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Capítulo II: Marco Teórico

2.1. Liderazgo

2.1.2. Desarrollo de las Teorías de Liderazgo

De acuerdo a McGregor (2006), los primeros estudios del liderazgo se enfocaron sobre la "teoría del gran hombre", en la que los líderes nacen, no se hacen. Esta teoría sustentaba el principio de que algunas personas, al estilo de Carlomagno fueron designadas para ser líderes. En su forma más sencilla, la teoría del gran hombre afirma que un

individuo con mucha capacidad de liderazgo llega a la escena y ejecuta grandes hechos. La teoría sostiene que el hombre poseedor de estas cualidades pasa a primer plano y crea las condiciones que le permiten asumir el liderazgo y dirigir a sus seguidores.

27 Desde esta teoría se puede visualizar al líder como alguien que va guiando.

Posteriormente se desprenden otras teorías sobre el liderazgo que aluden a los rasgos personales de los líderes en las cuales se intentó identificar un grupo de características o rasgos individuales que los llevaba a sobresalir como líderes. McGregor (2006), en su obra "El lado humano de las organizaciones" describió dos formas de pensamiento de los directivos a los cuales denominó teoría X y teoría Y. McGregor define los estilos de dirección en función de cuál sea la concepción que se tenga del hombre; así pues, a partir de su teoría X y de su teoría Y, señala la existencia de dos estilos de dirección: estilo autoritario y estilo participativo. Así se puede entender que el líder se enmarca en un contexto particular y se acerca a este desde su propia visión del mundo y del ser humano.

La teoría X basada en la antigua idea del garrote y la zanahoria y asume que los individuos tienen tendencia natural al ocio y que entonces el trabajo es una forma de castigo lo cual implica para los líderes la necesidad de la supervisión y la motivación.

La Teoría Y, a su vez, considera que los individuos encuentran en su empleo una fuente de satisfacción y que se esforzarán por lograr los mejores resultados, por lo que los líderes deben motivar el desarrollo de las aptitudes de sus seguidores (McGregor, 2006). Es evidente que el tipo de comunidad que estos liderazgos generarán serán muy diversas y que desde la fundamentación de la propuesta del líder se generarán roles y funciones de índole diferente.

Cada contexto, cada situación es única y disímil y plantea retos, necesidades y obligaciones que den respuesta a la realidad que se vive. Fiedler (1967) es promotor de la

28 teoría del liderazgo situacional y es el iniciador de la propuesta de la influencia entre el líder y la interacción con sus seguidores (Lussier, 2006). Aquí se fomenta el supuesto de la interacción entre variables situacionales y la personalidad y comportamiento del líder.

Dentro de la Teoría de Contingencia de la Eficacia del Líder, desarrollada por Fiedler (1967), el liderazgo es un reflejo de la personalidad, de la conducta y los estilos de liderazgo que son básicamente constantes. Por ende se puede visualizar que el líder tiene que reconocer la realidad de la comunidad en donde se encuentra insertado al mismo tiempo que identifica su personalidad para integrar ambos en una experiencia de liderazgo en bien de la comunidad a la que sirve.

Se ve entonces, como la historia va moviendo el concepto de un líder (autoridad y poder), a un líder (comunidad y servicio) y se entiende que las preguntas y visiones anteriores toman otra perspectiva porque no solo habría que identificar las características del líder sino de los seguidores y la responsabilidad que los líderes tienen sobre la

influencia que ejercen.

La influencia que ejerce un líder se entiende como el “proceso de comunicar ideas, obtener la aceptación y motivar a los seguidores para apoyar y llevar a la práctica las ideas mediante el cambio” (Lussier, 2006, p.7), entonces se puede concebir la doble

responsabilidad que existe, la del líder y la del seguidor o la comunidad donde tal liderazgo se ejerce. En consecuencia la influencia tiene que ver con la relación que se establece entre los involucrados y el líder y es de gran relevancia el “proceso de comunicar ideas” que dicho liderazgo conlleva y en el que todos intervienen aportan y aprenden.

29 Boyett y Boyett (1999), logra reunir en su obra a diversos gurús que tocan el tema de liderazgo. Recorriendo su primer capítulo podemos enunciar una serie de cualidades o características que se visualizan en la figura del líder: visión, pasión, integridad, cree y respeta a las personas, habilidades sociales, saber escuchar, entre otras. Pero una y otra vez se enfrenta con la contradictoria de que los gurús enlistan atributos y posteriormente hacen hincapié en que no hay una estructura fija de líder. Es difícil enlistar lo que describían algunos como “madera de líder” por lo que parece evidente la necesidad de hablar de una nueva forma de enfrentar el término.

Suena cada vez más increíble pensar que existen superhombres y mujeres que mágicamente ocupen las posiciones de liderazgo en los diversos ámbitos de la sociedad. Por lo que poniendo los pies sobre la tierra, se puede dar cuenta de que eso es sólo un bello cuento de hadas. La realidad es que hombre y mujeres, en comunidades, han logrado llegar a sus metas a través de un trabajo conjunto apoyados por líderes que conjuntan los

esfuerzos del grupo.

Entonces se entiende que lo que es realmente fundamental del liderazgo es la relación entre el líder y sus seguidores, una relación de apoyo, que sostenga y mantenga el trabajo. “Si ellos no saben que te importan, a ellos no les importa lo que sabes” decía un entrenador de fútbol americano (Beitler, 2004, p.12). El nuevo líder se concentra menos en dirigir y controlar y más en desarrollar las capacidades de los que lo rodean.

30 Boyett y Boyett (1999), cita a diversos gurús quienes comparten sus visiones y enmarca características que no se puede negar que son claramente identificadas entre los líderes, aun cuando estos estén inmersos en las diversas comunidades. Bennis (1990, citado por Boyett y Boyett, 1999), reconoce la visión, pasión, optimismo, integridad, confianza y curiosidad como pautas que se reconocen en los líderes exitosos. Ciertamente, al observar el listado hablamos de valores y virtudes que están en el interior de la persona

independientemente de su área de especialidad profesional.

Dentro del tema de liderazgo se presenta a O´Toole (1996, citado por Boyett y Boyett, 1999), quien repite la integridad y la confianza como características fundamentales en el líder, agregado el saber escuchar y el respeto por los seguidores. La reflexión aquí se hace ineludible ya que se empieza a armar el rompecabezas y la imagen se hace cada vez más nítida. Los líderes son hombre y mujeres enraizados en valores que reconocen al otro como importantes, valiosos y que se muestran a sí mismos como parte de un todo.

Wenger (1998), manifiesta que un líder no es tanto alguien que puede manipular la motivación de las personas o controlar su comportamiento sino alguien que expande el potencial de negociación de los demás participantes en una comunidad. Aquí vemos la importancia del trabajo conjunto, del trabajo en equipo, del trabajo compartido.

La nueva visión del liderazgo entonces no está enfocada principalmente en el papel del líder sino en la relación que se da entre este y sus seguidores. Al mismo tiempo se hace evidente la idea de una misión y visión como fundamentos del liderazgo para poder juntos llegar a ésta.

31 Desde lo anteriormente planteado se puede identificar la importancia del líder en cualquier situación para conducir, guiar o acompañar a una comunidad a la consecución de su visión y sus metas.

Es interesante leer a Covey (1991, citado por Boyett y Boyett, 1999), atribuyendo características lo que él llama “principios de vida” como fundamentales dentro de los líderes y agregando habilidades como: el aprendizaje continuado, orientación de servicio, irradia energía positiva, cree en otras personas, lleva una vida equilibrada, ve la vida como una aventura, provoca sinergia, comprometido con el ejercicio físico, mental, emocional y espiritual para auto-renovarse. Se revela aquí la imagen de una persona equilibrada y aportando lo que es y quien se nutre para poder dar a los otros lo que el ambiente le da.

Así se podría seguir apuntalando sobre los múltiples autores que sobre el tema han escrito y siempre se identifican características personales que hablan de competencias en todas las áreas del ser humano y que si bien consideran la necesidad e importancia del trabajo académico y profesional no se sustentan en ellas. El líder es un ser humano capaz, a través de su vivencia compartida con el otro, de acompañar a los otros en su búsqueda de la realización personal y comunitaria.

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