El 13 de agosto de 1914, en el frontis de la iglesia de Hanga Roa, se fijó un bando, nacido del sumario realizado por el comandante de la corbeta para conocer “los sucesos ocurridos en la isla durante el tiempo transcurrido entre este viaje y el anterior de la corbeta”107.
Angata y sus seguidores argumentaron que “teníamos hambre y Dios nos inspiró hacerlo así”108. El Comandante de la Corbeta estableció justicia haciendo cargos contra el presidente de la Compañía, Enrique Merlet, quien había viajado en la misma Baquedano. Con la llegada de la Baquedano y la justicia que implementaba su Comandante se recomponía, desde nuestra óptica, un elemento esencial de la combinación ariki -miro: la generación de justicia y la distribución de bienes. No obstante, al éxito del ejercicio del poder coadyuvaba la capacidad de coerción que potencialmente podría utilizar la marina chilena.
Sin embargo, las disposiciones establecidas en el bando, dictado por el Comandante Almanzor Hernández, fortalecían, de una parte, la presencia y autoridad del estado chileno y, de otra, se aseguraba el normal desarrollo de las relaciones de producción que favorecía a los intereses de la Compañía Explotadora de Isla de Pascua.
Daniera Corohua, líder de la facción más radical del movimiento, fue enviado a las cárceles del continente, muriendo en Valparaíso109. La vieja catequista Angata murió nueve meses más
tarde110. 105 Vives Solar, 1917: 663. 106 Vives Solar, 1917: 663. 107 Hernández, 1914. 108 Estella, 1920: 162. 109 Vives Solar, 1917: 664. 110 Routledge, 1920: 149.
El bando eliminó cada uno de los elementos que habían contribuido al éxito del movimiento. Contra los intentos de establecer el “reinado de Dios” y las pretensiones de negar obediencia a las autoridades chilenas, que habían estado presentes en los inicios del levantamiento, el bando establecía que Rapa Nui o Isla de Pascua formaba “parte del territorio de Chile, la única soberanía y bandera es la nacional y no se podrá izar otra bajo pretesto alguno”. Además, se restablecía en sus cargos a las autoridades depuestas durante el transcurso del levantamiento nativo: el administrador Percival Edmunds y el jefe de policía Juan Tepano. Este último, que había servido a los intereses de la Compañía, era puesto como el instrumento de dominio de los intereses de la Compañía y del Estado chileno, “representa a todos los naturales en todos los reclamos y encargado de guardar el orden público [...] debiendo los naturales obedecerle en todo sentido. Este jefe o cacique hará respetar y cumplir las disposiciones y órdenes del subdelegado marítimo que es su jefe superior”.
Para impedir los abusos de la Compañía, y que los rapanui no buscaran pretexto en éstos para levantarse, se estableció que “los naturales no están sujetos a trabajos forzados del arrendatario, y siempre que lo hagan, será previo contrato personal, previo convenio del jornal diario”. Con esto se intentaba eliminar el régimen de inquilinaje que caracterizaba las relaciones de produc-
ción en la Isla. Además, en caso de detectar el inicio de una protesta, siempre antecedida por el rechazo a asistir al trabajo, serían castigados “como cabeza de motín quienes aconsejaran tales acciones”.
Tras la elaboración del bando hay un esfuerzo por lograr un dominio efectivo de Rapa Nui, de concretar un proceso colonizador con mayor injerencia por parte de los instrumentos del Estado chileno. Hasta el punto de querer regular y disciplinar a la población originaria. Se tendió a un control de los medios de producción, por ejemplo, la pesca era controlada a través de las matriculas de las embarcaciones y con la debida autorización para pescar.
La realización del matrimonio, que, hasta la fecha, era controlado y efectuado en el interior de la asamblea cristiana, pasó a manos de la autoridad civil establecida en la Isla. Además, con la instalación de una escuela pública cuya asistencia era obligatoria, se pretendía un control de
los procesos de socialización.
Durante la revuelta milenarista, la iglesia se había transformado en el espacio por excelencia de la configuración del Milenio: ahí residía la vieja Angata, se comunicaban los sueños, se realizaban los sacrificios, se danzaba y se cantaba. En fin de cuentas, en torno a ese espacio se generó tutía.
La posibilidad de restablecer ese sistema ritual se vio impedido con la disposición que “Bajo ningún pretesto esta iglesia será ocupada para alojar o vivir en ella los naturales de la isla”. Si la afirmación anterior es correcta, la destrucción del ámbito ritual debería extenderse a la prohibición de la apropiación y consumo de carne de la Compañía, por cuanto era su distribución un efecto de la tutía. Quienes mataran animales de la Compañía serían castigados “llevándolos presos a la cárcel pública del continente”.
Junto a esto se prohibió el contacto con los leprosos, el acercamiento a éstos había sido un gesto logrado por el movimiento de Angata.
El bando reestructuró el ordenamiento colonial, que el movimiento de Angata había transito-
riamente destruido, al distribuir tierras y ganados, al reforzar las solidaridades y los criterios de integración comunitarios, y al pretender imponer un ordenamiento moral juzgado como tradicional y justo.
Habrá que esperar más de medio siglo para que los rapanui vuelvan a levantar una estrategia de autonomía política. Pero será en un nuevo contexto colonialista, esta vez defendido por agentes del Estado chileno, y con un lenguaje ajeno a las referencias religiosas, y más cercano a las exigencias de los movimientos políticos y sociales del continente111.
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