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Para esta fase se definieron 11 capas (de la 13.ª a la 23.ª).

El fin de esta fase se consolidó con el uso de un manto, de tejido llano 2/2, que envolvió todo el fardo desde la parte posterior y doblándose hacia arriba para cubrir la cara anterior, estos dobleces quedaron asegurados por costuras. Toda la parte superior del manto quedó finalmente cubierta con cinabrio (fig. 5).

Fig. 5. Manto que selló la primera fase de elaboración. La cara

anterior se encuentra cubierta con cinabrio.

Fig. 4. Detalle del rostro de mono bordado en el manto de la

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El siguiente textil también consistió en un manto en tejido llana 2/2, con un sistema de envoltura similar, pero no igual al anterior, además de no presentar costuras (fig. 6).

Una de las capas más representativas es la denominada capa 15 (fig. 7), en ella se registraron la mayor cantidad de ofrendas, tanto artefactos tex- tiles como objetos en madera cubiertos de metal.

La constitución de esta capa se dio por medio de un armazón de cañas sobre el cual se colocaron, en la parte media, 23 estólicas de madera enchapadas con placas de cobre dorado, cuyos mangos llevan esculpidos rostros de personajes antropomorfos y aves. Sobre todo esto quedó dispuesto el cuerpo, aún envuelto con tejidos, cubriéndose luego por una gruesa capa de algodón abatanado, de color crema. Esta capa de algodón siguió el contorno del envol- torio, que dibujaba aún el cuerpo extendido de la difunta. A la altura de los brazos se registraron husos de madera, así como también lizos y un escogedor de hilos. Sobre el algodón se coloraron diversos paque- tes de textiles, los que incluían cuatro vestidos, finos paños, bandas-mortaja, copos de algodón, paquetes

conteniendo cañas –que sirvieron para ensamblar los telares–; asimismo, estos paquetes se colocaron de tal forma que empezaron a diseñar una nueva silueta, cambiando así la fisonomía del fardo, dando lugar a una forma alargada, la cual se respetaría hasta la segunda fase de elaboración.

La disposición de estas ofrendas formó un variado mosaico, dentro del cual sobresalieron dos textiles que mostraban estar en sorprendente estado de con- servación, a diferencia de otros que ya se encon- traban en proceso de desintegración. Estos tejidos

Fig. 7. Capa 15. Primera fase de elaboración. Se puede observar

las distintas ofrendas textiles que la conforman.

Fig. 6. Vestido ornamentado con diseño de lifes. El pliegue inferior

muestra la tela que sirvió de forro. La línea plegada del borde superior corresponde a la abertura para la cabeza, en esta misma dirección hacia los extremos se tiene la abertura para las manos.

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destacaban por su decoración, uno mostraba dise- ños de olas entrelazadas y el otro diseños de peces life. También fueron dejados a manera de paquetes, que al extenderse resultaron ser prendas de vestir, unos vestidos de aberturas horizontales, tanto para el paso de las manos como para la cabeza.

Ambos vestidos son similares en su forma, tamaño y conformación, diferenciándose en el diseño, téc- nica decorativa y estructura. Son de forma rectan- gular, en su confección se emplearon seis telas, tres de ellas decoradas y las otras tres sin decoración. Al unirse y dar forma final a la prenda, las telas no decoradas quedaron dispuestas al interior, a manera de forro; mientras las telas decoradas quedaron al exterior. Estos vestidos fueron elaborados íntegra- mente con hilos de algodón.

El vestido con diseño de peces life, mide 124 × 95 cm. Las telas no decoradas son de tejido llano 2/2, color crema; en cambio las telas decora- das presentan un estructura base en tela llana 2/2 de color marrón, sobre la cual se trabajaron urdim- bres y tramas flotantes de color crema.

El vestido con diseño de olas, mide 184 × 97 cm Las telas no decoradas son en tejido llano 2/2, color crema; en cambio las telas decoradas presentan una estructura en tejido llano 2/2 de color marrón, sobre ésta, de manera gráfica se diseñaron pares de olas entrelazadas.

En ambos casos, el borde lateral que quedó superpuesto en la cara anterior de la prenda se encontraba fruncido, con evidencias de costuras y algunos restos de tejido. Estas evidencias denotan que originalmente este borde llevada cosida proba- blemente una banda decorativa, la cual fue arran- cada en el momento de ofrendarse los vestidos.

Cabe destacar que hasta el momento estos ves- tidos representan las únicas evidencias físicas com- pletas y en excelente estado de conservación, mos- trándonos de esta manera la forma, dimensiones, constitución y elaboración de estas prendas femeni- nas tan distintivas.

A medida que nos acercábamos al cuerpo los tejidos mostraban ser más finos. Tras esta capa de ofrendas, continuó un manto en tejido llano 2/2, en el cual se encontraron incrustadas seis agujas de metal (lado derecho) y adheridos 10 copos de algo- dón (lado izquierdo).

En el siguiente manto (tejido llano 1/1), también se encontró incrustada una aguja de oro. Éste fue el último tejido que llegó a cubrir todo el cuerpo.

A continuación finas bandas en tejido llano 1/1 sirvieron para sujetar un manto cubierto con pla- cas de metal, la cuales se adaptaron a la forma del

cuerpo. Ya el rostro de la Señora de Cao aparecía cubierto con un plato de cobre dorado en forma de mate.

Las siguientes capas, dado su frágil estado y lo compactadas que se encontraron fueron retiradas en un solo bloque. El registro de éstas dio por resultado una secuencia de tejidos en sarga 2/2, tejido llano 2/2, una capa de algodón y un tejido en tela llana 2/2 que se encontró asociado a atados de husos con piruros de piedras semipreciosas y metales, que fueron dispuestos a la altura de los brazos y un plato dispuesto a la altura del pecho. La tela que se encontró cubriendo directamente el cuerpo corres- ponde a un tejido llano 2/2 y probablemente habría correspondido a un vestido.

El retiro en bloque de todos estos tejidos dejó al descubierto el cuerpo, que yacía extendido con las manos dispuestas hacia los lados. La preserva- ción de su frágil piel se debió a que ésta quedó cubierta por completo por un fino polvo de color rojo intenso, nos referimos al cinabrio, el cual habría actuado como fungicida dadas sus propiedades anti- bacterianas. En un acto ritual donde el cinabrio, que por su color es asociado a la sangre, las personas encargadas de untarlo sobre el cuerpo desnudo habrían logrado que al mismo tiempo éste se pre- servara hasta el momento de su hallazgo.

Sobre su rostro, brazos, manos y pies aún res- plandecientes aparecieron finos tatuajes que repre- sentan serpientes, arañas, lifes, diseños geométricos y otros motivos que aún falta identificar; confirién- dole estatus y probablemente los poderes asociados a estos seres.

Parte de su indumentaria también consistió en collares, narigueras, aretes y orejeras, elaborados en cobre dorado, plata y piedras semipreciosas, ricos en representaciones que evocan a seres humanos y sobrenaturales, animales y escenas íntimamente ligadas con la propuesta religiosa de los moche y su entorno natural.