“Conocer una técnica es incorporar un recurso”
La actitud
Lo más importante en Gestalt es nuestra actitud, es decir, nuestra forma de estar en el presente, mas allá de técnicas, esquemas prefijados o trucos aprendidos. Nuestra presencia es irremplazable y por eso necesitamos estar en contacto con lo que está sucediendo en nosotros, en la situación que nos rodea y en la persona que tenemos enfrente.
De nada sirve la mejor de las técnicas si no se apoya en la creatividad del presente, el darse cuenta de lo que se está dando en ese momento y de la necesidad emergente. Cuando la actitud gestáltica nos lleva a estar presentes en contacto con nuestro paciente, con su proceso en el aquí y ahora y cons- cientes de lo que estamos sintiendo, nosotros, como terapeutas, estamos en óptimas condiciones para acompañarlo en un despliegue o trabajo.
Cualquier técnica que usemos, ya sea expresiva o integrativa, ayudará a la persona a descubrirse o a resolver el conflicto que retiene su energía. Uno de los recursos más usado en Terapia Gestáltica es la silla vacía.
Su historia
Esta técnica fue desarrollada por Fritz Perls. Los videos que nos permi- ten verlo trabajar nos muestran a un Fritz sentado cómodamente en su sillón, fumando copiosamente y proponiéndole a los integrantes de un grupo que realicen trabajos individuales para resolver la problemática que le planteaban. Les pedía que se sentaran en un banquito y en una mesa pequeña, alternativamente. En algún momento de la historia, los gestaltistas empezaron a sentarse en almohadones o en alfombras y así llega hasta nuestros días, en la mayoría de los consultorios gestálticos. Los pacientes de Fritz trabajaban con los ojos abiertos y raramente los cerraban. En la actualidad, en Argentina, nuestras consignas tienden a pedirles a los pacientes que se sienten en el suelo, frente a un almohadón y con los ojos cerrados. Incluso, algunos terapeutas les proporcionan an- tifaces a sus pacientes para dirigir la atención exclusivamente al mundo interno durante un trabajo de silla vacía.
Los gestaltistas que nos formamos en Argentina hemos pasado por la experiencia de hacer trabajos de silla vacía y la aprendimos viendo cómo nuestros maestros dirigían los trabajos de nuestros compañeros. Este presente escrito tiene por intención poner en palabras la técnica que aprendimos de nuestros formadores y que luego transmitimos a nuestros alumnos.
La técnica
La silla vacía nos permite observar el vínculo entre las partes de la perso- nalidad que están enfrentadas y no pueden integrarse, lo que desgasta a la persona y provoca mucho sufrimiento.
Cuanto más instrumentados estemos para resolver esta conflicti- va, más precisos seremos en el tratamiento y podremos ayudar mejor a nuestro paciente. Por eso, es tan importante el conocimiento técnico que tengamos. Los trabajos que propongamos serán más acertados cuando elijamos la polaridad que está en conflicto y podamos precisarla en la consigna que le demos a la persona. Una consigna confusa o la determi- nación equivocada de los protagonistas del diálogo llevarán el trabajo por un rumbo incierto y a malgastar la energía y el tiempo.
¿A quién podemos dirigirle un trabajo de silla vacía?
A todas aquellas personas que cuenten con un yo fuerte, capaz de integrar las vivencias e ingresar en un mundo imaginario sin confundirse. Si la personalidad es borderline o psicótica, no es conveniente su utiliza- ción, pues aumentará su confusión y su angustia.
A todas aquellas personas que tengan suficiente capacidad de simbo- lización como para representar a sus personajes internos y visualizarlos. Las personas que tienen un grado de inteligencia disminuido suelen tener dificultades.
A niños, adultos y gerontes que puedan movilizarse físicamente. La edad no restringe su utilización.
En los ámbitos clínicos y con garantía de intimidad. Por ejemplo, en las sesiones de terapia, en los laboratorios y en los grupos de entrenamiento o formación. No es una técnica para los grupos de desarrollo personal, pues ellos tienen otro objetivo de exploración. Recordemos que es una técnica muy movilizadora y no es prudente realizarla fuera del contexto clínico.
¿Cuándo?
Esta técnica resolutoria de los conflictos puede ser usada en aquellos momentos más oportunos de un proceso terapéutico. O sea, cuando el paciente necesita integrar aspectos que están desconectados o en conflic- to. Cuando la relación de la persona con el mundo es muy tensa o muy sometida. Cuando las personas necesitan trabajar las despedidas o las se- paraciones. Cuando haya síntomas corporales o emociones bloqueadas. Para ello, hay diferentes tipos de propuestas que serán descriptas más adelante.
No proponemos trabajos de silla vacía a las personas que están en pleno proceso y que no están interrumpiéndose. No es necesario empu- jar ningún proceso ni cambiar su velocidad. Solo intervenimos cuando el proceso está bloqueado, interrumpido o generando mucho dolor. Es preferible demorar una propuesta que hacerla antes de tiempo. Lo no re- suelto seguirá así, mientras que el paciente que no está listo para abrir un diálogo se sentirá forzado si le hacemos la propuesta antes de tiempo.
Algunas veces, la única consulta de una persona resulta en la realiza- ción de un trabajo de silla vacía. Al concluir esa situación, se termina la consulta puntual. Otras veces, es una forma de trabajo frecuente, a través del proceso de terapia y el paciente realiza muchos trabajos de este tipo.
No es oportuno comenzarla faltando pocos minutos para terminar con la sesión, pues necesita un tiempo prudencial para ser desarrollada e integrada.
¿Qué es “proponerle un trabajo” a un paciente?
Es ofrecerle la posibilidad de que tome contacto con la parte de sí mis- mo con la que está en conflicto y acompañarlo en el despliegue del diálogo hasta resolver la situación. Es ver la polaridad que está trayendo nuestro pa- ciente y ubicarla en dos espacios enfrentados para favorecer la interacción.
Es pedirle a la persona que “pase al medio” del consultorio o del grupo y se ubique (sentado o parado) en el lugar donde se siente identi- ficado. Perls llamaba a este lugar la silla caliente. Luego le pedimos que imagine enfrente de él a la parte con la que está en conflicto o aquella con la que necesite dialogar. Este es el lugar conocido como la silla vacía.
Generalmente la consigna que damos es: “Vení, sentate acá… cerrá los ojos… imaginate que enfrente tuyo está… y expresale lo que estás sintiendo”.
¿Le ponemos dos sillas?
En un principio, Perls trabajaba con dos sillas o una silla y una mesita enfrente, donde el paciente se sentaba alternativamente. Hoy en día usa- mos almohadones o espacios vacíos donde el paciente se pasa de un lado a otro, cambiando de rol o de personaje. Por ejemplo, un paciente hace un diálogo con su madre. Él se sienta en la silla caliente y enfrente imagina a su madre. Luego de expresarle lo que siente hacia ella, se cambia de lugar y se sienta en el almohadón que representa la silla vacía. Allí se imagina que es “la madre” y le responde al “hijo” que está imaginariamente en la silla caliente.
Son lugares en el espacio físico y en nuestra mente. Son lugares psicológicos. Identificaciones y divisiones que inventamos y con los que nos provocamos sufrimiento. Están unidos y separados por el conflicto DIÁLOGO Silla Caliente Silla Vacía
El lugar de la silla caliente es el espacio donde se sienta el yo. Es decir la persona que está “caliente”, la que está en contacto con una emoción hacia alguien. Es el que tiene necesidad de expresarse, de poner en palabras o en expresión corporal lo que está experimentando y diri- girse directamente hacia el “otro”. Aquí transformamos la queja en una autoexpresión dirigida hacia alguien. Hablamos de nosotros y de lo que estamos experimentando.
El lugar de la silla vacía es el lugar de la proyección, es el espacio donde vemos nuestros aspectos internos sin darnos cuenta de que son una parte nuestra. Es el lugar donde ubicamos a las personas con las que esta- mos en conflicto. Es el lugar de nuestra sombra. Lo que no conocemos de nosotros.
Ubicarnos en estos personajes nos permite recuperar aspectos que nos pertenecen. Identificarnos con ellos favorece la integración de estas partes de la personalidad y nos ayuda a recuperar nuestras energías. Es la posibilidad de ponernos en el lugar del otro, de descubrir cómo es la relación vista desde este otro punto de vista. Es la posibilidad de desple- gar la polaridad y descubrir el vínculo entre los opuestos.
¿En qué posición física comienzan?
El paciente puede comenzar el diálogo sentado en el lugar de la silla caliente. Esto es lo más frecuente, dado que es lo más cómodo y es una invitación a conversar entre las partes. También consideremos la posibi-
lidad de que comience el trabajo parado o en una determinada posición física que le dé sentido a esa expresión. No hay fórmulas fijas.
¿Cómo ayudamos a que se vinculen?
En el ir y venir entre ambos lugares se va produciendo la integración. Hay un aprendizaje de cada estado y un descubrimiento de la vinculación entre ambos. Ponerlos en contacto es integrador en sí mismo. Es contem- plar la totalidad a través de las partes que se despliegan sucesivamente. Una a continuación de la otra, sugiriendo sutilmente que son comple- mentarias y forman parte de una totalidad que las incluye a las dos.
Cuando el diálogo entra en impasse, el terapeuta necesita intervenir para que la persona se enfrente con lo que está evitando. Las emocio- nes intensas y las situaciones desconocidas o peligrosas generan mucho miedo a la persona que está trabajando con esta técnica y el terapeuta necesita acompañarlo para que pueda atravesar esa capa de miedo y enfrentarse a lo que está evitando. La superación de esa situación resol- verá el conflicto y cerrará la situación inconclusa que afligía al paciente. Perls nos enseñó la importancia de atravesar la capa implosiva con la angustia de muerte que contiene para poder explotar creativamente con la emoción que estaba contenida o que no había sido vivida, tal vez de una época pretérita.
La silla vacía y la silla caliente son trucos para ayudar a visualizar la polaridad y el vínculo entre sus partes. Puede hacerse con sillas, con almohadones o con espacios vacíos. El paciente puede estar sentado, pa- rado o en la posición corporal que más facilite su identificación con el personaje o aspecto que está representando. Es un monodrama y por lo tanto el paciente representa todos los personajes.
En algunas ocasiones el terapeuta participa del diálogo para reforzar alguno de los personajes, para ayudar a la persona a que se enfrente con lo que está evitando o para ayudar en la escena reparadora que se pro- duce. Por ejemplo, en el final de un diálogo de una persona con su papá, tal vez este concluya con un abrazo. Entonces el terapeuta participa con su cuerpo para reforzar la experiencia reparadora y afectiva del abrazo o del contacto que se esté produciendo.
Otras veces las intervenciones del terapeuta son fuertes acciones de presión sobre el aspecto o personaje que tiene toda la energía acumulada
y no se atreve a explotar y liberarla. Las explosiones de rabia son vio- lentas y el paciente necesita descargar en un almohadón esa energía acu- mulada. Le facilitamos la catarsis dejando que golpee en un almohadón y que saque la voz con toda su fuerza. Cuando se produce la autorregu- lación organísmica, las energías se equilibran y la sensación del paciente es muy placentera. Aparece una paz y un alivio de haber “cerrado” algo. Entonces damos por finalizado el trabajo.