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Diagnóstico del modelo de aclareo sucesivo

En esencia, el modelo seleccionado, fundamentado en el aclareo sucesivo, conforma un itinerario caracterizado por el escaso número de intervenciones silvícolas a fin de simpli- ficar la gestión. Desde esa perspectiva, resulta de concepción simple y encaja perfec- tamente con el objetivo de ofrecer una solución integrada en la particular problemática socio-económica, que se caracteriza por la escasa rentabilidad financiera de esos mon- tes y el consiguiente abandono de su gestión.

La ampliación del periodo de tiempo entre actuaciones y la excesiva espesura que se arrastra entre éstas, conduce a un crecimiento diametral menor y en consecuencia a un coeficiente de esbeltez de superior valor (misma altura en relación a un menor diámetro). Así, se puede incurrir a priori en el riesgo de superar los umbrales de estabilidad física de la masa, cuantificada para esta especie en valores del coeficiente de esbeltez de 70-80. En tales situaciones, intervenciones de peso fuerte como las proyectadas, desestruc- turan la estabilidad colectiva de la masa y pueden traducirse en los años inmediatos en roturas de pies residuales. El modo de reducir esos riesgos es aplicando intervenciones dosificadoras de la competencia a edades juveniles, que es cuando los árboles ofrecen una mejor capacidad de reacción y de ocupación del espacio. Cabe destacar en este sentido que la silvicultura británica, diseñada bajo condiciones de riesgos importantes de roturas por vendavales, propugna regímenes de claras intensos materializados en la extracción, durante la primera mitad del turno, del 75% del valor del área basimétrica acumulada en cada periodo.

Centrándonos ya en el itinerario cronológico propuesto, se apuntan las siguientes obser- vaciones:

1. Corta final:

1.1. Si bien resulta consecuente, desde un enfoque de economía de recursos, retrasar la corta final para hacerla coincidir con el clareo y compensar así los elevados costes de éste, silvícolamente parece inadecuado someter al regenerado joven necesitado de luz a la competencia de un dosel arbóreo compuesto por 100-150 pies/ha, durante un lapso de tiempo tan dilatado (15 años). Tal situación derivará en un repoblado y monte bravo debilitado, y con porte con tendencia al plagiotropismo; además, el apeo de los pies grandes ocasionará roturas importantes sobre el regenerado ya lignificado.

1.2. Propuesta: se sugiere respetar un número inferior de árboles para la corta final (menos de 80 pies/ha) y adelantar ésta a 10 años después de la diseminato- ria.

2. Clareo:

2.1. Si en el momento del clareo la densidad del regenerado es elevada, y tenien- do en cuenta que se habrá desarrollado bajo notables niveles de competen- cia tanto lateral como de luz, no parece prudente reducir tan drásticamente la espesura a la edad temprana de 10 años.

2.2. Propuesta: mantener tras el clareo una densidad del orden de 2.000 pies/ha de monte bravo.

3. Primera clara:

3.1. La circunstancia de apresurar el momento del clareo, respetando mayor nú- mero de pies, aconseja adelantar asimismo la primera clara. Esa modificación casi no incidirá sobre los componentes económicos, puesto que en ambos casos la mayoría de los productos tienen el mismo destino de trituración. 3.2. Propuesta: realizar la primera clara hacia el año 35, respetando unos 800

pies/ha.

4. Segunda clara versus corta preparatoria:

4.1. Reducir, a la edad de 60 años, la densidad de 800 pies/ha a la mitad com- porta un riesgo evidente de cara a la estabilidad física de los árboles resultan- tes.

4.2. Propuesta: sustituir la corta preparatoria por una segunda clara de objetivos y productos análogos, realizada hacia los 50-55 años, y respetando unos 350 pies/ha; puede asumirse que el adelanto de la intervención no tendrá reflejo en las dimensiones de los productos obtenidos debido a que también se avanzó el momento de la primera clara.

5. Cortas propiamente de regeneración:

5.1. La corta diseminatoria persigue habilitar las condiciones óptimas de suelo y vuelo para que tras ella se instale el regenerado y sobreviva adecuadamente durante unos años. Con las claras precedentes se habrá logrado un desarro- llo de copas apto para una fructificación suficiente, y dado el temperamento de media luz de la especie no es conveniente mantener una cubierta del dosel arbóreo excesiva.

5.2. Propuesta: de acuerdo a la marcada vecería de la especie, ejecutar la corta diseminatoria en un año de abundante fructificación (alrededor de los 70-80 años), respetando 80 pies/ha que se eliminarán 10 años más tarde en la corta final.

Intervención silvícola Año Densidad resultante (pies/ha)

Clareo 10 2.000

Primera clara 35 800

Segunda clara 50-55 350

Corta diseminatoria 70-80 80

Corta final más clareo 10 años después

Sobre masas de calidad II y III las pautas serían las mismas, corrigiendo ligeramente las densidades al alza.

Variantes del modelo general

Si introducimos en el análisis algunas de las consideraciones apuntadas al inicio, del mo- delo general se derivarían dos variantes.

a) Masas sometidas a riesgos abióticos

En estaciones donde se teman desequilibrios causados por la sequía (pinares xerófilos o exposiciones de solana) o por el viento, es conveniente dosificar de modo más gradual y adecuado la competencia intraespecífica. En el primer caso, a fin de mantener de forma óptima los niveles de vitalidad de los individuos, y en el segundo rebajando la esbeltez a través del incremento diametral propiciado por las claras, con lo que se evitaría el riesgo de que esas intervenciones rompieran la estabilidad colectiva de la masa.

En ambas situaciones, conviene plantearse la oportunidad de intercalar una tercera clara a efectos de proceder de forma más paulatina a la reducción de la competencia, sacri- ficando así el objetivo económico en aras de la persistencia. Ello supondría adelantar la primera intervención a los 30 años, dejando 1.000 pies/ha y reducir la densidad resultan- te mediante dos claras más para llegar a las cortas de regeneración con 300 pies/ha. b) Masas con crecimientos medios superiores a 5 m3/ha/año

En terrenos donde se constaten crecimientos, bien en altura o volumétricos, superiores a los de la mejor calidad de las tablas de producción del Pirineo, sería procedente estimar los crecimiento a través de las tablas de producción del Sistema Central (Rojo y Montero, 1996). Las modificaciones sobre el modelo general serían entonces más bien de orden cualitativo, y se fundamentarían en la aplicación de claras selectivas con identificación de árboles de porvenir, el adelanto de la primera clara a los 30 años acompañada de poda de penetración, tal vez también podas altas, y la orientación de la gestión al objeto de obtener al final del turno madera con destino a sierra e incluso chapa a la plana.