CRÍTICO
*Doctor en teología, traductor, intérprete y escritor. Fue profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica) e investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education (Reino Unido). Es miembro de varias asociaciones internacionales dedicadas a la investigación académica de la Biblia.
Renato Lings*
rrectamente como “se unirá” o “se une”. Desde el punto de vista narrativo, la unión anunciada se concreta en Gn 4,1 cuando Adán “conoce” a su mujer Eva. Aquí “conocer” equivale a “reconocer” en el sentido de que forman una relación de pareja firme y permanente. Así las cosas, llama la atención que pase prácti- camente desapercibido en los comenta- rios cristianos el caso más espectacular de
dábak en toda la Biblia, donde actúa ex- plícitamente para señalar el estableci- miento de una unión permanente entre dos personas concretas: Pero Rut se unió a ella (Rt 1,14). En este pasaje del libro de Rut es donde Orfa se despide de su suegra Noemí mientras que Rut hace lo contrario, uniéndose a la misma.
El fuerte compromiso con Noemí que proclama la joven moabita queda patente en los vv. 16-17 donde afirma con con- vicción: “Adonde tú vayas, iré yo; tu pue- blo será mi pueblo; tu Dios será mi Dios, y tan sólo la muerte nos ha de separar”. A pesar de la clara resonancia bíblica de las palabras de la joven, con una alusión di- recta a varios personajes del Génesis, y no obstante la solemnidad del mensaje, prácticamente todos los traductores pare- cen desconocer el vínculo entre ambos pasajes. A la hora de traducir dábak en Rt 1,14 abandonan la opción lógica de “unirse” para recurrir a varios términos con otros matices al estilo de “se quedó con ella”, “se abrazó a ella” y “se aferró a ella”. Es decir, donde los narradores he- breos emplean el mismo término dábak, produciendo una intertextualidad incon- fundible, las versiones españolas varían el lenguaje rompiendo la conexión litera- ria entre los dos textos.
Si bien es cierto que “abrazarse” y “afe-
rrarse” a una persona tienen cierta analo- gía con “unirse”, también debe anotarse que dábakrevela que el solemne compro- miso de Rut no obedece a un simple sen- timiento de compasión o compañerismo. Consta asimismo que no se trata de un gesto desesperado. Más bien la joven viuda actúa con determinación y valentía, oponiéndose a las jerarquías sociales que rigen la vida de su entorno (familia, ma- rido, comunidad, autoridades, personas mayores). Su decisión está tomada: por muy incierto que parezca, desea compar- tir su futuro con una persona amada (Noemí). De esta manera, el libro de Rut presenta la descripción más significativa de toda la Biblia de una relación íntima y permanente entre dos personas del mismo sexo. Las protagonistas Rut y Noemí per- tenecen a diferentes nacionalidades y a distintos grupos de edad, ya que Noemí es una mujer madura mientras que Rut es joven, quizás adolescente. Algunos co- mentaristas han sugerido que se trata de una relación lésbica, pero el texto no con- creta nada al respecto. De todas maneras, el lenguaje hebreo revela que se trata de una situación fuera de lo común.
También en otro sentido estamos ante un caso de resonancia bíblica. El viaje que Rut emprende hacia la desconocida Belén evoca en el plano simbólico aquel otro éxodo realizado por Abraham y Sara desde la Mesopotamia hasta la lejana Pa- lestina, tierra conocida antiguamente como Canaán (Gn 12,1-5). Asimismo, Abraham y Sara quedan bendecidos por el Dios de Israel, quien les otorga un hijo (21,1-7). Por su parte, Rut recibe bendi- ciones análogas ya que la comunidad be- tlemita la acepta plenamente y su hijo se convertirá en abuelo del rey David. R
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Cómo se construye la paz entre los seres humanos? Debemos aprender a guardar silencio. Descubrir el enorme poder pacificador de no hablar más de lo es- trictamente necesario. Como muy bien aconseja Santiago, si supiéramos controlar nuestra lengua habría menos pleitos en el mundo. Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira (Stg 1:19). Hay situaciones en la vida en las que, después de que se nos diga algo que no nos gusta o que llegamos a interpretar como unaofensa personal, antes de pensarlo bien, te- nemos la tendencia a responder apresura- damente. Reaccionar así no es propio de un hacedor de paz, ya que con demasiada fre- cuencia se dicen cosas que contribuyen aún más al conflicto que a la paz. Es muy proba-
ble que después de haber dado nuestra res- puesta precipitada nos arrepintamos de la misma. Lo mejor es siempre vencer la tenta- ción de contestar. Cuando se nos explica algo que tiene que ver con una persona conocida, es propio de un buen constructor de paz, no repetir lo que se ha oído, sobre todo si sabe que con ello puede causar daño al individuo en cuestión o incluso a quien lo escucha. ¿Qué clase de amigo es aquél que acude in- mediatamente a contar el chisme que acaba de oír, sabiendo que se trata de palabras ofensivas que van a causar dolor? ¿No es esto hipocresía y falsa amistad? Las frases desagradables e hirientes no vale la pena si- quiera repetirlas. El cristiano debe aprender a controlar su lengua. Si deseamos crear paz, frenemos nuestra boca. Muchas de las igle- sias o congregaciones que se dividen, con el consiguiente testimonio negativo que esto produce en la sociedad, tienen el germen de su división precisamente en el pecado de las lenguas desatadas o de la poca discreción al tratar los asuntos eclesiales. Así pues, algo fundamental para fomentar la paz es man- tener siempre la discreción. Aparte de esta virtud prudente, cuando nos encontramos ante situaciones difíciles que pueden crear problemas o conflictos, debemos reflexionar acerca de todas las posibles implicaciones. Hay que pensar desde la perspectiva del evangelio y no desde el egoísmo del hombre natural. ¿Me afecta sólo a mí o también a otros? ¿Implica a la causa del reino de Dios,
*Dr. en Biología, Dr. en Teología, Profesor y Escritor. Entre sus principales obras: “La ciencia, ¿encuentra a Dios?”; “Sociología: una desmitificación”; “Bioética cristiana: una propuesta para el tercer milenio”; “Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno”; “El cristiano en la aldea global”; “Darwin no mató a Dios”, “Postmodernidad”, “El nuevo ateísmo”.
PROTESTANTE DIGITAL
Antonio Cruz Suárez*