin duda me halaga y haré lo que pueda por satisfacerla, mas no le garantizo nada. Estoy algo despistado ya, como verá, y mi vida resulta desordenada. Ande, póngase todo lo cómoda que pueda. ¿Café?

- Sí, por favor. Sin embargo es usted excepcional, señor. De hecho, cuando encontré su caso dudé de que pudiera ser cierto lo que leía, el modo en que… sobrevivió.

- Mi caso…

- Disculpe, es mi modo de llamarlo. Quizás suene algo desconsiderado, pero no era mi intención.

- No, no… está muy bien. Mi caso… y dice de mí que soy excepcional… ¿sabe? - Dígame.

- Si le soy sincero, y muchos años después de lo sucedido, aún no entiendo cómo pude vivir aquello, ni por qué fui elegido para seguir adelante. ¿Azúcar?

- Dos cucharadas, gracias.

- Había allí mucha gente joven, más fuerte, resistente y llena de vida, niños… mujeres guapas y vigorosas… hombres bien trajeados con proyectos importantes seguramente en sus cabezas… Recuerdo casi todos sus rostros como una condena amarga. Sin embargo la suerte se decidió por alguien viejo e impedido sin más objetivo en la vida que medrar a diario.

- Bueno… entiendo su dolor, pero es probable, por raro que sea, que fuese usted importante, aunque no seamos capaces de entender el por qué.

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- ¿Ah, si? Pues se ve una mujer con las ideas muy claras ¿En qué no cree?

- En muchas cosas. De hecho soy una gran escéptica, pero lo que me trae aquí no consigo encajarlo. Mientras más profundizo en este trabajo más me percato de que hay algo que mueve los hilos y que no alcanzamos a ver. Eso es lo que me fascina, me enerva y me hace estar aquí hoy.

- ¡Ya! Porque usted piensa que ese algo movió mis hilos ese día y me otorgó la vida donde otros perecieron, ¿no es así?

- Sí, más o menos.

- Es una mujer tenaz, Jezabel. Sólo así se explica que invierta sus medios en llegar a verdades tan etéreas, pero dígame, ¿ha volado medio mundo para hablarme de Dios o de destino?

- Es una excelente pregunta, pero realmente lo he hecho para que me hable de usted.

- ¡Buena cintura! ¡Usted habría sido una magnífica jugadora de basket, en serio! ¿Le gusta el básket?

- No demasiado, me temo. En mi país hay una cultura más futbolística en lo que respecta a deportes de equipo.

- ¡Vaya! Bueno, eso es algo que puede corregir cuando guste. No es como otras cosas que mueren como nacen. Y ahora diga: ¿qué quiere saber?

- Todo.

- Todo… eso es mucho, pero bueno, omitiremos las tonterías previas de aquel día, cosas como de dónde venía, que hacía y le diré que yo iba situado en el avión algo por detrás del ala, cómodamente sentado en mi asiento de ventanilla. Lo recuerdo perfectamente porque veía los motores y el reflejo del cielo en el aluminio humedecido por el vapor de las nubes al ascender, y era hermoso. A mi

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izquierda se sentó una señora muy seria y educada. Me saludó y hablamos un poco, nada trascendente, pero de manera amable. Creo que iba con su hija, una chica bastante gordita que estaba en el asiento de atrás. Yo les ofrecí cambiar la posición para que fuesen juntas, pero no quisieron, así que todo bien, y me dediqué a leer un par de revistas que había en la solapa del asiento delantero echando de menos algún buen libro. En contra de lo que el resto del mundo cree, todavía quedamos americanos que leemos esas cosas de papel y cartón, ¿lo sabía?

- Sí, sin duda. No creo en los tópicos

- Hace bien. Están ahí para engañar a la razón. - ¿Cómo fue el vuelo?

- Tranquilo. Era un día bueno, y no sentí ni siquiera turbulencias. Pedí a la azafata un sándwich, pero debido a la traqueo le costó entenderme, nada que objetar a ello. Estoy acostumbrado.

- Pero se le entiende muy bien.

- Gracias. Me esfuerzo en ello, pero supongo que no todo el mundo piensa igual. Recuerdo que el sándwich era de queso y crema de cacahuetes. Con agua. Estaba horrible, pero mataba el hambre y el tiempo a partes iguales. Después yo…

- ¿Si?

- Estaba en ello cuando noté un golpe en el suelo, uno muy fuerte, tanto que miré si se había roto algo, porque le juro que sentí como mis piernas se movían ante el impacto. Fue seco, poderoso, y sonó sordo, a metales gruesos que chocan. No vi nada raro, pero había sido brutal, ya se lo dije después a los de aviación civil

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cada vez más y más rápido, así que supongo que hubo una relación, no sé, nunca me lo han explicado. Lo cierto es que las mascarillas saltaron mientras la gente gritaba y que allí estábamos, pero yo me centré en adaptarme la mía al cuello y me puse un pañuelo en la boca, como me habían explicado en el centro de discapacitados. Entonces miré fuera y ví que el mundo estaba casi vertical en la ventanilla, por lo que era obvio que nos íbamos a estrellar muy pronto dado que bajábamos en caída libre, cosa que sé que es extremadamente difícil de corregir en naves comerciales. Mis pensamientos me trajeron la certeza de que iba a ser todo muy rápido, sin dolor, así que me preparé sin más arrellanado en mi asiento, y dejé que mi respiración se acompasase. Calma, calma, me decía mientras recordaba al inundar mis pulmones de oxígeno, a la espera de que fuese cierto eso que decían de que producía un ligero bienestar. La mujer de mi izquierda había agarrado mi mano con fuerza, y yo instintivamente la apreté como un último consuelo, supongo que fue algo natural, un deseo íntimo de sentir un poco de calor en un momento de tanto terror. Entonces vi algo, una cosa extraña, pero he llegado a pensar al principio que fue una visión... aunque en mi fuero interno sé que no era así. Nunca he hablado de ello con nadie, pero ¿sabe? Los años pasan, y no olvidaré que la mujer que me agarraba la mano con miedo tenía también sus ojos clavados allí delante. Supe que veía lo mismo, lo noté, pero… Bueno, fue cuando toda la parte frontal del avión, pese a que estaba muy lejos, se me vino encima como si estuviese en el interior de un acordeón en pleno proceso de plegado, con asientos, personas, bolsos de mano… Hubo llamas. Fue el microsegundo más largo de mi vida, y le puedo asegurar que pasó a cámara lenta, como si debiera quedar registrado en mi mente cada detalle. No sentí nada, ni un golpe, ni un tirón, o empujón. Nada, pero los cristales volaban a

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mi lado y un fuerte olor a keroseno lo impregnó todo antes de estallar. Cuando desperté me encontraba debajo de un gran trozo de fuselaje, pero no me costó quitármelo y levantarme pleno de adrenalina y con los ojos inyectados en sangre. Mis ropas se veían rasgadas, quemadas, pero para mi sorpresa no tenía la menor marca visible en el cuerpo, sólo las uñas algo sucias, como una burla siniestra de la providencia. Salí del campo de escombros sin querer mirar, intentando escuchar por si quedaba algún superviviente más, pero como ya sabe no los hubo. Fui el único en un tipo de accidente del que no se salva nadie. A veces suceden casos notables en un despegue o un aterrizaje, y es así porque las alturas y velocidades son menores, pero aquel día no era ese tipo de desastre, sino uno mucho más letal… caímos a casi 600 millas por hora en un maizal de Oregón, y allí quedaron todos los cuerpos destrozados de los que embarcaron conmigo apenas dos horas antes, irreconocibles salvo por medios sofisticados. Todos salvo yo, que había pospuesto mi cita con la muerte a última hora. ¡Increíble!

- Deben ser recuerdos muy dolorosos.

- Lo eran, señorita. Pero ya estoy en paz conmigo mismo. Me he perdonado vivir donde tantos perecieron, y procuro cada día hacer el bien para justificar mi cara existencia.

- Tuvo que haber un motivo para ello, señor Harris.

- ¿Un motivo? Salí a la tarde siguiente del hospital sin tan siquiera necesitar mi bastón, más fuerte que nunca entre el asombro de los médicos y autoridades, me recogió mi hija, que poco después se divorció y vino a vivir conmigo, pero en unos meses se fue con un vendedor de coches de Phoenix. Me cuesta mucho

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que hablo no me deja expresarme de manera natural y el maldito Bush volvió a ganar las elecciones. No sé qué hago en un mundo que empieza a disgustarme, la verdad, así que no veo el motivo para estar vivo por encima de tanta gente con futuros mejores.

- Hay mucho de inescrutable en los designios del destino. - ¡Vaya! Yo pensaba que el inescrutable era Dios.

- Para alguien con fe, por supuesto - ¿Cuándo dejó de creer, Jezabel?

- A decir verdad, no recuerdo haber creído.

- ¿Por tanto el mundo para usted es una sucesión de aconteceres que desembocan en la nada fría de la muerte? ¿Un lugar donde estamos solos y vamos hacia el final definitivo? ¿A la negrura, tal vez?

- No lo veo de un modo tan radical… pero no siento la necesidad de alguien superior que explique las cosas. Creo que todo tiene un sentido, que es natural, y que las respuestas están ahí si sabemos hacer las preguntas adecuadas.

- ¿Y por eso viene a mi casa a hablarme de destino? ¿Porque de veras piensa que sus números coincidentes, ésos de los que me habló, son sólo una casualidad, un acertijo del azar dispuesto para que gente sagaz, como usted, los observe de cerca?

- Pienso que son sólo eso, señor Harris, números, y que no debemos imaginar más, porque la mente a menudo juega con nosotros. Una simple pista que refleja la estructura de los acontecimientos, que admito que en ocasiones pueden ser caprichosos hasta la burla y generar confusión, si, pero nada más. Creo que la mayoría de las supersticiones derivan de cosas así.

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- Entiendo… y la respeto. Yo, en cambio, si soy hombre de fe, pero la ayudaré a revelar esa estructura que pretende ver de manera tan laica… aunque no debe después sorprenderse por lo que encuentre, se lo advierto.

- ¿Por qué lo dice?

- Porque he visto a gente que pensaba como usted terminar necesitando la fe al acercarse a cosas que no pudo explicar.

- No soy una persona cerrada. De hecho siempre estoy sorprendida desde que inicié esta tesis, señor Harris, porque veo hechos que no logro encajar con arreglo a una lógica sencilla, pero tenga en cuenta la premisa de que si algo puede suceder, sin duda sucederá si goza del tiempo necesario. Yo la tengo presente, y eso me ayuda a seguir pensando que detrás de todo está la naturaleza. - Entonces ¿cree o no cree en la casualidad?

- Creo en la causalidad. En las cosas que llevan a otras cosas de un modo ordenado con la aquiescencia del tiempo.

- Un modo ordenado que sin embargo carece según usted de alguien que lo ordene.

- Un modo ordenado que se ordena de acuerdo a leyes que desconocemos. - ¿Cómo la probabilidad?

- Está usted muy al día, señor. Exactamente.

- Ya. Los cien mil monos y las historias de ese escritor inglés. ¿Quién no lo ha leído alguna vez?

- Algo así. Aunque la verdad es que nunca me gustó en exceso Shakespeare, supongo que debido a mi hispanidad. Y ahora que hemos repasado un poco mi ideario de la credulidad, volvamos al tema si no le importa y dígame… ¿qué es

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lo que creyó ver en ese avión? Antes hizo una referencia que no puedo pasar por alto.

- ¡Ah, si! Nunca lo he contado, ni siquiera a mi hija. Y de hecho no sé por qué lo voy a hacer, pero supongo que será para soltar mi último fantasma y también porque al fin y al cabo usted mañana se irá muy lejos y nunca más veré sus ojos examinando mis expresiones. No se moleste. Son unos ojos lindos, eso seguro, pero la vida de un superviviente no es fácil emocionalmente, ¿sabe?

- Sí. El shock ante un acontecimiento tan traumático genera estallidos literales de emociones en el cerebro que con el tiempo menguan, pero que en un principio son terriblemente vívidos y duros.

- Así es… te preparas para cosas que forman parte de la vida, como que se vayan tus padres, tus amigos, esas cosas, pero no para sobrevivir a tus propios hijos o para esto. No, eso es innatural, y la mente no lo lleva bien, de tal modo que cuando algo así sucede uno se hace la gran pregunta tarde o temprano.

- ¿Cuál es?

- ¡Por qué! Esa es.

- Entiendo. Y con ella llega a la duda sistemática.

- Sí. Uno intenta que todo vaya a su sitio, pero a veces aparece algo que… lo desencaja todo. Justo cuando piensas que lo has conseguido, que has hallado el equilibrio…bueno… Ves que no has avanzado, y sangras.

- ¿Qué lo hizo cuestionarse? ¿Qué vio?

- Yo vi… algo que no tiene sentido, que aumentó mis dudas, pero mi recuerdo de ello es casi más claro que lo que le he contado. No puedo negar que sucedió, que estuvo ahí, y eso me hace dudar de todo a veces. Ahí aparece Dios, ¿me sigue? - Le sigo.

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- Había una figura suspendida en el aire, señorita. Pensé de modo reflejo que era alguien en estado ingrávido debido a la velocidad de descenso, un cuerpo arrojado al tubo a medio camino entre las fuerzas del momento y su descuido, pero no era así, no. Esa figura flotaba con lentitud en el pasillo más cercano con movimientos sinuosos, nada violentos ni forzados, y sus ropas, una larga túnica oscura parecida a las que usan los frailes, se movía de igual manera, así como el pelo, una melena negra que ondulaba en todas direcciones de un modo hipnótico. Iba a otro ritmo, no formaba parte del veloz decorado de fondo, ¿entiende? Después me di cuenta de por qué era así el movimiento.

- ¿Y era por…?

- Sé que le costará entenderlo, pero la figura estaba de algún modo inmersa en agua. Flotaba en agua, Jezabel. Un agua que la rodeaba y brillaba en ocasiones al ondular. Nunca imaginé nada igual, pero lo veía claramente. Era como ver uno de esos documentales de buzos en el mar con todos sus reflejos, hermoso, pero estaba abiertamente fuera de lugar, y yo me dí cuenta rápidamente porque mi cerebro me hizo un guiño de aviso.

- ¿Cuánto duró la visión?

- No tengo tan claro que fuese una visión… ni siquiera con el paso de los años, pero fueron unos segundos, pocos. Aunque indudablemente muy reales.

- Entiendo que lo haya traído a su realidad, que lo sienta como algo verdadero. Pero desde mi punto de vista de psiquiatra, señor Harris, he de decirle que no pudo ser otra cosa más que una visión. Analícelo… una mujer flotante en un avión… ese agua… reflejos… Estas situaciones generan mucha tensión, y seguramente el estrés traumático le creó esa imagen en el cerebro y… no sé, hay

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explicaciones, pero desde luego no pudo haber nadie allí en esas condiciones. Es lo que llamamos un imposible perfecto.

- ¿Un imposible perfecto, dice?

- Sí. Un término elocuente para señalar algo que simplemente no puede ser.

- Ya. La ciencia es elocuente por sí misma y lo explica casi todo, hija… pero usted, por suerte, no estuvo allí, y yo por desgracia no tengo más pruebas que mis recuerdos. Mire, aquello duró muy poco. Como le dije, apenas tres o cuatro segundos, pero estoy casi seguro de que si llego a estirar mi mano hubiese tocado el agua que envolvía la escena y que se desprendía en gotas que se disipaban. Yo lo ví todo, y mi impotencia ahora es no poder transmitirlo con veracidad porque por otro lado sé que lo que le digo parece una locura, una alucinación. Era… no sé definirlo, pero resultaba terriblemente real. La mujer de al lado también lo vio… hasta el punto de que por un momento dejó de gritar y me miró sin entender… y recuerdo… recuerdo como la gente que estaba justo debajo de donde flotaba se apartaba a los lados para no rozarla mientras su ropa y su pelo ondulaban sobre los asientos.

- ¿Qué hacía la figura? - ¿Que qué hacía? - Sí.

- ¡Flotar! ¡No hacía nada más, demonios!

- Tranquilícese, por favor. No pretendo irritarle, sino sólo informarme y a la vez entender, dar una respuesta lógica a la cuestión, pero nada más. Obviamente lo que usted describe es una alucinación colectiva, señor Harris. Muy rara y curiosa, pero nada más. En psiquiatría es algo con lo que nos solemos encontrar, y siempre sucede en momentos emocionalmente intensos en colectivos

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determinados. Es la raíz de fenómenos como las apariciones marianas o los OVNIS, por ponerle algunos ejemplos que usamos mucho en nuestros estudios. - Dice que se encuentran esto a veces, y yo le pregunto si en verdad se trata de un

encuentro con lo improbable o sencillamente lo califican como desvío mental para poder entenderlo desde su punto de vista más humanizado ¿O es que según ustedes nada de eso puede ser verdad pese a las miles de personas que dicen haber tenido y descrito las mismas experiencias en todos los sitios, tiempos y culturas?

- Mire, si el tema no se mira desde un punto de vista pragmático tiende a complicarse, y lo complejo, habiendo otras respuestas más sencillas, suele conducir al error. Es un hecho incuestionable, por seguir con el ejemplo, que tras las primeras apariciones marianas en donde quiera que se produzcan vengan los mensajes religiosos, y del mismo modo que tras los avistamientos de OVNIS lleguen las abducciones… y así sucesivamente. Son extrañas aberraciones colectivas del intelecto humano que tienen un ciclo definido, una mecánica, y hay que entenderlas como tal. Unas veces requieren tratamiento, y otras no, la mayoría, pero es innegable que se producen.

- Entonces lo que sugieren esas personas que según ustedes están enfermas en mayor o menor medida son imposibles perfectos, supongo.

- Algo así.

- ¿Y qué pasa con lo inexplicado?

- Pues que hay que explicarlo, pero nada más. Sólo es una cuestión de tiempo y método llegar a comprender todas las cosas, y está en nosotros darnos cuenta de ello y buscar las respuestas.

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- Por supuesto, las que quiera.

- ¿De veras cree que todo cuanto lleva en esa carpeta que ha desplazado desde su país no es más que un cúmulo de situaciones encadenadas por algo lógico y razonable que aún no ha logrado entender?

- Estoy en ello, señor Harris, estoy en ello.

- Y otra cosa: en base a su idea sobre las alucinaciones colectivas ¿por qué una mujer en el agua? Según esa teoría los de ese avión deberíamos haber visto algo más apropiado, ¿no cree? Quizás un elemento más deseado en común, lo suficiente como para darle la energía necesaria para aparecer ante nosotros y ayudarnos a pasar el trago, y no una figura fuera de contexto en la que nadie podía encontrar nada, que nadie pudo imaginar en ese estado ¿Por qué la gente ve masivamente vírgenes y a la vez OVNIS como ha dicho?

- Es algo muy estudiado. Las vírgenes pueden deberse a lo que le decía antes, a la necesidad imperiosa de una entidad superior que nos diga que la vida tiene un sentido, y que el final puede ser dulce, que nos alivie nuestras cargas y se haga corresponsable de aquello que se nos escapa. Usted mismo me ha confesado hace unos minutos que sintió una mayor necesidad de Dios después de no poder explicarse las cosas, es humano. Lo que ocurre es que si no se controla bien suele ser un fenómeno escalar, creciente. Por eso después de que alguien crea ver a la Virgen, ineludiblemente, viene el mensaje, y en casi todos los casos se trata de algo trivial, sencillo, pero intrínsecamente moral y bueno. En los grupos satánicos sucede lo mismo pero exactamente al revés, como en un espejo, y sin embargo el funcionamiento emocional es el mismo.

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- Luego me da la razón. Esas apariciones se deben a una necesidad, sin embargo ¿qué necesidad hubo en ese avión de ver a esa figura tan alejada de todo lo esperable?

- No podemos saberlo ahora, pero si todo es como dice está claro que algún proceso mental común se activó, por exótico que resulte, y dio lugar a lo que usted vio. Sólo nos falta entenderlo y saber si fue individual o colectivo, pero será difícil, dado que no tenemos más punto de vista que el suyo.

- ¿Y los demás? ¿Por qué la vieron también?

- Señor Harris… no se moleste por lo que voy a sugerirle, pero ¿ha pensado en la posibilidad de que toda la escena en sí formase parte de la visión, incluyendo al resto de los pasajeros mirando a esa figura? ¿Y qué me dice de la posibilidad de que usted ya estuviese inconsciente, de que el accidente hubiese pasado y realmente lo soñase todo mientras estaba en el suelo?

- ¡Eso es absurdo! Uno sabe cuando el mundo es real.

- Incluso un paranoico cree en la verdad que siente, y no quiero con esto llamarle enfermo, pero me entenderá perfectamente. A veces las realidades que vemos son imaginarias, y la escenificación es tan magnífica que sólo a través de técnicas sofisticadas se puede extraer su falsedad.

- No me va a convencer, pero he de reconocer que es usted buena. ¿Y los OVNIS? ¿Y las abducciones? ¿Qué me dice de eso?

- Ya los ha nombrado varias veces. Veo que le interesan mucho esos temas. - Sí, no puedo negarlo. Recuerde que tengo tiempo.

- No sé mucho de eso, pero lo de los OVNIS se podría explicar del mismo modo, dada la necesidad de no saberse sólo en la vastedad del universo. Es una cura al

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haber alguien superior a nosotros que no se trate de una figura con el rango de Dios o similar, pero que sin embargo sea grande y poderoso. En cuanto a las abducciones, es sin duda un fenómeno peculiar, pero no está muy lejos de las mismas respuestas. Observe que nunca imaginamos marcianos de perfil bajo, poco inteligentes, y que encontrar bacterias en el cielo no nos hace aumentar el pulso lo más mínimo. Tenemos que imaginarlos inteligentes, misteriosos y magníficos. Sus naves deben ser rápidas, fulgurantes… Mera fantasía idealizada. La tendencia final hacia el bien o el mal ya depende de condicionantes menores del individuo, pero la pauta es común.

- Porque el fenómeno real puede que sea común.

- No hay realidad. Sólo es un fenómeno interior, nada más.

- ¿Sabe? Me sorprende la tranquilidad, la paz con la que da por hecho que tanta gente ve lo mismo porque tiene vacíos que llenar. Todo es fantasía, mecanismos mentales para justificar nuestra existencia y reconducir nuestra soledad, según usted. Debe resultarle mucho más fácil vivir que a mí.

- Bueno, observe que de hecho, si nos atenemos a lo demostrado, la ciencia no ha logrado certificar un solo caso real de apariciones marianas, OVNIS o abducciones. Es por ello que se puede considerar un mero placebo para las sociedades. Algo similar a cuando Marx, en un lapsus freudiano, dijo aquello de que la religión es el opio del pueblo, no sé si conoce la cita.

- Sí, la conozco, y entiendo lo que me quiere decir. No, la ciencia no ha certificado casos en esos temas como para plantear una existencia real, pero quizás la gente sí, señorita. ¿De veras puede decirme mirándome a los ojos que millones de personas sufren alucinaciones y que necesitan tratamiento porque imaginan seres del espacio o vírgenes sobre los árboles? ¿No es posible que la

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realidad sea que ustedes se estén alejando poco a poco del pueblo? ¿Qué se hayan otorgado la propiedad del conocimiento, la jurisdicción para decir qué debe o no ser cierto y en el fondo estén equivocados pero no lo vean? ¿Quién sería entonces el visionario alucinado? ¿La persona sencilla que sin querer meterse en líos proclama de repente que ha visto a Dios o los científicos que se confiesan poseedores de la verdad y lo desacreditan porque lo que dice se les escapa, pero negarlo les permite vivir un mundo que creen controlar?

- Bueno, no somos tampoco tan malos, sólo seguidores de la razón. De hecho hay muchos creyentes entre la comunidad científica, gente de fe, como usted, y eso es algo notable. Lo que sucede es que yo no lo soy, pero no porque no quiera o porque haga oposición frontal, sino porque no lo veo, no lo siento. En lo comentado le he dado mi explicación, mi opinión especializada, pero obviamente puedo estar en un error, aunque me llevará tiempo constatarlo dadas mis creencias interiores. Supongo que como cualquiera.

- Lo entiendo perfectamente, y disculpe mi ligero toque de agresividad, pero es que a veces noto en ustedes los intelectuales un aire de intransigencia, de prepotencia que me exaspera.

- Siento haber dado esa impresión, señor Harris. No era mi intención.

- No se preocupe, está siendo una charla fascinante, y me encuentro muy cómodo. Sólo que me llama la atención el hecho de que todo lo que ustedes no pueden explicar cuando alguien les dice haber visto algo anómalo se deba a un fallo del inconsciente, nada más. A nivel individual, una visión, a nivel colectivo, una alucinación a dúo, a trío, a millares. Mire, me sucedió esto de la garganta con 48 años, y tuve que dejar de trabajar en la fábrica donde estuve siempre. Soy un

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hay algunas que no me encajan ni siquiera pese a sus estupendas explicaciones, permítame que con todo respeto se lo diga.

- ¿Cómo cual? Déme un ejemplo.

- Se me ocurre un fenómeno que engloba por igual, según investigadores reputados, el tema de las apariciones de la Virgen y de los OVNIS, pero no es mi intención entrar en ello, sino hacerle ver otro detalle que viene al caso. En 1917, en Fátima, Portugal, 70000 personas observaron algo impresionante que la ciencia no ha podido explicar de modo alguno creíble. De hecho su reflejo natural ha sido siempre mirar para otro lado y negar el problema, pero eso no es fácil cuando hay tanta gente implicada. A la hora fijada desde hacía meses por un mensaje de una entidad que se hacía llamar la Virgen del Rosario se produjo un acontecimiento en los cielos sin parangón, uno de índole marcadamente artificial. Ha pasado a la historia con el sonoro nombre de “la danza del Sol. Entre la masa que allí se congregó hubo gente sencilla, pero también escritores, científicos, periodistas, y en general lo más ilustrado de la época en aquel país, y dieron fe de multitud de fenómenos extraños vistos a la luz del día por todos ¿Es eso, según usted, una alucinación colectiva?

- No estoy familiarizada con los sucesos de Fátima, señor Harris, pero tengo entendido que pudo ser algo así o bien una confusión masiva debida a fenómenos atmosféricos, si.

- ¿En un número tan alto de personas?

- Claro. De hecho, si es cierto que se ha estudiado y que no se ha encontrado una explicación física, lo único que se ocurre es que podría serlo.

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- ¿Y no podría ser, y es más sencillo de defender, que sencillamente esas 70000 personas asistiesen ese día a un acontecimiento asombroso e inexplicable que nadie ha podido meter en un laboratorio y certificar?

- Bueno, ya le digo que desconozco el caso como para poder opinar.

- Ya. Pero aún así su primera respuesta se ha inclinado hacia la alucinación de las masas. Es más fácil.

- Entiendo sus dudas, y son razonables, de veras, pero es que hablamos de un mecanismo muy sensible y autosugestivo. El cerebro es raro, y por ejemplo en su caso en el avión, las posibilidades de un inconsciente colectivo creado a partir de un grupo grande de personas al borde de la tragedia son algo que desconocemos, señor Harris, pero que puede dar lugar a mecanismos muy anómalos. Es una situación que, por su complejidad, no podemos someter a estudio, así que todas las posibilidades están abiertas, pero cuando huelgan las respuestas debe primar la cordura y no la sinrazón.

- La cordura debería decir que 70000 personas de todos los niveles sociales que asisten a un acontecimiento no pueden estar equivocadas. Eso debería constituir prueba.

- Es posible, pero la ciencia no funciona con ese tipo de pruebas etéreas, sino con las tangibles.

- Pues sea lo que fuere lo que hubo en ese avión antes de estrellarnos yo lo ví. Eso lo podría jurar sobre una biblia, Jezabel. Usted interprételo como guste, pero no olvide que se lo he contado, por favor.

- Y me hace honor con ello, señor Harris, no crea que no lo valoro. Ande, sírvame otro café y dígame, ¿cómo fueron los días posteriores al accidente?

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- Raros. Mucha gente hablando de lo mismo y yo con ganas de que todo pasara de una vez. Lo peor fue el funeral. Insistí en ir pese a los consejos de todos, porque en el fondo me sentía en deuda con aquellos desgraciados. Había personas que me miraban fijamente, preguntándose por qué yo y no sus hijos, esposas, o abuelos. Notaba que no lo entendían, pero no podía hacer nada, ni siquiera explicarlo o darles consuelo. Después pasaron un par de meses en los que me encontré pletórico, como un roble. Llegué incluso a tener instintos hacía tiempo perdidos, pero tras aquella mojada nocturna todo volvió a la normalidad y ya no volvió a suceder nada más.

- ¿Mojada nocturna?

- Sí. Una noche amaneció mi cama mojada, empapada. Al verlo por la mañana mi hija y yo creímos que me había… bueno, ya sabe, pero no era eso. Resultó ser agua, aunque nunca supimos de donde vino. Al despertar tenía un sabor salado en mi boca, pero con un regusto muy desagradable... había como… grumos. No supe lo que había sucedido. Ocurrió una única vez, y después de aquello comencé a sentirme cada vez más débil en contra del estado magnífico que había gozado tras el accidente. Volví a tener hambre ¡y mucha!

- ¿Así que esa agua era salada?

- Sí, agua marina, o al menos similar. No lo entiendo, pero así fue.

- ¿Y me dice que relaciona ese momento con la aparición de un aparente declive en su salud general?

- Sí, desde luego. Es como si todo lo que se me había permitido mejorar tras el accidente se fuese de golpe y me hiciese volver a la realidad, a mi cuerpo viejo y sin fuerzas. Perdí mucho en poco tiempo, hasta el punto de volver a utilizar el bastón. Pero lo llevé bien, con naturalidad.

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- ¿Tuvo pesadillas?

- Nunca. Después del accidente sólo esa rareza, pero por suerte nada más, así que no quisimos darle más importancia, pese a que es un asunto muy extraño ¿Sabe? Cuando uno pasa por lo que le he contado, estas cosas sólo son menudencias. Sería una tubería con un poro, y ya está. Algo para olvidar. Ni siquiera sé por qué se lo he dicho.

- ¿Una tubería de agua salada dice? - No me ha entendido, ¿verdad?

- Ahora sí. Me lo ha contado pero en realidad no quiere hablar de ello. - Exactamente.

- ¿Por qué? Me ha hablado con franqueza de lo sucedido en ese avión, incluso de su visión guardada en secreto, ha filosofado con maestría sobre temas profundos ¿qué tiene esto del agua que lo hace callar?

- No sé por qué, pero creo que es mejor no hablar de eso. - ¿Le da reparos? ¿Pudor?

- ¡Me da miedo! - ¿Miedo a que?

- A lo que no conozco. Yo, durante dos meses, fui distinto, otra persona mejor en todo, y esa agua vertida me lo quitó. Mire Jezabel… creo que ya he contestado a cuanto quería.

- Señor Harris, estoy a o punto de doctorarme en psiquiatría. Mi tesis trata sobre las afecciones en los supervivientes de accidentes aéreos. Cuando empecé a documentarme descubrí que en rarísimas ocasiones hay un solo superviviente en estas desgracias, y fue cuando me di cuenta de que se producen entonces unas

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usted quiere hablar, y lo haré con todo el respeto, pero por favor, tenga en cuenta que es usted el único de esas características que hay en el mundo. Me gustaría mucho saber, y con ello darle una explicación a usted y a otros que vengan en el futuro para quizás poder aliviarles en parte.

- Usted no puede hacer eso. - ¿Por qué?

- No se moleste, no dudo de su capacidad, que ya he notando que es mucha. Lo que sucede es que sin duda sabe que es usted mejor que yo, y eso, pese a ser en parte cierto, no es bueno para todo. Más inteligente, preparada, eficaz, racional, precisa en sus apreciaciones, inflexible en sus conocimientos y formada para adaptar cualquier hecho al marco común que construye y del que forma parte. - ¿Y?

- Pues que eso es precisamente lo que no le permitirá nunca creer. Está atrapada en su propio círculo.

- ¡Pero puedo aprender! ¡Ayúdeme usted!

- ¿Aprender? Le diré algo que no sabe y que le sorprenderá. Yo antes de esa experiencia era totalmente ateo, y ahora sólo veo las explicaciones en Dios. La cercanía de la muerte y sus misterios me hizo tener fe.

- No es raro que las personas busquen el amparo de la fe tras un golpe terrible. De hecho es una válvula de escape magnífica, porque de repente todo tiene explicación, incluso lo más enrevesado porque hay una figura que es capaz de generar todas las respuestas y que nos promete la salvación cuando demos el paso final. La aparición de la fe es uno de los fenómenos más extraordinarios en la historia del ser humano, y usted lo ha vivido en primera persona, señor Harris. Es algo totalmente bueno, natural y explicable.

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- ¿Ve? Acaba de encasillarme a la perfección dentro de sus esquemas. Es por ello que debe seguir adelante con su investigación. Si está en Dios o el destino que se encuentre con la respuesta, tenga por seguro que lo hará, pero no olvide que si busca mucho tarde o temprano se encontrará de frente con lo que la hará cambiar.

- deduzco que no me va a contar entonces ese último detalle.

- No. Puede parar aquí mismo o avanzar con su sagacidad, pero a partir de ahora lo único que le voy a dar va a ser otro café.

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 12 DE MAYO DE 2009: Harris ha resultado ser una persona fascinante. Cuando me abrió la puerta me encontré con un hombre de edad avanzada, castigado por los años pero con un semblante agradable debajo de una descuidada mata de pelo blanco. Sus ojos eran incisivos, pero no tanto como su inteligencia. Me ha sorprendido gratamente, la verdad, y eso aumenta mi seguridad de que no ha sido una locura hacer este viaje del que ahora me queda regresar, aunque no sin comprar antes los inevitables regalos para los de allí. Es curioso como puede cambiar la vida de las personas en un momento, y de qué manera el destino te concede una segunda oportunidad sin que sepas por qué. Yo esperaba hallar a una persona escondida en sí misma, impresionada a pesar de los años, y he tenido frente a mí a un hombre convencido, liberado y fuerte que se ha reservado algo porque yo sencillamente no he sabido transmitirle toda la confianza necesaria. Desde luego no se puede negar que es todo un carácter, con convicciones sobre las que puede debatir sin claudicar. En lo que respecta a la tesis, llevo mi valiosa entrevista con el único superviviente, y me pregunto si contiene lo que yo esperaba o no, y la verdad es

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sorprendido mucho, y no dejo de darle vueltas, porque no parece el tipo de persona que se deje llevar por alucinaciones sin más, y sin embargo se mostraba mucho más seguro de lo habitual en este tipo de fenómenos. No obstante, no tengo la menor duda de que se trata de un juego del cerebro, o de que quizás todo lo soñó en su inconsciencia tras el impacto. Me queda por hacer la maleta, pero estoy cansada y he decidido que la cremallera tendrá que esperar a mañana. Por suerte el avión sale antes de medio día, así que no se me hará interminable la espera. Aprovecharé ese tiempo para transcribir la entrevista detenidamente y añadir notas. Me queda mucho trabajo aún.

22 DE MAYO DE 2009, MADRID, ESPAÑA

- Juan, has escuchado la grabación, pero tu no viste sus ojos cuando me lo contaba. Ese hombre estaba convencido.

- No hay nada de raro en ello. Su mente estuvo sometida a un estrés tremendo, y se protegió a sí misma generando sus propias explicaciones, sus fantasmas y posibilidades.

- No es un hombre corriente. Sabe de lo que habla, te lo aseguro. A veces me cuestionaba a un nivel elevado, sorprendente para alguien de su edad cuya profesión ha sido manejar una fresadora en una fábrica de coches. Ha debido leer mucho, se le ve un gran fondo.

- Sí, se nota. Aunque quizás ha elegido la literatura errónea, a juzgar por el modo en que te estuvo intentando acorralar con todo eso de los OVNIS.

- Fue siempre muy amable, te lo aseguro. El encuentro resultó intenso para los dos, pero nunca tuve la sensación de que intentase eso. Sólo que tuvo la

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posibilidad de tener ante él a una integrante de la ciencia dispuesta a conversar, y no podía dejar escapar esa oportunidad de disipar alguna duda. Es un gran conversador.

- Ha tenido tiempo para cultivarse, sin duda, pero eso no lo hace diferente. La posibilidad que sugiere con eso de la figura flotando se me antoja pueril, aunque no puedo negar su originalidad. No lo había oído antes.

- Ya, pero eso tiene explicación y no es eso lo que me preocupa ¿Cómo explicas lo de que amaneciese mojado de agua salada esa noche? Cuando le pedí precisar las fechas me di cuenta de que fue en la franja de los 66 días, justo cuando los otros fallecieron.

- Me parece más fantasía que otra cosa, de verdad.

- Juan, como mínimo hay una extraordinaria coincidencia. Además, dijo que su hija lo vio, y no tenía por qué mentirme.

- ¿Qué vio el qué? - El agua en la cama. - ¿Hablaste con la hija? - No.

- Mejor. Así no podrás usar esos detalles en tu tesis, Jezabel. Suena ridículo. Ni fantasmas ni vampiros, ¿recuerdas? No existen esas cosas salvo en las mentes de las personas. Forman parte de la cultura popular, pero no existen, no están ahí. - Supongo que será así.

- Pronto te convertirás en una gran psiquiatra, créeme. Ahora completa tu trabajo y preséntalo. Estoy seguro de que causará admiración.

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EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 12 DE MAYO DE 2009: Esta noche tuve un sueño extraño. Había muchas nubes en el cielo, grises y bajas, como de agua, pero no llovía. Sólo estaban ahí, y se movían muy rápido. Me encontraba en algún lugar al aire libre, y a lo lejos había un árbol seco, con ramas muy viejas. Me dirigí hacia él, pero me costaba mucho moverme, porque el suelo era parecido a ceniza, aunque muy pegajoso, y sufría intentando despegar mis pies. De repente toda la atención se centró en una luna distante, una mancha que volaba despacio, y que parecía acercarse, pero yo sabía que estaba lejos, en el cielo, que de repente se había abierto para mostrarse negro. Creo que voy a relajarme un poco con este asunto, porque además me noto saturada. Después de un tiempo en la sombra lo veré con más luz.

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 26 DE MAYO DE 2010: Hoy me he encontrado con una noticia que, pese a su carácter trágico, me ha hecho recuperar la energía necesaria para continuar con mi tesis. ¡Ya era hora! Un avión de pasajeros se ha estrellado en Polonia, y al parecer ha habido un único superviviente, aún no se si hombre o mujer. Llevo desde la tarde atenta a los informativos y buscando por Internet para ver si me hago con datos del vuelo y del supuesto superviviente. Si todo se confirma tendré por segunda vez la posibilidad de entrevistar a uno de esos afortunados seres que escapan de las tragedias aéreas de manera inexplicable, así que estoy con las pilas bien puestas. Mi primera intención ha sido llamar a Juan, pero su actitud respecto al modo en que detuve este trabajo es bastante negativa, y he decidido no hacerlo. Sé que lo es por mí, que se preocupa, pero a veces es como si me estuviese aleccionando constantemente, y comienzo a no soportarlo. Supongo que es un claro indicio de que mi larga dependencia

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alumna-profesor de los tiempos de la facultad se está yendo al traste poco a poco a medida que nos vamos enfrentando en una vida normal, de tu a tu. La verdad es que no lo consideraba tan cerrado. Necesito a mi alrededor ahora gente evolutiva, que me motive, y no a quien me intenta retener por todos los medios. Por otro lado, llevo ya meses con esas extrañas pesadillas que no quiero recordar, y nunca me ha dado una explicación válida ¿Me habré equivocado de profesión? No creo, ni tampoco de amigo. Lo único que pasa es que nuestras posturas son muy diferentes ahora mismo, pero nada más. Esta noche tengo trabajo en el bar, y no tengo ganas, en serio. Servir copas hasta las 5 de la mañana me parece una profesión demasiado baja para una licenciada, pero la cosa está así, de manera que me callo y trabajo, que las facturas hay que pagarlas.

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 10 DE JULIO DE 2010: ¡La he encontrado! Es una deliciosamente dulce mujer llamada Mariya Petrova, una bióloga dedicada a los muebles antiguos. Rarezas con encanto, que diría yo. Vive en la frontera búlgara, y se ha mostrado muy interesada por mi trabajo. Es curioso que pese a la cercanía de la tragedia se muestre tan entera, pero al menos es lo que he notado, aunque el teléfono a veces engaña. Me ha pedido que le envíe documentación, y mañana mismo se la haré llegar por algún servicio de paquetería internacional. No me gustaría que nada se perdiese. De todos modos me ha dado su correo electrónico, y ya le he remitido algunos documentos para que se vaya situando. Le he insinuado la posibilidad de ir a verla, y me ha parecido que en principio no tiene muy claro si permitirlo, pero es probable que eso cambie cuando lea los papeles y detecte lo interesante de este tema. Ya veremos, pero de momento al menos la red está en el mar y el pez se ha acercado mucho. ¿Cenaré pescado?

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EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 19 DE JULIO DE 2010: Mariya me ha remitido un extenso correo para decirme que se muestra entusiasmada de poder colaborar, y en el que ofrece su casa para cuando quiera ir a visitarla. Le ha interesado mucho todo este asunto (yo lo sabía), y asegura que está ansiosa por contarme su experiencia y así contribuir a la labor de esclarecer lo que está sucediendo. Pese a conocer el dato de las curiosas muertes de casi todos sus predecesores, no la he notado preocupada, sino más bien consecuente con el hecho de que está en el centro de un misterio algo mayor que el hecho de que sigue con vida tras lo de Varsovia. Presiento que me gustará mucho conocerla. En cuanto a Juan, hoy lo he visto en el centro y se ha mostrado más relajado. Creo que el hecho de que no sepa nada nos hace bien para preservar la amistad, aunque la confianza se haya resentido. Al menos he conseguido que no venga a verme al trabajo ¡Ah! He vuelto a tener el sueño, pero lo curioso es que cuando creo despertar sigo en otro sueño en el que mi cama está mojada levemente. No sé lo que puede significar esta variable, pero es muy repetitivo y me preocupa pese a que no me considero obsesionada ni perturbada. Me resulta fascinante descubrir lo profundamente que me marcó la conversación con Harris.

3 DE JULIO DE 2010, SOFIA, BULGARIA

- ¿En Sofía? ¿En la Sofía de Bulgaria? - Sí, exactamente.

- ¿Qué haces ahí? ¿Por qué no me avisaste?

- Ha sido todo muy rápido, Juan. Tenía que hacerlo. - Pues tú dirás por qué.

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- ¿Recuerdas el accidente de hace como un mes, ese avión que cayó cerca de Varsovia?

- Sí, algo leí, si.

- Pues hubo una única superviviente. - ¡Dios mío! ¿Aún sigues con eso?

- ¡Claro! ¿Recuerdas que me dijiste que completase mi trabajo?

- Sí, loca, pero no pensé que fueses a ser tan inconsciente como para seguir gastando dinero y tiempo en ello.

- No hay otra manera, y lo sabes. - Bueno, ¿y qué haces ahí?

- Esa superviviente se llama Mariya Petrova, 56 años. Llevamos en contacto unas semanas. Es bióloga, aunque no ejerce. Tiene un par de negocios de antigüedades y vive en una ciudad a unos 400km de aquí, en Lum, a orillas del Danubio. Mañana iré allí, ya he hablado con ella y me recibirá en su casa. Es una mujer muy amable, y ha insistido en que me quede, pero ya veré.

- Jezabel, deja eso ya. Te estás obsesionando. - Juan… yo…

- ¿Qué?! ¿Qué te pasa?

- El agua… ha vuelto a mis sueños. - ¿Cómo? ¿Cuándo?

- Llevo tiempo, pero no te he dicho nada. La semana pasada… durante tres días soñé que uno de los laterales de mi cama estuvo apareciendo mojado… era un agua muy salada.

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- Tu lo sabes, ya sucedió antes, y ha sido igual. No me deja, y tengo la sensación de que significa algo.

- Por supuesto que significa algo. Ya quedamos en que habrá una explicación, ¿no?

- Sí, quedamos en eso, pero yo sigo sin encontrarla.

- La buscaremos, pero no puedo creer que estés persiguiendo fantasmas por Europa. Tu eres psiquiatra, Jezy, una mujer cuerda y capacitada. No debes caer en algo así. Si los del tribunal se enteran no conseguirás el doctorado por el que tanto has luchado, y lo sabes.

- Juan, no puedo dejar esto ahora. Si lo hago viviré toda mi vida con miedo, y no quiero eso. Sé perfectamente a lo que lleva mi viaje.

- Mira, haremos una cosa… dime donde estarás, y me reuniré contigo tan pronto como solucione mis horarios. Cogeré el primer avión.

- No. Ya te llamaré, pero ahora he de irme. - ¡Jezabel!

- Cuídate, Juan.

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 4 DE JULIO DE 2010: El tren que conduce a Lom, en el noroeste de Bulgaria, transita por unos sitios preciosos. Centro Europa es un lugar magnífico en esta época, tierra llena de pasado y belleza, con gente reservada debido a milenios de culturas cambiantes, invasiones, liberaciones, dictaduras y leyendas. ¡Menuda mezcla para las memorias de los pueblos de aquí! La verdad es que se capta el misticismo en las viejas capitales. Sofía, que hasta ayer desconocía, es bella y decadente en proporciones exactas, muy al estilo post soviético, diría yo, y una de las ciudades más antiguas de Europa. ¡Casi nada! La

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catedral es imponente, distinta, llena de curvas y con un interior anguloso de contrastes buscados detenidamente por el diseñador. Ahora ha quedado atrás con su glamourosa antigüedad, y no espero regresar hasta dentro de unas semanas. Al final de mi camino me espera un coche en la estación que me llevará a la casa de Mariya Petrova, al parecer un palacete en las afueras cargado de pasado y desde el que se divisa Rumanía al otro lado del río. Lástima que no se trate de un encuentro romántico con algún apuesto príncipe, sino de una entrevista peculiar con una mujer que cada vez me parece más interesante. ¿Cómo será en persona?

4 DE JULIO DE 2010, LOM, BULGARIA, 17 HORAS

- Disculpe mi inglés, Mariya. Es mucho peor que el suyo, me doy cuenta.

- No pasa nada. Juego con ventaja, pero es normal. De niña viví en Leeds. Mi padre era el cónsul allí, y eso me hizo a todos los efectos bilingüe, pero no se apure, que su inglés es muy bueno también.

- Gracias. Tiene una casa preciosa.

- Es lo único que me quedó de mi familia, un linaje antiguo, pero sin duda es hermosa. La vista sobre el Danubio resulta extraordinaria. ¿Sabe que ya se muestra construida en algunos paisajes pintados en el siglo XVII y en tapices que están expuestos en el castillo de Praga? No sé cómo llegaron allí, pero un día de visita los encontré y me quedé impresionada.

- ¡Vaya! Eso es espléndido.

- Sí, un recuerdo de una Europa que ya no se le parece, amiga mía. Por suerte, debido a ciertos desarreglos del ministerio del suelo tras la caída del telón de

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acero, la propiedad no aparece en los mapas o las guías, así que no tengo correo, pero tampoco visitantes curiosos. Aquí siempre estoy tranquila.

- El último lugar discreto de Europa entonces, diría yo.

- Podría ser. Me hace bien porque soy muy discreta, querida. De hecho mi teléfono personal no figura en ningún listín por petición expresa que me cuesta un cierto dinero al año. El que usted posee es de una de mis tiendas, como ya sabe.

- Ojalá pudiese yo hacerlo, créame. La vida al ritmo de Madrid es intensa, y a veces me sobrepasa.

- ¿Es usted de esa ciudad?

- No. Realmente nací y me crié en una ciudad mucho más pequeña del sur, en Córdoba, pero mis padres emigraron para trabajar y allí me quedé cuando ellos regresaron.

- ¿Tiene casa?

- En Córdoba tengo la casa familiar, pero la vivienda es cara en Madrid. Vivo en un sitio céntrico en alquiler, un piso que cabe en su salón con terraza y todo. Aún no tengo suficiente como para tener mi propia casa, pero todo se andará. La crisis no ha ido bien en mi país.

- Sin duda. Dese tiempo y logrará lo que se proponga, aunque eso en parte no dependa de usted. Yo en cambio me encontré con todo esto, pero a veces puede dar un aire de ostentación que no se corresponde conmigo. Tengo un mayordomo al que ya conoce porque la recogió en la estación, Gustav, pero no se haga ideas erróneas por ello. Es leal desde siempre a mi padre, para el que trabajó muchos años, y la casa grande, por eso está aquí. El la administra a cambio de un sueldo adecuado y alojamiento, pero no crea que vivo

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holgadamente. Los negocios no van bien tampoco aquí, y las vacas flacas están lejos del prado, así que me mantengo con lo justo, aunque no me quejo, desde luego. Pero no creo que esté interesada en mis historias, así que como siempre me estoy excediendo en mis comentarios.

- No, para nada. Es un placer saber cosas de usted.

- No soy tan importante para merecerlo, pero gracias por decirlo. Mi deseo es que esté usted cómoda el tiempo que decida quedarse. Como comprenderá yo tendré que salir y seguir con mis tareas, no obstante espero que eso no sea obstáculo para que se encuentre como en su propia casa. Disponga de todo a su antojo, querida, desde la cocina a la biblioteca. No tengo nada que esconder, así que sea feliz estos días.

- Es usted muy amable, señora. Intentaré ser una huésped adecuada.

- Sin duda lo es ya. Cambiando de tema… como sabe he estado leyendo detenidamente lo que tan amablemente me envió, Jezabel.

- ¿Y qué le ha parecido?

- Estoy muy impresionada. ¿O quizás debería decir…aterrada? - Bueno, yo no la noto aterrada en absoluto.

- Desde luego que no. Mi vida ha sido muy larga ya, y el hecho de sobrevivir a ese accidente sólo ha conseguido que me de cuenta de que todo el tiempo que estoy disfrutando no es más que un regalo del cielo.

- No sabía que fuese creyente.

- Lo soy, y mucho. En mi familia es una tradición desde hace siglos. ¿Usted no cree en Dios?

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- Deduzco que no creía entonces, ¿verdad? - Cierto.

- Pero algo está cambiando desde que investiga estos asuntos… - Sí… y me incomoda no saber qué es, se lo aseguro.

- Es normal cuando uno lucha consigo mismo, querida. Yo en cambio nunca he tenido dudas, pero recientemente mi fe se ha centuplicado. Es por ello por lo que ya no tengo miedo y me dispongo para lo que haya de venir.

- Es curioso. Cuando hablé con Adrian Harris, el superviviente americano, estaba segura de mi ateísmo fundamental. De hecho tuvimos una conversación magnífica al respecto, y me mostré segura de ello. Pero cuando volví a casa revisé algunas cosas que él mismo me había dicho, acontecimientos relacionados con apariciones de todo tipo. Aquello coincidió con que comencé a tener sueños extraños, pesadillas, y empecé a albergar dudas y a pensar que en el fondo es mucho mejor dejarse llevar y esperar a que haya realmente alguien ahí que me proteja. Es por eso que ahora no estoy segura de en qué creo.

- Si ha de hacerse la luz, se hará. Usted sólo debe estar preparada para ello. ¿Cómo era aquella frase?... “en ausencia de la luz las tinieblas prevalecen” - Es usted una mujer valiente, Mariya. Ha pasado por una experiencia única y a

pesar de ello su mirada es brillante. Hace que se sienta una en comunión de una manera rápida. Ya percibí eso en sus correos.

- Gracias, pero no soy valiente en absoluto. Tan sólo privilegiada por sentir el resguardo de lo divino. No me siento dada a religiones y sus prácticas, pero mi inteligencia me dice que todo esto debe tener un sentido, así que: ¿tendría que estar asustada por ser la número 34 en su lista? ¿Porque sólo me queden 26 días de vida según su cómputo que hasta ahora ha sido casi perfecto?

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- Yo lo estaría.

- Para mí todo eso sólo son los números de Dios, y estoy aquí para que él complete sus cuentas.

- Pero señora Petrova… ¿Y si no es Dios?

EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 4 DE JULIO DE 2010: Se trata de una mujer extremadamente elegante, belleza de corte soviético, rubia, alta, de mirada penetrante y con un aire de inteligencia que exhibe una piel bien cuidada a su edad. Sin embargo me he fijado en sus manos y son las de una persona trabajadora. Es raro que nunca se haya casado, pero me da la impresión de que ha tenido una vida dedicada a sus asuntos y descuidado algo ese aspecto, porque atractivo no le ha faltado. De todos modos, es justo como la habría dibujado. Dejaré la maleta para más tarde, porque creo que me espera abajo ya para seguir hablando. Creo que es muy activa ¡Ah! La habitación es preciosa. Si esto fuese un hotel costaría mucho más de lo que puedo pagar.

4 DE JULIO DE 2010, LOM, BULGARIA, 19,20 HORAS

- Lo Recuerdo todo muy bien, cómo no. Me subí en Tallin, donde había adquirido un lote para mi tienda de antigüedades, y volaba hacia Sofía con escala en Varsovia. Ni siquiera tenía que bajar del avión. Hacía frío ese día, pero eso en estos países se combate bien, no como en el suyo, que estuve un par de veces en invierno y casi se paraliza.

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- Ciertamente, querida. He pasado buenos momentos en Marbella. En fin… El caso es que antes de llegar a Varsovia el piloto nos habló, y comunicó que todo estaba en orden, ya sabe, esa verborrea de las temperaturas, la hora de llegada y demás. Yo miré mi reloj, y eran las 13,43 en punto. Lo recuerdo porque también me lo preguntó mi acompañante, un distinguido lituano que me dijo que iba a Sofía por negocios. No me importa decir que me resultó apuesto, con un aire antiguo y misterioso de esos que seducen sin saberlo. Pero viajaba con su secretaria, una mujer rubia de piernas muy largas que saltaban bien a la vista, así que me fijé en un leve atisbo de caro perfume deduciendo que el ambiente de sus negocios sería bastante cálido. He visto muchas reuniones de ese tipo. El caso es que estábamos en la zona de primera clase, justo delante, y excepto por alguna turbulencia el vuelo había sido magnífico hasta ese momento, entre otras cosas por las atenciones de la tripulación, que nos sirvió en todo momento con exquisitez. Esas pobres chicas... Entonces un crujido extraño resonó detrás de mi, bajo el suelo, noté en mis oídos cómo la presión se intentaba equilibrar, y comprendí que descendíamos para tomar tierra, como ya nos habían avisado, así que supuse que se trataba del tren de aterrizaje, aunque se que suena de otro modo. Miré por la ventanilla mientras se encendía el aviso para los cinturones y vi la ciudad y sus alrededores, todo verde, muy bonito, pero me sorprendió lo rápido que bajábamos, así que le pregunté a una azafata, que gentilmente me aseveró que todo estaba bien. ¡Ni treinta segundos tardamos en estrellarnos en la cabeza de pista después de aquello! Justo detrás de mí algunos pasajeros gritaron al darse cuenta de que el ángulo de descenso era excesivo y de que nos íbamos a comer literalmente el suelo, pero fue todo muy rápido. Yo instintivamente apreté mi cinturón, aunque no le miento si le digo que interiormente sentí una profunda

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decepción por terminar mis días de ese modo tan ridículo sin poder ni siquiera organizarme, pero poco se podía hacer. El hecho de que estaba ya convencida de que iba a morir me tranquilizó mucho, y sólo albergaba la certeza de que seguramente sería indoloro, así que el que no se consuela es porque no quiere. Ese era mi pensamiento cuando escuché algo, un gran golpe por debajo de mis pies, y todo el frontal se vino hacia mí increíblemente despacio mientras cada objeto comenzaba a volar, pero en una escena ralentizada que no entendía. El suelo se elevó, subiéndome muy cerca del techo, y una gran brecha se abrió en el lateral, dejando ver el campo verde arañado por el peso descomunal del avión que abría un surco de tierra que se alejaba despedida hacia los laterales. Un instante después pasamos las marcas de inicio de pista, y todo se volvió alquitrán, pero pude distinguir algunas balizas rojas. Había reflejos dorados, así que deduje que nos habíamos incendiado, y yo seguía sorprendida por el hecho de que todo estuviese sucediendo tan despacio y de que me hallase viva para verlo, e incluso para razonarlo. Nunca sentí nada igual. El hombre que estuvo a mi lado había sido despedido hacia atrás, pero la chica yacía casi aplastada entre dos asientos, y por suerte no pude distinguir más, porque de repente, justo al asomar la cabeza empujada hacia el exterior, perdí la consciencia entre un viento frío y el chirrido tremendo del metal rozándose con el suelo generando chispas. Me fui del mundo gracias a Dios. Cuando desperté estaba en medio de la pista lejos de los restos, cubierta de restos, las ropas destrozadas, pero intacta como si hubiese nacido segundos antes pese a que debí arrastrarme y dar tumbos como un títere al ser despedida por la grieta. El avión, destrozado, ardía con estrépito detrás de mí, roto en varias partes, un auténtico infierno. No puedo entenderlo,

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pruebas de todo tipo, pero varias horas más tarde, tras prestar una leve declaración, salí de allí dispuesta a coger un tren a casa. Estaba conmocionada supongo, porque a sabiendas de que habían perecido 175 personas no sentía nada. Era como si me hubiese inmunizado, así que hice el viaje como cualquier otro, aunque en mi interior me comportaba tan metódicamente como una máquina. Supongo que era el modo de contener lo que me inundaba por dentro. - Era el Shock. No debieron dejarla ir.

- ¡Oh, querida! Nadie hubiese podido evitarlo, créame. Pero fue justo al cruzar la puerta de abajo cuando caí abatida y sentí todo el peso del que me había aislado durante muchas horas. Gustav me alcanzó antes de desplomarme, y de repente me sentí muy afortunada y agradecida, pero a la vez iracunda por ser la única superviviente de ese vuelo. No lo entendía.

- Debe ser algo impresionante. No puedo ni imaginarlo.

- Es… innatural. Lo de volver a nacer se queda corto ante algo como lo que yo he vivido.

- ¿Y recuerda algo extraño justo antes del accidente? - ¿Algo extraño?

- Sí… ruídos, sensaciones… alguna visión. Alguna cosa que le llamara la atención.

- ¿sabe? Es curiosa su pregunta. - ¿Por qué lo dice?

- Porque si hubo algo, una cosa…distinta. - ¿Y qué fue?

- Aquella mujer de ojos negros. No la había visto antes pese a ser observadora, pero estaba justo delante de mí, mirándome, y eso me incomodaba, porque

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