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FORMACIÓN Y ORIGEN DEL SALTERIO

EL LIBRO DE LOS SALMOS: ASPECTOS GENERALES

4. FORMACIÓN Y ORIGEN DEL SALTERIO

a) Formación del Salterio

De los datos señalados, parece que se puede afirmar que el Salterio actual se formó a partir de colecciones menores, fácilmente individuables, que fueron agrupadas a través de un complejo proceso literario hasta constituir el Salterio actual[10]. Más allá es difícil llegar. La determinación del momento histórico en el que fue compuesto cada salmo se ha revelado infructuosa. Ninguno de los criterios utilizados, como, por ejemplo, la comparación literaria y temática con textos bíblicos y extrabíblicos, referencias a eventos históricos conocidos a través de las diferentes fuentes, analogía externa con otros escritos, etc., ha producido resultados satisfactorios.

Superada la posición radical de B. Duhm (1847-1928), para quien la mayor parte de los salmos se remontaría a la época de los macabeos (a mitad del siglo II) o de los

asmoneos (entre fines del siglo II y comienzos del I a.C.), los críticos tienden a considerar

como hecho más probable que el primer núcleo de salmos estuvo constituido por la colección davídica mayor (libro I), compuesta por muchos salmos anteriores al exilio[11]. Las otras colecciones menores se habrían formado posteriormente: los salmos de los hijos de Coré (Sal 42-49), la serie elohísta de oraciones davídicas (Sal 51-72), los salmos de Asaf (Sal 50; 73-83), la sección complementaria yahvista (Sal 84-89), los salmos de la realeza de Yahvé (Sal 93; 95-99) y los salmos aleluyáticos (Sal 111-117; 146-150),

añadiéndose al final algunos salmos independientes.

Es probable que una segunda colección más amplia hubiera tenido su origen en tiempos del rey Ezequías (716-686), que realizó una profunda reforma religiosa y, una vez restablecido el culto, mandó «a los levitas que alabasen a Yahvé con las palabras de David y del vidente Asaf; y ellos cantaron alabanzas hasta la exaltación e, inclinándose, adoraron» (2 Cro 29, 30; cf. Pr 25, 1). Estos salmos, es decir, las colecciones contenidas en los libros II y III, probablemente, pertenecen a este período, o tal vez al de Josías (640-609 a.C.), que de modo análogo emprendió una amplia y profunda reforma religiosa. Otro dato de interés lo proporciona la información de 2 M 2, 13, texto en el que se recuerda que Nehemías fundó una biblioteca en la que incluyó «los libros referentes a los reyes y a los profetas, los de David y las cartas de los reyes acerca de las ofrendas», indicación que podría aludir al libro de los Salmos. En cualquier caso, es del todo verosímil que la colección canónica del Salterio se hubiera formado ya antes de la traducción de los LXX y de la versión griega del Sirácide, que menciona en su prólogo la división tripartita de la Biblia, por lo tanto, a lo largo de los siglos III/II a.C. La división del

Salterio en cinco libros pertenecería, probablemente, a la fase final de redacción.

A favor de esta fecha, los estudiosos aportan diversas otras consideraciones, como, por ejemplo: la afinidad lingüística y teológica (elementos sapienciales, doctrina escatológica, el elogio de la ley) entre el marco del Salterio (Sal 1-2; 146-150), el Sirácide y algunos textos de Qumrán datables hacia la segunda mitad del siglo II a.C.; la

semejanza de contenido de algunas colecciones últimas del Salterio (Sal 90-106; 107- 150) con el libro de la Sabiduría; la autoridad de que gozaban los salmos en la comunidad esenia de Qumrán, testificada por algunos manuscritos (por ejemplo, 4QMidrEschatab); el hecho de que ya hacia el año 100 a.C. había sido realizada la versión del Salterio de los LXX, que conserva intencionadamente el número de 150 Salmos y el orden premasorético del Salterio; y finalmente, la circunstancia de que el más antiguo manuscrito de los salmos (Masada Psalmb), fechado en la segunda mitad del siglo I d.C.,

presenta la forma del Salterio protomasorético.

b) El Sitz im Leben de los salmos

A las teorías que han considerado el culto lugar primordial del nacimiento de muchos salmos e incluso de la formación final del Salterio, se han contrapuesto, en nuestro días, diversas hipótesis que consideran el Salterio fruto más bien de los ambientes sapienciales israelitas nacidos y desarrollados a partir del siglo III a.C.[12]. Sin duda, el culto ha

debido de jugar un papel importante en la formación del Salterio. En el Templo, en efecto, existían levitas cantores, a los que, según el libro de las Crónicas, David dio una organización, para que estuviesen continuamente al servicio ante el arca del Señor, dieran gracias y alabaran al Señor, Dios de Israel (1 Cro 25). Entre ellos se encontraban Asaf y sus hijos, que cantaban con «címbalos, salterios y cítaras». Precisamente por aquel tiempo, según el libro de las Crónicas, «David, alabando él primero a Yahvé, entregó a

Asaf y a sus hermanos» una prolongada alabanza al Señor que comenzaba con las palabras: «¡Dad gracias a Yahvé, invocad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas!» (1 Cro 16, 8). También, como hemos visto, el libro de las Crónicas relata que el rey Ezequías (716-686), una vez restablecido el culto, mandó a «los levitas que alabasen a Yahvé con las palabras de David y del vidente Asaf» (2 Cro 29, 30; cf. Pr 25, 1).

Los títulos de los salmos, por su parte, adscriben dos salmos a fiestas litúrgicas particulares: el Sal 30, a la fiesta de la Hannuká (Dedicación del Templo) y el Sal 29 (según los LXX), a la octava de la fiesta de los Tabernáculos. La tradición rabínica recogida en la Mishná ofrece, a su vez, una información detallada sobre los salmos que se recitaban en el Templo, tanto durante el sacrificio matutino como en el vespertino. Por último, muchos datos llevan a pensar que, en el área del Templo, durante las grandes fiestas religiosas se cantaban los llamados «salmos de peregrinaje» o «graduales» (Sal 120-134) y es conocido que el gran Hallel (Sal 113-118) se cantaba o recitaba durante la fiesta judía de la Pascua (cf. Sb 18, 9; Mt 26, 30; Mc 14, 26) y también durante otras festividades.

Ciertamente, de los datos precedentes no parece que se pueda concluir con certeza que la mayor parte de los salmos, y todavía menos el Salterio en su conjunto, hubiera tenido origen en un ámbito cultual y litúrgico, hecho que ha motivado la aparición de diversas hipótesis sobre el sitz im leben del Salterio como libro. Algunos estudiosos (N. Füglister; N. Lohfink) consideran que el origen del Salterio no se ha de buscar en el ámbito cultual o litúrgico, sino en las circunstancias ordinarias de la vida religiosa del pueblo de Israel, es decir, como fruto de las exigencias de una instrucción orientada a regular la vida de los miembros de la comunidad y sus anhelos personales de crecimiento espiritual. En esta línea, autores como E. Zenger, seguido por T. Lorenzin, afirman que el ambiente original del Salterio habría sido el de las escuelas, donde se cultivaba la sabiduría vinculada a la Torá, enteramente alejada de la tendencia helenizante de la aristocracia vinculada al Templo. El Salterio habría sido, en tal caso, redactado como un libro popular que contenía un conjunto doctrinal-religioso adecuado para conservar la tradición sagrada del pueblo. A favor de esta opinión, Zenger señala el carácter sapiencial, no litúrgico, de muchos salmos (1-2; 150), y la referencia que hacen algunos títulos del Salterio a momentos históricos de la vida de David: una orientación narrativa que convertiría al Salterio en un libro de lectura y meditación o, en otras palabras, una especie de ritual sobre cómo debía desarrollarse la vida concreta del fiel y de la comunidad de fieles israelitas.