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MOISÉS DESDE SU NACIMIENTO HASTA SU NOMBRAMIENTO.

LA VIDA DEL PROFETA AÎÎÛB (JOB)

LA VIDA DEL PROFETA MÛSÂ (MOISÉS) Y SU HERMANO

B) MOISÉS DESDE SU NACIMIENTO HASTA SU NOMBRAMIENTO.

En la obra de exégesis de ‘Alî Ibn Ibrâhîm está registrado un dicho del Imâm Bâqir (P) que dice: -La madre de Moisés ocultó a los demás el nacimiento de su hijo, puesto que el Faraón había comisionado a un grupo de mujeres las cuales debían informarle del nacimiento de cualquier varón. La causa por la cual el Faraón actuaba así fue porque entre los Hijos de Israel se había divulgado la noticia que muy pronto vendría un hombre y terminaría con el gobierno del Faraón y sus seguidores. El temor que sintió el Faraón hacia este hombre, provocó que ordenase matar a todos los niños varones venidos al mundo.

En ese entonces fue cuando la madre de Moisés (P) dio a luz a su infante. Dios hizo que la partera sintiese una gran simpatía hacia el niño. “Deposité en ti amor procedente de Mí” (Tâ Hâ, 20:39). Luego Dios dirigió a la madre de Moisés para que pusiese a su hijo en una canasta y colocara a ésta sobre las olas del río Nilo: “Ponlo en la canasta y déjalo en el río…, “…y no temas ni te entristezcas porque te lo devolveremos y haremos de él uno de los enviados…” (Al Qasas, 28:7). Ese día el Faraón acompañado de su esposa Âsîah, se encontraban en las afueras de su casa y a orillas del río Nilo. Repentinamente vieron un bulto negro que subía y bajaba como consecuencia de las olas del río. No transcurrió mucho tiempo la canasta quedó prendida entre las ramas bajas de los árboles que rodeaban el castillo del Faraón. El Faraón sacó la canasta y cuando la abrió se encontró con un bello niño de los Hijos de Israel. No obstante Dios en ese mismo instante colocó en sus corazones amor hacia el infante. Por otra parte, como Faraón temía por su futuro, decidió matar al niño. Su esposa Âsîah que se encontraba junto a él, le propuso que adoptaran al niño y ponerlo bajo el cuidado de una nodriza, pues ellos no podían tener hijos. “…No lo matéis. Puede ser que nos beneficie o lo adoptemos como hijo. Pero ellos no se daban cuenta” (Al Qasas, 28:9). Moisés (P) no mamaba leche de ninguna de las nodrizas elegidas para este acto. “Hasta entonces no habíamos permitido que ninguna nodriza pudiera amamantarlo…” (Al Qasas, 28:12). Por otra parte la madre de Moisés se enteró de que su querido hijo se encontraba en garras del Faraón. Sin demora envió a su hija, quien debía evaluar la situación e informarle lo que sucedía en el castillo. Cuando la hermana de Moisés (P) llegó al castillo del Faraón, se encontró con su hermano en brazos de Âsîah, pero él no mamaba leche de ninguna nodriza. Ella, aprovechando la situación, dijo al Faraón: “¿Queréis que os presente una familia que puede encargarse del infante?” Más tarde, por orden del Faraón, la madre de Moisés entró al castillo para dar de mamar al niño y encargarse de él.

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“¿Queréis que os indique una familia que puede cuidarlo para vosotros criándolo bien?” (Al Qasas, 28:12).

Con la aceptación de la madre de Moisés (P) en la corte, el niño comenzó a mamar con gusto y agrado. Este hecho causó la alegría del Faraón y el respeto de éste hacia la madre de Moisés. “Y así se lo devolvimos a su madre para que se consolase y no se afligiera…” (Al Qasas, 28:13). Transcurrieron varios años hasta que Moisés (P) comenzó a caminar por los corredores del castillo. En una ocasión después de un estornudo agradeció a Dios. El Faraón enfurecido por lo que había escuchado de Moisés (P) lo abofeteó. El niño agarró y jaló la larga barba del Faraón. El Faraón colérico e indignado ordenó que lo matasen, pero Âsîah le advirtió y dijo: “Él es un infante y no puede distinguir, es mejor que lo pruebes”. Entonces colocaron un dátil y una piedra muy caliente ante Moisés (P) para que escogiese uno de éstos. En un principio Moisés (P) alargo su mano para tomar el dátil empero, por orden del Arcángel Gabriel, tomo la piedra y la colocó en su boca. Inmediatamente el alarido del niño se dejo escuchar fuertemente, el Faraón aceptó y renunció a su propósito.

En una narración el Imâm Bâqir (P) argumenta: -Moisés únicamente tres días vivió sin su madre dentro del castillo. Él se ocupaba de dar fallos en la corte, y cuando salía de la ciudad para orar fervientemente y acercarse a Dios, su hermano Aarón lo sustituía. El Faraón respetaba en demasía a Moisés hasta el día en que convertido en un adolescente, comenzó a debatir con éste respecto a la Unicidad de Dios. Faraón no daba importancia a las palabras de Moisés, hasta que un día lo amenazó de muerte. Moisés huyó del castillo y se dirigió hacia otra ciudad. En ese lugar se encontró con dos hombres que discutían y peleaban. Uno de estos defendía la religión de Moisés y el otro apoyaba al Faraón. Moisés para ayudar a su adepto, golpeó la cabeza del adversario, lo cual ocasionó su muerte. Al siguiente día Moisés pasaba por un camino, donde se encontró nuevamente con el hombre israelita que esta vez peleaba con otro grupo de adeptos del Faraón, cuando sus ojos divisaron a Moisés le pidió ayuda. Moisés dijo al hombre israelita: “Es evidente que eres un hombre rebelde y de pelea”. A pesar de esto se acercó para ayudarlo. El hombre hebreo, por lo que había escuchado de la boca de Moisés, supuso que éste se encontraba en su contra, y dijo: -¡Oh, Moisés! ¡Quieres matarme al igual que ayer lo hiciste con ese hombre? -Esta frase puso en peligro a Moisés, quien fue considerado como un asesino. La familia del hombre muerto, que andaban en busca del culpable, inició la búsqueda de Moisés para castigarlo, en esta ocasión la amabilidad de Dios ayudó a Moisés. El ministro de los tesoros del Faraón, que tenía fe en Dios Único, y escondía su creencia, fue de inmediato en busca de Moisés y le dijo: “Este pueblo anda en busca de tu muerte. Te recomiendo abandones esta ciudad lo antes posible y te salves de los seguidores del Faraón”. “Y dijo un hombre creyente de la familia del Faraón que ocultaba su creencia….” (Gâfir, 40:28).

“¡Oh, Moisés! Los magnates están conspirando contra ti, vete pues, yo soy para ti un consejero” (Al Qasas, 28:20). Moisés por sugerencia de Hazbîl –hermano de Âsîah- se dirigió a la ciudad de Madîan. Fuera de la ciudad divisó a dos muchachas que lejos del manantial esperaban su turno para saciar a sus ovejas. Moisés advirtió que estas dos muchachas no quisieron acercarse al manantial donde se encontraba un gran número de ovejeros. Entonces se dirigió al manantial, llenó una cubeta de agua la llevo a las jóvenes para que abrevaran sus ovejas. Enseguida se dirigió hacia la sombra de un árbol en donde se quejó ante su Creador del

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hambre que sentía. “¡Señor mío! ¡Por cierto que estoy desesperado, soy menesteroso de cualquier bien que me envíes!” (Al Qasas, 28:24). Las jóvenes, que en realidad eran hijas de Jetro (Shu’aîb –P-) regresaron a donde se encontraba su padre. Éste les preguntó la causa de que hubiesen llegado tan pronto, y ellas le relataron la ayuda recibida del hombre desconocido. Jetro (P) envió a Safûrâ en busca del hombre, al cual debía traer para remunerarles el esfuerzo que había hecho.

La hija de Jetro (P) se dirigió hacia Moisés (P). Cuando regresaban y él caminaba detrás de Safûrâ, repentinamente el viento meneó las faldas de ésta, marcando su silueta. Moisés (P) le pidió que ella caminase detrás de él ya que él venía de una familia que les disgusta mirar a las mujeres por detrás. “Y una de las mozas se le acercó recatadamente, y le dijo: En verdad, mi padre te invita para recompensarte por haber abrevado nuestro rebaño”. (Al Qasas, 28:25).

Cuando Moisés (P) llegó a casa de Jetro (P), le contó su historia y de su huida de Egipto. Él lo esperanzó diciéndole que se había salvado de los opresores. “No temas, te has librado de los inicuos” (Al Qasas, 28:25). En ese momento una de las hijas solicitó a su padre que emplease a Moisés (P) por los altos valores existentes en él, por ejemplo su fuerza para jalar la cubeta del pozo y su honestidad cuando el viento había levantado sus faldas. “¡Padre! Tómalo como asalariado pues nadie mejor que él, fuerte y digno de confianza, para contratar sus servicios” (Al Qasas, 28:26).

Jetro (P) entregó en matrimonio a una de sus hijas a Moisés por los ocho años que, como pago de la dote, Moisés trabajaría para él.

Moisés (P) aceptó la propuesta de Jetro (P) y trabajó para él diez años completos. Dijo: Quiero casarte con una de mis hijas a cambio de que trabajes para mí durante ocho años, aunque si… Esto es algo entre tú y yo; y cualquiera de los dos plazos que cumplas no me causará ningún perjuicio” (Al Qasas, 28:28).

Fue preguntado al Imâm Bâqir (P): “¿Acaso es correcto que un hombre se case con una mujer y a cambio de su dote trabaje dos meses para el padre de ésta?” El Imâm respondió: “Respecto a Moisés el asunto es diferente, ya que él sabía que podría estar al servicio de Jetro durante diez años. Pero ¿acaso este hombre tiene el conocimiento que vivirá para cumplir su promesa?”

Había concluido el tiempo acordado y Moisés (P) decidió regresar a su pueblo llevando a su esposa y rebaño. Cuando salieron de Madîan, Moisés (P) tomó de la casa de Jetro (P) el báculo especial de los profetas y caminó por los desiertos. Era una noche muy fría y oscura, repentinamente Moisés divisó a lo lejos una fogata encendida que sus llamas se dejaban ver entre un árbol. Se dirigió tres veces hacia ese árbol para traer fuego y calentar a su esposa, sin embargo, cada vez como consecuencia de las grandes llamas retrocedía, hasta que se dejó escuchar una voz por detrás árbol que decía: “¡Moisés, Yo soy Al.lah el Señor de los Mundos! (Al Qasas, 28:30)”. Después de esto le fue solicitado a Moisés (P) colocase su cayado sobre la tierra. En ese mismo instante su báculo se convirtió en una víbora salvaje y Moisés, que se había alejado por miedo, al escuchar esta voz Divina y la promesa de que se encontraría a salvo, se calmó un poco. Entonces le fue requerido que colocase su mano dentro del cuello de su vestido. Cuando sacó su mano -que era de piel atezada- del vestido se percató que ésta se hallaba blanca y muy brillante. Y Dios le otorgó estos dos milagros como signo para enfrentarse al Faraón y a los grandes de su pueblo. “¡Tira tu bastón! Y al verlo reptar como una

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víbora…Ven y no temas, tú eres de los que están a salvo… Desliza tu mano por el escote y saldrá blanca…” (Al Qasas, 28:31 y 32). Moisés (P) que estaba consciente de la gran tarea que se le había otorgado, pidió a Dios permitiese que Aarón, el cual contaba con una lengua elocuente, lo acompañase para que, en caso necesario, lo ayudase. Como por ejemplo para explicar la muerte del hombre egipcio. Dijo: “¡Señor! Maté a uno de ellos y temo que me maten. Y mi hermano Aarón se expresa con más soltura y claridad que yo, envíalo conmigo como ayudante que confirme mis palabras, pues realmente temo que me desmientan”. Dijo: “Fortaleceremos tu brazo con tu hermano y os daremos autoridad de manera, que gracias a Nuestros signos, no podrán hacernos nada. Vosotros y quien os siga seréis los vencedores”. (Al Qasas, 28:33-35).267

El Mensajero de Islam (BPD) manifestó: -Cuando la hora de partida se le acercó a Îûsuf (P), éste pidió a sus familiares y cercanos que se reunieran y les dijo: “Después de mi muerte ocurrirán sangrientas guerras; muchos hombres serán muertos y los vientres de innumerables mujeres serán desgarrados. Esta situación lastimosa permanecerá durante mucho tiempo hasta que un hombre de piel atezada, descendiente de Leví Ibn Ia‘qûb, sea elegido como profeta. Cuando lo halléis, ayúdenlo y obedézcanlo”.

El pueblo de Banî Isrâ’îl esperó la llegada del prometido durante 400 difíciles años, hasta que recibieron la noticia del nacimiento de un niño con las características que Iûsuf (P) había predicho.

El pueblo solicitó a un sabio que vivía entre ellos que les hablase respecto a Moisés (P) y “el Salvador Esperado (que Al.lah apresure su manifestación)”. Ellos se reunieron una noche clara en el desierto, y cuando se encontraban escuchando al hombre sabio, Moisés (P) -que en esa época no era más que un muchacho joven- se presentó ante ellos sobre una montura y con un largo vestido. El hombre sabio lo reconoció, y agradeció a Dios por haberle otorgado una larga vida y por haber podio encontrarse con Moisés (P). En ese momento Moisés (P) dirigiéndose al hombre sabio y a sus acompañantes les dijo: “Pido a Dios que acerque la venida de vuestro profeta”. Después de este suceso, Moisés (P) se dirigió hacia Madîan donde vivió muchos años al lado de Jetro (P).

Diez años más tarde Moisés (P) montando un cuadrúpedo se dirigía de Madîan a Egipto. En las afueras de la ciudad se encontró con el sabio predicador y un grupo de sus seguidores. Ellos entendieron que él era Moisés hijo de ‘Imrân, que Dios lo había elegido como profeta. Ese grupo, que por mucho tiempo había estado en espera de la llegada de su salvador, aceptó obedecerlo. Desde ese día hasta el día en que el Faraón y sus seguidores fueron tragados por el mar, transcurrieron cuarenta años. 268

El Imâm Bâqir (P) respecto al báculo de Moisés (P) manifiesta: “Éste es el mismo báculo otorgado a Adán y a Jetro, y ahora se encuentra con nosotros Ahlul Baît. Su madera sigue verde y fresca, como si recién en este momento la hubiesen separado del árbol, y en el momento necesario hablará, y en la época del Mahdî, el Esperado (que Al.lah apresure su manifestación), realizará lo mismo que le fue encargado realizar en la época de Moisés. La punta de este báculo se divide en dos…”

Cuando el Faraón ordenó matar a cualquier niño varón que viniese al mundo, una de las mujeres de Banî Isrâ’îl, con engaño y pagando una cuota, pidió a las parteras que no revelaran el nacimiento de su hijo. Luego colocó al niño en una cueva y diez veces envió bendiciones a Muhammad (BPD) y a su familia. Por orden de Dios fue enviado un ángel

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para que cuidase del infante. De un dedo del niño salía comida y del otro manaba abundante leche. Así fue como pudieron alimentarse y crecer los varones de Banî Isrâ’îl (que pudieron ser rescatados por las parteras y escondidos en esa cueva) y el número de niños matados por el Faraón fue mucho menor que el de los niños que crecieron en secreto.

Za‘labî en el libro ‘Arâ’is registra: “Después de la muerte del primer Faraón de Egipto -aquel que nombró encargado especial de sus tesoros personales a Îûsuf-, el segundo Faraón, subió al trono. Éste fue un gobernador opresor, y los innumerables consejos que Îûsuf le dio no causaron efecto, hasta que murió siendo un incrédulo. Después de él subió su hermano al trono. Él era todavía más opresor que el anterior. El pueblo de los Hijos de Israel después del fallecimiento del Profeta Îûsuf (José) pasó una época muy difícil. Se vio gobernado por hombres corruptos, y hasta donde le fue posible trató de salvar su religión y proteger sus creencias, hasta el día en que llegó el gobierno del Faraón de la época de Moisés (P). Ninguno de los faraones anteriores a éste había sido tan criminal y opresor. Así también tuvo una larga vida. El Faraón de Egipto había dividido al pueblo de los Hijos de Israel en diferentes grupos, a un grupo lo destinó para la construcción, a otro para cuidar de los centros gubernamentales y a otro para realizar trabajos mezquinos y ruines. Él contrajo matrimonio con una mujer conocida de buena reputación del pueblo de los Hijos de Israel llamada “Âsîah Bint Mazâhim”. Âsîah es la misma mujer que acompañaba a Hizqîl (o Ezequiel) y a Marîam Bint Nâmûsâ’ cuando convirtieron su fe a la de Moisés (P), y Marîam fue la misma mujer que mostró a Moisés (P) la tumba de Îûsuf (P).

Algunos han dicho que el Faraón de Egipto vivió cuatrocientos años. Una noche vio un sueño en el que unas llamas que iniciaban en Jerusalén se dirigían hacia Egipto, y después de un tiempo destruía por completo las casas de éstos, sin dañar en lo mínimo las de los hebreos. Al siguiente día muy temprano el Faraón mandó llamar a todos los hechiceros y astrónomos y les relató su sueño. Los hechiceros insistieron: “Dentro de poco tiempo nacerá un niño que te quitará el gobierno. Él te expulsará de tu ciudad y pueblo, y en lugar de las creencias actuales traerá una nueva religión”. El Faraón por su parte ordenó a las parteras egipcias que fueran hacia las mujeres de Banî Isrâ’îl, y que mataran a cualquier niño varón que naciera. El Mensajero del Islam (BPD) argumenta: “Si el Faraón al igual que Âsîah, de todo corazón hubiese guardado la esperanza de que Moisés ocupase el lugar de su hijo, Dios Glorioso también lo hubiese dirigido. Y Moisés es el nombre que Âsîah escogió para él, ya que en la lengua copta mû significa agua, y shâ significa árbol, y mûshâ en árabe se pronuncia Mûsâ”.

Ibn ‘Abbas relata: “Cuando incrementó el número de habitantes de Banî Isrâ’îl, comenzaron los asesinatos, robos y opresiones; al grado que los benévolos y elegidos de entre ellos se vieron también a disposición de los tiranos. Entonces fue cuando Dios hizo que el pueblo egipcio dominara al pueblo hebreo, los Hijos de Israel”. Wahab ha registrado que el Faraón mató a setenta mil niños en su intento por encontrar a Moisés. El número de muertos había incrementado en tal forma que los grandes de los egipcios pidieron al Faraón que buscara otra solución. Desde ese momento en adelante se dispuso que un año mataran a los niños que viniesen al mundo, quedando anulado ese mandato para el segundo año. Aarón, hermano de Moisés vino al mundo el año en el cual no mataban a los niños, sin embargo, Moisés vino al mundo un año después. El comportamiento de la partera hizo dudar a los

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espías y cuando quisieron entrar a la casa para cerciorares, Dios por unos segundos hizo que la hermana de Moisés perdiese la razón, y en un momento colocó al recién nacido dentro del horno caliente. Después de que los espías salieron de la casa, la madre de Moisés fue en busca de su hijo y observó al niño durmiendo plácidamente entre las llamas.

Se ha registrado que la madre de Moisés fue a ver a un carpintero y le pidió que construyese una canasta en forma de un ataúd, para que pudiese colocar a su hijo dentro de ésta y echarlo al río Nilo. El carpintero que se había percatado de lo sucedido, se dirigió hacia los espías del Faraón para informarles. No obstante por gracia y obra de Dios no pudo articular palabra alguna. Al no poder hablar, el carpintero quiso hacerse entender con señas, lo cual ocasiono que los servidores del Faraón lo sacaran del castillo a golpes. Mucho tiempo después, este mismo hombre tuvo fe en Moisés y Dios nuevamente le otorgo el habla.

Relatan que la hija única del Faraón padecía una enfermedad de la piel, y los médicos habían prescrito la curación de esta enfermedad en saliva del niño que fuese sacado del mar. El día en que el Faraón y su familia se encontraban en las alturas del castillo y desde ahí

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