LA RAZÓN POR LA CUAL FUE LLAMADO “MONTE SINAÍ”
F. EL DESCENSO DE LA TORÁ, LA SOLICITUD DE VER A DIOS Y LA ADORACIÓN DEL BECERRO.
“Y (recordad) cuando concertamos el pacto de las cuarenta noches con Moisés. Y durante su ausencia, tomasteis al becerro (como objeto de vuestra adoración) y fuisteis injustos. Luego, a pesar de lo que habías hecho, os perdonamos para que pudierais agradecer. Y cuando dimos el Libro a Moisés y el Diferenciador (entre la verdad y falsedad) para que os pudierais guiar. Y cuando Moisés dijo a sus gentes: ¡Pueblo mío! Habéis sido injustos con vosotros mismos habiendo tomado el becerro. Volveos contritos a vuestro Creador y que unos den muerte a los otros, eso es lo mejor para vosotros ante vuestro Creador. Él os ha aceptado de nuevo porque Él es el que se vuelve en favor de Sus siervos, Él es el Perdonador, el Compasivo (Baqarah, 2:50-53).
Un hombre de la ciudad de Shâm preguntó a ‘Alî (P): “¿Por qué las reses siempre miran al suelo, y nunca levantan su cabeza hacia el cielo?” El Imâm respondió: “Desde el día en que los Hijos de Israel adoraron al becerro, ese animal se avergüenza de mirar hacia arriba”.304 Anas relata del Mensajero del Islam (BPD) lo siguiente: “Acaricien a las reses, ya que éste es uno de los mejores animales; y desde el día en que se adoró al becerro entre los de Banî Isrâ’îl, no volvió a levantar la cabeza como consecuencia de la vergüenza que sintió”.305 En la exégesis de ‘Alî Ibn Ibrâhîm respecto a la aleya “Ciertamente Nosotros hemos puesto a prueba a tu pueblo en tu ausencia, y el Sâmirî los ha descarriado” (Tâ Hâ, 20:85) dice: Dios Todopoderoso en un principio había prometido a Moisés (P) descender la Torá y los Diez Mandamientos en el plazo de un mes. Moisés también eligió a Aarón para que ocupase su lugar durante su ausencia, y se dirigió al lugar acordado. Pero el descenso de las Tablas se prolongó diez días más; y por eso los Hijos de Israel perdieron la confianza hacia Moisés, lo tacharon de mentiroso y lo acusaron de haberlos abandonado. Desesperados atacaron a Aarón para matarlo. En ese momento Lucifer en ropas de un joven se apareció entre ellos y dijo: “¡Moisés nunca regresará a vosotros! Juntad todo aquello que poseéis de metal precioso y como adorno, para que os construya un dios”. Entre los Banî Isrâ’îl vivía un hombre llamado Sâmirî, que era uno de los ocupantes de la vanguardia del ejército de Moisés cuando cruzaron el mar. Él, en una ocasión vio a Gabriel montando un corcel que escarbaba con su pata la tierra, y como resultado de esto la tierra vibraba. Sâmirî colocó un puñado de esta tierra en un saco pequeño el cuál no lo alejaba de sí mismo, y siempre se jactaba de haber sido testigo de tal acto y de poseer esa prueba. Llegó el día en que el Demonio se le acercó y lo sedujo para quitarle un poco de esa tierra y colocarla dentro de la boca del becerro de oro que habían construido para adorar. No transcurrió mucho tiempo comenzaron a crecerle pelos al cuerpo del animal, y de su boca comenzaron a salir ruidos. Setenta mil hombres de la tribu de Banî Isrâ’îl se prosternaron al ver esta escena. No obstante Aarón les prohibió adorar a la esfinge y les recordó que lo ocurrido es una prueba Divina para ellos. Los Hijos de Israel respondieron: “¡Durante el tiempo en que Moisés se encuentre ausente entre nosotros, adoraremos al becerro!” –“Oh pueblo mío, con esto sólo se os está probando, y ciertamente vuestro Señor es el Dios Benéfico, así que seguidme y obedeced Mi mandato. Ellos dijeron: No dejaremos de continuar adorándolo hasta que Moisés regrese con nosotros” (Tâ Hâ, 20:90-91).
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Trataron de matar a Aarón, por lo que se vio obligado a ocultarse. Mientras tanto, el día 10 del mes de Dhîhayyah fueron descendidas las Tablas de la Torá para Moisés. En estas Tablas estaban descritas las leyes prácticas, maneras y mandatos para vivir, así como la historia de los antepasados, que eran necesarias para los Hijos de Israel. Después de cuarenta días, cuando Moisés (P) se dispuso a retornar a su tribu, Dios lo notificó de la sedición a Sâmirî y la perdición de su gente. Dios Todopoderoso dijo a Su Enviado: “Ya que vi cómo los Banî Isrâ’îl me dieron la espalda y se refugiaron en la adoración del becerro, Quise fortalecer su perdición por medio de un mugido salido del hocico del animal”. Moisés enojado y triste retornó hacia su tribu y les informó lo que Dios había prometido, los amonestó por haber actuado contrario a su promesa, así como por el suceso ocurrido como resultado de la tardanza que tuvo en su comisión. “Así que Moisés volvió con su pueblo, enojado, entristecido… ¿o deseabais que el enojo de vuestro Señor os sobreviniera, y así rompisteis (vuestra) promesa para conmigo?” (Tâ Hâ, 20:86). En ese momento echó las Tablas a un lado, tomó la barba y cabellos de su hermano Aarón, y acercándolo hacia él le pidió una explicación respecto a la perdición de los de la tribu, así como respecto a la desobediencia de sus órdenes durante su ausencia. Aarón manifestó: “Temí, con mi oposición, provocar entre ellos divergencias, y cuando regresaras pensaras que no obedecí tus órdenes y fuera eso la causa de su separación”. –“¡Oh, Aarón! ¿Qué te impidió seguirme, al ver que se desviaban? ¿Es que desobedeciste mi orden? ¿Has desobedecido tú, entonces Mi mandato? Él dijo: ¡Oh, hijo de mi madre! No me tomes por la barba, ni por la cabeza. Ciertamente temía que me dijeras: Has causado división entre los hijos de Israel y no cumpliste mi orden” (Tâ Hâ, 20:92-94). Y por otra parte los Banî Isrâ’îl justificando la adoración del ídolo dijeron: “Nosotros no actuamos en contra de lo que habías prometido, sino que los egipcios nos dijeron que al igual que ellos, arrojásemos todos nuestros adornos y joyas al fuego, y nosotros obedecimos. Luego Sâmirî sacó un becerro sin vida del fuego, el cuál expedía bramidos. Y nos dijo: “Ésta es vuestra deidad, vosotros y Moisés debéis adorarla”. No hemos faltado a la promesa que te hicimos por iniciativa propia sino que nos hicieron cargar con el peso de las alhajas de la gente….” (Tâ Hâ, 20:87). A continuación Moisés (P) preguntó a Sâmirî la causa de su actuación. Sâmirî le relató respecto a la tierra que había guardado cuando había visto al Arcángel Gabriel y lo sucedido después de esto y consideró como la causa principal de su desviación haber obedecido a su alma concupiscente. “Y tú Sâmirî, ¿qué tienes que decir? Dijo: He visto lo que ellos no ven, así que he tomado un puñado de tierra en la que dejó sus huellas el mensajero y lo he arrojado. Esto es lo que me ha sugerido mi alma” (Tâ Hâ, 20:94-95). Después de esto Moisés (P) quemó al becerro y lo aventó al mar, en ese momento dijo a Sâmirî: “¡Aléjate de los Banî Isrâ’îl! Tu castigo será que mientras estés vivo nadie tendrá relaciones ni amistad contigo ya que aquél que te toque, agarrará una fuerte fiebre. “¡Vete! Durante toda tu vida tendrás que decir: No me toques” (Tâ Hâ, 20:97). Moisés (P) pidió a Dios que permitiese que sus hijos también heredaran este castigo, y hasta hoy en día este grupo es conocido en Egipto y Siria.
En un principio Moisés (P) había decidido matar a Sâmirî, por la gran falta cometida, pero Dios le envió una revelación diciendo que no lo matase ya que Sâmirî, en el interior, era un hombre dadivoso. Moisés (P) lo dejó en paz, y éste observó como el Profeta quemaba y echaba al mar las cenizas del ídolo que insistía fuese adorado por los demás. “…Mira a tu
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dios, ése al que te entregaste, lo quemamos y esparciremos sus cenizas por el mar. Ciertamente vuestro dios no es sino Al.lah, no hay más dios que Él…” (Tâ Hâ, 20:97-98).306
Las alhajas mencionadas en la aleya “nos hicieron cargar con el peso de las alhajas”, hacen referencia a las alhajas que los Hijos de Israel llevaron consigo cuando salieron de Egipto, para adornarse en sus bodas y fiestas especiales. Tabarsî respecto a la aleya “No me toques” argumenta: Después de que Moisés prohibió a Sâmirî hablar con la gente, él -al igual que los animales- se fue a vivir a los desiertos; y cuando alguien se le acercaba exclamaba: “¡No me toques!”. Ya que en caso de que alguien tocase su cuerpo, los dos agarraban una fuerte fiebre.307
Tâwûs Îamânî preguntó al Imâm Bâqir (P): “¿Cuál fue el monte que únicamente se alzó una vez en su vida y el Corán lo menciona?” A lo cuál el Imâm respondió: “El Monte Sinaí, cuando Dios lo arrancó de su lugar y lo colocó sobre las cabezas de los Banî Isrâ’îl. Ellos estaban seguros de que en cualquier momento se derrumbaría sobre sus cabezas. -Y cuando nosotros sacudimos la montaña sobre ellos como si fuera una cobija y pensaron que iba a caerles encima” (Al A‘râf, 7:171).308
Ha sido narrado que cuando la Torá fue revelada a Moisés (P), él solicitó a Dios su autorización para verlo. Sin embargo, Dios envió una revelación a Su enviado diciendo que nunca lo vería; pero contemplara la montaña que plácidamente se encontraba en su lugar, de modo que dentro de muy poco observaría como se desintegraría esa al ver los signos de Él. “Señor mío muéstrame tu persona para que yo te pueda ver. Él dijo: Tú no me Puedes ver, pero mira la montaña; si se mantiene firme en su lugar, entonces me verás (Al A‘râf, 7:143)”.
Las cortinas fueron corridas de los ojos de Moisés (P), él observó la montaña desintegrada y, todavía hasta ese momento, veía como se hundía en el mar. Moisés (P) asombrado y lleno de pánico observaba la grandeza de su Creador y la presencia de los ángeles que habían venido para calmarlo, entonces perdiendo el conocimiento, cayó al suelo. Algunos sostienen que en ese momento Moisés (P) falleció, pero que Dios lo regresó a la vida. Moisés (P) se disculpó por su petición y pidió perdón a Dios. Él, bendito sea, lo eligió como mensajero entre Él y sus siervos. “¡Gloria a Ti! A ti recurro y soy el primero de los creyentes. Él dijo: Oh Moisés, ciertamente te he escogido a ti sobre la gente con Mis mensajes y Mis palabras” (Al A‘râf, 7:143-144).309
Ibn Yaham relata haber preguntado en una ocasión al Imâm Ridâ (P) respecto a la aleya Y cuando Moisés llegó a Nuestro momento decretado y su Señor le habló, él dijo: Señor mío, muéstrame (Tu Persona) para que yo Te pueda ver…: “¿Cómo es posible que Moisés solicitase a Dios que permitiese verlo?” El Imâm respondió: “Cuando Moisés puso a su pueblo al tanto de las palabras intercambiadas con Él, dijeron: -Nosotros no creemos en tus palabras, a menos que nosotros oigamos nuevamente ese sonido.” Moisés (P) acompañado por setenta de los escogidos por su pueblo, se dirigió a las faldas del Monte Sinaí, y Dios habló con ellos creando sonidos por los seis ángulos de un árbol. Pero los Banî Isrâ’îl dijeron a Moisés (P): “¡Nosotros no tendremos fe en tu Dios hasta que no lo veamos!”. –“¡Oh Moisés! No te creeremos hasta que veamos a Dios claramente” (Baqarah, 2:55). Después de esto Dios les envió un relámpago y todos murieron. Moisés (P) al ver lo sucedido, dijo a Dios: “Si regreso a mi pueblo, ellos dirán: -Tú no fuiste sincero en tus súplicas y palabras, y fue por ello que mataste a nuestros representantes.” Dios resucitó a los muertos para que regresasen con
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Moisés (P). Éstos solicitaron nuevamente a su Profeta que les mostrase a su Dios. Moisés (P) respondió: “A Dios hay que conocerlo por Sus signos y señales”. Cuando vio la insistencia de los representantes de su tribu, pidió a Dios que mostrara Sus señales a éstos, para que quedasen convencidos. No transcurrido mucho tiempo que la aparición mostrada por Dios, ocasionó la desintegración del monte y Moisés (P) cayó desvanecido. –“Así que cuando su Señor manifestó Su gloria a la montaña, la hizo desmoronarse y Moisés cayó desmayado” (Al A‘râf, 7:143).
El Imâm Bâqir (P) argumentó: “El Amir de los Creyentes ‘Alî (P) en su testamento pidió que su cuerpo lo llevasen a Najaf, y lo enterrasen cuando llegasen a un lugar que estuviese en declive, y el viento soplase en dirección a sus caras puesto que en un principio el Monte Sinaí se encontraba ahí”.310
Saduq manifiesta: “La ira de Moisés (P) y su reacción ante Aarón cuando bajo del monte y se encontró conque su pueblo estaba adorando a un becerro, y la respuesta de éste fue en verdad por el bien de todos y un asunto común, así como para que los Hijos de Israel dejaran de oponerse a su Enviado”.311 En una narración está registrado: Cuando Moisés (P) retornó a su pueblo, les pidió arrepentirse ante Dios y luego matarse unos a otros. Los de Banî Isrâ’îl preguntaron: “¿Cómo podemos matarnos?” Moisés (P) les respondió: “Cuando yo me encuentre en la parte alta de Jerusalén, cada uno de vosotros con la cara tapada atacará y matará a golpes de puñal o espada a otro”. Setenta mil de los adoradores del becerro se reunieron en el lugar acordado; y cuando Moisés (P) subió a lo alto, comenzaron a matarse. En este suceso murieron diez mil personas. El Arcángel Gabriel trajo a Moisés (P) un mensaje diciendo que detuviese la matanza, ya que Dios había aceptado su arrepentimiento. “¡Pueblo mío! Habéis sido injustos con vosotros mismos habiendo tomado el becerro; volveos a vuestro Creador y que unos den muerte a los otros. Eso es lo mejor para vosotros ante vuestro Creador. Él os ha aceptado de nuevo porque Él es el que se vuelve en favor de Sus siervos, el Compasivo” (Baqarah, 2:54).312