- Disculpe mi inglés, Mariya. Es mucho peor que el suyo, me doy cuenta.
- No pasa nada. Juego con ventaja, pero es normal. De niña viví en Leeds. Mi padre era el cónsul allí, y eso me hizo a todos los efectos bilingüe, pero no se apure, que su inglés es muy bueno también.
- Gracias. Tiene una casa preciosa.
- Es lo único que me quedó de mi familia, un linaje antiguo, pero sin duda es hermosa. La vista sobre el Danubio resulta extraordinaria. ¿Sabe que ya se muestra construida en algunos paisajes pintados en el siglo XVII y en tapices que están expuestos en el castillo de Praga? No sé cómo llegaron allí, pero un día de visita los encontré y me quedé impresionada.
- ¡Vaya! Eso es espléndido.
- Sí, un recuerdo de una Europa que ya no se le parece, amiga mía. Por suerte, debido a ciertos desarreglos del ministerio del suelo tras la caída del telón de
acero, la propiedad no aparece en los mapas o las guías, así que no tengo correo, pero tampoco visitantes curiosos. Aquí siempre estoy tranquila.
- El último lugar discreto de Europa entonces, diría yo.
- Podría ser. Me hace bien porque soy muy discreta, querida. De hecho mi teléfono personal no figura en ningún listín por petición expresa que me cuesta un cierto dinero al año. El que usted posee es de una de mis tiendas, como ya sabe.
- Ojalá pudiese yo hacerlo, créame. La vida al ritmo de Madrid es intensa, y a veces me sobrepasa.
- ¿Es usted de esa ciudad?
- No. Realmente nací y me crié en una ciudad mucho más pequeña del sur, en Córdoba, pero mis padres emigraron para trabajar y allí me quedé cuando ellos regresaron.
- ¿Tiene casa?
- En Córdoba tengo la casa familiar, pero la vivienda es cara en Madrid. Vivo en un sitio céntrico en alquiler, un piso que cabe en su salón con terraza y todo. Aún no tengo suficiente como para tener mi propia casa, pero todo se andará. La crisis no ha ido bien en mi país.
- Sin duda. Dese tiempo y logrará lo que se proponga, aunque eso en parte no dependa de usted. Yo en cambio me encontré con todo esto, pero a veces puede dar un aire de ostentación que no se corresponde conmigo. Tengo un mayordomo al que ya conoce porque la recogió en la estación, Gustav, pero no se haga ideas erróneas por ello. Es leal desde siempre a mi padre, para el que trabajó muchos años, y la casa grande, por eso está aquí. El la administra a cambio de un sueldo adecuado y alojamiento, pero no crea que vivo
holgadamente. Los negocios no van bien tampoco aquí, y las vacas flacas están lejos del prado, así que me mantengo con lo justo, aunque no me quejo, desde luego. Pero no creo que esté interesada en mis historias, así que como siempre me estoy excediendo en mis comentarios.
- No, para nada. Es un placer saber cosas de usted.
- No soy tan importante para merecerlo, pero gracias por decirlo. Mi deseo es que esté usted cómoda el tiempo que decida quedarse. Como comprenderá yo tendré que salir y seguir con mis tareas, no obstante espero que eso no sea obstáculo para que se encuentre como en su propia casa. Disponga de todo a su antojo, querida, desde la cocina a la biblioteca. No tengo nada que esconder, así que sea feliz estos días.
- Es usted muy amable, señora. Intentaré ser una huésped adecuada.
- Sin duda lo es ya. Cambiando de tema… como sabe he estado leyendo detenidamente lo que tan amablemente me envió, Jezabel.
- ¿Y qué le ha parecido?
- Estoy muy impresionada. ¿O quizás debería decir…aterrada? - Bueno, yo no la noto aterrada en absoluto.
- Desde luego que no. Mi vida ha sido muy larga ya, y el hecho de sobrevivir a ese accidente sólo ha conseguido que me de cuenta de que todo el tiempo que estoy disfrutando no es más que un regalo del cielo.
- No sabía que fuese creyente.
- Lo soy, y mucho. En mi familia es una tradición desde hace siglos. ¿Usted no cree en Dios?
- Deduzco que no creía entonces, ¿verdad? - Cierto.
- Pero algo está cambiando desde que investiga estos asuntos… - Sí… y me incomoda no saber qué es, se lo aseguro.
- Es normal cuando uno lucha consigo mismo, querida. Yo en cambio nunca he tenido dudas, pero recientemente mi fe se ha centuplicado. Es por ello por lo que ya no tengo miedo y me dispongo para lo que haya de venir.
- Es curioso. Cuando hablé con Adrian Harris, el superviviente americano, estaba segura de mi ateísmo fundamental. De hecho tuvimos una conversación magnífica al respecto, y me mostré segura de ello. Pero cuando volví a casa revisé algunas cosas que él mismo me había dicho, acontecimientos relacionados con apariciones de todo tipo. Aquello coincidió con que comencé a tener sueños extraños, pesadillas, y empecé a albergar dudas y a pensar que en el fondo es mucho mejor dejarse llevar y esperar a que haya realmente alguien ahí que me proteja. Es por eso que ahora no estoy segura de en qué creo.
- Si ha de hacerse la luz, se hará. Usted sólo debe estar preparada para ello. ¿Cómo era aquella frase?... “en ausencia de la luz las tinieblas prevalecen” - Es usted una mujer valiente, Mariya. Ha pasado por una experiencia única y a
pesar de ello su mirada es brillante. Hace que se sienta una en comunión de una manera rápida. Ya percibí eso en sus correos.
- Gracias, pero no soy valiente en absoluto. Tan sólo privilegiada por sentir el resguardo de lo divino. No me siento dada a religiones y sus prácticas, pero mi inteligencia me dice que todo esto debe tener un sentido, así que: ¿tendría que estar asustada por ser la número 34 en su lista? ¿Porque sólo me queden 26 días de vida según su cómputo que hasta ahora ha sido casi perfecto?
- Yo lo estaría.
- Para mí todo eso sólo son los números de Dios, y estoy aquí para que él complete sus cuentas.
- Pero señora Petrova… ¿Y si no es Dios?
EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 4 DE JULIO DE 2010: Se trata de una mujer extremadamente elegante, belleza de corte soviético, rubia, alta, de mirada penetrante y con un aire de inteligencia que exhibe una piel bien cuidada a su edad. Sin embargo me he fijado en sus manos y son las de una persona trabajadora. Es raro que nunca se haya casado, pero me da la impresión de que ha tenido una vida dedicada a sus asuntos y descuidado algo ese aspecto, porque atractivo no le ha faltado. De todos modos, es justo como la habría dibujado. Dejaré la maleta para más tarde, porque creo que me espera abajo ya para seguir hablando. Creo que es muy activa ¡Ah! La habitación es preciosa. Si esto fuese un hotel costaría mucho más de lo que puedo pagar.