Tipos de cierre de los trabajos de silla vacía
3. Despedidas o separaciones
La elaboración de los duelos merece un capítulo aparte por su importancia en la evolución de la psiquis de la persona. Cada duelo no elaborado retiene a la persona en un estado inmodificable en el tiempo y arrastra sentimientos del pasado, vigentes en el presente aunque la situación sea otra.
Los trabajos de despedida son también cierre de situaciones incon- clusas, por lo tanto, la persona es confrontada con la situación o con la otra persona que necesita soltar y es invitada a vaciar toda la carga emocional de su zona intermedia. Algunas veces, el personaje despedido que está en la silla vacía representa un introyecto muy pesado con man- datos o con manipulaciones que retienen al paciente sentado en la silla caliente.
En las despedidas de seres que fallecieron, el vaciamiento de las emo- ciones retenidas al cerrar la situación inconclusa es más claro cuando de- finimos el personaje que sentamos en la silla vacía. No es lo mismo una situación inconclusa de una escena infantil con un padre que falleció de viejo, que una conversación que no existió en el momento exacto de su muerte. Existen tres personajes diferentes en el planteo de una despedida:
El ser fallecido cuando estaba vivo: Precisamos la situación pen- diente y le pedimos que visualice al ser que falleció, en la época en que se dio la situación inconclusa. Por ejemplo: Imaginate a tu papá vivo, cuando te retaba y te encerraba en tu habitación… ¿Qué edad tenías?... Expresale lo que no pudiste decirle entonces… El moribundo: Cuando la persona tiene pendiente la despedida al momento de partir. Lo que no pudo expresarle… El abrazo que le faltó darle a ese ser, antes que falleciera. Por ejemplo: Imaginate que estás en ese hospital… tu papá está por partir… ¿Qué es lo que necesitás expresarle? Bueno ahora, cambiate… sé el papá que nece- sita partir y contestale…
El muerto: Cuando la situación inconclusa es con el ser que ya mu- rió, hace tiempo, y todavía no lo puede aceptar o soltar. El duelo está pendiente de ser resuelto y tenemos que trabajar la despedida. También en situaciones que descubre algo pendiente, luego de que fallece la persona. Por ejemplo: Una mujer que descubre dos años más tarde del fallecimiento del marido, una relación extraconyugal de aquel y no le puede expresar su enojo, pues ya falleció. Le damos la siguiente consigna: Convocá la imagen del ser que falleció… la imagen que tengas de él… inventá la imagen… y expresale lo que te está pasando…
La resolución del vínculo puede involucrar la descarga de emocio- nes, la discriminación de identidades o el rechazo de mandatos. Hasta que el paciente no haya terminado de limpiar su zona intermedia, no estará en condiciones de soltarlo y dejarlo partir. Cuando se vacía de la carga emocional, se diferencia y se reconoce autónomo del otro. Cuando puede apoyarse en sí mismo y agradecer lo aprendido o vivido con esa persona, entonces está listo para comenzar a despedirse.
La descarga emocional, el llanto o la bronca pueden ser muy impor- tantes cuando la persona acepta el dolor y la partida de su ser querido. Sin embargo, pueden ser indicadores de la negación del dolor y rechazo a la situación de partida del otro. Cuando el dolor es la expresión del rechazo a la muerte o partida del otro, por más que llore a los gritos y muchas veces, no alivia más allá de la catarsis del momento pues no atraviesa el duelo, sino que se queda en la evitación de la situación dolo- rosa y, paradojalmente, la perpetúa hasta que llegue a aceptarla. Por lo tanto, no todos los llantos son beneficiosos para la elaboración de dicha despedida. No es lo mismo llorar porque “no quiero que te mueras”, que llorar porque “me duele tu partida”.
Es muy facilitador del “soltar al ser querido” el aprendizaje del amor. Cuando comprendemos que soltar al ser querido es “pasar del amor retentivo al amor generoso” podemos transformar el dolor en un deseo amoroso hacia el que murió. En vez de desear retenerlo para nues- tro bien, lo soltamos para que pueda seguir su camino y esté donde sea que debe estar. Las creencias religiosas y filosóficas contextualizan estos procesos y debemos estar muy atentos a respetar los valores de cada per- sona sin imponer los valores o creencias del terapeuta.
En los trabajos de silla vacía en los que representamos las despedi- das, debemos prestarle atención especial a las confluencias. La persona que se identifica con el ser que se va y se confunde con lo propio y con lo ajeno. Como si el ser que se va se llevara algo del ser que se queda.
Por ejemplo:
Al irte te llevaste mi felicidad… mi alegría y la razón de existir… Ya no puedo vivir y ser feliz… estoy muerta en vida…
Es muy importante diferenciar a la persona del que se fue y que se re- conozca entero frente al otro. Podemos “sugerir frases” para alentar a la diferenciación y el establecimiento de límites más claros en la identidad
Por ejemplo:
Te propongo que ensayes esta frase: Yo soy yo y vos sos vos… Yo tengo mi felicidad y vos tenías la tuya…
Yo estoy vivo y vos estás muerto…
A mí me toca vivir en paz y a vos… el morir en paz Yo soy yo y vos sos vos.
La representación corporal de la despedida –el soltarlo físicamen- te– es de suma importancia para el registro corporal y emocional del paciente. Soltarlo, dejarlo ir, es un acto que lo libera y le deja los brazos dispuestos a los nuevos encuentros.
Los agradecimientos y la valoración del tiempo que compartimos son muy valiosos para reconocer la riqueza que nos deja este encuentro que ocurrió (tal vez durante años) y nos confirman que queda dentro de nosotros una transformación personal para siempre, de crecimiento y aprendizaje.
El final de estos trabajos es una tristeza calma acompañada por un profundo alivio o una conmoción muy profunda.
Estas son las principales situaciones a cerrar en los trabajos de silla va- cía. Lo que no quiere decir que todos los trabajos sean iguales. En realidad cada trabajo es singular y cada persona le agrega la característica propia. Pueden suceder otros desarrollos o despliegues que nos lleven a crear otro destino de un trabajo. No hay recetas, solo situaciones personales y solucio- nes originales para cada uno. La creatividad del terapeuta supera cualquier clasificación o intento de rigidizar lo que es móvil, vivo y cambiante.
Lo que puede aportar este mapa es una orientación básica para en- frentar los despliegues más usuales.
Algo para recordar
Cuando la actitud gestáltica y la técnica se toman de la mano y se acompañan,
pueden curar con mayor precisión. El terapeuta que se apoya
en su presencia y en la presencia de su paciente, puede estar con él en un vínculo sanador. Cuando le agrega el recurso de una técnica,
puede ser más preciso en la resolución de conflictos y situaciones inconclusas. La actitud contextualiza a la técnica
y esta le da eficacia.