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2) que para un determ inado pnb, se moverá más rápidamente mientras más alta sea la proporción invertida. A fin de evitar que la exposición se salga totalmente de sus límites, habré de archivar este complicado problema (n o obstante, haré referencia a él una vez más en una nota a pie de página más adelante), siguiendo con ello el ejemplo propuesto por Rawls mismo, al suponer que una “tasa de ahorro justo” ha de ser aplicada a cada fase del desarrollo eco­ nómico.

Será de la mayor utilidad pensar que el proceso de decisiones se efectúa en un orden distinto al presentado arriba. Podemos pensar que la primera decisión que ha de ser tomada es la decisión de cuánto invertir en el desarrollo económ ico ulterior. Entonces, cuando las exigencias del presente y del futuro hayan sido ajus­ tadas, haciendo a un lado cierta cantidad de producción para inver­ siones (com o una primera aproximación a las combinaciones posi­ bles), puede tomarse la decisión en tom o al uso actual del restante potencial productivo de la sociedad entre dos demandas en compe­ tencia: consumo de bienes y servicios, y la opción de la libertad, la que en el contexto presente podría ser entendida com o una clase especial intangible de bien de consumo.

Hay dos aspectos interesantes en el sendero óptimo represen­ tado en la gráfica 4 . El primero es que, si bien hemos seguido las indicaciones de Rawls acerca de las curvas de indiferencia, el sendero óptimo no se hace vertical, reflejando la búsqueda de la libertad a cualquier costo en el incremento de la riqueza. Es pro­ bable que ello sea así, pues en general esperaríamos que la locali­ zación de la tangente estuviera a la izquierda del punto donde las curvas de indiferencia se vuelven horizontales. De ser así, ello tiene la implicación de que la sociedad no llega al punto P en el eje de la riqueza hasta no haber alcanzado la máxima libertad. Si reflexionamos sobre ello, advertiremos que es un resultado bas­ tante razonable dada la configuración impuesta por Rawls a las cur­ vas de indiferencia, pues si las curvas se vuelven horizontales en cierto punto, debemos esperar (en ausencia de cualquier argumen­ to contrario) que sean casi horizontales conforme se acercan a tal punto. Podemos definir este mismo punto de modo no geomé­ trico de la siguiente manera: si el valor relativo de uno de los dos bienes se convierte en nada cuando lo poseemos en cierta cantidad, sería generalmente irracional acercarse siquiera al punto donde esc bien deja de tener valor hasta no tener tanto del otro com o sea posible.

El segundo aspecto que ha de destacarse es que, a fin de cuentas, las curvas horizontales de indiferencia, que Rawls se ha esforzado

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tanto por determinar, no son decisivas para el sendero óptimo. En la gráfica 4 podríam os h acer que las curvas de in diferen cia descendieran suavemente más allá del punto P, en lugar de quedar planas, no haciendo que el sendero óptimo cambie su curso ni un solo milímetro, siempre y cuando dejemos en el mismo lugar los puntos de tangencia a la izquierda del punto P. De esta manera, si convenimos en que a Rawls le interesa mostrar que, a cierto nivel de riqueza la libertad deberá ser buscada como único fin, y para nada una riqueza adicional si ello ha de suponer un costo cual­ quiera a la libertad, tenemos que decir que sus curvas de indiferen­ cia están muy lejos de garantizarle tal resultado.

Asimismo, he indicado antes que el tipo de resultado deseado por Rawls puede obtenerse sin las presunciones de las curvas de indiferencia; habré de aclarar esto ahora. En lugar de tomar cu­ riosas curvas de indiferencia y curvas de probabilidad básicas, pro­ pongo que procedamos a la inversa: tomemos curvas de indife­ rencia de configuración ordinaria pero tratemos de formular un argumento para curvas de probabilidad de configuración extraor­ dinaria. Creo que esto puede hacerse con bastante verosimilitud dado que hay buenas razones para sugerir que la libertad y el pnb

no se relacionan de la misma manera com o el armamento y la mantequilla. La relación que pretendo mostrar es com o la que aparece en la gráfica 5 , donde, com o antes, tenemos och o líneas que representan rangos crecientes de opción, es decir, niveles cre­ cientes de ‘‘civilización” o “desarrollo” . La significación de sus configuraciones es que los países en bajo nivel de desarrollo (aquéllos con conjuntos posibles mostrados por líneas cerca del origen) pueden lograr un considerable increm ento de riqueza mediante el sacrificio de una cantidad determinada de libertad; sin embargo, conforme esos países se desarrollan más, la cantidad de riqueza adicional que puede lograrse moviéndose a lo largo de la curva de probabilidad y sacrificando la misma cantidad de liber­ tad, se tom a menor. A medida que la economía se vuelve más re­ finada, la necesidad de una iniciativa gcrencial y la predictibilidad en la aplicación de la ley se hacen más imperiosas, mientras que, al mismo tiempo, la población trabajadora se acostumbra más a las rutinas de la industrialización, y los cambios sociales traumáti­ cos de los estados iniciales no encuentran paralelo ni en escala ni en severidad en los que acompañan al crecimiento económ ico en

aumento. 4

Tal como he trazado las curvas, algunas poseen al menos una sección vertical o una pendiente extema. EUo implica que cierto mínimo de libertad es, o bien neutral respecto de la producción de

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GRAFICA 5

bienes materiales, o bien conduce realmente a ella. Mientras más lejos del origen se encuentre la linea que muestra las combina­ ciones probables, más marcada será esta compatibilidad entre los dos. Ello me parece concordar con el sentido común y, de hecho, creo que las sociedades en la lista no encerrada entre paréntesis de la gráfica 1 están en una situación en la cual una reducción en la libertad personal tendría poco o ningún efecto sobre la productivi­ dad. Si ello es así, entonces significa que no hay necesidad para la opción (y por cierto no hay posibilidad de tal opción) entre riqueza y libertad. Ello se refleja en la configuración del sendero óptimo, el que rápidamente se eleva hasta casi alcanzar la máxima cantidad de libertad , si bien la con figu ración sobresaliente de las curvas de probabilidad le impide hacer contacto con el punto máximo has­ ta que la linea descienda hacia afuera casi por completo. Recordemos que todo ello se refiere a curvas básicas de indiferencia, trazadas de modo que hagan valer poco tanto a la riqueza como a la libertad cuando ambas se dan en abundancia. El hecho de que el sendero óptimo rápidamente se acerque a la máxima cantidad de libertad sólo refleja el hecho de que hay que sacrificar muy poco a fin de llegar a ese punto. El argumento podrá ser menos heroico que el de Rawls, pero me parece una manera mucho más razonable de lograr la clase de solución que él busca.

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Por cierto, yo me siento más seguro respecto de las partes verti­ cales y de pendiente hacia atrás de las curvas de probabilidad que otros. En particular, ¿es realmente cierto que los países en bajo nivel de desarrollo tienen que (o , para decirlo de otra manera, pueden si lo desean) lograr mayor riqueza sacrificando libertad per­ sonal? Es común la idea de que hay un intercambio, y está mejor establecida entre los expertos de las ciencias sociales que algunas de las “ciencias sociales” que Rawls trasplanta a la posición original com o generalizaciones incuestionables. Pero, ¿cómo se supone que funciona el intercambio? ¿Por qué habría de interferir la libertad con la producción o la producción con la libertad?

Tal vez la respuesta a esta pregunta sea que la única manera de obtener más de cierta cantidad de producción material en una sociedad, en una fase dada de desarrollo, consiste en hacer que los individuos trabajen mucho más duro de lo que quisieran, esclavizán­ dolos o aplicando otras maneras de coacción extrema, y ello es obvia­ mente incompatible con el mantenimiento de una completa liber­ tad igual. Con todo, debemos advertir que el sendero ópdmo de una sociedad no llegaría hasta esta parte de su curva de probabilidad excepto allí donde las curvas sociales de indiferencia sean impuestas por una minoría apoyada en poderes coactivos suficientes para superar la oposición del resto de la sociedad a seguir este sendero. Una sociedad nunca llegaría hasta esta posición si su curva colectiva de indiferencia se basara, por ejemplo, en el criterio utilitario clási­ co, dado que ex hipothesi se trata de una posición férreamente no deseada por el grueso de los miembros de la sociedad.3

3 Me temo que en este contexto hay una buena cantidad de complicaciones a las cuales no puedo sino echar un vistazo. Una de ellas es que la incompatibilidad de determinado nivel de producción con la libertad (en cierto nivel de desarrollo económico) puede depender de la distribución de los beneficios de la producción incrementada. Si la riqueza adicional generada va a dar a los bolsillos de una minoría, la coacción bien podrí hacerse necesaria; pero el grueso de la población trabajaría más duramente si los beneficios fueran a repercutir también en ellos. Con todo, no creo que no haya casos de sociedades con un esquema tradicional de vida cuyos miembros prefirieran renunciar a un incremento en la producción incluso si los beneficios de sus propios esfuerzos fueran para ellos. Otra complicación es que el problema “producción vs. libertad'* no puede ser separado del problema “consumo

vs. inversión”, dado que en el segundo binomio ambos términos apelan a la produc­ ción. La coacción ejercida por un régimen para reprimir protestas y movimientos en contra del incremento en la producción (dado el estado de desarrollo correspondien­ te) puede favorecer los intereses no del consumo de la mayoría o la minoría actuales, sino del consumo de generaciones futuras, como en la Inglaterra de 1780 a 1850, o como en la URSS del plan quinquenal de Stalin. Es un problema intere­ sante si un régimen identificado con la “tasa del ahorro justo” rawlsiana podría tener justificación si suprimiera la libertad a fin de imponer la “tasa del ahorro justo” a una población renuente.