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El cuento integrador

In document Entrenamiento en Gestalt (página 137-139)

Técnicas de integración

4. El cuento integrador

La mente divide lo que está unido, ya que no puede captar la totalidad. Nuestra tarea es encontrar el camino de regreso al hogar. El sendero pue- de ser también mental, simbólico y metafórico. Admitir la posibilidad del encuentro es acercarnos a la visualización de la totalidad.

La metáfora (del griego metá o metastas, ‘más allá, después de’; y phorein, ‘pasar, llevar’) consiste en el uso de una expresión con un signi- ficado distinto o en un contexto diferente al habitual. La creación de una fábula o una ficción construye en nuestra mente un espacio de encuentro de nuestras propias partes en conflicto. Lo que resolvemos en una his- toria fantaseada es una metáfora que traslada su potencial resolutivo a toda nuestra mente y contribuye a su integración.

En los cuentos infantiles, en fábulas o los relatos del héroe, aparecen ca- minos resolutorios de situaciones arquetípicas que representan las aventuras

diarias que todos atravesamos en la vida cotidiana. La sensibilidad del darse cuenta se abre a las metáforas resolutorias que aparecen en los cuentos y que dejan una enseñanza. Es un nivel de conciencia sorprendente (la mente se abre a la sorpresa) y que sintoniza con todos los finales de cuentos que hemos escu- chado en nuestra vida. Solo que, esta vez, lo estaremos recreando nosotros.

Este camino integrativo es la posibilidad de crear una historia que reúna a los dos aspectos en conflicto, convertidos en personajes: un comienzo, un despliegue y un desenlace. Puede ser una fábula inventada, un cuento fan- tástico o una historia actual. La propuesta es que los personajes aparezcan y encuentren la forma de integrarse a través de la historia que tejan. Es muy interesante ver la peculiar forma de integración que cada uno encuentra.

Les damos la siguiente consigna:

Escriban una historia o un cuento. ¡Invéntenla!

Cada uno de los opuestos será representado en un personaje de este relato.

Describan la lucha que tienen, los argumentos y la forma de in- teracción que tienen entre sí.

Luego, inventen una forma de superación del conflicto. Creen una solución que permita el encuentro o la integración de ambos. ¡Anímense a imaginarla y crearla!

Ahora, vamos a compartirla en el grupo.

Veamos un ejemplo realizado por Julieta (una alumna):

Integración de polaridades a través de la escritura de un cuento

Polaridad: Queja - Agradecimiento

Existió un día una pequeña aldea en el sur de un territorio, que se llamaba Manantial. Como su ubicación en el mundo se encontraba cerca de los hielos de la tierra, solía hacer mucho frío allí, con temperaturas muy bajas, sobre todo en invierno, y fuertes vientos.

En esta aldea vivía una mujer que se llamaba María de las Quejas. Ella desti- naba sus días a la labor con la tierra, sembrando, cosechando, desyuyando todo tipo de frutos y verduras. También criaba animales a los cuales alimentaba para luego venderlos o comerlos. Aunque parecía tener una vida solitaria, ella vivía con un hombre con quien compartía su vida desde hacía diez años.

Sus hijos, que ya habían volado del nido, le habían traído nietitos en esta etapa de su vida. Por lo tanto su vida estaba rodeada de naturaleza, animales, un compañero de vida, sus hijos y nietos.

Sin embargo a pesar del hermoso mundo que yacía a su alrededor, su mirada siempre dejaba un halo de tristeza, sus palabras nunca eran plenas y manifestaba un estado de constante insatisfacción.

Dependiendo del día, a veces estaba más quejosa, a veces menos. Si había vientos fuertes, se quejaba porque no podía salir a realizar sus labores y porque se le llenaba la casa de tierra. Si hacía frío, se le congelaban los pies y eso la ponía mal, todo era motivo de mal humor y esto no hacía más que cerrar su corazón. Era muy raro verla contenta y satisfecha.

Un día, mientras María recorría su huerta, se encontró con un pájaro esbelto, color amarillo, una especie rara, desconocida en la zona. Y este le susurró: “Veo que tu alma está a la espera de que despiertes a la vida, a la belleza que te ro- dea”. María quedó atónita y pensó: “¿Cómo un pájaro puede decirme esto?” y si- guió caminando, aparentemente sin darle importancia a las palabras del pájaro. Al día siguiente, de nuevo el pájaro estaba allí y le dijo: “¿No ves que yo soy libre, puedo volar, disfrutar de la belleza a mi alrededor y reír? Es por eso que mi vida es vital y hermosa”. María escuchó al pájaro y le dijo indignada: “Yo no vuelo. ¿No ves que no tengo alas? Además tengo mucho por hacer y no puedo perder el tiempo en tonterías, no tengo la libertad de un pájaro”. María dio media vuelta y se fue, pero en su corazón un anhelo se despertó ya que las palabras de aquel pájaro hicieron eco en ella hasta que se fue a dormir.

En la noche, en sus sueños, María se encontró nuevamente con el pájaro ama- rillo. Este se mantuvo callado y retraído, María se acercó a él y le pidió que le enseñara a volar, le dijo que quería sentirse pájaro y disfrutar como él lo hacía. Entonces el pájaro le hizo una propuesta: “Volaremos juntos toda la noche, dis- frutando de todo cuanto podamos y en la noche de mañana yo dejaré mis alas, bajaré a la tierra y nos quejaremos de todo, hasta que aparezca el primer rayo de luz en el horizonte”. María quedó sorprendida por tal invitación, lo pensó un poco y aceptó. El pájaro le dijo: “Antes de comenzar te daré un nuevo nombre, si lo tomas a partir de ahora, un gran peso desaparecerá en tu vida, ¿Aceptas?”, a lo que ella respondió: “Sí, acepto”. El pájaro entonces le dijo: “Te llamarás María de las Gracias”.

Al tercer día María despertó con una mirada radiante y se sentía muy energi- zada, recordó sus vivencias oníricas y comenzó a reír, no sabía muy bien qué le había ocurrido, pero de lo que si estaba segura era de que algo en su vida había cambiado profundamente. Se dio cuenta de que el pájaro le había despertado un anhelo, que debía descubrir hacia dónde la conduciría. A partir de ese día nunca más volvió a ver al pájaro en su huerta, ya que aquel había anidado en su corazón.

Fin

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