QUINTA PARTE
48. Difunde el civismo
FOMENTAS la amabilidad cuando encaras la vida con una atención plena, cuando te das cuenta de forma natural de las necesidades de los demás y les brindas el respeto que se merecen. Pero en nuestra ajetreada vida, las prisas y las preocupaciones suelen reducir nuestro centro de atención. Nuestra atención consciente se ve afectada, e incluso para los que son amables por naturaleza, la compasión se queda atrás cuando conviene. Y entonces, parte de la dulzura de la vida desaparece. Vale la pena hacer que el civismo sea una prioridad, de modo que la amabilidad, que es tu verdadera naturaleza, tenga la oportunidad de florecer y sembrar las semillas de la paz en el mundo.
La falta de civismo está en auge, y lo peor de todo es que hemos llegado a acostumbrarnos. Un día acompañé a uno de mis hijos adoptivos a Boulder, donde tenía que tomar un autobús para ir al aeropuerto de Denver. Puesto que fuera hacía frío, nos pusimos a esperar en el vestíbulo del hotel donde estaba la parada del autobús. Había otro pasajero que esperaba con nosotros, un joven con una carrera en alta tecnología que nos dijo que había estado cuatro días en la ciudad para varias entrevistas de trabajo. Tenía las dos man0s ocupadas con el equipaje. Llevaba dos carritos, uno de los cuales iba» cargado además con una voluminosa caja de ordenador. Cuando apareció el autobús, todos nos dirigimos hacia la puerta.
Mi hijo Christian y yo nos fuimos hacia la derecha y el «técnico» hacia la izquierda. Yo le aguanté la puerta a Christian y cuando la solté le di al pobre chico en la cara; según parece había cambiado de idea y se había venido a nuestro lado. Me sentí fatal y no sabía qué más decir para disculparme. Incluso aunque pienses que el terreno está despejado, es una buena idea echar otro vistazo antes de soltar una puerta asesina de ese modo.
El joven se lo tomó con bastante filosofía. «No te preocupes, todavía estoy vivo. Este tipo de cosas son bastante normales.» Ese es el problema, que tenía razón.
mujer se apresuró a subir al estrado para anunciar apasionadamente antes de que comenzara el siguiente orador: «Estamos aquí para aprender sobre sanación, y la sanación requiere amabilidad y atención. Dos personas acaban de entrar por la puerta sin mirar si venía alguien detrás. La puerta ha golpeado a una señora mayor y la ha tirado al suelo. Si estáis demasiado ocupados como para preocuparos de los demás, no tenéis nada que hacer aquí».
Cuanto más ocupados estamos, menos atención prestamos a los demás y más irritables y desconsiderados somos. Esto no sólo lo aplicamos a los desconocidos, sino también a nuestra familia y a nuestros compañeros de trabajo. Algunas empresas están tan preocupadas por la conducta grosera e irrespetuosa, que están utilizando una herramienta de diagnóstico denominada «índice de civismo organizativo» para catalogar la incidencia del tipo de conducta penosa que contamina la atmósfera de la empresa y roba la paz mental a los empleados.
El número del mes de diciembre de 2000 de The National Report on Work &
Family contenía un estudio que se había realizado en la Universidad de Carolina
del Norte durante cinco años. Una aplastante mayoría del ciento por ciento de un grupo de 800 personas encuestadas dijeron sufrir falta de civismo en el trabajo. Entre un ocho y un nueve por ciento consideraron el problema como grave, y más de las tres cuartas partes pensaban que había aumentado en los últimos diez años. El estudio también consideró la repercusión de esta conducta. Más del 50 por ciento de los encuestados perdían el tiempo preocupándose por un incidente que ya había pasado o que podría pasar en el futuro. El 50 por ciento se planteaba dejar el trabajo para evitar a ese compañero déspota. Las conductas ofensivas incluían el menosprecio, el acoso, la condescendencia, la insubordinación, los ataques a los sentimientos, la reducción del salario, los rumores perjudiciales, las interrupciones y la incapacidad de escuchar.
El comportamiento grosero y las malas maneras se están convirtiendo en la norma. Rara es la vez que vas al supermercado y alguien no ha dejado un carro en medio de un pasillo bloqueando el paso o no eres apartado a un lado por un comprador presuroso. La mayoría de las personas no parecen darse cuenta. Cuando alguien se disculpa, es una agradable sorpresa. ¿Alguna vez no has escuchado a un ser querido, no has tenido en cuenta su opinión, has actuado con condescendencia o te has descontrolado y has empezado a gritarle?
Esta semana observa tus actos de civismo y amabilidad. Aprende a escuchar, y si pides consejo a alguien, síguelo o bien dile que no lo vas a poner en práctica.
La gente necesita saber que es respetada tanto en casa como en el trabajo. Si estás tentado a levantar la voz para dejar clara tu opinión, haz unas cuantas respiraciones profundas y cuenta hasta diez. Y cuando alguien te tire la puerta por las narices, piensa antes de responder. Un seco «gracias» es condescendiente y sarcástico, aunque una tentación clara. Pero cuando te tropiezas con la grosería y aportas más de lo mismo, el problema no hace más que aumentar. Si tienes algunas ideas cívicas sobre cómo responder a un comprador presuroso que te empuja a un lado en el supermercado o a alguien que te tira la puerta por las narices y sale corriendo, ¡por favor, dímelo!