• No se han encontrado resultados

LA DIMENSIÓN DEL AMOR EN EL CANTAR Y EN LA LITERATURA EXTRABÍBLICA

EL CANTAR DE LOS CANTARES

6. LA DIMENSIÓN DEL AMOR EN EL CANTAR Y EN LA LITERATURA EXTRABÍBLICA

cánticos, poemas nupciales y alegorías místicas exige un estudio comparativo literario y de contenido con el Cantar de los Cantares[84]. No obstante, en este libro bíblico encontramos un sentido del amor que difícilmente encuentra representaciones afines en otras literaturas.

a) Literatura extrabíblica

Un acercamiento al modelo teológico y literario del Cantar lo encontramos, sobre todo, en la literatura egipcia[85], de la que se pueden recordar las dos poesías líricas de amor del papiro Chester Beatty I (conservado en la Libreria Chester Beatty de Dublín) publicadas por Alan H. Gardiner en 1931, y las tres composiciones amorosas del papiro Harris 500 conservado en Turín (descubierto en el Ramesseum de Tebas y publicado por Gaston Maspero en 1883) que se remontan a los siglos XIII/XII a.C., época de inicio del

Reino Nuevo. Las poesías del papiro Chester Beatty llevan por título, respectivamente, Inicio de las palabras de la gran alegría del corazón y Tres deseos. Las tres composiciones del papiro Harris 500 se denominan: El poder del amor; Cantos alegres y bellos para tu amada cuando vuelve de los campos; Comienzo de los cantos alegres. Otras composiciones egipcias son, por ejemplo, Los Cantos del bosquecillo (papiro de Turín, hacia el 1100 a.C.); Deseos de amor (Ostracón de Ghiza 25218) y Las palabras de encantamiento que encontró escribiendo Nekhet Sobek, escriba de la necrópolis. Estos textos, de refinada realización literaria, impregnados de tonos sapienciales y carentes de una estructura dramática definida, eran, según algunos estudiosos, cánticos o poemas destinados a ser recitados o cantados ocasionalmente en momentos de descanso o relajación, banquetes o fiestas mundanas. Otros estudiosos, sin embargo, consideran que estaban destinados a las escuelas de la corte, para la preparación de los funcionarios públicos. Su similitud con el Cantar consiste, desde el punto de vista formal: en la estructura rítmica[86], el gran uso de formas retóricas (paranomasias, rimas, aliteraciones, etc.), el empleo frecuente de la metáfora y de las semejanzas sacadas del mundo de la naturaleza (plantas, animales, colinas, jardines como lugares de amor, la flor de loto), los apelativos para designar amante y amada, las expresiones de amor y el sentimiento de su carácter casi sagrado. También los contenidos son bastante similares: los enamorados manifiestan, en diálogos o más frecuentemente en soliloquios, sus sentimientos, su nostalgia, y rivalizan en celebrar y exaltar sus cualidades respectivas. También la naturaleza participa de la alegría.

En la literatura mesopotámica[87], el tema surge, sobre todo, en los textos cuneiformes de finales del III milenio a.C. y comienzos del II que se refieren a la hierogamia, momento culminante del complejo ceremonial del nuevo año mesopotámico, en el que la unión de un dios y una diosa (representados, respectivamente, por el rey o el sumo sacerdote y la suma sacerdotisa) tenía la finalidad de proporcionar a los hombres y a la naturaleza un nuevo impulso vital al comienzo del año, denominado día del dios o fiesta por excelencia. En estos textos mesopotámicos falta, sin embargo, casi por completo el elemento psicológico y poético; en su lugar aparecen motivos teriomórficos o

representaciones de animales (el leopardo, el león), también utilizados en el Cantar (4, 8). Otros ámbitos literarios con los que se ha querido comparar el Cantar, por ejemplo, el de Arabia[88], la India[89] y Etiopía[90], poseen solo un vago parentesco en temas y motivos. Con respecto a la afinidad con la literatura griega, a pesar de algunas correspondencias puntuales, difícilmente se consigue encontrar en las composiciones poéticas de Teócrito (s. III a.C.) y de otros escritores bucólicos helenistas una verdadera

analogía con el Cantar, ya que la concepción del amor humano presente en esos escritores dista mucho de la del libro bíblico[91]. Más semejanza se encuentra entre el Cantar y la poesía arcaica representada particularmente por líricos griegos como Safo. Por este motivo, autores como Graetz han sostenido que el Cantar es un escrito con el que la cultura hebrea quería afirmar su propia identidad ante el mundo griego dominante, precisamente, en el terreno del amor[92].

b) Originalidad del Cantar de los Cantares

En el contexto literario que acabamos de aludir es necesario señalar que, junto a los contactos existentes entre el Cantar y la literatura del Cercano Oriente, y también con la helenista, la perspectiva general del Cantar revela un innegable carácter autóctono independiente, el del amplio horizonte siro-palestino, que se extendía desde el Líbano y Damasco al norte, hasta Quedar al sur, y desde Galaad y Jesbón al este hasta Sarón al oeste, incluyendo las dos orillas del Jordán, lugares todos citados por el poema. Desafortunadamente, nuestro conocimiento de la antigua poesía de amor de esa área geográfica es escaso. Por otro lado, es necesario afirmar que la característica principal del Cantar se sitúa, sobre todo, en su engarce con el patrimonio cultural específico, es decir, la tradición religiosa del pueblo de Israel, con su elevada concepción de la dignidad humana (cf. Gn 1-2), que le permitió expresar de un modo único y admirable el significado último del amor humano, identificado con la libre y total donación de la persona misma, como una fuerza invencible, de inmensa belleza, unida al misterio de la vida, que acerca al hombre al misterio de Dios. En este contexto se afirma que el amor no se puede adquirir con dinero, porque su valor es inestimable; ni la muerte, ni los infiernos, ni ninguna otra fuerza podrá apagarlo nunca (cf. 8, 6-7). El amor es considerado, además, como una realidad misteriosa que abarca la totalidad espiritual y corpórea de la persona, creando una interrelación personal entre el yo y el tú, como pone en evidencia la frecuencia con que aparecen los posesivos «mío-tuyo» y los pronombres «yo-tú» en el poema.

Se puede añadir que, en el Cantar, el amor es idealizado en toda su pureza y luminosidad, hasta el punto de considerarse un ideal perfecto, irresistible. Por esto, en el poema no se alude a las desviaciones y corrupciones que puede experimentar el amor, tema que, por el contrario, resuena en muchas otras páginas de la Biblia, que muestran las más variadas actitudes de egoísmo, depravación, desatención, irracionalidad, irresponsabilidad y otras degeneraciones contrarias al verdadero amor. Esto no indica, sin

embargo, una pérdida de realismo: «No, el Cantar hay que situarlo dentro de la historia de los pecados del hombre, pero debe ser escuchado también como palabra divina sobre la santidad y bondad de la creación de la que no ha sido borrada la bendición inicial. Aquí resuena un eco del estribillo del Génesis: “Y Dios vio que el amor es bello y bueno”. El amor verdadero no es patrimonio solo de un irreal paraíso perdido, sino que es posible dentro de la real historia del hombre. En este momento surge la pregunta: ¿cómo es posible vivir un amor tan grande? Aquí es donde el libro se abre al futuro, a Aquel que también redimió el amor humano de todas las alienaciones, Jesucristo»[93]. Solo Jesús, en efecto, que se entregó a Sí mismo hasta la muerte por la salvación de todos los hombres, ha mostrado el significado pleno del amor verdadero, mostrando el camino para recorrerlo, como donación y renuncia a sí mismo en el perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre.

En este sentido, el Cantar pertenece con propiedad a la larga tradición bíblica, que utilizó el simbolismo nupcial para expresar la grandiosidad del amor de Dios hacia Israel, siendo de este una de sus máximas expresiones[94]. El tema del Cantar, sin embargo, sigue siendo único, porque el amor no es «sacralizado» como querría la escuela mitológica, que termina por no reconocer la dimensión personal y humana del amor. Del simbolismo nupcial hicieron especialmente uso los profetas Oseas, Jeremías y Ezequiel, que cantaron el período idílico de la historia del pueblo de Dios, cuando Israel se dejó seducir por el Señor y vivió una intimidad profunda con su Dios (Os 2, 16-25; Jr 2, 2; Ez 16). Lo que no encontramos en el Cantar es el acento de infidelidad que Israel puso a ese amor (Os 6, 4; Sal 78, 36), algo que los profetas no dejaron de recriminar y de describir con metáforas fuertes de dolor (Os 2, 4-15; 3, 1ss; Jr 2, 25). El enfoque del Cantar es muy diferente. Si la existencia de Israel es una historia del amor creativo y tierno por parte del Señor (Ez 16, 4-11), que recibe a cambio la infidelidad de su esposa (Ez 16, 15- 63), el Cantar proclama la posibilidad de un amor realizado en toda su belleza y plenitud, en fidelidad plena[95].