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Las disposiciones dictaminadas por el comandante Rojas entregaron al administrador de la Com-

pañía un marco legal para provocar la miseria y el dolor entre los miembros de la comunidad nativa de Isla de Pascua. Eliminado el ariki, la integración y el orden moral quedaban expuestos a las arbitrariedades del administrador y de los empleados nativos de la Compañía. Las poste-

riores visitas de la Baquedano fueron confirmando las disposiciones de Rojas, pues después de las modificaciones implementadas por éste, se reconocía que “hay orden y tranquilidad” en la Isla. Ayudado por el cacique designado Juan Tepano, el administrador de la Compañía podía ocultar la situación existente hasta manifestar que “no había trabajo forzado”59. El administrador Cooper “seguía siempre oprimiendo a los kanakas; les hacía trabajar y rara vez recibían plata por su trabajo. Por cualquier cosa imponía multa y aún agregaba palos y azotes hasta a los niños y niñas”60. Para esto Cooper contaba con la complicidad de Juan Tepano, quien “estuvo en peligro de ser asesinado por los mismos pascuenses, en vista de que estaba a favor de Cupe”61.

La llegada de la goleta chilena Sarita pudo remediar un poco la situación existente en la isla. Los rapanui reclamaron y expusieron sus quejas ante el capitán de la goleta, quien los escuchó

con atención62. Si en las posteriores visitas de la Baquedano, el administrador Cooper y Tepa-

58 Moul, 1935.

59 Anuario Hidrográfico, 1918. 60 Estella 1920: 150

61 Estella, 1920: 151. 62 Estella, 1920: 153.

no, habían ocultado la situación existente en la Isla, por lo que imposibilitaban que los nativos lograran justicia, al escuchar las quejas de los nativos y establecer justicia se restituía al miro

como generador de justicia.

Hacia 1905, el administrador Cooper fue reemplazado por el inglés Percival Edmunds. El nuevo administrador continuó con el régimen de trabajo establecido por Rojas, es decir, el esquema de trabajo forzado. Además, de continuar con las restricciones para acceder a la carne, proveniente del ganado de la Compañía, e incluso, colocando prohibiciones para pescar. Esta situación fue constantemente denunciada por los rapanui, pero estas quejas ni siquiera fueron comunicadas a los oficiales navales que visitaban la isla. El administrador tenía un buen aliado en Tepano, quien, haciendo uso de su nombramiento como único intermediario entre los rapanui y los agentes coloniales, y por el dominio que tenía del castellano, podía sostener que “Mr. Edmunds se portaba bien y que la gente no tenía reclamos”63.

Sin embargo, la grave situación que afectaba a la población rapanui no podía ocultarse por de-

masiado tiempo. Hacia 1913, el comandante de la Baquedano daba cuenta, al Director General de la Armada, “del estado lamentable en que se encuentra la población indígena de la isla, su miseria, enfermedades y manifiesta explotación por parte de la Compañía”64. Pero todo indica que no se tomó ninguna medida que revirtiese esta lamentable situación, pues la Compañía siguió “en la terquedad de no venderles comestibles. Ni pescar les permitía”65.

El incremento de los abusos y las arbitrariedades, reforzó la percepción de una situación depri-

vativa y contribuyó, además, a la conformación de un ambiente milenarista66. Éste último se fue alimentando de las interpretaciones que hicieron los rapanui, de modo individual y colectivo, de aquellos acontecimientos que guardaban mayor relación con la posibilidad o imposibilidad de obtener justicia y asegurar la abundancia. En 1914, a la grave situación denunciada por el catequista Pakarati, se sumaba la demora de la corbeta Baquedano, ante cuyo comandante esperaban los rapanui exponer graves reclamos67. Si la corbeta no llegaba, la situación podía ser más grave, aún para la población originaria, sobre todo si se considerado que los abusos y la impunidad de los administradores habían sido posibilitados por la eliminación de la figura

del ariki.

En las últimas décadas del siglo XIX, el ariki y el barco (miro) habían sido incorporados dentro de un universo simbólico del que se esperaba la generación de bienes y justicia. De ahí que pueda sostenerse, que la percepción por la demora del barco, introdujo la comprensión de un vacío simbólico que debía ser ocupado de manera de restablecer la justicia y la abundancia. Sin embargo, cualquier intento por establecer justicia y asegurar la abundancia, podía ser con-

siderado como un acto de motín, pues implicaba cuestionar las medidas coloniales que habían

63 Estela, 1920: 156. 64 Anuario, 1918. 65 Estella, 1920: 157.

66 Se ha insistido sobre la relación existente entre la creación de un ambiente milenario y una situación

deprivativa Aberle, 1965: 527-531. En este trabajo, se conserva la noción de deprivación para denotar la distancia que hubo entre las expectativas de justicia y abundancia de la población originaria y la execrable situación producida por la Compañía Explotadora de Isla de Pascua.

asegurado, a la Compañía Explotadora, la provisión de mano de obra barata y un control total

sobre el territorio.

¿Cómo incitar entonces a la revuelta? En otros levantamientos, los rapanui habían aumentado las actividades religiosas para asegurarse la protección divina. Las prácticas devocionales, y la interpretación rapanui del cristianismo católico, habían forjado un lenguaje de resistencia frente a los abusos de la Compañía. Pero ya no era suficiente que los levantamientos se justificaran en Dios. Dios mismo debía de intervenir de algún modo.

En el interior de la pequeña asamblea cristiana de Rapa Nui, emergió una “anciana frágil, con cabello cano y ojos expresivos, una personalidad distintivamente atractiva y magnética”68. Ella aseguraba que en un sueño Dios le había revelado un mensaje. Esa mujer “atractiva y magné-

tica”, era la vieja catequista María Angata Veri Tahi, quien, en otros tiempos, había alentado la resistencia frente a la Compañía. Ahora Angata prometía la realización de la salvación y la redención, el milenio.

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