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Defensa de la revolución

In document El ABC del comunismo libertario (página 154-158)

“Supongamos que intentamos tu sistema. ¿Tienes algún medio para defender la revolución?”, preguntas.

Desde luego.

“¿Hasta por medio de la fuerza?”

Sí, si es necesario.

“Pero la fuerza es violencia organizada. ¿No dijiste que el anarquismo estaba en contra de eso?”

El anarquismo se opone a cualquier intromisión en tu liber- tad, sea por la fuerza y la violencia o por cualquier otro medio. Es contrario a toda invasión y coacción. Pero si alguien te ataca entonces es él quien te invade, él quien emplea la violencia contra ti. Tú tienes el derecho a defenderte. Más aún, es tu deber como anarquista proteger tu libertad, resistir a la coacción y a la violen- cia. De otro modo eres un esclavo, no un hombre libre.

En otras palabras, la revolución social no atacará a nadie, pero se defenderá contra toda invasión, venga de donde venga.

Además, no debes confundir la revolución social con la anarquía.

La revolución, en algunas de sus etapas, es una sublevación violenta. La anarquía es una situación social de paz y libertad. La revolución es el medio para crear la Anarquía, pero no es la anarquía misma. Es desembarazar el camino hacia ella, estable- cer las condiciones que harán posible una vida en libertad.

Pero, para lograr sus propósitos, la revolución debe estar imbuida con ideas anarquistas y dirigida por este espíritu anárquico.

El fi n determina los medios, del mismo modo que la herra- mienta que utilizas debe ser adecuada al trabajo que quieres efectuar. Es decir, la revolución social debe ser anarquista tanto en sus métodos como en sus fi nes.

La defensa revolucionaria debe estar en consonancia con este espíritu. La autodefensa excluye todos los actos de coac- ción, persecución o venganza. Sólo le concierne repeler el ataque y privar al enemigo de la oportunidad de invadirte.

“¿Cómo repelerías una invasión extranjera?”

Primero y ante todo, en el apoyo del pueblo, en la entrega de las masas agrarias e industriales. Si sus miembros sienten que están haciendo la revolución, que se han convertido en dueños de sus vidas, que han conquistado la libertad y están edifi cando su bienestar, tendrás entonces, en ese sentimiento, la mayor fuerza de la revolución. Las masas combaten hoy por el rey, el capitalista o el presidente porque creen que vale la pena com- batir por ellos.

Hazles creer en la revolución y la defenderán hasta la muerte. Combatirán por la revolución con el alma y el corazón, como los obreros medio muertos de hambre, las mujeres y hasta los niños de Petrogrado defendieron su ciudad, casi con las manos vacías, contra el ejército blanco del general Yudenich92.

Arrebata esta fe, despoja al pueblo de su poder colocán- dolo encima cualquier autoridad, sea ésta partido político u organización militar, y le habrás dado un golpe mortal a la revolución.

Le habrás robado la fuente principal de su fuerza: las masas. La habrás dejado indefensa.

Los obreros y campesinos armados son la única defensa efec- tiva de la revolución. Por medio de sus organizaciones y sindi- catos, deben estar siempre en guardia contra el ataque contra- rrevolucionario. El obrero, en la fábrica y el taller, en la mina y en el campo, es el soldado de la revolución. Lo es en la mesa de trabajo y en el arado, en la fragua o en el campo de bata- lla, según la necesidad. Pero tanto en su fábrica como en su regimiento es el alma de la revolución, y es su voluntad la que decidirá su suerte. En la industria, los comités de taller y en los cuarteles, los comités de soldados son las fuentes de la fuerza y la actividad revolucionaria.

Fue la Guardia Roja, compuesta por trabajadores volunta- rios, la que defendió con éxito la Revolución Rusa en sus etapas iniciales más críticas. Más tarde, de nuevo fueron los regimien- tos de campesinos voluntarios los que derrotaron a los ejércitos blancos. El Ejército Rojo, organizado después, fue impotente cuando no contó con las divisiones de voluntarios obreros y

92 Nikolai Nikolayevich Yudenich (1862-1933), militar ruso. Uno de los más

exitosos generales de la Primera Guerra Mundial y, con posterioridad, uno de los líderes del Movimiento Blanco durante la Guerra Civil Rusa (1918-21).

campesinos. Siberia fue liberada de Kolchak93 y sus hordas por

estas divisiones de campesinos. También en el norte de Rusia, los destacamentos de obreros y campesinos rechazaron a los ejérci- tos extranjeros que venían a imponer el yugo de los reacciona- rios nativos sobre el pueblo94. En Ucrania, los ejércitos volun-

tarios de campesinos –conocidos como povstantsi– salvaron la revolución de los numerosos generales contrarrevolucionarios y en particular, de Denikin95, cuando éste estaba a las mismas

puertas de Moscú. Fueron los revolucionarios povstantsi quie- nes liberaron la Rusia meridional de los ejércitos invasores de Alemania, Francia, Italia y Grecia, y a continuación derrotaron también a las fuerzas del general Wrangel96.

La defensa militar de la revolución puede exigir un mando supremo, que coordine las actividades, la disciplina y la obe- diencia a las órdenes dadas. Pero todo esto debe proceder del entusiasmo de los obreros y campesinos, debe basarse en su cooperación voluntaria por medio de sus organizaciones loca- les, regionales y federales. En la cuestión de la defensa contra

93 Aleksandr Vasílievich Kolchak (1874-1920), marino ruso. Procedente de la

pequeña nobleza ucraniana. Después de la Revolución de febrero de 1917, se mantuvo fi el a la monarquía y fue destituido del mando por una revuelta de sus marineros. Después del triunfo bolchevique en la Revolución de Octubre, abandonó Rusia y conspiró con los británicos para lanzar una contrarrevo- lución. En 1918 desembarcó en el extremo oriental de Siberia, destituyó a las autoridades comunistas y creó un gobierno contrarrevolucionario con sede en Omsk. Recibió el reconocimiento de Francia y Gran Bretaña como gobierno legítimo de Rusia. Desde fi nales de 1918 hasta comienzos de 1920 luchó con- tra el Ejército Rojo en la región de los Urales; pero fue derrotado y hubo de retirarse hacia el este. Sus propios soldados se amotinaron y lo entregaron a las autoridades soviéticas, que lo hicieron ejecutar.

94 El gobierno de Tchaikovski-Miller. (N. del A.)

95 Antón Ivánovich Denikin (1872-1947). Militar ruso. Destacó en la guerra

ruso-japonesa y, durante la Primera Guerra Mundial, mandó la 4ª división en Galitzia. Tras la revolución de 1917, sucedió a Kornilov en la jefatura del ejército contrarrevolucionario. A pesar de conseguir grandes éxitos en Ucra- nia y en Kiev, fue totalmente derrotado por Budienny (1919). Emigrado a Francia, en 1945 se retiró a EE UU.

96 Piotr Nikolayevich Wrangel (1878-1928), noble y militar ruso. Barón de

Wrangel, comandante del Ejército del Cáucaso en 1919, jefe del Movi- miento Blanco en Ucrania durante el período fi nal de la Guerra Civil Rusa. Reemplazó a Denikin en el mando del ejército blanco de Ucrania, donde estableció un gobierno provisional, y no abandonó la lucha hasta 1925. Fue uno de los más importantes líderes del exilio ruso.

un ataque exterior como en todos los demás problemas de la revolución social, el interés activo de las masas, su autonomía y autodeterminación son las mejores garantías de su éxito.

Comprendamos bien que la única defensa, realmente efec- tiva, de la revolución social descansa en la actitud del pueblo.

El descontento popular es el peor enemigo de la revolución y su mayor peligro. Debemos tener siempre presente que la poten- cia de la revolución social es orgánica, no mecánica: su poder no descansa en las medidas mecánicas, militares, sino en su indus- tria, en su habilidad para reconstruir la vida, para establecer la libertad y la justicia. Haz que el pueblo crea que de verdad es su propia causa la que está en juego y hasta el último hombre luchará como un león en apoyo de la revolución social.

Lo mismo es aplicable, tanto a la defensa interior como a la exterior. ¿Qué éxito podría tener un general blanco o contrarre- volucionario si no pudiese explotar la opresión y la injusticia para incitar al pueblo contra la revolución? La contrarrevolu- ción sólo puede nutrirse del descontento popular.

Cuando las masas tienen la conciencia de que la revolución y todas sus actividades están en sus propias manos, que ellos manejan las cosas y son libres de cambiar sus métodos cuando lo consideran necesario, la contrarrevolución no puede encon- trar apoyo y es impotente.

“Pero ¿permitirías que los contrarrevolucionarios incitasen al pueblo a que se les unieran?”

Desde luego. Déjalos hablar lo que gusten. Reprimirlos sería crear una clase perseguida y que ellos y su causa generasen sim- patía popular. Suprimir la libertad de expresión y de prensa no es sólo una ofensa teórica contra la libertad, es un golpe dirigido a los cimientos de la revolución. Genera problemas en donde antes no los había. Introduce métodos que llevan al descontento y a la oposición, a la acritud y al enfrentamiento, a las prisiones, la Cheka y la guerra civil. Engendra el temor y la desconfi anza, fragua conspiraciones y culmina en el reinado del terror que en el pasado siempre ha asesinado toda revolución.

La revolución social, desde su inicio, debe basarse en princi- pios totalmente diferentes, sobre una concepción y una actitud nuevas. La libertad total es el verdadero aliento de su existencia y no hay que olvidar nunca que la cura del mal y el desorden es

más libertad, no su supresión. La supresión de la libertad sólo conduce a la violencia y la destrucción.

“¿Entonces no defenderás la revolución?” –pregunta tu amigo. Claro que será defendida. Pero no de charlas, no de expre- siones u opiniones. La revolución debe ser lo bastante grande como para congratularse de las críticas más severas y benefi - ciarse de ellas si son justifi cadas. La revolución se defenderá así más resueltamente de la contrarrevolución, de sus enemigos, de cualquier intento de derrota o sabotaje que mediante el uso de la fuerza o la violencia. Éste es el derecho y el deber de la revo- lución. Pero no perseguirá al enemigo vencido, no descargará su venganza sobre toda una clase social sólo por la falta de algunos de sus miembros.

Los pecados de los padres no deben caer sobre los hijos.

“¿Qué harás con los contrarrevolucionarios?”

El combate activo y la resistencia armada implican sacrifi cios humanos y los contrarrevolucionarios que pierdan sus vidas en tales circunstancias sufrirán las inevitables consecuencias de sus actos. Pero los revolucionarios no son unos salvajes. Los heridos no serán degollados, ni los prisioneros ejecutados. Ni tampoco es práctico el bárbaro sistema de fusilar a los rehenes, como hicieron los bolcheviques.

“¿Cómo tratarás a los contrarrevolucionarios que caigan prisioneros durante un complot?”

La revolución debe hallar nuevos caminos, algún procedi- miento sensato de comportarse con ellos. El método antiguo era encarcelarlos, mantenerlos en la inactividad y emplear numerosos hombres en guardarlos y castigarlos. Y mientras el inculpado permanece en prisión, el encarcelamiento y el trato brutal lo enemista todavía más contra la revolución, fortalece su oposición y nutre sus pensamientos de venganza y de nuevas conspiraciones.

La revolución abandonará tales métodos como estúpidos y perjudiciales a sus intereses. En su lugar buscará, por medio de un trato humano, el modo de convencer al enemigo derrotado de lo erróneo e inútil de su resistencia. Aplicará libertad en lugar de venganza. Tendrá en consideración que muchos de los con- trarrevolucionarios, más que ser enemigos, están engañados por algunos individuos que buscan poder y autoridad.

Reconocerá que necesitan ser ilustrados en vez de sancio- nados, siendo más efectivo lo primero que lo último. Hasta en nuestros días gana terreno este punto de vista. En Rusia, los bolcheviques derrotaron a los ejércitos aliados más efi cazmente por medio de la propaganda entre los soldados invasores que por la fuerza de su artillería. Estos nuevos métodos han sido reconocidos y practicados hasta por el gobierno de los Estados Unidos, que hace uso de ellos en su campaña de Nicaragua.

Los aviones norteamericanos esparcen proclamas y llama- mientos al pueblo nicaragüense para persuadirlo de que deserte de Sandino y su causa, y los jefes del ejército norteamericano esperan de tales tácticas los mejores resultados. Pero los patriotas de Sandino están combatiendo por su hogar y su país en contra de un invasor extranjero, mientras que los contrarrevolucionarios hacen la guerra a sueldo y contra su propio pueblo. El trabajo de ilustrarlos es mucho más simple y promete mejores resultados.

“¿Crees que ése sería realmente el mejor modo de conducirse con los contrarrevolucionarios?”

Desde luego. El tratamiento humano y bondadoso es más efi - caz que la crueldad y la venganza. A este respecto, la nueva acti- tud puede hacer surgir una gran cantidad de métodos similares.

Varios modos de conducirse con los conspiradores y enemigos de la revolución se desarrollarán tan pronto comiences a practi- car la nueva política. Podría, por ejemplo, adoptarse el plan de repartirlos en pequeños grupos o individualmente, en distritos fuera de infl uencias contrarrevolucionarias, entre comunidades de conciencia y espíritu revolucionario. Considera también que los contrarrevolucionarios tienen que comer, lo que signifi ca que sus pensamientos y su tiempo estarán centrados en otra cosa que tramar conspiraciones. El contrarrevolucionario vencido, dejado en libertad, en vez de ser encarcelado, tendría que buscar medios de subsistir. No se le negaría el sustento, desde luego, ya que la revolución sería lo bastante generosa para alimentar hasta a sus enemigos. Pero la persona en cuestión tendría que unirse a alguna comunidad, asegurarse alojamiento, y así en adelante a fi n de gozar de la hospitalidad de los centros distribuidores.

En otras palabras, los contrarrevolucionarios, “prisioneros en libertad”, dependerían para subsistir de la comunidad y de la buena voluntad de sus miembros. Vivirían en su atmósfera y

estarían infl uidos por su ambiente revolucionario. Seguramente estarían más a salvo y satisfechos que en la cárcel, y entonces cesarían de ser un peligro para la revolución. Hemos visto repe- tidamente tales ejemplos en Rusia, en casos en que los contra- rrevolucionarios se habían escapado de la Cheka, asentándose en cualquier aldea o ciudad, donde como resultado del trato honrado y considerado se convirtieron en miembros útiles de la comunidad. A menudo más celosos en su apoyo al bienestar público que el ciudadano medio; mientras que cientos de sus compañeros de conspiración, que no habían tenido la suerte de evitar el arresto, estaban en la cárcel ocupados en pensamientos de venganza y en nuevos complots.

No cabe duda de que varios tratamientos, como el de “prisione- ros en libertad”, serán intentados por el pueblo revolucionario.

Pero cualquiera de esos métodos será mejor que el sistema punitivo y vengativo actual, cuyo completo fracaso se ha demos- trado a través de toda la experiencia humana. Entre los nuevos modos podría también intentarse el de la colonización libre. La revolución ofrecerá a sus enemigos la oportunidad de establecerse en alguna parte del país y allí instaurar la forma de vida social que les parezca mejor. No es una especulación vana el prever que, a no tardar, muchos de ellos preferirían la fraternidad y la libertad de las comunidades revolucionarias al régimen reaccionario de su colonia. Pero aunque esto no sea así, nada se habrá perdido. Por el contrario, la revolución sería la que más ganase, espiri- tualmente, abandonando los métodos de venganza y persecución y practicando el humanitarismo y la magnanimidad. La propia defensa revolucionaria inspirada en tales métodos será más efec- tiva porque la misma libertad será, también, garantía para sus enemigos. Su llamada a las masas y al mundo, al cabo del tiempo, será por esto más irresistible y universal. En su justicia y humani- dad descansa la fuerza invencible de la revolución social.

Todavía ninguna revolución ha intentado el verdadero camino de la libertad. Ninguna ha tenido sufi ciente fe en él. La fuerza, la represión, la persecución, la venganza y el terror han caracterizado todas las revoluciones del pasado y han trai- cionado por ello a sus fi nes originarios. Ha llegado la hora de intentar nuevos métodos, nuevos caminos. La revolución social ha de lograr la emancipación del hombre por la libertad, pero si

nosotros no tenemos fe en esta última, la revolución se conver- tirá en una negación de sí misma y en una traición. Tengamos, entonces, el valor de ser libres, de colocar libertad en lugar de represión y terror. Hagamos de la libertad nuestra fe y nuestra acción, y con ello seremos más fuertes.

Sólo la libertad puede hacer saludable y efi caz la revolución social. Sólo ella puede allanar el camino hasta las grandes cum- bres y propiciar una sociedad en la que el gozo y el bienestar sean patrimonio de todos. Entonces alboreará el día en que el hombre tendrá por primera vez amplia oportunidad para evolu- cionar y expandirse bajo el libre y generoso sol de la Anarquía.

Í

NDICE

Pág.

Preámbulo a esta edición 9

Prefacio de la edición de 1937 17

Prólogo del autor 21

Introducción 25

I. ¿Qué es lo que quieres de la vida? 27

II. El sistema de salarios 33

III. Ley y Gobierno 37

IV. Cómo funciona el sistema 45

V. El paro 53

VI. Guerra 59

VII. Iglesia y escuela 69

VIII. Justicia 73

IX. ¿Puede la Iglesia apoyarte? 93

X. Reformistas y política 99

XI. Los sindicatos 111

XII. ¿Qué es el poder? 123

XIII. Socialismo 129

XIV. La revolución de febrero 147

XV. Entre febrero y octubre 155

XVI. Los bolcheviques 163

XVII. Revolución y dictadura 175 XVIII. La dictadura en acción 181 XIX. ¿Es violento el anarquismo? 191

XX. ¿Qué es el anarquismo? 201

XXI. ¿Es posible la anarquía? 205 XXII. ¿Funcionará el Comunismo libertario? 213 XXIII. Anarquistas no comunistas 229 XXIV. ¿Por qué la revolución? 233

XXV. La Idea lo es todo 239

XXVI. Preparación 247

XXVII. Organización de los trabajadores

para la revolución social 261 XXVIII. Principios y práctica 281

XXIX. Consumo e intercambio 287

XXX. Producción 297

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