2. Aprendiendo a convivir: el desarrollo de la competencia social
2.3. El desarrollo de la conducta prosocial: de consoladores precoces a ayu-
a ayudantes sofisticados
La conducta prosocial es una dimensión de la competencia social a la que dedicaremos especial atención por ser la dimensión más relevante desde el punto de vista de la socialización. Ayudar a quien lo necesita forma parte de los valores morales uni- versales y su importancia está presente de alguna u otra manera en todas las culturas. Buena parte del proceso de socialización que experimentamos está relacionado con ese estilo de orientación hacia los otros al que hacíamos referencia en el apartado an- terior y que tiene como un componente central la conducta prosocial. Pero la conducta prosocial no es únicamente un imperativo cultural, también lo es genético. Cuando hablábamos de los orígenes de la sociabilidad en este mismo capítulo hacíamos re- ferencia a la aparición temprana de la tendencia a compartir como parte de la disposición inicial ha- cia los otros.
Definición de la conducta prosocial y su conexión con el desarrollo moral Podemos definir la conducta prosocial como toda conducta voluntaria que se lleva a cabo con
la intención de beneficiar a otro. Incluye todas las conductas relacionadas con ofrecer ayuda, recursos, apoyo y sugerencias. Algunos ejemplos concretos de conducta prosocial que aparecen durante la in- fancia serían: compartir, ofrecer ayuda instrumen- tal, consolar, proteger, defender, etc.
Esta importancia que, como especie y como cul- tura, concedemos a estas conductas hace que la con- ducta prosocial sea una de las variables que mejor ex- plica la calidad de las relaciones interpersonales y grupales, así como el ajuste social en general.
La disposición a comportarse prosocialmente depende en buena parte de la situación en la que surge la necesidad de ayuda. Así, la puesta en mar- cha de conducta prosocial queda condicionada por la percepción de competencia para llevar a cabo la ayuda que se necesita en ese momento, porque otro es responsable o porque no es apropiado para ellos intervenir.
Algunos de los factores situacionales más re- levantes que podemos identificar son:
— La existencia o no de relación previa con la persona que necesita ayuda.
— La conducta prosocial supone (o no) un cos- te para el que ayuda.
— La conducta prosocial surge de forma es- pontánea o es una respuesta a una petición. REFLEXIONA
Dos niños discuten por la posesión de un balón. Imagina esta situación con niños de distinta edad, desde los 3 hasta los 12 años y piensa en los logros psicomotores, cognitivos, lingüísticos y emocio- nales que están implicados. ¿Cómo puede variar el desenlace de esta situación de conflicto en cada edad en función de todos esos logros?
La decisión de ayudar en esta diversidad de si- tuaciones está muy ligada al desarrollo moral, tan- to en sus aspectos emocionales (desarrollo de la empatía) como conductuales y cognitivos (nivel de razonamiento moral). Desde el punto de vista mo- ral, son especialmente relevantes aquellas con- ductas prosociales que surgen de motivaciones in- ternas fruto de la interiorización de valores de orientación a los otros. Las personas cuya identi- dad mantiene integradas sus metas personales con metas morales, que perciben los valores como par- te fundamental de su autoconcepto y que asumen la responsabilidad de sus propios actos, ponen en marcha un comportamiento prosocial más elabo- rado, esto es, ponen en marcha más frecuente- mente conducta prosocial de forma espontánea, lo hacen con más frecuencia cuando supone un cos- te y experimentan como un dilema moral las si-
tuaciones en las que deben decidir si ayudar a un familiar o a un desconocido (Eisenberg y Fabes, 2006).
Evolución de la conducta prosocial: de consoladores precoces a ayudantes expertos
Este tipo de comportamiento prosocial elabo- rado al que hemos hecho referencia tiene un com- ponente evolutivo, de forma que los niños y niñas mayores son más capaces de razonar tomando de- cisiones morales en situaciones de conflicto cog- nitivo y de usar razonamientos de orientación a los otros, lo que les hace actuar más prosocialmente en situaciones que implican un coste. En la tabla 8.3 podemos observar los principales hitos en el desa- rrollo de la conducta prosocial.
— Primera infancia:
• Los bebés empiezan a reaccionar ante situaciones de estrés emocional en los otros con conductas prosocia- les (por ejemplo, consuelo), aunque la ayuda que prestan no es siempre la más adecuada.
• Comparten objetos con familiares y desconocidos. — Años preescolares:
• Muestran interés por ayudar en el cuidado de bebés y en las tareas de la casa de forma espontánea. • Muestran atención y cuidado hacia sus juguetes, mascotas y familiares.
• Aún muestran pocas conductas espontáneas de autosacrificio.
• Muestran dificultad para interpretar claves sutiles y situaciones ambiguas y, por tanto, dificultad para com- portarse prosocialmente con personas desconocidas o en situaciones no familiares.
— Años escolares:
• Emiten más conducta prosocial en situaciones que implican coste para ellos y/o ausencia de reforzadores. • En general, la conducta prosocial es más compleja y flexible.
• Cada vez son más competentes para interpretar las situaciones en las que alguien requiere ayuda y emitir la respuesta adecuada.
• Son más prosociales con personas desconocidas y en situaciones no familiares. TABLA 8.3
Hitos en el desarrollo de la conducta prosocial
RECUERDA
Aunque el tipo de conducta prosocial y la situación en la que se requiere la ayuda den lugar a dife- rencias, en general, podemos afirmar que la conducta prosocial eficaz y ajustada aumenta con la edad.
Diferencias interindividuales en la conducta prosocial
Como en todos los contenidos de desarrollo, también se observan diferencias interindividuales. Existe una disposición individual hacia la conduc- ta prosocial relativamente consistente, sobre todo a partir de los años escolares. Los niños y niñas que muestran mayor empatía llevan a cabo conducta prosocial con mayor frecuencia, aunque en algunas ocasiones el estrés emocional que puede provocar la propia empatía puede disminuir la respuesta pro- social. Otras habilidades sociales, como la capaci- dad para resolver conflictos, las habilidades de in- teracción social positiva y la cooperación, dan lugar a mayores niveles de conducta prosocial. Los niños con puntuación alta en extroversión tienden a ayu- dar más en situaciones de emergencia cuando hay otros presentes que cuando están solos con la per- sona que necesita ayuda.
La baja asertividad, sin embargo, puede relacio- narse con ayudar siempre que alguien lo pide. Los ni- ños tímidos muestran menos conducta prosocial, en general, y específicamente espontánea y dirigida a personas desconocidas. También les resulta más difí- cil ayudar en contextos no familiares y tienden a in- hibir la conducta prosocial cuando implica contac- to. Los niños y niñas que se sienten incompetentes para dar respuesta a las necesidades de los otros ma- nifiestan menos conducta prosocial.
En cuanto a las diferencias de género, los re- sultados no son consistentes y no parecen apoyar la idea de que las conductas de ayuda sean más fre- cuentes en las niñas, tal y como se refleja en el es- tereotipo femenino de mayor responsividad y em- patía, mostrándose que estas diferencias, cuando las hay, son muy pequeñas. Algunos estudios han en- contrado diferencias en función del tipo de con- ducta prosocial, de manera que las conductas rela- cionadas con mostrar amabilidad y comprensión pueden ser más frecuentes en las niñas, mientras que no habría diferencias en las conductas relacio- nadas con ayudar y compartir. En adolescentes y adultos, algunos estudios han encontrado mayores niveles de ayuda instrumental entre los varones, so- bre todo en situaciones que implican un riesgo.
Como ocurre con el desarrollo de todas las ha- bilidades, los niños y niñas que por diferentes mo- tivos participan en menos situaciones que requieren poner en marcha conducta prosocial, pierden opor- tunidades de interactuar con otros positivamente y de adquirir las habilidades necesarias para com- prender y actuar en situaciones que requieren ayu- da.
3. APRENDIENDO MALOS HÁBITOS