Resumen:
Al interior de la práctica pedagógica he podido recibir un sin número de vivencias que han dejado huella en mi vida; el poder hacer parte activa de la construcción del proyecto de vida de otros que tal vez, aún sin entenderlo, me han enseñado que para ejercer la docencia es necesario “algo” más que un conocimiento determinado, un diploma que acredite el haber cursado una carrera profesional o simplemente tener el mejor de los cargos en el lugar soñado por cualquier “mortal”.
La práctica pedagógica es una práctica de vida, el quehacer docente cambia mundos enteros, cambia un mundo llamado “Juan”, “Paola”, “Sara” o “Esteban” y sobretodo algo que me impacta mucho, que este ejercicio al mismo tiempo cambia los mundos de los que están detrás de cada uno de ellos, la práctica pedagógica ¡cambia vidas enteras!
Palabras clave:
Pedagogía, docente, sociedad, oportunidad, transformar.
Abtract:
Into teaching practice I could get a number of experiences that have left a mark in my life: to make active part of the construction project life of others who may still not get it, have taught me to exercise teaching is needed “something” more than a certain knowledge, a diploma certifying the successful completion of a career or just have the best charges in the dream place for any “mortal”.
Pedagogical practice is a way of life, the whole worlds changed teaching work, change a world called “John”, “Paola”, “Sara” or “Stephen” and especially something that hits me a lot this year while changes worlds which are behind each, pedagogical practice changes whole lives!
Keywords:
91 Al formularme la pregunta: ¿Qué aspectos signi-
ficativos de su práctica pedagógica le han aportado a su formación personal y profesional? Creo que podría empe- zar a utilizar los más adecuados términos, aun haciendo uso de los mejores textos para que mi respuesta fuera muy bien elaborada, pero no, la verdad es que quiero responder esta pregunta remontándome a todos y cada uno de los bellos recuerdos que guardo en mi mente y en mi corazón; no quiero decir con esto que no me gustan los escritos “elaborados”, lo que pretendo decir es que no se necesita de la mejor terminología para expresar que, en mi caso, la práctica pedagógica ha hecho parte de mi razón de ser durante los últimos años de mi vida, tiempo en el que cada día he tenido la gran oportunidad de poner un ladrillo (por pequeño o grande que este pudiera ser) para la construcción de un gran “edificio” que yo llamo proyecto de vida de alguien que pone en nuestras manos la construcción de este, al dirigirse a un lugar donde se va a encontrar con un sujeto que dice “saber” más que él, pero que, al mismo tiempo acude allí mismo, reconocien- do que como todos ,también tiene mucho que aprender, sólo que en este caso el rol de este “sujeto” llamado do- cente, es quien tiene el doble trabajo, el trabajo de apren- der enseñando.
Díaz,(1998, 1-14) afirma: En las prácticas pedagógicas el maestro comunica, enseña, produce, reproduce, se relacio-
na así mismo con el conocimiento, resume, evalúa, otorga permisos, recompensas, castigos, etc; de esta manera, es
como la práctica pedagógica proporciona los medios le- gítimos para la construcción de sujetos colectivos en las relaciones sociales o prácticas de interacción. Basándo- me en esto, hoy puedo decir, que he visto muchas vidas transformadas por un ejercicio que aunque la gente diga lo contrario, es el único capaz de trabajar con todo donde muchas veces dicen que no hay nada.
Encontrar bellos tesoros que la sociedad había excluido por una idea errónea de lo que significa una “buena per- sona” o un “futuro prometedor”, qué tremendo cuando se habla de la inclusión en el aula, y más bien, que mal ahí va caminando la iniciativa pero ¿qué hacemos cuando en nuestra aula tenemos, por ejemplo, al niño que a su cor- ta edad le “tocó” vender la droga en la esquina?, ¿cuál es la posición de los padres de familia? Y ante todo ¿cuál es nuestra posición misma? es ahí donde el docente es quien tiene en la mano la decisión de hacer “algo” por esas vidas que también necesitan que alguien apueste “todo” por ellos y por sus más grandes sueños, tal vez, sin ninguna otra arma más que la del amor.
La práctica pedagógica, ha dejado en mi vida un sinfín de aportes, como por ejemplo, el poder descubrir que me apasiona enseñar, (y les confieso que nunca estuvo entre mis planes iniciales ser docente) me ha hecho entender que la base de toda sociedad, sin duda alguna, son los in- fantes, que a su vez, cumplen la función de “generadores”; sí, creadores de nuevos caminos por andar para la huma- nidad en general. Y por tanto, este es el camino que he de- cidido recorrer, asumiéndolo con responsabilidad, amor y entrega total.
Y es que ser docentes va mucho más allá de tener un salón lleno de estudiantes, así como ser padres significa mucho más que tener hijos (Ramón, 2013, p.4). Nuestra labor puede llegar a determinar el camino que cada uno de nuestros estudiantes escoge para su vida.
Es así como puedo decir que el quehacer docente ha deja- do en mí, huellas tan profundas de amor por otros que por sus circunstancias pareciera que en medio de ¡tanto! care- cen de ¡todo!, he visto crecer niños que tal vez, su entorno ya lo había pre-destinado para que fueran los próximos en vender droga en la esquina de su barrio, para que su pers- pectiva de vida fuera la misma que le “tocó” tener a sus pa- dres, o sencillamente, para que se creyeran aquella men- tirosa idea sembrada en sus corazones que les decía que no valía la pena soñar, porque nada de eso podría llegar a ser realidad en sus vidas; aquellos que hoy son mis amigos y me ayudan en cada una de mis sueños para que ahora sean otros los que puedan cambiar sus vidas y al mismo tiempo, puedan empezar a ser ellos mismos los libretistas y protagonistas de su propia historia de vida.
Anteriormente dejaba ver entre líneas que la labor peda- gógica ha sido parte de mi razón de ser durante algunos años; quiero confirmar lo dicho, no estoy comprometida con esta labor por casualidad, al contrario, estoy hoy aquí exponiendo mi vivencia, por medio de este escrito porque tengo la firme convicción que estoy desempeñando este rol porque así lo decidí, tengo como proyecto de vida tra- bajar en el proyecto de vida de otros.
“Ser líder es tener la oportunidad de trabajar para que otro llegue a un mejor destino”. (Rosas, 2011, p. 23).
Les confieso que esto ha impactado mi vida, pues creo que es muy cierto, cada día que los docentes (en mi caso docente en formación) nos paramos frente a alguien para recibir algo que podemos enseñar, estamos parados fren-
OPI Observatorio Pedagógico de la Infancia - No. 14 / 2014
Institución Universitaria Los Libertadores
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te a personas que han creído en nosotros, personas que nos han hecho parte activa de sus sueños, sus anhelos, en nosotros están confiando la construcción no sólo de su conocimiento, sino también, nos han confiado escribir la mayoría de los “renglones de su destino”.
Esta tarea es tan hermosa y conlleva a tan alta responsa- bilidad, que no a todo mundo se le ha delegado dicha fun- ción “Son muchos los llamados y pocos los escogidos” di- cen por ahí y yo también lo creo, pues considero que para el quehacer docente no se necesita paciencia, se requiere una inyección de voluntad. Permítanme recrear mi argu- mento por medio de un ejemplo: ¿A quién nunca le han puesto una inyección de penicilina?, creo que la mayoría de nosotros ha pasado por ese no tan agradable momen- to, se siente feo ¿verdad? Pues es así, la voluntad es esa in- yección que debemos ponérnosla todos los que tomamos el camino de la docencia, y con esto no quiero decir que di- cha voluntad se encuentra en “su droguería más cercana” no, lo que pretendo decir es que si no se posee una genui- na voluntad de trabajar para que otro lleve a buen término su proyecto de vida, sería mejor hacerse a un lado porque esta labor aunque es hermosa, no es un cuento de hadas, se lucha con todo con lo que como docentes contamos y muchas veces contra todo obstáculo. Pero les confieso que si yo volviera a nacer cometería los mismos errores y caminaría sobre los mismos aciertos porque si todo eso junto me llevó un día a tener “la oportunidad de trabajar para que otro llegue a un mejor destino” (Rosas, 2011, p. 23), seguramente ha valido la pena cada instante de este camino tal vez lleno de obstáculos pero con la seguridad de obtener grandes satisfacciones.
A modo de conclusión puedo decir que esta “práctica de vida” no ha sido un cuento de hadas, pero sí he podido en- contrar en mi camino muchos tesoros que la misma socie- dad daba por “perdidos”, aquellos infantes que tal vez no cumplen con el prototipo de “excelentes estudiantes” que hoy por hoy la tradición insiste vendernos. Tal vez esos ni- ños y niñas que no reciben ningún tipo de acompañamien- to en sus procesos y al final del día pareciera que la mejor salida es la de tachar su nombre con una gran “X” y darle paso a “el siguiente” porque tal vez con este sí se pueda trabajar muy bien.
Definitivamente encontrar estos tesoros y cada día seguir apostando todo por cada uno de ellos, es lo más valioso que la práctica pedagógica ha dejado a mi vida, por eso me refiero a este quehacer como una ¡Práctica de vida!
de vidrio grueso, matizado en colores distintos; en su idioma cromático, distensible solo para Ilíridas, como referente temático o clasificación categórica. A la dies- tra de su amplia cama con marco roblizo, cautiva tras un toldo de nilón azul, pendía un espejo oblongo y ova- lado, puesto de pie, que, en su vítrea concepción, moría de pasión lacónica por el anchuroso tomo de gruesa so- lapa instalado enfrente sobre un cimborrio de mimbre, protegido por enchapes plateados; en conjunto, algo menoscabado por el uso constante y los innumerables entuertos donde su sabiduría prevaleció para asistir a Ilíridas en todo momento, sacrificando su belleza y la mocedad ya expirada en sus cientos de páginas. Agradecido, Ilíridas honraba su apoyo abnegado, pues- to a prueba en todos los desafíos conquistados otrora, cada noche con una lectura condecorativa a su buena labor, bajo la precaria y arriesgada lumbre de un peque- ño grupo de velas, dedicado solo para tal fin. Esta vez no fue la excepción y como un fiel amante entregado, su seguro de castidad se abrió sin excusas ni reprimen- das; seducido con los cálidos dedos inquietos que se deslizaban por su piel acartonada, desnuda, ofrecida sin aspavientos pudorosos o tapujos que revistieran sus más recónditos y exuberantes secretos.
La noche se creyó joven y curiosa, espectadora atrevida del idilio de lectura y conocimiento; hasta que el cansan- cio les atacó por sorpresa, arrastrándolos hacia un sueño repentino y pesado, inconsciente de la efímera y falsa ju- ventud que ostenta la luna a bruces de sus últimas horas.