El problema de la desigualdad entre mujeres y hom- bres en la sociedad y, como parte de él, la poca repre- sentatividad de las mujeres en puestos de adopción de decisiones, ha sido interpretado desde diferentes pun- tos de vista. Para algunos, corresponde al Estado y se necesita del establecimiento de leyes. Para otros, es social, ubicado fundamentalmente en las instituciones socializadoras, y debe resolverse, por tanto, con edu- cación.
Analizar cómo han ocurrido en Cuba los avances en la presencia de la mujer en responsabilidades de direc- ción, requiere tener en cuenta el contexto de una socie- dad que cambió radicalmente y que continúa transfor- mándose.
El contexto social cubano
El proyecto de desarrollo económico y social de la revolución cubana partió de una profunda y radical transformación de las estructuras de la sociedad, desde la conversión de la propiedad privada en propiedad de y al servicio de las mayorías, hasta una concepción éti- ca que situó a las personas en el centro del desarrollo. En esta concepción del desarrollo, la mujer ha sido con- siderada, desde el principio, como esencial participan- te, y ha existido siempre la voluntad y la decisión de impulsar políticas económicas y sociales que la benefi- cien directamente.
En el proceso de lograr la plena participación de la mujer en el desarrollo se atendió las necesidades prác- ticas de las mujeres más vinculadas con sus condicio- nes de vida y con la reproducción (empleo, círculos infantiles, seminternados, derechos sexuales y repro-
ductivos), pero, junto a ello, este proceso ha tenido un carácter estratégico, y no se limitó a los cambios en la condición material de las mujeres en la sociedad, sino que apuntó a cambios en su posición relacionada con los hombres.
Este complejo proceso ha incluido aspectos estruc- turales como el acceso y el control de la propiedad de la tierra por la mujer, el acceso a los recursos y la posibi- lidad de decidir sobre ellos (ingresos económicos, vi- vienda, información, capacitación); pero también, ha involucrado aspectos de la superestructura social como la legislación, la educación, la cultura. Precisamente, en estos últimos radica lo más complejo, pues no se refie- ren sólo a lo que se pueda hacer desde lo institucional, sino que pasan por lo personal y familiar, e implican a cada cual de acuerdo con su propia historia y experien- cia.
Entre las dimensiones más relevantes de las transfor- maciones en relación con las mujeres y las relaciones de género en la sociedad cubana, están: la significativa dis- minución de las brechas entre mujeres y hombres en cuanto a educación y participación laboral; la separa- ción entre sexualidad y reproducción, el derecho a con- trolar la fecundidad con la correspondiente disminución del número de hijos por mujer; la amplia participación femenina en diversas organizaciones sociales; la elimi- nación de algunas concepciones y prejuicios que estig- matizaban a la mujer y la discriminaban, entre otras.
Por otra parte, elemento clave de todas las transfor- maciones ha sido y es la existencia de un amplio movi- miento social, participativo, protagonista del desarrollo y que, como tal, desempeña, también, un rol decisivo
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en todo el proceso eleccionario, exigiendo y garanti- zando transparencia electoral y credibilidad.
La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), como parte de este movimiento social y, además, Mecanismo Nacional para el Adelanto de la Mujer en Cuba, ha sido la encargada, durante todos estos años, de impulsar la aten- ción al tema de la mujer en los planes conjuntos con minis- terios y organizaciones, en los medios de difusión masiva, en la legislación, en el trabajo comunitario con la población y, en especial, con las mujeres y la familia.
En el I Congreso de la FMC, en 1962, fueron sen- tadas las bases de los cambios fundamentales, tanto de la condición, como de la posición de la mujer en la so- ciedad. Desde ese momento, se planteó el disfrute de todos los derechos, la incorporación plena al trabajo y dos aspectos esenciales: la independencia económica y la posibilidad de control de determinados recursos, tan- to en el hogar, como en la vida pública.
Por su parte, el II Congreso, celebrado en 1974, constituyó un hito en la reflexión acerca de la participa- ción de la mujer. Hubo un análisis profundo de los obs- táculos a los que se enfrentaba para insertarse en la vida pública, entre los que se señaló: la presión de las tareas domésticas y familiares, la necesidad de mejorar y am- pliar los servicios de apoyo al hogar y la incomprensión, existente en esos momentos, del papel de la mujer en la sociedad.
A partir de este II Congreso, se ha realizado una evaluación sistemática de la promoción de la mujer a cargos de dirección, tanto en el Estado, como en las organizaciones políticas y de masas. En los congresos siguientes (1985, 1995 y 2000, se analizó detenidamente la participación de la mujer en las direcciones de go- bierno e, incluso, se pudo analizar los resultados de in- vestigaciones sobre el tema, efectuadas después de cada proceso eleccionario. El VI y el VII congresos dedica- ron una atención especial a la promoción de la mujer y profundizaron en los avances y obstáculos que aún se enfrenta.
Junto a estos análisis, la FMC ha emprendido ac- ciones, como el trabajo directo con las mujeres en las comunidades, para que reconozcan sus valores y ca- pacidades y comprendan la necesidad de una mayor representación en cargos de dirección. Otras acciones han sido el apoyo a las delegadas en el ejercicio de sus funciones y la divulgación de los logros de mujeres dirigentes en los órganos del Poder Popular en los di- ferentes niveles. En 1996, se elaboró una estrategia de promoción a responsabilidades de dirección, aún vi-
gente, enriquecida de acuerdo con las actuales condi- ciones.
Por otra parte, la FMC ha convocado y organizado varios seminarios para dar seguimiento a las estrategias y planes de acción de Naciones Unidas sobre la temáti- ca de la mujer. En noviembre de 1988, se efectuó en La Habana el Seminario nacional para evaluar el cumpli- miento de las estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para la promoción de la mujer (EOF), en el cual el tema de la promoción de la mujer a cargos de direc- ción fue tratado especialmente.
Más recientemente, en 1996, como resultado de la IV Conferencia mundial sobre la mujer, en Beijing, se celebró el Seminario nacional “Las cubanas de Beijing al 2000”, en el cual se analizó logros y dificultades, y se propuso las correspondientes recomendaciones en va- rias áreas de interés, una de las cuales fue el acceso de la mujer a cargos de dirección. De estas recomendacio- nes, se derivó el “Plan de acción nacional de seguimien- to de la Conferencia de Beijing”, aprobado por el Con- sejo de Estado de la República de Cuba en 1997. Un conjunto importante de medidas se refiere, especial- mente, a este tema.
Para dar seguimiento a estos acuerdos, se estableció realizar, cada dos años, seminarios de evaluación na- cional. Ya se han celebrado dos: el primero, en La Ha- bana, en abril de 1999; y el segundo, en marzo de 2002. Características esenciales del proceso eleccio- nario cubano
En Cuba, los procesos electorales establecidos por la ley son:
a) elecciones parciales en las que se elige a los dele- gados a las asambleas municipales del Poder Popular, sus presidentes y vicepresidentes;
b) elecciones generales en las que se elige a los di- putados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, su presidente, vicepresidentes y miembros del Consejo de Estado; a los delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular y a sus presidentes y vicepresiden- tes. Las elecciones se realizan mediante el voto libre, igual y secreto de todas las ciudadanas y ciudadanos con capacidad legal para ello.
Para garantizar la calidad y transparencia del proce- so electoral, se crea las comisiones electorales y de can- didaturas a todos los niveles. Ambas comisiones están integradas por representantes de la Central de Trabaja- dores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolu-
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ción, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación Es- tudiantil Universitaria y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.
Las asambleas municipales del Poder Popular están integradas por los delegados de circunscripción elegi- dos en las áreas donde residen. Corresponde a las co- misiones de candidatura elaborar y presentar los pro- yectos de candidatura de delegados a las asambleas provinciales y de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y para cubrir los cargos que eligen éstas y las asambleas municipales.
Estos proyectos de candidatura se elaboran a partir de una amplia cantera de propuestas entre las que se encuentran los propios delegados(as) de circunscripción y las ciudadanas y ciudadanos propuestos en los plenos provinciales y nacionales de las organizaciones de ma- sas y estudiantiles. Para que se tenga una idea de la am- plitud de la cantera, en el último proceso eleccionario, ésta ascendió a alrededor de 57 340 personas propuestas en 860 plenos de las organizaciones sociales.
Para la elaboración de los proyectos, se realiza tam- bién un amplio proceso de consulta: en las comunida- des, con los delegados de circunscripción electos, con las organizaciones de masas, en los centros de trabajo. En el proceso correspondiente a la VI Legislatura, hubo un total de 3 068 878 consultas a todos los niveles.
Como ya se había señalado, el papel de las organi- zaciones sociales es crucial en todo el proceso eleccio- nario; no es el Partido el que postula a los candidatos, sino, precisamente, las organizaciones comunitarias de trabajadores, campesinos, mujeres y estudiantes, me- diante un amplio proceso participativo.
Los aportes de las investigaciones al tema Los centros de estudios, universidades y otras ins- tituciones de educación superior (sobre todo, con la participación de las Cátedras de la Mujer), tienen, en la actualidad, una importante y creciente presencia en el debate en torno al acceso de la mujer a la adopción de decisiones y a responsabilidades de dirección.
Ello ha contribuido a trascender el enfoque tradicio- nal, centrado, principalmente, en la evaluación cuantita- tiva de la presencia de las mujeres en procesos y en posiciones visibles o de alto nivel, y a tener otros acercamientos al tema, entre los que se puede destacar: • El análisis del proceso para acceder al ejercicio del poder, lo cual abarca el examen de los criterios y me- canismos de selección y promoción de los(as) diri-
gentes, los obstáculos para acceder a la adopción de decisiones en las diferentes esferas, los análisis acerca de su presencia en las listas de reserva, entre otros. • Los estudios del liderazgo, los cuales incluyen diver-
sos aspectos, tales como: las condiciones que se exi- ge a las mujeres para ocupar posiciones de poder, los modelos de liderazgo, la capacitación que requieren para el ejercicio del liderazgo.
• El examen del rol de liderazgo de las mujeres: su in- fluencia en la condición de otras mujeres, si conside- ran o no los intereses de las mujeres en el ejercicio del poder, los costos y las ventajas de las mujeres en pues- tos de adopción de decisiones.
El tema ha sido también objeto de un constante y profundo estudio; primero, del Grupo de Investigacio- nes y, luego, del Centro de Estudios de la Mujer, de la FMC.
El inicio de estas investigaciones se remonta a 1975, cuando tuvo lugar la primera experiencia del Poder Po- pular en la provincia de Matanzas.
Este tema fue nuevamente investigado en 1984, con- juntamente con el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE) mediante la Encuesta Nacional de la Mujer en el Poder Popular. Diferentes estudios terri- toriales fueron, también, realizados en esa década por las direcciones provinciales de la FMC y algunas Cáte- dras de la Mujer.
El Grupo de Investigaciones de la FMC se integró al Tema 4, “La promoción de la mujer a cargos en la ad- ministración estatal”, del Programa científico-técnico nacional “Desarrollo y perfeccionamiento del sistema de trabajo con los cuadros del Estado” de la Academia de Ciencias de Cuba en 1990.
Uno de los proyectos incluidos fue un estudio dirigi- do a la presencia de la mujer en los órganos del Poder Popular, el cual fue proyectado y ejecutado con el título “Mujer y poder: las cubanas en el gobierno popular”. Esta investigación constó de tres partes: un estudio es- tadístico comparativo de los procesos electorales en los distintos niveles de dirección, desde el inicio del Poder Popular; un amplio estudio documental de las investiga- ciones que sobre la mujer dirigente se habían realizado hasta ese momento y, en especial, las realizadas sobre el Poder Popular y una caracterización de las diputadas de la IV Legislatura.
Esta investigación tuvo continuidad con el desarrollo del tema “Mujer y poder: las cubanas en el gobierno popular. ¿Dónde se pierden las mujeres?”, dirigida a
conocer en qué momento del proceso eleccionario “se pierden” las mujeres y por qué causas. El texto incluyó la observación participante de una compañera en la Comisión nacional de candidatura que permitió seguir el proceso de selección de mujeres desde la base hasta la elección de las diputadas.
En 1998, el Centro de Estudios de la Mujer se incor- poró al Programa científico técnico nacional sobre el tra- bajo con los cuadros, con el proyecto “El enfoque de género en el proceso de trabajo con los cuadros”. La investigación permitió la identificación de los obstáculos para el acceso de la mujer a los puestos de dirección, caracterizó el proceso de selección de los (las) di-rigentes y su reserva en tres organismos de la administración cen- tral del Estado, e incluyó la elaboración de un conjunto de indicadores para evaluar la presencia de la mujer en los diferentes niveles de dirección y una metodología de capacitación en género para dirigentes y sus reservas.
Obstáculos para el acceso de la mujer a respon- sabilidades de dirección
Como parte de los estudios realizados, se hará referen- cia a los principales obstáculos que limitan el acceso de la mujer a responsabilidades de dirección en nuestro país.
Fueron sistematizados los hallazgos de 15 investiga- ciones realizadas entre 1975 y 1999: 7 de la FMC, 2 del entonces Comité Estatal de Estadísticas, 4 del Cen- tro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, una del Centro de Estudios de América y una, conjunta, en- tre la FMC y el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE).
Estas investigaciones pueden ser clasificadas en dos grupos: las que indagaron acerca del acceso de la mujer a la adopción de decisiones en las diferentes esferas de la vida económica, política y social, y las que trataron, específicamente, la representación femenina en los ór- ganos del Poder Popular.
A partir de los datos estadísticos, del análisis docu- mental y de los resultados obtenidos fueron identifica- dos los siguientes obstáculos para el acceso de la mujer a responsabilidades de dirección.
1. Sobrecarga de la mujer en las tareas domésti- cas y en la responsabilidad con los hijos(as) y otros familiares
Esta sobrecarga doméstica está asociada a la persis- tencia de patrones culturales sexistas que asignan a la mujer la responsabilidad de las tareas del hogar, en tan- to que los hombres y los hijos varones participan mu-
cho menos en ellas, lo que trae consigo una tradicional división de los roles por sexo, cuya característica prin- cipal es la inequidad. Este es el aspecto más frecuente- mente señalado como obstáculo en las diferentes inves- tigaciones realizadas.
La difícil situación económica que Cuba enfrenta desde inicios de la década del 90, ha agudizado esta situación. La presencia de limitaciones que hacen más compleja la vida cotidiana provoca, por tanto, que haya que dedicar muchos esfuerzos y tiempo a la función eco- nómica de la familia (limitación de ofertas de alimentos, escasez de combustible para cocinar, problemas de transporte, carencia de suficientes círculos infantiles y casas de abuelos, entre otras). Esto limita el tiempo de que dispondría la mujer para otras actividades que con- tribuyan a su enriquecimiento personal, y constituyen obstáculos objetivos para el ejercicio de la dirección.
2. Existencia, aún, de prejuicios, actitudes y con- ductas discriminatorias hacia la mujer
Se constató la existencia de concepciones, prejui- cios y estereotipos que implican una subvaloración de la mujer para la dirección, entre las que se puede referir las siguientes:
• Preferencia por el hombre para determinados puestos por su constitución física.
• Limitar a la mujer con el argumento de que es madre o va a serlo.
• Exclusión de las mujeres para cargos tradicionalmente asignados para hombres.
• Considerar que la mujer no tiene suficiente poder de gestión o movilidad para dirigir.
• Temores relacionados con que la mujer no pueda ha- cer compatibles las funciones de dirección con la ma- ternidad, las tareas domésticas y la atención, en gene- ral, a la familia.
Si bien los requisitos establecidos para seleccionar a un (o una) dirigente son los mismos, la valoración sub- jetiva que se hace de la persona, para promoverla, mar- ca diferencias de género a partir de concepciones, es- tereotipos y prejuicios que aún existen en relación con la mujer.
Expresiones extraídas de entrevistas con mujeres di- rigentes, ilustran esta afirmación:
-Los requisitos, como tales, sí son iguales; pero la valoración que se hace de unos y otras no: en la mujer se ve más las limitaciones subjetivas, se eva- lúa sus limitaciones sin contar con ella.
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PODER SIN CUOTAS: MUJER Y ACCESO A LA ADOPCIÓN DE DECISIONES EN CUBA
-En los hombres, se tiene en cuenta los requisitos ofi- ciales; en las mujeres buscan todo: si tienen hijos, si viven en el mismo municipio y ya están pensando si tienen que llevarla a la casa. Se es más exigente a la hora de seleccionar a una mujer.
Son también elocuentes las entrevistas realizadas a hombres que ya ocupan cargos y que nos brindan su percepción personal de cómo ocurre el proceso de se- lección y promoción de dirigentes, y su reserva cuando se trata de una mujer:
-Todavía existe cierta falta de confianza en la mujer, a la hora de escoger, que no es objetiva. Se asume que, por los problemas de la casa, los padres, los hijos y otros problemas domésticos, no pueden de- sarrollar el cargo y toman estos elementos para no tenerlas en cuenta.
-No siempre se tiene en cuenta los mismos requisitos en hombres y mujeres; muchos hombres dirigentes valoran muy superficialmente los problemas de la vida cotidiana, como son los hijos y la familia. No cabe dudas que hay momentos en que se discrimina a las mujeres, porque dicen que ellas tienen muchos problemas.
Estas creencias, prejuicios y estereotipos se expre- san más claramente cuando la elección se realiza me- diante votación directa o secreta, como en el caso de los órganos del Poder Popular, pero también, en la prác- tica cotidiana de algunas personas responsables de la selección y promoción de los cuadros.
En varias investigaciones realizadas en Cuba sobre el tema, se ha constatado el alto nivel de exigencias que se le impone a las mujeres para su selección, por lo cual, una vez que se desempeñan en el cargo, los subordina- dos y otros dirigentes reconocen en ellas cualidades o