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WASHINGTON AL PUEBLO DE LOS EE UU.

In document Belgrano (página 143-147)

Con motivo de tal traducción efectuada por Belgrano, con ayuda del Dr. Josepgh Redhead, y que data de 1813, ree- ditada seis décadas más tarde en la Revista del Río de la Plata (que dirigían Andrés Lamas, Vicente Fidel López y Juan Ma. Gutiérrez), llega a manos de Alberdi en París, oportunidad en que el autor de las Bases alude al prócer –sin críticas a la

traducción- airmando que el prócer es un “modelo de ho-

nestidad política en Sudamérica”. Se ha relexionado sobre

la trascendencia de la traducción hasta el punto de asegu- rar que dicha reedición llegaba como una luz en el camino y refrescaba las ideas del proyecto de nación, a la vez que las palabras que Belgrano rescató al traducir al estadounidense ajustábanse al momento político de 1871. “Este grande hom- bre –decía Alberdi parisino- resumía sus consejos a su país con la mira de preservarlo de la furia del espíritu de partido, de los males de la intriga extranjera, de las imposturas del

patriotismo ingido”.

La edición de 1902 de dicha traducción fue prologada por Mitre quien dijo:

En vísperas de la batalla de Salta, Belgrano aprovechaba los momentos de descanso en cultivar su inteligencia, y for- talecer su conciencia por la meditación de los escritos de los grandes hombres con que se honra la humanidad (…) y

“entre éstos, era Jorge Washington el objetivo de su parti- cular admiración, así es que, en los pocos días que perma- neció en el Ejército patriota detenido en la margen izquier- da del Pasaje, acabó de perfeccionar una traducción de la despedida que aquel inmortal republicano había dirigido al pueblo de los Estados Unidos al tiempo de separarse de los negocios públicos (…). El libro, escrito en inglés, había llegado a manos de Belgrano en 1805, lo que revela que la

inluencia de la independencia norteamericana sobre los hombres del movimiento emancipador era veriicable cinco

años antes de la Revolución de Mayo (…). Este héroe de la escuela de Washington es, de todos los revolucionarios de la América del Sur, el que más se ha acercado a tan sublime modelo.

Belgrano suscribe su introducción del mensaje de Washington –dice Rosendo Fraga- en la localidad norteña de Alurralde el 2 de febrero de 1813, dieciocho días antes de la batalla de Salta, indicando lo que el prócer dice en dicha traducción.

El ardiente deseo que tengo de que mis conciudadanos se apoderen de las verdaderas ideas que deben abrigar, si aman a la Patria y si desean su prosperidad bajo bases só- lidas y permanentes, me ha empeñado a emprender esta traducción en medio de mis graves ocupaciones, que en tiempos más tranquilos la había trabajado, y se entregó a las llamas con todos mis papeles en mi peligrosa y apurada acción del 9 de marzo de 1811 en Tacuarí (…). Y observando que nadie se ha dedicado a este trabajo, o que si lo han he- cho no se ha publicado, ansioso de que las lecciones del hé- roe americano se propaguen entre nosotros, y se manden, si es posible, a la memoria por todos mis conciudadanos, habiendo recibido un pequeño librito que contiene su des- pedida, que ha hecho el honor de remitirme el ciudadano D. David C. de Forest, me apresuré a emprender la traduc- ción (…). Suplico sólo al gobierno, a mis conciudadanos, y a cuantos piensen en la felicidad de América, que no se se- paren de su bolsillo este librito; que lo lean, lo estudien, lo mediten y se propongan imitar a ese grande hombre, para

que se logre el in a que aspiramos de constituirnos en una

nación libre e independiente.

En 1796 despídese Washington, y a casi doscientos vein- te años de su despedida, actualmente puede considerarse un texto que reviste el carácter de notoria vigencia, y evocando

al prócer y a su ayudante en la traducción, Dr. Redhead, vale un fragmento de lo traducido que dice:

Para que se conserve vuestro gobierno, y que vuestra felici- dad actual sea duradera, no sólo es necesario que desapro- béis toda oposición irregular a su legítima autoridad, sino también que resistáis, con cuidado, toda innovación de sus principios, sea cualquiera el pretexto con que se intentase. Uno de los modos de asaltar el gobierno podrá ser alterar las formas de la Constitución con pequeñas mutaciones que debiliten la energía del sistema, minando así lo que direc- tamente no se podría derribar. Siempre que se os proponga alguna innovación, tened presente que el tiempo y la cos-

tumbre son tan necesarios para ijar el carácter verdadero

de los gobiernos como el de las demás instituciones huma- nas; que la experiencia es la piedra de toque para probar la verdadera dirección del gobierno que existe en un país;

que la facilidad en hacer mutaciones, iándose del crédito

de una opinión o hipótesis expone a variaciones perpetuas

porque las opiniones o hipótesis varían sin in; y acordaos,

con especialidad, que un país tan dilatado como el nuestro

es indispensable, para la dirección eicaz de vuestro interés

común que el gobierno tenga todo el vigor que sea compati- ble con la perfecta seguridad y libertad.

Destaca Barrios que no es la primera vez que Belgrano se enfrenta a la tarea de volcar al español este “testamento político washingtoniano” que Forest le regaló en 1805, cuya traducción estaba casi completa y lista para 1811, pero desa- parece devorada por las llamas durante la batalla de Tacuarí, poco después de haber concluido el prócer el proyecto cons- titucional que trato en otro capítulo de esta obra.

EL MAGNO PROCESO

In document Belgrano (página 143-147)