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“Y Nosotros dimos a David a Salomón. ¡Que excelente siervo! ¡Con qué frecuencia se volvía a su Señor! Cuando un día al atardecer le presentaron unos briosos corceles (erguidos en tres patas y con la cuarta excavaban la tierra). (Salomón) Dijo: “Yo amo a estos corceles por mi Señor” hasta que desapareció de su vista (hasta que se puso el sol y perdió el tiempo de la oración). Devolvédmelos. (Salomón ordenó: Traigan a los caballos para que los sacrifique) Así empezó a acariciar (sus) patas y cuellos. Y sin duda Nosotros pusimos a prueba a Salomón, y pusimos en su trono el cadáver de un niño, así que él se volvió (entonces se arrepintió ante Dios y entendió que debe entregarse a Su deseo) (Sâd, 38:30-34).
En la exégesis de ‘Alî Ibn Ibrâhîm está registrado: “Salomón sentía una gran atracción hacia los caballos, por ello todos los días le traían los mejores corceles para presentárselos, hasta que en una ocasión por descuido pasó el tiempo del rezo. Salomón que se encontraba triste y afligido solicitó a Dios que regresase al sol (al punto antes de su puesta). Sus suplicas fueron concedidas y pudo llevar a cabo la oración de la tarde. Entonces degolló a todos los caballos”.
Respecto a la interpretación de la aleya “y sin duda Nosotros pusimos a prueba a Salomón” dice: “Salomón contrajo nupcias con una mujer del Yemen. Ellos tuvieron un hijo al cual amaba en demasía, hasta que un día se dio cuenta que el Ángel de la Muerte lo miraba y entendió que su vida había terminado. Fue por ello que buscaba una solución. Un grupo de genios y demonios propusieron que llevase a su hijo a un manantial que se encontraba en el oriente del mundo, que decían que el sol se ocultaba en éste, y otros propusieron que lo llevase a la séptima capa de la tierra. Sin embargo, Salomón rechazó sus propuestas ya que sabía perfectamente que para el Ángel de la Muerte no había obstáculo que le impidiese llegar a cualquier lugar. Hasta que escuchando la sugerencia de uno de sus cercanos colocaron al niño sobre una nube, finalmente el Ángel de la Muerte le quitó la vida, y su cadáver lo acomodó en el trono de Salomón (P). Él comprendió que no hay nada que pueda cambiar la decisión de Dios - así que él se volvió (entonces se arrepintió ante Dios y entendió que debe entregarse a Su deseo)”.
El Imâm Sâdiq (P) argumentó: Cuando Salomón colocaba su anillo en su dedo, todos los genios, demonios, aves y animales salvajes lo rodeaban para obedecerlo, y el viento lo transportaba a él, a sus acompañantes y pertenencias a cualquier lugar que decidiese. Él realizaba la oración de la mañana en Siria y la oración de la tarde en Irán. Empero, cuando degolló a sus corceles, Dios le quito el dominio de su reino. Narran que cuando quería hacer sus necesidades, entregaba su anillo a uno de sus sirvientes. En una ocasión un demonio con engaños pudo quitarle el anillo. Salomón (P) comisionó a todo su pueblo para que recuperasen el anillo. Por otra parte, el demonio se dirigió a casa de la madre de Salomón y de sus esposas. Cuando los buscadores llegaron a casa de la madre de Salomón, la mujer les dijo: “Mi hijo es el hombre más benévolo, empero ¿no entiendo por qué hoy se opuso a mi deseo?”
El grupo de perseguidores, llegó a casa de las esposas de Salomón. Unas de ellas dijeron: “¡Salomón nunca se nos acercó cuando teníamos la menstruación!” Era claro que el demonio se presentaba en cualquier lugar con la apariencia de Salomón (P) para esconderse de éste y
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de sus comisionados, hasta que finalmente, por temor a Salomón (P), aventó el anillo (sello) al mar, el cuál por orden de Dios fue tragado por un pez. Durante cuarenta días la gente anduvo en busca de Salomón (P), y él por su parte suplicaba con humildad a su Señor a la orilla del mar. Después de un tiempo conoció a un pescador y comenzó a trabajar con él como su ayudante. En una ocasión el pescador le entregó como retribución un pez, y cuando abrieron la panza de éste, encontró su anillo. Nuevamente tomó en sus manos el reino y ordenó que el demonio que había robado su anillo y todos sus secuaces fuesen encadenados y encarcelados en los mares y aberturas de las rocas. Entonces se presentó ante su escribano Âsif Ibn Barjîâ, que poseía la sabiduría Divina, y le dijo: “He encarcelado a todos los opositores. Ahora dime ¿qué hago contigo?” Âsif respondió: “Nunca he utilizado mi pluma para la opresión ni para escribir en contra de los oprimidos, pero ahora dime ¿por qué sientes tanta simpatía por la abubilla que es el ave de olor más desagradable?” Salomón argumentó: “Porque ella puede encontrar el agua que corre por debajo de una gran piedra”. Âsif nuevamente interrogó: “¿Cómo es que puede hacerlo, mientras que le es imposible divisar la trampa que se encuentra oculta bajo un poco de hierba?” Salomón respondió: “Ese es otro asunto, ya que cuando Dios desea, la trampa se oculta de su vista”.453
En una narración fiable del Imâm Sâdiq (P) esta registrado: “Cuando los corceles fueron presentados a Salomón y cuando el tiempo de su oración de la tarde finalizó, nuevamente el Sol volvió a salir. Salomón comenzó a realizar su ablución y en ese momento acarició las patas y cuellos de los caballos. Y contrario a lo dicho, Salomón no sacrificó a sus caballos, ya que ellos no habían realizado ninguna falta”.454