• No se han encontrado resultados

El dualismo, pluralismo en general, tampoco consigue

In document Renovación nº 33 Mayo 2016 (página 34-36)

hacer verdaderamente las

paces entre razón y reali-

dad: lo que consigue es

multiplicar los problemas.

Respecto al dualismo, por

ejemplo, se podría decir

que no es más que un mo-

nismo duplicado. Resuelve

en falso el problema de la

pluralidad, porque la plura-

liza atomizándola. Consi-

gue incomodar a la razón

al pretender que abandone

su unicidad, aunque en re-

alidad no lo consigue. Le

deja además como pro-

blema adicional la tarea de

unir los fragmentos en los

que ha dejado rota la uni-

dad propia de la realidad.

ocurre, por ejemplo, cuando se la cosi- fica y se deja de entender como principio causal. En el atomismo ocurre precisa- mente esto: la materia se entiende como átomo y, por tanto, como cosa. Una “cosa” que oculta otros sentidos causales y descarga toda la responsabilidad del movimiento sobre el átomo, es decir, sobre la materia. Ésta asume entonces un papel pasivo y activo que no le corres- ponde. La materia ya no es “sólo mate- ria” en el sentido aristotélico y, consecuentemente, hay realidad que se reduce a materia sin serlo: materialismo. La segunda caracterización es la que •

tiene en cuenta la existencia de otras realida- des que no son materiales, es decir, aque- llas en las que su actividad no está sometida enteramente a los efectos de la causa material. Se puede decir también que son realidades que trascienden el mundo físico. Es lo que se considera que ocurre con el alma humana, como se verá en la pregunta siguiente. Las operaciones intelectuales que ejerce el hombre lo co- locan en una posición peculiar respecto al resto de los seres vivos. La dificultad que presenta la comprensión del ser hu- mano consiste en que posee un cuerpo material, pero también posee facultades cuyas operaciones no se pueden explicar desde causas físicas. El origen de esa ac- tividad intelectual es a lo que llamamos espíritu. El espíritu tiene un carácter principal (de principio) en tanto que no procede, en lo que le es específico, de los principios físicos, pero a la vez, en los actos humanos concurre también con esos principios, incluida la causa mate- rial. En este contexto el materialismo consistiría en negar la realidad del espí- ritu, afirmando que las facultades espiri- tuales no tienen un origen diverso al de las causas estrictamente físicas, llamadas materiales por con-causar con la causa material.

En definitiva, el materialismo destensa la convivencia de la pluralidad de la experien- cia con la unicidad de nuestro conocimiento. Se trata de una falsa solución en la que la razón se encuentra cómoda: reduce la plura- lidad a la unicidad, abrazando un monismo

en el que se otorga a la realidad física lo que pertenece en exclusiva a la razón.

El dualismo, pluralismo en general, tampoco consigue hacer verdaderamente las paces entre razón y realidad: lo que consigue es multiplicar los problemas. Respecto al dua- lismo, por ejemplo, se podría decir que no es más que un monismo duplicado. Resuelve en falso el problema de la pluralidad, porque la pluraliza atomizándola. Consigue incomodar a la razón al pretender que abandone su uni- cidad, aunque en realidad no lo consigue. Le deja además como problema adicional la tarea de unir los fragmentos en los que ha de- jado rota la unidad propia de la realidad. Si la materia se apropia de lo que no le per- tenece y, no contentándose con ser causa (un co-principio), se convierte en “cosa”, acaba- mos por no saber qué cosa es la materia. Si se afirma que todo es materia, al tener ésta que responder ante la razón de aquello de lo que no es responsable, queda convertida en una opción más entre otras que, desde la con- fusión propia de monismos o pluralismos (vitalismos, espiritualismos, etc.), se presen- tan como candidatas para explicarnos la rea- lidad. O todo “emerge” como epifenómeno de la materia, o la materia es una fase del es- píritu, o sea, espíritu. Estas propuestas se presentan como posibles interpretaciones al- ternativas sólo cuando no se sabe lo que es la materia. El materialismo como alternativa, más que una interpretación posible es una pobre comprensión de la realidad, especial- mente de la realidad material. R

Referencias

–Arana, J., Materia, Universo, vida, Tecnos, Madrid 2001

–Giberson, K., y Artigas, M., Oráculos de la Ciencia. Científicos famosos contra Dios y la religión, Encuentro, Madrid 2012

–Polo, L. El conocimiento del universo fí- sico, Eunsa, Pamplona 2008

–Soler, F. J., Mitología Materialista de la Ciencia, Encuentro, Madrid 2013

L

a decisión de la conferencia de prima- dos de la Comunión Anglicana (CA) y su decisión de poner en suspenso la participación en ella de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos (ECUSA) ha supuesto un aldabonazo en las puertas de quienes con- sideran que la vía media anglicana es un ca- mino que permite superar excesos dogmáticos, actitudes intransigentes y cami- nos sin salida ante los que se encuentran las actuales formas de sociabilidad religiosa que forman parte de la iglesia una de Cristo. La citada decisión, surgida de un debate (o lo que fuera) relativo a la bendición de uniones de personas del mismo sexo, ha tratado de ser relativizada desde muchos sectores del angli- canismo mundial, con ánimo de quitar hierro al asunto y aduciendo de buena fe incluso que la ECUSA no ha sido apartada de la CA porque la conferencia de primados no tiene poder sancionador dado que la pertenencia a la comunión se basa en la libre adhesión a sus principios, sustentados en los 39 Artículos de la Religión y el Cuadrilátero de Lambeth. No me atrevo a adentrarme en ese camino lega- lista porque entonces alguien con autoridad superior podría acusarme de colar mosquitos y dejar pasar camellos a través de mi tamiz

analítico. De modo que aprovecho la ocasión para explicar lo que me parece relevante en este asunto: nos devuelve con toda crudeza la cuestión de fondo que reside en todos los casos en que religión y sexo se entremezclan, incluso con la mejor de las voluntades éticas, normativas e incluso civilizadoras.

Durante un tiempo yo pensaba que las diver- sas religiones –no sólo las cristianas– dedi- caban atención a la vida sexual de sus fieles y proponían determinadas morales sexuales por creer que una ética integral no puede hacer abstracción de semejante dimensión de la vida humana. Aun estando en desacuerdo con muchos aspectos de las respectivas vi- siones religiosas del hecho sexual, marital, reproductivo e incluso erótico, entendía que por lo menos las distintas versiones del cris- tianismo iban evolucionando, cada una a su ritmo, en lo que respecta a tal concepción y adaptándose a los mores de las respectivas sociedades y tiempos. Según esa lógica, una evolución en términos de tolerancia, caridad y fraternidad permitiría humanizar intransi- gencias anteriores y adaptar antiguas exigen- cias en moral sexual a nuevas formas de convivencia social y familiar que la vocación

¿POR QUÉ LO LLAMAN RELIGIÓN

In document Renovación nº 33 Mayo 2016 (página 34-36)