Apoyo ambiental y autoapoyo
3. El desarrollo del autoapoyo
• En la manipulación
El restablecimiento del contacto
En el acercadeísmo:
Fritz Perls nos dice que el acercadeísmo es el “Juego científico”. Da- mos explicaciones técnicas de las cosas y hablamos acerca de nosotros en vez de expresar nuestra experiencia o hablamos de los demás sin dirigir- nos directamente hacia ellos.
Para restituir el contacto de la persona con el mundo, simplemente le daremos la consigna:
“Decíselo directamente a...” o “Hablá con...”.
Evitamos las triangulaciones y propiciamos los vínculos directos y la expresión de la experiencia del momento.
Es muy común que, en las sesiones individuales, el paciente se instale en la queja de un tercero (su marido, su hermana, un amigo, etc.) y hable de él. En esos casos, le pedimos que hable con él y/o le dirigimos un tra- bajo de silla vacía. Otras veces, le preguntamos si todo esto se lo dijo a la persona de la cual se queja y descubrimos que nunca se animó a hacerlo. En esas oportunidades, lo alentamos a que lo haga en una forma directa. Que busque contactarse directamente con esa persona.
En las sesiones de pareja, uno de ellos habla acerca del otro y le ex- plica al terapeuta su queja. Entonces le damos la siguiente consigna:
Siéntense frente a frente, y ahora “Decíselo directamente a ella”, “Fijate qué es lo que sentís y contestale”, “Dialoguen un rato en forma directa, solo autoexpresándose”, “Fíjense cómo se sienten hablando de esta forma”…
En las sesiones de grupo sucede lo mismo. Cuando un miembro ha- bla acerca de otro compañero, le pedimos que se contacte directamente con la persona a quien está dirigido su mensaje. Le pedimos que tome contacto con lo que está sintiendo y experimentando y que se quede allí por un momento. Que tome contacto con lo que está evitando y descu- bra dos cosas: lo que teme y lo que necesita para sostener lo que teme y atravesarlo.
El reaprendizaje experiencial y sensorial ocupa un espacio muy im- portante en la Terapia Gestáltica. Los grupos nos permiten ofrecerle al integrante posibilidades nuevas de comunicación y expresión.
En las evitaciones en general:
Las personas evitan muchísimas situaciones de contacto para dis- minuir la intensidad emocional que surge de dicha relación. El hablar
sin mirar a los ojos, el jugar con un teléfono celular en vez de decir lo que estamos sintiendo o la simple evitación de un tema para evitar una discusión, son algunos ejemplos de las diferentes situaciones en las que el contacto con el entorno o con la propia emoción es evitado.
Suprimir esa conducta es pedirle al paciente que “deje de hacer eso” y observe qué sucede cuando detiene ese movimiento. Es invitarlo a sen- tir ese vacío que surge luego de la detención de la conducta evitadora del contacto.
Recuerdo un joven que jugaba con su teléfono celular. Lo daba vueltas en sus manos, lo dejaba caer, lo levantaba otra vez y per- manecía en silencio. Cuando le preguntaba qué sentía, me respon- día que nada interesante le estaba pasando. Le pedí que dejara su celular por un momento en la alfombra y observara qué surgía de su quietud. Al cabo de pocos minutos estalló en un nerviosismo muy angustiante, que no podía comprender él mismo.
–¡Sostenelo!... Seguí en contacto con lo que estás sintiendo –Es que no entiendo… No se qué me pasa…
–¡Sostenelo!
–Es que… ¡no aguanto más!... No aguanto la tensión que hay en mi casa… Ni me hablo con mi madre ni veo a mi padre… -Bien… ¡Hablemos de esto!
Restituir el contacto es dejar que la atención se centre en el conflicto o en la emoción difícil de soportar. Es hacer consciente la autointerrup- ción para que el paciente pueda aceptar lo que está sucediendo, dentro de él o en relación con el entorno, sin desviar la atención. Es enseñarle a confiar en su autorregulación.
La conciencia de la responsabilidad
En el debeísmo:
La evitación básica de un debeísta es la responsabilidad de su propia elección. Son personas que se apoyan en parámetros de conducta externos a ellos y los denominan valores. Estos patrones de conducta rigen la vida del debeísta sin que esa persona elija los valores por propia decisión.
Las cosas están BIEN o MAL y “Hacen lo que tienen que hacer” o “Hacen exactamente lo opuesto” con sentimientos de rebeldía o de culpa. En ningún momento se preguntan por sus necesidades o sus elecciones.
Entonces, las consignas que les daremos serán del siguiente estilo: ¡Fijate qué es lo que vos querés frente a esta situación!
¿Qué estás necesitando? ¿Qué estás sintiendo?
¿Qué elegís perder en esta opción? Todo no estás pudiendo.
Suprimir su evitación es contactarlo con un estado de anomia, com- parable a un vacío muy angustiante donde “Todo puede ser o no, según lo que decida”.
Cuando el debeísta descubre que no está produciendo respuestas pro- pias, sino que está tomando prestadas pautas ajenas “como si fueran abso- lutas y propias”, puede enfrentarse a la opción de obedecerlas, rebelarse o descubrir su originalidad. Este es el trabajo gestáltico de los introyectos.
En este punto solemos hacer encuentros, con la técnica de la silla vacía, entre el perro de arriba y el perro de abajo. También lo vemos a través del crítico y el criticado o el exigente y exigido. Todas formas de sufrimiento que aparecen muy frecuentemente en la terapia.
El poder diferenciarnos de nuestros mandatos internos, de nuestros padres y de las pautas culturales que arrastramos como propias, nos va conectando cada día más con nuestra energía y nuestra creatividad.
El desarrollo del autoapoyo
En la manipulación:
Necesitamos confrontar con la manipulación. NO en términos per- sonales, sino en las acciones que realiza, los juegos de roles que actúa y los pedidos infantiles que no incluyen sus recursos adultos.
En la relación organismo-entorno desarrollamos un vínculo con el mundo que actualizamos continuamente. Cuando nacimos, nuestra dependencia del entorno era casi total y nuestra subsistencia dependía
de que nuestras necesidades fueran satisfechas por las personas que nos rodeaban. Nos tapaban, nos daban de comer y nos asistían en nuestros pedidos o necesidades. A medida que fueron pasando los años, fuimos desarrollando musculatura, seguridad psicológica, conocimientos, auto- nomía y poder personal. Es decir, como nos contaba Perls, el proceso de maduración es un progresivo pasaje del apoyo ambiental al autoapoyo.
Suprimir las manipulaciones consiste en frustrar el intento de control del mundo, por parte del manipulador, y conectar a la persona con la confianza en los recursos que tiene o en la necesidad de desarrollarlos. No frustramos al manipulador, sino su conducta manejadora del mundo.
Esa frustración que realiza el terapeuta o el coordinador de un grupo es un arte, pues la persona está en proceso de maduración y hay algunos “No puedo” que son mentirosos y manipuladores y otros que reflejan un estado real de insuficiencia de recursos.
Querer no es poder y no podemos todo lo que queremos.
Por lo tanto, la tarea que tenemos como terapeutas es desestimar el intento irresponsable y manipulador y transmitir nuestra más profunda confianza en sus posibilidades de aprendizaje y crecimiento. La respon- sabilidad, en la elección de mis acciones o de mis respuestas juega, otra vez, un papel preponderante.
La manipulación es un movimiento que pasa desapercibido y por lo tan- to, nuestro recurso es iluminarlo, mostrarlo y no enjuiciarlo. Castigarlo es un enorme malentendido que jamás produce aprendizaje. Solo resentimiento.
No le estás expresando tu deseo. Solo lo estás insinuando Decile directamente lo que querés y no de esta forma engañosa. Arriesgate a su NO y fijate qué te sucede.
¿Qué pudiste hacer diferente esta vez?
Cuando la manipulación es más que una conducta aislada y se con- vierte en un rol que jugamos, hay un compromiso mayor de nuestra iden- tidad. Nos creemos que somos ese personaje y nos sentimos inermes si no nos consuelan o no nos expresan su afecto por nosotros. Nos refugiamos en una identidad en la que nos sentimos “cómodos”. Comportarnos de una manera diferente es muy difícil por dos razones:
• Nos sentimos seguros en esta forma de ser en el mundo. Ya co- nocemos la forma de conseguir lo que necesitamos a través de otros y no deseamos gastar energía en aprender una nueva. • El impasse entre la forma manipuladora de conducta y la acción
nueva es muy angustiante. La vieja ya no nos sirve y la nueva no la conocemos.
Así aparecen “El bebé llorón”, “La diva”, “La pobrecita”, “El que todo lo puede”, “El sabelotodo”, “El ausente”, etc. Es importante descu- brirlos, mostrarlos y ensayar otras formas de contacto con el mundo.
¿Para qué te sirve ser así? ¿Qué ventajas obtenés del mundo? ¿Qué evitás siendo este personaje?
En la medida en que la persona desarrolle sus recursos y se apoye en ellos para obtener lo que necesite, tendrá más poder personal y no nece- sitará refugiarse en un rol o depender del otro para su satisfacción.
Podríamos resumir nuestras interacciones como coordinadores en estas pautas: • Frustrar y dar apoyo. • Iluminar lo oculto. • Animarlo a que se quede en el vacío fértil hasta descubrir su respuesta y que la ensaye. • No hacernos cargo de sus amenazas y mostrarle su propia responsabilidad. • No juzgarlo. • No castigarlo. • Confiar en sus posibilidades de ensayo y descubrimiento de sus recursos. • Mostrarle que hoy no es el mismo de ayer. Hoy podemos intentar algo nuevo.
Es un movimiento empático, sin llegar a una simpatía que lo pro- teja como un pobrecito con un terapeuta salvador ni a la antipatía del terapeuta frustrante que deja de percibir las necesidades legítimas de su paciente. Los pacientes no deben calzar en ningún molde que tenga su terapeuta. Tan solo animarse a descubrir la forma de contacto válida para ese aquí y ahora.
Conclusiones
No hay recetas. Lo más importante es la actitud que tenemos frente a una persona que se contacta poco o nada con su entorno. Entonces se aísla emocionalmente o nunca llega a descubrir lo que quiere hacer de su vida.
Trabajar el acercadeísmo, el debeísmo y las manipulaciones con es- tas pautas puede ayudarnos a saber utilizar nuestros recursos. Lo que inventemos en el momento, sobre esta comprensión de la problemática, seguramente será lo adecuado para esa situación. Será cuestión de ser un eterno principiante y descubrir en cada sesión cómo es mi forma de ser terapeuta hoy.