del Panteón Real de las Huelgas María Lourdes de Luis Sierra
6 DE LUIS SIERRA, M.ª L (2005): “Pendón de las Navas de Tolosa”
en Vestiduras Ricas. El monasterio de las Huelgas y su época. 1170-1340, Madrid, Patrimonio Nacional.
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cofia de extraordinaria belleza y calidad técnica. La cofia era un tocado masculino que se ve amplia- mente representado en las Cantigas alfonsíes; se trataba de un complemento usado por todas las clases sociales y en cualquier ocasión pues care- cía de carácter suntuario. Ésta que estamos viendo tiene el casquete confeccionado con un tejido de técnica de tapiz que se recoge en la zona del cuello y conforma el barbuquejo con un tafetán de seda de color claro. Lleva como adorno estrechas tiras de cuero sobredorado y “el señor es renovador del consuelo” reza la inscripción árabe cursiva que lo adorna.
Otra pieza perteneciente al primogénito de los reyes es el cinturón que sostenía sus calzas de bayeta roja; se trata de lo que podríamos llamar cinturón interior, también presente en la momia del arzobispo D. Rodrigo y en la del infante D. Fer- nando de la Cerda.
Es una pieza de talabartería en la que van bor- dados castillos y flores de lis y de la que se con- serva sólo el extremo que presenta los orificios de pasar la púa de la hebilla.
Extraordinario es el conjunto de indumentaria y ajuar de la hija de los fundadores y reina de Ara- gón, D.ª Leonor, esposa de Jaime I. (h. 1244).
El brial que vestía a juego con el manto y el pellote, sobrepasa 1,90 m de alto, en consonan- cia con la moda de los zapatos de gran suela de corcho y con el ademán de recoger los vestidos al andar. Está confeccionado con un rico bro-
cado árabe y corresponde a la moda española de los briales muy ajustados y sin mangas que dejaban lucir las camisas margomadas bordadas en colores.
Por su decoración geométrica y vegetal, Gómez Moreno lo incluye en la serie de tejidos árabes.
Sobre el brial vestía la reina un pellote confec- cionado con el mismo brocado árabe de tonos ver- des que presenta en la parte del ruedo la inscrip- ción cúfica que dice “Bendición”.
En estas dos piezas se conservaban bastantes restos de piel de los que se usaban en su confec- ción; tanto de las que van provistas de pelo con objeto de proporcionar abrigo como de las que carecían de él y servían para armar las prendas.
Según constataron los asistentes a la apertura de las tumbas y como ya hemos citado, los cadáveres iban colocados en el interior de sus ataúdes sobre cojines, tanto en la cabecera como en los pies.
De los pertenecientes a la reina Leonor de Ara- gón vamos a ver dos ejemplares. El primero está confeccionado a base de un tejido de franjas blan- cas y azules en cuya parte central va incrustado un rico fragmento de tapicería hispano-musulmana. De este mismo tejido listado existen otros dos coji- nes completos, uno ya restaurado y expuesto en el museo y otro en espera de restauración. El frag- mento de tapicería que adorna el centro de la pieza presenta decoración de lacerías y tiene gran seme- janza a los de la tumba de san Valero procedentes de la colegiata de Roda de Isábena.
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Otra de las piezas halladas en el ataúd de la reina es la vistosa almohada de tejido árabe cuya característica más sobresaliente es la decoración en zig-zag que también encontramos en el forro inte- rior del ataúd de san Antonio de Padua.
Enrique I fue el último de los doce hijos de Alfonso VIII y D.ª Leonor y se convirtió en here- dero al ser el único varón superviviente (1203- 1217). El pellote que vestía presenta una diferencia con respecto a los otros conservados y es que lleva la parte inferior rematada con farpas. También hay que señalar la riqueza decorativa que representan los cueros dorados que adornan las escotaduras (cuello y sisas) y las farpas (fig. 4).
Al igual que el resto de las piezas de indumen- taria presentaba, antes de la restauración, abundan- tes trozos de piel, con y sin pelo, en su confección. No hemos dicho hasta ahora que todos los fragmentos de piel fueron objeto de análisis en su momento y a pesar de que la literatura histórica habla de que se empleaban para estos usos martas, visones, etc., en todos los casos estudiados se ha comprobado que se trata de piel de conejo.
Del ataúd de Enrique I pudo también recupe- rarse su tapa, tapizada en tafetán blanco con listas en oro, azul y rojo. El conjunto va adornado con tres modelos distintos de pasamanería: el principal se decora con flores y lacerías y los otros dos son más simples, el central es de color rojo y el peri- metral, azul.
De la reina Berenguela (1180-1246), heredera del trono de Castilla tras la muerte de Enrique I de quien había sido su tutora, conservamos tres piezas de gran belleza. Por un lado, el fragmento de tejido (152 × 73 cm) que se conoce con el nombre de “ropas de Berenguela”, la extraordinaria almohada
con medallones de tapicería incrustados según téc- nica copta (fig. 5) y un tercer cojín de seda verde.
El primer fragmento es de características simila- res a otros hallados en las Huelgas (almohadas de
Fig. 4. Pellote de Enrique.
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Leonor de Aragón, pellote de D. Fernando, forro interior del ataúd de Fernando de la Cerda). Se trata de un tejido a listas que pudiera correspon- derse con los citados en los documentos medieva- les como “paños viados” y que están también muy representados en la escultura y la pintura.
La almohada es una de las cuatro que la reina tenía bajo su cabeza; dicen los estudiosos de estas materias que el uso de las almohadas en los ente- rramientos está en relación con la dignidad de los personajes y que su número representa la jerarquía del difunto.
Está decorada sólo por una de sus caras, lleva un medallón central con unas figuras en actitud de tocar un instrumento junto a un árbol de la vida, todo ello se rodea de la frase “No hay más divini- dad que Dios”. Al medallón central lo flanquean otros cuatro y otras dos bandas con la inscripción “La bendición perfecta”.
Como en muchos ejemplares de tapicería hispá- nica, la urdimbre de las aplicaciones de técnica de tapiz liga el tafetán de fondo.
Otro ejemplar de los hasta ahora restaurados es uno de color verde, en tafetán de seda, que va deco- rado con cinco bordados en hilos de oro. Los borda- dos son calados y están ejecutados al aire de forma que sólo se sujetan al tejido de fondo en las esquinas.
Berenguela abdica en favor de su hijo Fernando III (1201-1252) consiguiendo que sea reconocido primero como rey de Castilla y después de León (fig. 6).
De todos es sabido que el rey santo está ente- rrado en la catedral de Sevilla, en la capilla de Nues- tra Señora de los Reyes, pero Patrimonio Nacional cuenta entre sus colecciones con fragmentos pro- cedentes de su mortaja que no estaban a disposi- ción del público ni de los investigadores. Éste fue
uno de los motivos que animó a incluir esos restos en el museo de telas medievales de las Huelgas.
¿Cómo llegaron esas reliquias a palacio?. Durante el reinado de Felipe III se abre el proceso de santificación del rey, y se lleva a cabo el examen del cuerpo (1668); los que asistieron a la apertura de la tumba tomaron reliquias que con el tiempo se dispersaron por el mundo. Años más tarde, durante la estancia sevillana de Felipe V e Isabel de Farne- sio, se procedió al cambio de ataúd del rey santo y al traslado de lugar del féretro. De ese momento se conserva un arca en el relicario del Palacio Real de Madrid que contiene diversas piezas tomadas del sepulcro: un fragmento del manto, un fragmento de la funda del colchón, una segunda de la funda del colchón, un trozo del cinturón interior, un frag- mento de cinturón de tafetán henchido de borra, pieles de su manto, varios sellos de cera, etc.7
De este arca es de donde el conde de Valencia de Don Juan retiró los acicates del rey y el frag- mento de manto con cenefa que se expone en la Real Armería de Madrid desde 1883.
Pero el arca contaba además con otros dos pequeños fragmentos del manto, cuartelados de castillos y leones, tejido parejo al que elegiría para representarse en las Cantigas su hijo Alfonso X.
También Gómez Moreno, que tuvo oportunidad de estudiar la momia del santo, dice que “vestía túnica de mangas angostas de la misma tela que el manto” como ya hemos visto en el caso de la