BELGRANO DEL MAÑANA Y
DE SIEMPRE 17
Es indudable que el drama argentino reiere, inoculta- blemente, hacia un pasado de no pocas fechas o sucesos que marcaron lamentablemente hitos que habitualmente mueven
a la relexión del presente y del futuro, máxime hoy en oca-
sión de evocarse la igura del Santo de la Patria, como lo vengo designando desde el Día de la Bandera desde hace casi cinco lustros. Así es que los tales infortunios nunca habrán de ser superados sin los promisorios hombres que dejaron ejemplares emprendimientos de solvencia ética belgraniana.
En tales infortunios, lamentablemente, ha redundado un
inexplicable y sobre todo injustiicable olvido de tales epó- nimos ejemplares, tales como el criollo Hernandarias, los funestos fusilamientos de Liniers, Murillo o Dorrego, entre otros, la dolorosa matanza de Quiroga y su comitiva, así como ese notorio desdoro hacia Artigas, no sin dejar de aludir al equívoco día de los “tres gobernadores”, en el que en verdad no existió ninguna de las tres mentados: día asimismo coincidente con la partida hacia la Eternidad del
17- Alocución del autor, Vicepresidente I del Instituto Belgraniano de la Pcia. de Bs. Aires, pronunciada el 19 de junio de 2009, en el salón de 3 Nº 967, La Plata
Señor de un auténtico e íntegro prócer, no tanto del pasado cuanto del futuro.
¿Qué trajo ese hombre cuando vino a este mundo un día tres de junio de hace doscientos treinta y nueve años, ade- más de sus seres queridos e inolvidables nombres, como los ilustres de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano Peri y González Caseros? Aunque, y más que eso, ¿qué es lo que dejó este noble caballero de ejemplar y cristiana integridad cuando se fue con el Señor el veinte del mismo mes de junio de hace ciento ochenta y nueve años, compendiando un encarecido ciclo de no más de media cen- turia de vida terrenal?
Y al tal preguntario, sobre todo, a lo referido sobre el acervo hereditario, se corresponde lo más encarecido y tras- cendente que gira en torno, ya, de que no tanto lo que un hombre trae cuando a este mundo llega, sino lo que deja cuando de él se va.
Unánimemente se sostiene que el prócer santo, en el mo- mento de su muerte, sólo poseía un reloj de oro que, como único patrimonio, entregó a su médico en pago a cuenta de lo adeudado por honorarios profesionales; reloj que se ha- llaba en una vitrina del Museo Histórico Nacional, ya sin marcar otra hora que no fuere un extraño tiempo metafí- sico, y que alguien sustrajo (ilícito que, si bien, deterioró el acervo histórico de la historia nacional, en parecida pro- porción en que nunca acrecentará el patrimonio del que inescrupulosamente continuó poseyendo la reliquia). Es cierto y de toda verdad histórica que ese veinte de ju- nio culminó en la más execrable anarquía y vacío de poder político, ese dramático desencuentro (hacia donde se había arribado con impecable precisión, magnitud y desorienta- ción patriótica) en el que se había dado, más que la equívo- ca tan mentada y simultánea existencia de “tres gobernado- res”, en realidad, nadie o ninguno ejercía dichas funciones (ya que Idelfonso Ramos Mejía, que había asumido el siete de dicho mes, renunció ante la Junta, la que de inmediato la aceptó, depositando el bastón de mando en el Cabildo: y por su lado, el “aparente” sucesor, el Gral. Miguel Estanislao Soler, designado en tal función, admitió que ejercería el cargo sólo a partir de dos días más tarde, o sea, el veintidós
de junio; y inalmente, el Cabildo, como dije, habiéndose
menos aún habría asumido el gobierno y el poder vacantes en el aciago día, hoy feriado nacional, imprudente e impre- vistamente trasladado al tercer lunes de dicho mes).18
Durante la media centuria precedente a ese luctuoso y nefasto día, vivió un preclaro hombre que, afortunadamente aún no ha muerto y que escribió las más brillantes y enalte- cedoras páginas de la historia política e institucional de la República (desde las diversas vertientes de su multifacética personalidad de economista, político, militar, periodista, abogado, benefactor, educador, etc., en todas las cuales ejer- citaciones, empresas y desempeños, dejó claro ejemplo de ex- celencia, magnanimidad, estrategia, prudencia, templanza, civismo y ética, a pesar de las redimibles falencias, errores o defectos humanos). No sé si la Patria es deudora de Belgrano; pero, seguro que no es acreedora de él. Pues, el Santo de la Patria lo dio todo por ella.
Y así el benemérito general y doctor, que más que haber sido un pasado, afortunadamente, se instituye en un futuro,
en el porvenir, en el que llama perdurablemente a la relexión
con su ejemplo, su legado, su herencia, comprometiendo a que sea seguido, emulado, imitado en su desprendimiento, en su patriótica generosidad, y además, para que todos los días fuesen no sólo de evocación y estudio, sino de un en- cuentro con el General y conductor que indique el camino de la gran cruzada de la esperanza y de la argentinidad, y así, ser instituidos como los legítimos herederos de ese venerable acervo belgraniano, que quedó vacante desde el infausto día veinte de junio de hace ochenta y nueve años.