De la vida sexual del prócer no hablaré ni comentaré nada al respecto porque no le agrega nada ni le quita nada, tampoco, a la grandeza del insigne patriota. Sólo me limitaré a lo siguiente.
En la mencionada publicación de VIVA (“Clarín” del
21/04/2002), se trata especíicamente de su “Vida privada”,
amén de “Los hijos” y el “Testamento” (ps. 25/29), así como el Semanario “El Informante” (Periodismo inquieto y com- prometido), sito en 25 de Mayo y Ameghino (San Nicolás), en su edición del 16/06/2006, en contratapa, se ocupa de
“Los hijos de Belgrano” (El General en su laberinto) irma- do por Javier Tisera. En la Prensa (diario matutino, ignoro la fecha), con motivo de “Las andanzas de los próceres” del libro titulado “El ropaje de la gloria” del tucumano Adolfo Columbres que dijo de Belgrano que, “ante los prestamistas,
Belgrano inspiraba más conianza que el Ejército”, también
narra los últimos tiempos del prócer y “descubre a su hija Manuela Mónica”, publicación ésta que no ha menester ma- yores comentarios. Sin embargo, dicho matutino de fecha 26/06/1999, alude en su título “El General en su laberinto” que tuvo dos hijos “naturales” (sin aclarar cuáles son los “an- tinaturales”), así también la alusión de Ma. Josefa Ezcurra “una mujer casada y de alcurnia”, todo lo cual no agrega ni descuenta nada de la grandeza y alcurnia del prócer. El dia- rio “El Día” de La Plata en su edición Literarias (que debiera
ser mejor) del 10/11/2013 trae la “novedad” de Analía Páez sobre “Los amores de Belgrano” (novela histórico-románti- ca “Amores Prohibidos. Las relaciones secretas de Manuel Belgrano”). Si es así, por qué dilucidar temas que nada agre- ga a la historia grande de la patria. ¿No tiene otra cosa que escribir la escritora Florencia Canale ni qué comentar Analía Páez?
En Magazín (29/08 – 04/09 de 1999) titulado “Historias de amor de la historia argentina” por Débora Campos (pe- queños grandes secretos de nuestros próceres: El “Padre de la Patria”; La pluma, la palabra y las mujeres; La familia del gobernador Rosas; El creador de la bandera y sus hijos), todo esto no agrega ni quita nada a la historia.
Juan Manuel Bordón comenta (en “Clarín” del
25/05/2007) un nuevo libro que airma que Belgrano era me- trosexual de Daniel Balmaceda, el “cartonero de la historia”
(según Mario “Pacho” O´Donnell) que trata los periles pasio- narios de los padres de la patria, como derrumbe de los mi- tos: “es fácil advertir que Belgrano tenía un estilo muy simi- lar al de los metrosexuales de hoy”; de San Martín cuenta sus desencuentros conyugales y otros amores, además del de su Merceditas, y para Sarmiento dice que no le alcanzan las pá- ginas. Todo un memorial en el que perdió el tiempo el citado Bordón. Ma. Esther de Miguel, no le va en zaga con sus “Las batallas secretas de Belgrano” (edit. Seix Barral Biblioteca Breve, que comenta el matutino “La Nación” el 03/12/1995), que opto por no comentar ni agregar nada más sobre un li- bro que la autora escribió en lugar de otro sobre el prócer de la bandera. Pigna también perdió el tiempo con el tema sobre “Los hombres que amaban a las mujeres” (Belgrano y Monteagudo, a favor de ellas), aunque deja el saldo favora- ble sobre el derecho femenino a la educación, llamándolo el “sexo delicado” (Belgrano); dice Pigna:
En un mundo de machistas en que la mujer quedaba rele- gada a las tareas domésticas y a las de trabajadoras peor remuneradas y tratadas que sus compañeros varones, y mientras que en lugares tan progresistas como la Asamblea de París se discutía sobre si era o no conveniente destinar
dinero y esfuerzo a la educación de las niñas, Belgrano fue
un pionero en la defensa y digniicación de la condición fe- menina comenzando por su derecho inalienable a la edu- cación. Entendía que “por desgracia el sexo que bello debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas, lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia…”.
Manuela a Pedro –hermanos e hijos del prócer- envía una carta que dice lo siguiente: “Mi querido hermano: Siendo imposible a Manuel y a mí asistir a que le pongan el óleo a nuestro ahijado Manuel Casimiro del Corazón de Jesús, te pido admitas a Pedrito en nombre del padrino que haga sus veces, así como que Dolorcitas me represente, para lo cual,
creo, no haya diicultades (…). Mi tía Juana y demás familia
envían sus afectos y yo la bendición para mi ahijado y para ti, el afecto de tu hermana”. Esta misiva quizá, aunque tenga re- lación con el tema que trato de evitar, supone una descenden- cia de virtudes antes que escudriñar las causas y malentendi- dos asuntos que la originaron. Y sigo con una publicación de carta en el matutino capitalino “La Nación” del 21/07/1998 en que, inapropiada e indiscretamente, Rosenkrantz habla, con desaprensión, de la heterosexualidad belgraniana citan- do en nueve incisos distintos supuestos que, como lo vengo exponiendo, nada agrega ni quita a la grandeza del prócer. Por supuesto, sí, al autor que debiera ocuparse de otras cues- tiones más importantes para la historia de la patria y de su padre Belgrano.
Y entre otros ejemplos, y en el mismo matutino un año antes (21/08/1997), Ilse H. Arigós Rosas y Belgrano y Martha S. Rosas y Belgrano, titulada “Los hijos de Belgrano”, publi-
can una carta sólo con el propósito de rebatir las airmacio- nes efectuadas por Néstor Ibarra en la audición de Radio Mitre del 24/07/1997, expresamente que el prócer sólo había tenido una hija; pero como se trata de algo obliterante y éti- co, paso a transcribir lo necesario.
Pedro y Pablo, que, concebido en Tucumán, nació en Santa Fe el 30/07/1813 (…) y adoptada poco después de nacer por el general Rosas, por ser la madre pariente política próxima del mismo. Dicho general y su esposa, recién casados, cria- ron esmeradamente al niño, en proximidades de su madre
de sangre, y no solamente le dieron su apellido, sino que le proporcionaron una excelente educación; en consecuen- cia el niño pasó a llamarse Pedro Pablo Rosas. Al alcanzar la mayoría de edad, su padre adoptivo le indicó que debía
irmar Pedro Pablo Belgrano, pues era hijo del general (…)
a lo que éste le contestó que, en agradecimiento a su pa-
dre adoptivo, irmaría Pedro Pablo Rosas, agregando en
segundo término Belgrano, lo que expresa él mismo en su
testamento. Esto lo hacen los irmantes en nombre de los 7
tataranietos y 40 choznos del prócer.
Sólo por una auténtica discreción el prócer, en su tes- tamento, además de decir la verdad respecto de su soltería,
calló sobre su descendencia para evitar cualquier diicultad,
de cualquier orden de los demás.