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Definición y características de los TGD

In document ATENCION TEMPRANA.pdf (página 156-160)

El Trastorno autista mantiene hasta día de hoy la delimitación que realiza el autor en 1943. “A veces el trastorno autista es denominado autismo infantil temprano, autismo infantil o autismo de Kanner” (DSM-IV-TR, 2001: 80).

Al principio se pensó que la conducta autista estaba presente desde el comienzo de la vida (Kanner, 1943), pero más tarde describió los mismos problemas en niños que habían tenido un desarrollo absolutamente normal hasta los 20 meses. Autores posteriores como Kolvin (1971), Rutter (1968) consideraron que en la mayoría de los casos la sintomatolo- gía empieza a manifestarse antes de los dos años.

Generalmente los padres observan un cambio en la conducta del niño alrededor de los 18 meses (dejan de decir palabras, de mostrar interés hacia los objetos, de empezar a tener estereotipias motoras o verbales, etc.). Actualmente, a través de vídeos familiares, se ha podido observar que las características del autismo se pueden detectar desde una edad muy temprana, como bebés que evitan la mirada o se mantienen rígidos al ser cogidos en los brazos.

Por lo general se observan las siguientes características de desarrollo psicológico: – Los niños no se relacionan normalmente con las personas y parecen más felices cuan-

do se les deja solos.

– Tendencia a quedar fascinados, ignorar o angustiarse con estímulos visuales, auditi- vos, táctiles, olfativos, etc.

– Los objetos en movimiento pueden ser de gran interés, perdiéndolo por completo cuando se paran.

– Parecen reconocer a personas u objetos por su perfil general más que por los detalles de su aspecto.

– Insistencia en comer sólo una limitada serie de alimentos, lo que es una forma de resistencia al cambio.

– Lo que recuerdan no está modificado por eventos posteriores, cada recuerdo parece mantenerse separado de otros recuerdos (Lewis, V., 1991: 164).

– Dificultades importantes de imitación, atención conjunta, lenguaje ecolálico, algu- nos niños permanecen sin hablar durante toda la vida.

– En los niños que desarrollan el habla los componentes pragmáticos no existen o están profundamente alterados.

– Presencia de movimientos estereotipados, anomalías en el modo de andar y en la pos- tura, actividades repetitivas simples (tocar, oler, sentir, golpear, etc.) o de rutinas repe- titivas elaboradas (dar golpecitos en la silla antes de sentarse, etc.) (Wing, L., 1996: 56-59).

– Déficit en el desarrollo de juego funcional y simbólico.

– Falta de motivación para conocer y explorar el mundo, de funcionalidad y de inten- cionalidad comunicativa.

La evolución de estos niños depende del tipo de intervención y de la implicación de la familia. Suelen tener un desarrollo disarmónico por áreas, y un período crítico entre los 3-5 años. Después siguen adquiriendo habilidades para adaptarse a la vida cotidiana, man- teniendo las características psicológicas fundamentales, volviendo en la preadolescencia y ado- lescencia a pasar por un período de crisis. Referente a la vida adulta todavía no hay suficien-

tes estudios. Kanner, L. (1944) hace referencia al seguimiento de sus 11 casos que han cons- tituido el fundamento práctico en la diferenciación teórica que realiza del cuadro autista.

Como diferencia, en el Trastorno de Asperger, generalmente el embarazo y el parto de la madre suele desarrollarse sin problemas. Pueden existir antecedentes familiares de esqui- zofrenia, o casos en los cuales los padres describen a algún tío del niño que presentó de pequeño características similares, y que a la edad adulta sigue mostrándose totalmente depen- diente de su familia. Los antecedentes familiares son muy importantes para tener en cuen- ta, siendo conocido el hecho de que existen casos de Trastorno de Asperger (aislados) que pueden desarrollar en preadolescencia o adolescencia alguna forma de esquizofrenia. Los niños muestran un desarrollo normal al nacer y la mayoría de los padres cuentan que lo que les atrae generalmente la atención es el desarrollo temprano del lenguaje, el volumen del vocabulario inusualmente grande para la edad, el uso de palabras inventadas y el tono for- mal del habla. Describen al niño como contento, jugando al mismo juego siempre de mane- ra repetitiva o mostrando desinterés en jugar.

Después de los 4 años empiezan a evidenciarse los problemas de “teoría de la mente” y el len- guaje totalmente literal del niño, que puede poner a los padres en situaciones muy delicadas.

Generalmente no les gusta ir al colegio, y no consiguen mantener el ritmo de trabajo de sus compañeros. Tienen problemas de lecto-escritura (dislexo-disgrafía), unos apren- diendo sin dificultades a leer en el mismo tiempo que para otros el hecho se transforma en un proceso muy laborioso.

Como característica general presentan problemas de escritura, como resultado de los pro- blemas de motricidad fina que padecen. Actualmente estos problemas se están compensan- do con el uso del ordenador, que disminuye los problemas de aprendizaje que muestran.

Borreguero, M. (2004: 121-122) sintetiza las siguientes características para definir a este grupo de niños:

– Desarrollo adecuado o por encima de la media de su edad en las áreas de razona- miento verbal, comprensión verbal, vocabulario y memoria auditiva.

– Ausencia aparente de retraso en el desarrollo del lenguaje, con verbosidad marcada, con un vocabulario sofisticado e idiosincrásico.

– Dificultades en adaptarse a los intereses del interlocutor con desarrollo de conversa- ciones inusuales y ambiguas.

– Interés en acumular datos sobre temas específicos con la imposición de este interés en los demás.

– Desarrollo adecuado de juego imaginativo en solitario, con la incapacidad de esta- blecer de manera adecuada la interacción social.

– Frecuencia baja de manierismos motores y movimientos estereotipados.

La experiencia práctica con niños que padecen estos trastornos nos hace considerar qué importante, a la hora de programar la intervención, es tener en cuenta principalmente las características nucleares. Las asociadas suelen desaparecer de manera espontánea una vez que la intervención se centra en las causas fundamentales que los genera.

Con referencia a esta posibilidad, distintos autores, entre los cuales citamos a L. Wing (1981), han señalado que un niño “puede parecer el típico autista kanneriano durante la infancia y, sin embargo, transformarse en un adolescente más característico del síndrome de Asperger” (citado en Happé, F., 1998: 135).

El Trastorno de Rett fue descrito la primera vez por Rett, A. en 1966. Sí ha sido inclui- do durante mucho tiempo en la misma entidad nosográfica que el autismo, pero actualmente es una entidad claramente delimitada y distinta del mismo. Con todo esto el DSM-IV-TR, (2001: 86) lo incluye dentro de los TGD.

Los aspectos clínicos más característicos del Trastorno de Rett son:

– Después de un embarazo, parto y los primeros meses de vida normales, con un de - sarrollo neurológico y mental dentro de la media de edad, se observan hacia el final del primer año o al principio del segundo una detención y una regresión del desa- rrollo psicomotor.

– Paralelamente aparecen los rasgos específicos del trastorno autista: pérdida de interés por las personas y los objetos, rostro inexpresivo e inmóvil, mirada vacía, aunque la evitación de la mirada generalmente no se encuentra.

– Aparecen importantes signos neurológicos como: disminución de la curva del perí- metro craneal, estereotipos manuales (frotarse las manos cruzadas sobre el pecho, gol- pear los dientes o la boca), ataxia que frena el equilibrio y la marcha, y un regreso importante en el lenguaje.

– La evolución lleva generalmente hacia una incoordinación motriz, ausencia del len- guaje, falta total de autonomía, con retraso psicomotor grave.

Teniendo en cuenta la evolución y la intervención terapéutica en el caso de estos niños, se considera necesaria y útil la diferenciación entre el Trastorno de Rett y el autismo (Ferra- ri, P. et al., 2000: 63).

En el caso del Trastorno Desintegrativo Infantil los manuales internacionales de diag- nóstico (DSM-IV-TR; CIE-10) hacen hincapié en la edad de inicio de los problemas en el desarrollo del niño.

Los aspectos clínicos más destacados por la DSM-IV-TR (2001) serían:

– Después de un desarrollo de por lo menos dos años aparentemente normal se obser- va una marcada regresión en múltiples áreas.

– Antes de los 10 años aparece una pérdida significativa en el lenguaje expresivo o recep- tivo, habilidades sociales o comportamiento adaptativo, control vesical o intestinal, juego o habilidades motoras.

– Muestran déficit social, comunicativo y las características de comportamiento simi- lares al Trastorno autista.

– Los estudios sugieren una igual distribución de la problemática por sexos, aunque los datos más recientes sugieren que es más común entre hombres.

Siguiendo esta línea planteada por los manuales internacionales de diagnóstico, los TGD no especificados representan un apartado que permite incluir todos aquellos casos que no cumplen los criterios de diagnóstico especificados en los manuales. Es la categoría que recuer- da que al trabajar con personas hablamos de una gran variabilidad de manifestaciones difí- ciles de aislar y clasificar. Por otro lado también da lugar a la posibilidad de incluir diag- nósticos erróneos, que tras el inicio del proceso de intervención puedan tener una evolución diferente que la de los niños diagnosticados de un TGD.

In document ATENCION TEMPRANA.pdf (página 156-160)