QUINTA PARTE
49. Pon en práctica el amor
TODO el mundo anhela lo mismo: amar y ser amado. El profundo sentido de conexión, dignidad y pertenencia que proporciona el amor está tan próximo al cielo como los mortales a la Tierra.
La forma en la que somos educados es nuestra principal la fluencia en nuestra capacidad de amar. Si de pequeños nos sentimos respetados y valorados, es la base para que de adultos aflore nuestra compasión y nuestra amabilidad. La mayoría recibimos lo que los psicólogos llaman una educación «lo suficientemente buena». Quizá nuestros progenitores no fueron perfectos, pero al menos crecimos con una conciencia y la capacidad de comprender que los demás son tan importantes como nosotros. Cuando llegas a los treinta, las heridas de la infancia que bloquean el amor son evidentes. Quizá seas un cínico o temas los compromisos. Tal vez tengas un inexplicable radar que siempre te dirige hacia amigos o amantes no apropiados. Quizá no te cuides demasiado o te falte la habilidad de poner tus fe mites. Tal vez has perdido la esperanza.
Si quieres paz, al final tendrás que comprometerte con un proceso de sanación que enmiende tu concepto de ti mismo, te enseñe la inteligencia emocional y te ayude a perdonar. Pero no todas las personas cuentan con recursos internos o externos para su sanación emocional. Algunas están gravemente heridas. Ayudar a esas personas a través de programas dirigidos a los niños, como las organizaciones Big Brother o Big Sister,15 las casas de acogida para los sin hogar
o para mujeres maltratadas y otras organizaciones de voluntariado, es una doble estrategia para la paz. Ayúdate a sanarte a ti mismo ofreciendo amor y sanación a los demás.
Hace años, Ram Dass escribió un encantador libro titulado ¿Cómo puedo
ayudaren el que recomendaba a quien quisiera más paz interior, dedicar su tiempo
y su talento al trabajo voluntario, ya que eso le ayudaría a conseguirla. Como un beneficio adicional, el voluntariado también mejora la salud y la longevidad. Muchas empresas tienen programas en los que conceden tiempo libre a sus empleados para que hagan un servicio a la comunidad, lo cual ha resultado ser un buen negocio. Los trabajadores dicen que sienten más lealtad hacia la empresa y una mayor satisfacción laboral porque el trabajo voluntario da más sentido a su vida. Les proporciona una oportunidad de poner el amor en práctica.
Mi modelo de amor en acción es Robin Casarjian. Es la directora de la Lionheart Foundation, que enseña cultura emocional a los presos. La conocí cuando las dos estábamos en Boston dirigiendo programas para la reducción del estrés. Tras la publicación de su libro Perdonar, Robin recibió una invitación para dar una charla en una prisión de su localidad. A las nueve de la mañana, 120 presos de un número total de 700 se presentaron en la sala para escuchar su conferencia sobre el perdón. Según sus propias palabras, se quedó anonadada. Algunos presos querían hacer algo más que oírla hablar sobre el tema. Querían saber cómo hacerlo. Pronto Robin empezó a ofrecer programas semanales de autocuración, perdón y cultura emocional en varias prisiones.
Las cárceles, en lugar de remediar las heridas emocionales de los internos, son escuelas de violencia. Aproximadamente 1.600 personas se suman al abarrotado sistema de prisiones estadounidense cada semana. Puede que te sorprenda saber que es el sector de la economía que más crece. Y si seguimos al ritmo actual, casi la mitad de la población de los Estados Unidos habrá estado en prisión a mediados de siglo. La forma de invertir esta tendencia es, por supuesto, ayudar a los niños. Desgraciadamente, nuestro gobierno piensa que podemos hacerlo amenazándoles con los peores castigos para adultos que ya están irremediablemente heridos. La violencia es un ciclo que se autoperpetúa. Los niños que han sufrido abusos practican abusos de mayores.
Al igual que todos los seres humanos, los presos anhelan dar sentido a su vida y crearse un futuro que nada tenga que ver con su pasado. Pero sin amor ni respeto por uno mismo, el cambio es imposible. Robin, utilizando técnicas para controlar el estrés, la recontextualización cognitiva, la meditación, juegos de rol y la autorreflexión, enseña a los presos a comprender sus sentimientos y a expresarlos con madurez y de una forma constructiva. La esencia del programa es el perdón, que también es el pilar para responsabilizarnos de nuestros actos.
A fin de llegar a un mayor número de presos, Robin puso su pro— grama en formato de libro. Houses of Healing [Casas de sanación] se ha distribuido gratuitamente por todas las prisiones federales y estatales de los Estados Unidos. El título refleja el sueño de Robin de que las prisiones se transformen y en vez de ser escuelas de violencia se conviertan en casas de sanación. Hay libros de trabajo y vídeos para las personas que quieran enseñar este programa (si desea recopilar más información, visite la página web www.Lionheart.org), que también se imparte en muchos correccionales de todo el país. En un corto y conmovedor vídeo de hombres y mujeres que participan en los programas de Houses of Healing, hay una toma muy conmovedora de niños jugando. El narrador del vídeo hace esta cruda pregunta: «¿Cómo es que vinieron al mundo como niños hermosos y divinos y han terminado en prisión?» Cualquiera de nosotros, si no es por el poder del amor, puede acabar así.
Esta semana piensa en cómo puedes poner en práctica el amor. Los problemas en nuestra sociedad pueden parecer abrumadores, pero si cada uno de nosotros pone de su parte, entre todos conseguiremos que las cosas cambien. A la Madre Teresa le preguntaron una vez cómo se las había arreglado para recoger a más de 40.000 personas moribundas de las calles de Calcuta. Ella respondió que si hubiera pensado en todas ellas, se habría agotado. Pero fue sucediendo gradualmente. Las recogió una a una. Ella llamó a esto «la ley del uno a uno». Así es como cura el amor, y es una estrategia que todos podemos adoptar.