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DIBUJO DE MONSTRUOS O FIGURAS GROTESCAS

In document Analísis DFH (página 110-112)

El dibujo de monstruos o figuras grotescas está en relación con una discrepancia entre el Ideal del Yo y el Yo real. Por tanto, es un signo traductor de sentimientos de fracaso, de sensación de incompletud o de minusvalía, bien sea porque el sujeto se mueve en torno a aspiraciones superiores a sus posibilidades y los resultados rara vez son los esperados; bien porque su nivel de persistencia no es lo suficientemente amplio e intensivo en el tiempo y en el esfuerzo para lograr aquello a que aspira.

Cuando el signo se debe a sentimientos de incompletud (minusvalías orgánicas o sentimientos de inferioridad objetivos o subjetivos), puede indicar que el sujeto se encuentra frustrado con relación a la idea que tiene de sí mismo.

Para muchos individuos, el "principio regidor de la vida", no es el placer, tal como afirma Freud, sino "la perfección". Al sentirse imperfectos, se sienten ridículos, grotescos, o monstruos e, inconscientemente, hacen en el dibujo una proyección de cómo se ven a sí mismos.

La subestimación descompensadora de estos complejos o defectos físicos traumáticos, impide a estos sujetos estar a la altura, en capacidad o en inteligencia, ante determinadas situaciones de la vida, sea en el trabajo, sea en la vida social.

1. DIBUJO DE PAYASOS O FIGURAS RIDÍCULAS.-

La persona que dibuja un payaso o una figura ridícula, es un indicador de falta de autorrealización y de percepción deficiente de la realidad. El sujeto no acepta bien su realidad, no se siente cómodo en su esfera vital, ni se acepta bien a sí mismo.

Toda persona autorrealizada y adaptada, carece de humor agresivo y no enfatiza lo ridículo. Por tanto, el sujeto que dibuja payasos o figuras ridículas, inconscientemente, se está reprochando a sí mismo sus imperfecciones, sus minusvalías, sus lados ridículos, es decir, aquellos aspectos de sí mismo que le resultan dolorosos y que desearía no tener. Burlándose de sí mismo, evita las burlas o comentarios despectivos de los demás y con este mecanismo de defensa, magnificando los propios defectos o lagunas en tono humorístico, logra compensar, en parte, su autodescontento.

Las figuras en forma de palotes, o "figuras de alambre", ya comentadas anteriormente, también pueden formar parte de este descontento de sí mismo, aunque la mayor parte de veces, las atribuimos a una actitud de evasión frente al esfuerzo que exigiría la tarea de dibujar figuras bien hechas.

Hemos observado figuras de alambre en adolescentes que se sienten rechazados o inadaptados dentro de su entorno y en sujetos mal integrados y con sentimientos hostiles hacia los demás. La historia sobre las figuras y la entrevista puede aclarar el verdadero significado de estos dibujos.

2. FIGURAS DISFRAZADAS.-

Las figuras disfrazadas de payasos, militares, reyes, astronautas, etc., sea en sentido cómico u ostentoso, constituyen una especie de metamorfosis de la personalidad. Todo disfraz es un "investimiento" de fuerza o poder fantaseado, sea para llamar la atención o como expresión de una superioridad compensadora de los propios limites o de los sentimientos de inferioridad. Esta transformación ficticia del propio Yo, es pues, es un indicador de lo que se desearía "ser" o "tener". A través del disfraz, pueden liberarse muchos sentimientos de impotencia y de minusvalía, como ocurre, por ejemplo, en los

carnavales, donde el disfraz permite a personas corrientes, pasar de los sentimientos de marginación y de insignificancia --aunque no sea más que unas horas--, a la sensación imaginaria de grandeza y de poder, pasando del complejo de pequeñez, a la representación de "una gran figura" o de un "personaje mágico" que inspire interés y admiración, o que infunda temor.

En principio, todo disfraz es la expresión de un sentimiento de insatisfacción referido al Yo. El sujeto, en su realidad interna, no es lo que desearía ser, está descontento de sí mismo y de su suerte.

La Dra. M E. Romano, interpreta estos espacios abiertos como síndrome de tipo patológico demencial en alguno de los casos observados por ella. En algunos casos observados por nosotros, sólo pudimos ver falta de adaptación o de integración del sujeto a su entorno, fuera por causas depresivas motivadas por desajustes emotivos (pérdida reciente de algún ser querido) o por minusvalías reales o imaginadas que daban al sujeto la sensación de ser un "hombre roto".

4. DIBUJO DE FIGURAS "VACÍAS".-

El sujeto dibuja el contorno, pero no pone nada dentro, faltan los rasgos del rostro y las señales de vestimenta. Para Karen Machover, las figuras grandes y vacías son un indicador de trastornos orgánicos o de tendencias psicopáticas.

EN RESUMEN :

Toda deformidad caricaturesca, es un ataque resentido al propio Yo que se puede proyectar hacia los demás, es una expresión de descontento o de rechazo de sí mismo. Esta insatisfacción, suele ser el efecto de un Super-Yo castrante que domina, sojuzga y mantiene al Yo esclavizado por unas exigencias regresivas impuestas por la educación.

A través de los dibujos caricaturescos, el adulto vuelve a ser niño y recupera, según Freud, "el derecho a pasar por alto las limitaciones impuestas por las exigencias de la lógica, dando rienda suelta a su imaginación".

Los criminales o delincuentes, sujetos generalmente maltratados por la vida, por condiciones de existencia, calidad de la familia, educación, formación religiosa, etc. deplorables, suelen dibujar, según Koppitz, Levy, Resten y otros, figuras grotescas, monstruos, figuras de alambre, etc., como queriendo expresar el desprecio y hostilidad hacia si mismos. Por otro lado, los individuos afectados de desviación moral, según el Dr. Resten, "buscan en su conducta antisocial y en el castigo, el medio de satisfacer su sentimiento de culpabilidad". Nosotros pensamos que el hecho de "autorridiculizarse", cuando las figuras protagonizan al Yo del sujeto, es revelador de una agresión contra sí mismo que puede proyectarse al exterior. Cierto que la tendencia autodestructiva es señal de descontento y de sufrimiento, es señal de que se mantienen vivas las frustraciones y los hábitos infantiles, las vivencias inconscientes.

Cuando las figuras representan a otros y no al propio Yo, la agresividad es transferida a la sociedad o a personas cercanas al sujeto. Esta agresión, no sólo se da en criminales y delincuentes, es también frecuente en sujetos inmaduros o de poca cultura y escala social humilde. También se puede dar en sujetos parados y en sindicalistas extremos que odian al capitalismo.

Muchos enfermos psicosomáticos, tienden a dirigir su ansiedad y hostilidad hacia sí mismos e indirectamente hacia los demás, especialmente a las personas que se cuidan de ellos. Sin embargo, algunos desadaptados sociales, dirigen su agresividad preferentemente hacia los demás y sólo indirectamente hacia sí mismos, pero a causa de su masoquismo, se las arreglan para ser sorprendidos y castigados.

049-DYP

In document Analísis DFH (página 110-112)