Las narrativas pueden clasificarse según criterios diversos. Uno de ellos toma la distinción clásica que Aristóteles estableció respecto de los medios que se usen para la mimesis. Según estos, actualmente hay por lo menos tres clases de relatos: los orales, los escritos y los
audiovisuales.96 Las dos primeras clases utilizan la “lengua natural” a través de sus códigos, el
oral y el escrito respectivamente. Entre ambos existen diferencias sustanciales que prueban la validez de la distinción (Daniel Cassany, 1991). Respecto de lo audiovisual, no constituye una lengua: no es posible identificar en él una doble articulación entre monemas y morfemas y entre estos y los fonemas, según la clasificación que realizó André Martinet (1978) y que retomó Christian Metz (2002) en relación con el cine. De hecho, lo audiovisual no está formado por uno
96 Esta clasificación no incluye, por ejemplo, los puramente escénicos (como la representación teatral) y los formados por
imágenes quietas (como la fotografía o el dibujo). Los relatos orales los analizaré en relación con lo televisivo específicamente en el Subtítulo N.º 3. Respecto de las imágenes quietas, las discutiré en relación con uno de los criterios de identificación del relato que describe Christian Metz. Pero considero importante adelantar que lo narrativo, en este último caso, se encuentra en estado embrionario (como explican J. Aumont et al, 1989: 90), ya que no hay una transición de un estado a otro, rasgo que sí incluyen algunos relatos de imágenes quietas en sucesión, como la historieta o las viñetas hagiogáficas.
o varios códigos específicos que estén integrados por signos de naturaleza arbitraria. Los signos que lo integran poseen un valor que queda sujeto en buena medida a otros códigos no sígnicos o a ciertas convenciones de la representación.97 Como demuestra C. Metz, no es posible establecer
correspondencia alguna entre palabra/frase y plano/secuencia, ya que los planos y sus combinatorias no sólo son probablemente infinitos (en oposición a lo que ocurre con las palabras en las “lenguas naturales”), sino que en todo caso aquellos se aproximan más a los enunciados, en la medida en que instituyen una suerte de frase.98 Sin embargo, es necesario aclarar que su
significación no emerge aisladamente: el significado de un plano nunca es autónomo (como sí ocurre con la oración) excepto en las películas unipuntuales.99 Pero si bien lo audiovisual no
puede asimilarse a una lengua, sí puede considerarse un lenguaje, en tanto capacidad semiótica que se adapta al medio de transmisión. Así lo entendió C. Metz, quien partió del concepto de
plano de la expresión de la glosemática, como el elemento material a través del cual se produce
la significación. Definió el cine como una práctica social constituida por un conjunto de mensajes cuyos significantes se agrupan en cinco canales: las imágenes fotográficas en movimiento, el sonido fonético grabado, los ruidos grabados, los sonidos musicales grabados y la escritura. Estos cinco canales, a su vez, establecen dos sistemas imbricados: el visual y el auditivo (sobre este tema, volveré más adelante). La televisión comparte la sustancia de esos canales (con la salvedad de que sus imágenes no son producto de la técnica fotográfica) en uno de sus dispositivos: el
grabado. Pero además, suma un segundo dispositivo, el directo, que construye un espectador
97 Entre otros, los códigos no sígnicos que lo integran son icónicos, verbales orales y gestuales. Respecto de las convenciones de
la representación, puede nombrarse como ejemplo, la bondad y la maldad en la telenovela clásica.
98 Por ejemplo, en un plano en el que se represente “un hombre que observa con detenimiento un revólver descargado”.
99 Como las que se realizaron hasta más o menos 1900, en las que en un plano único se desarrollaba una sola acción
principal en una única unidad temporal y espacial.
modelo diferente al del grabado.100
Además de por su codificación, las tres clases de relatos (oral, escrito y audiovisual) se diferencian por el tipo de situación: en el sistema verbal, M. Halliday y J.R. Martin, (1993) establecieron que la adecuación al registro depende fundamentalmente de tres aspectos: el campo, el tono y el modo.101 Estos tres aspectos pueden pensarse también en productos de comunicación
configurados en cualquier otro lenguaje, pero el modo reviste una significación especial para el relato audiovisual y televisivo. En efecto, el relato oral se produce mayoritariamente de manera interpersonal (incluso mediada, como en la comunicación telefónica) e inmediata. Si bien su código característico es el verbal, su significación se completa con los códigos suprasegmentales (como la entonación) y los de la comunicación no verbal, relacionados con la orientación del cuerpo, la distancia corporal, el contacto visual y los gestos, entre otros. Su rasgo específico es lo
efímero, aspecto que condiciona y configura una serie muy importante de requerimientos para su
comunicación, como explicaré más adelante. El relato escrito, en cambio, se produce de manera no presencial y diferida, aunque algunas de sus manifestaciones estén próximas a la oralidad, como ocurre en el chat.102 Por su parte, el relato audiovisual no es predominantemente
100 Al respecto de este dispositivo, Eliseo Verón afirma que “…la gran aventura histórica del cine ha sido en razón de su
apropiación de la diégesis ficcional, la de hacerse cargo del universo de la representación, es decir, del orden icónico de la figuración, mientras que la televisión (en lo que hace a su especificidad frente al cine) se ha convertido en el medio de contacto.” (2001: 19). Según Mario Carlón, el directo -a diferencia del cine- “es imagen en el tiempo, tanto por su dimensión icónica como indicial, es decir, presente absoluto.” (2004: 93). Este autor relaciona el problema de los dos dispositivos solamente con la imagen televisiva. Sin embargo, en su capacidad de significar, tanto el directo como el grabado se vinculan con los otros cuatro canales.
101 Se denomina campo al tema o a la actividad sobre los que se desarrolla la comunicación. El tono se vincula con el tipo de
relación social que existe entre los hablantes y está determinado por las estrategias de cooperación o distanciamiento que determinan la distancia social. El modo se refiere a los condicionamientos que impone el medio empleado para la comunicación. Hay cierto tipo de variaciones que no se deben a la adecuación del hablante a los distintos contextos de situación sino que dependen de sus características particulares. Estas variaciones se denominan lectos y presentan rasgos relacionados con la edad (los cronolectos), el grupo social de pertenencia (los sociolectos) y el lugar de origen o residencia de cada hablante (los dialectos). Todos estos rasgos conforman un idiolecto (Michael Hallyday, 2004; Michael Gregory, 1999), que contribuye a configurar también la comunicación interna (entre actores) e interna/externa (entre actores y espectadores modelo) en el relato televisivo. Desarrollaré este aspecto en particular en el subtítulo N. 4.
102 De hecho, D. Cassany (1991) –en base a las investigaciones de M. Halliday y J. Martin (1993)- diferencia además de las
formas puras, los escritos para ser leídos de los escritos para ser dichos y los dichos para ser leídos de los dichos para ser leídos como si fueran dichos. Todos ellos están presentes en la narración televisiva de no ficción, aunque con diferentes grados de
interpersonal (al menos, en este momento de nuestra historia), pero en sus dos dispositivos admite lo inmediato (en el directo televisivo) y lo diferido (en el grabado). Esta afirmación no implica desconocer que ambos dispositivos se encuentran fuertemente solapados con las estrategias y las características de la narrativa oral: el código oral caracteriza de manera
dominante la comunicación audiovisual, pero en especial la televisiva de no ficción. Me refiero
tanto a los aspectos situacionales ya mencionados, como a los puramente textuales.103 Por otro lado, la presencia del código escrito en la televisión depende dominantemente del género (por ejemplo, con el valor probatorio que tiene en los programas de concursos o en los noticieros).
En cualquier caso, el relato audiovisual es un relato doble. Por un lado, la imagen; por el otro, el sonido (y lo verbal en particular). Ambos se combinan para producir el sentido.