CAPÍTULO II: APROXIMACIÓN TEÓRICA AL DEPORTE EN EDAD
10. DEE y la competición
El tratamiento de la competición en el deporte desde un punto de vista formativo, es el que pretendemos en nuestros programas de DEE, aparece como un aspecto controvertido, no así en el caso del deporte de alto rendimiento, dónde la competición se presenta como un factor fundamental de su existencia, fruto de esas controversias, destacamos las aportaciones realizadas por Blázquez (1995):
La naturaleza y significado de la competición es una cuestión controvertida. Eso significa que lo que se entiende por el término competición proviene de sistemas de valor incompatibles. Cada uno realiza su interpretación de acuerdo con sus argumentos, pruebas u otras formas de justificación. Así, instituciones de gran responsabilidad en el deporte competición llegan a ensalzar los valores de la competición deportiva hasta convertirlos en un modelo donde compararse. Otros colectivos, en cambio, son más críticos y toman partido en sentido contrario rechazando la competición deportiva y excluyéndola de cualquier programa…la competición deportiva no es únicamente los campeonatos, los juegos escolares, las eliminaciones,
las medallas que muy a menudo nos trasmiten los medios de comunicación, con un excesivo culto al sensacionalismo y exaltación del mito del héroe deportivo. En ella radica también el deseo de mejorar, de probarse a uno mismo y frente a los demás, de enfrentarse a un adversario. (Blázquez, 1995:29):
Blázquez (1995) constata que la competición es una cuestión controvertida, con aceptaciones y rechazos según quién lo plantee, dicho de otra forma, de acuerdo al modelo de deporte al que nos estamos refiriendo, también ve la posibilidad de alcanzar valores deseables a través de la competición.
Fraile (2004); citando a los autores Sparkes (1986) y Devís (1996), destaca:
El modelo competitivo que está presente en el Deporte en Edad Escolar viene justificado porque garantiza la mejora de unas cualidades y valores como la disciplina, el coraje, el espíritu de sacrificio, la voluntad, etc.; todas ellas vinculadas al saber actuar en una sociedad competitiva donde prima la excelencia y como preparación al mundo laboral. (Fraile, 2004:11).
Para Fraile (2004), se carece de investigaciones que refrendan estas posiciones, ya que estas cualidades y valores en los deportistas (disciplina, coraje, el espíritu de sacrificio, la voluntad, esfuerzo personal, etc.) suelen estar relacionados con procesos de selección natural, educacionales, destacando que existen deportistas que presentan estos valores, sin apenas intervenir el aprendizaje de las habilidades exigidas en las diferentes modalidades deportivas. Sin embargo, sí se aprecia cómo la actividad competitiva puede llegar a influir de forma negativa en valores educativos como la cooperación y la participación.
El hecho de realizar competiciones deportivas no determina unos valores positivos o negativos, para conseguir unos valores verdaderamente formativos será necesario analizar el contexto dónde la competición deportiva se desarrolla. Blázquez (2001).
El deporte no posee ninguna virtud mágica, puede despertar el sentido de solidaridad y cooperación como engendrar un espíritu individualista…puede educar el respeto a la norma como fomentar el sentido de la trampa. Depende del educador y de la forma de enseñar, que se fomenten o no los valores educativos que indiscutiblemente posee el deporte. (Blázquez, 2001:49).
Devis (1996) rebate en profundidad estas creencias sobre si la competición deportiva prepara para la vida, si produce excelencia o si se consiguen valores deseables tales como el coraje, el esfuerzo, el sacrificio, la
perseverancia, la entrega… argumentando entre otras cuestiones las siguientes:
• No está claro que la competición deportiva conlleve valores deseables.
• La competición, pone énfasis en la superioridad, el elitismo o la selección en detrimento de la máxima participación.
• La victoria es tan importante, que justifica ganar por encima de todo, “aunque sea de penalti injusto”, dando más importancia al resultado que al proceso.
• La competición actúa como homogeneizadora de las diversidades corporales y universalizadora de un único lenguaje corporal por la necesidad de igualar las condiciones de práctica.
• La competición deportiva no es un reflejo de la convivencia social, ya que esta se caracteriza por la necesidad de colaboración para progresar, por la necesidad de disponer de capacidades de adaptación a situaciones inestables y complejas, donde las reglas son cambiantes y negociables.
Por otro lado, de forma crítica, Latorre (2006:86), señala como elementos negativos del modelo competitivo tradicional los siguientes factores:
- Agresividad. Que se manifiesta tanto con los compañeros como con los contrarios, alentada a veces por los responsables y fomentada como elemento intrínseco a la propia práctica.
- Campeonísimo. Creando falsas expectativas y elevando el nivel de estrés en los jóvenes practicantes.
- Desprecio. Dirigido hacia los contrarios que genera un ambiente en el que es imposible el aprovechamiento positivo de las relaciones sociales.
- Juego sucio. Justificado en la necesidad de ganar por encima de todo, independientemente de los medios utilizados
- Dedicación. Gran nivel de exigencia y compromiso desde los primeros momentos de práctica, sin tener en cuenta las necesidades de los escolares.
- Selección. La búsqueda de rendimiento inevitablemente pone en funcionamiento un proceso selectivo implacable, mediante el cual los más aptos permanecen, y los que no ofrecen garantías a nivel físico, técnico y táctico, se quedan atrás.
Para Buceta (1998), la competición puede llegar a generar situaciones estresantes, donde los educadores deben enseñar a actuar a los participantes ante situaciones como:
• La transcendencia y la incertidumbre del resultado. • La dificultad de predecir el rendimiento.
• La posibilidad de no alcanzar el resultado deseado. • Las decisiones adversas de los árbitros.
• Actuar por encima de las posibilidades.
• La presión exigida por el entrenador o el entorno familiar. • Etc.
Wein (2008), cree que es necesario crear en el Deporte Escolar competiciones a la medida del niño, referente a la competición cita literalmente:
Un deporte que no tiene una carga competitiva no debería ser considerado como una verdadera actividad deportiva. La competición deportiva escolar debe ser entendida como un medio más para lograr progresiones en la adquisición de habilidades y capacidades y no como un fin en sí mismo. (Wein, 2008:179).
La competición en sí no es negativa, sino su mala interpretación y aplicación en la enseñanza. (Wein, 2008:179).
Las competiciones deberían ser para los niños como sus zapatos: a su perfecta medida. (Wein, 2008:179).
Para Castejón (2008); Hahn (1982); Petrus (1997); Solar (1997), consideran que la competición es intrínseca a la actividad deportiva. Sin embargo consideran que las posibilidades competitivas de las personas son educables y tal como se muestre la competición deportiva así responderán los escolares.
Reconocen el valor educativo de la competición como escenario que posibilita la lucha, en términos pedagógicos, contra el adversario, contra el tiempo, contra el espacio y contra sus propias limitaciones; gracias a esta competitividad tenemos la oportunidad de conocernos, de verificar nuestras propias capacidades para afrontar nuevas situaciones y dar pruebas de tolerancia frente a los demás, frente al ganar o perder.
Señalan la conveniencia de la competición y los educadores son los responsables de saber canalizarlo. Dicen que la competición es valorada por el entorno social en muchas ocasiones, de manera supeditada al resultado en términos de victoria o derrota. La victoria se relaciona con la alegría, el orgullo y la superioridad, mientras que la derrota con la deshonra, la vergüenza y la inferioridad. No es los mismo preguntar a nuestros hijos cuando entran en casa “habéis ganado o perdido” que preguntar “qué tal te
lo has pasado”. Hay que variar la competición hacia una educación deportiva que influya en la inclusión y no en la exclusión, no buscando la victoria por todos los medios, sino una participación orientada a conseguir mejoras personales y colectivas. Las consecuencias de la competición tienen a, menudo una mayor importancia que la competición en sí misma. Los niños pensamos no empiezan participando bajo estas creencias, pero por la influencia de los adultos van configurando una idea de la competición cada vez menos formativa.
Para Castejón (2008), el otro aspecto a destacar en el ámbito de la competición lo confieren las reglas. Las prácticas deportivas tienen una institucionalización que hace valer las reglas y su formato de competición con un fin igualador. Sin embargo aunque la situación de partida pueda parecer honrada, no es raro que se produzcan las artimañas: “utilización de niños y niñas mayores del propio año”, “la falta táctica que favorece al que la hace”, “tírate cuando te toquen “, “disimulos para perder tiempo“; las picardías son las que tiene más valor, las reglas quedan en manos de un árbitro, mal preparado, mal pagado y en no pocas ocasiones tratados vejatoriamente. Los niños y niñas no son ajenos a esta utilización de la normativa y tienden a comportarse de manera inadecuada, pues de esta manera serán felicitados por sus responsables, cuando en realidad lo que realmente quieren los niños es divertirse ,así lo demuestran cuando juegan en un parque o descampado, las porterías son dos piedras o dos palos, no tienen apenas limitaciones espaciales e incluso puede meterse gol por detrás de la portería, y si el portero no llega no es gol o es que ha dado en ”el larguero”, ellos ponen sus propias reglas, modificándolas, adaptándolas a sus necesidades. Es interesante la contaminación adulta que hace que el deporte no cumpla con los propósitos formativos que queremos que tenga.
Para Latorre ( 2006) en el Deporte en Edad Escolar el problema no es la competición, sino la interpretación que de la misma hacen sus responsables. Señalan con aspectos positivos los siguientes:
• El carácter innato de la competición asociado al deporte, como instrumento para el desarrollo de las diferentes capacidades del niño.
• La sociedad se caracteriza por una competición continua para lograr el éxito, convirtiéndose en un medio educativo de adaptación a la sociedad occidental.
Para concluir, señalamos una serie de propuestas para la utilización de la competición como un proceso y no como un resultado, dándole un enfoque verdaderamente formativo y adaptado a las necesidades de los escolares, basándonos en las conclusiones de la Tesis doctoral de Estrada (2008)
“Propuestas de actuación de la competición deportiva en las clases de EF”, perfectamente adaptables a los programas de DEE:
• Conseguir un clima adecuado para satisfacer las necesidades lúdicas y emocionales de los niños y niñas, donde el hecho de ganar no sea ni el primero ni el único objetivo.
• Buscar, innovar y utilizar formas muy diversas de competir, adaptables a diferentes niveles, edades y necesidades específicas, tanto físicas como motivacionales.
• Aplicar las normas del deporte escolar de forma modificada, flexible y dinámica buscando el máximo de participación, independientemente del nivel de habilidad de los niños y las niñas.
• No negar el resultado para poder aprender a ganar o perder, pero utilizar principalmente el resultado de la competición como indicador para motivar hacia la superación personal.
• Ceder protagonismo al alumnado, utilizando estrategias pedagógicas contando con su opinión y para tender a mejorar la capacidad de autogestionarse.