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LA INTERPRETACIÓN CRISTIANA Y LA TEOLOGÍA

EL LIBRO DE LOS SALMOS: LOS GÉNEROS LITERARIOS

3. LA INTERPRETACIÓN CRISTIANA Y LA TEOLOGÍA

DE LOS SALMOS

En el estudio de los salmos realizado hasta este momento hemos puesto de relieve algunos aspectos relacionados con la interpretación cristiana y la teología de los salmos. Trataremos ahora de ofrecer una visión más completa de ambos temas[55].

a) Los salmos en el Nuevo Testamento y en la Iglesia primitiva

El Salterio ha sido siempre considerado una de las expresiones más vivas de la espiritualidad y de la fe del pueblo de Israel, patrimonio vivo de la comunidad hebrea en su evolución histórica y repertorio central de oraciones, plegarias y temas de meditación. En la conciencia del antiguo Israel, con el cambiar de los tiempos, adquirió cada vez más relieve la perspectiva mesiánica de los textos del Salterio, como se entrevé en la tradición griega de los LXX y en las perífrasis de los “targumîm”, que acentuaron el carácter mesiánico de los salmos a la luz de la tradición bíblica más amplia. Después del exilio, los salmos alimentaron eficazmente la esperanza mesiánica del pueblo de Israel mediante la reinterpretación motivada por las nuevas circunstancias históricas, contraseñada por la definitiva caída de la monarquía. La expectativa de un descendiente de David, cuyo reino de paz no tendría fin, se traslada entonces a los últimos tiempos, a la época decisiva y última. De este modo, el Salterio se convierte en un testimonio singular del macrocosmos religioso-mesiánico del pueblo hebreo y compendio de una vasta gama de motivos literarios y teológicos que serán ampliamente recogidos en los escritos del Nuevo Testamento e interpretados en clave cristológica[56].

La centralidad del Salterio en el Nuevo Testamento se comprueba por el conspicuo número de referencias que en él se encuentran. Alrededor de un tercio de los textos veterotestamentarios citados por el Nuevo Testamento provienen del Salterio. Si nos centramos en los evangelios, sus textos muestran que Jesús no solo utilizó los salmos en su oración personal individual (cf. Mt 27, 46) y en la oración comunitaria con sus discípulos (cf. Mt 26, 30; Mc 14, 26), siguiendo la praxis religiosa general de los hebreos creyentes, sino que les confirió una interpretación teológica definitiva en función de su misión, como se desprende de las palabras que dirige a los discípulos de Emaús después de su resurrección. «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí”» (Lc 24, 44). La centralidad del Salterio en el Nuevo Testamento se vislumbra, además, si se considera la reinterpretación cristológica realizada en el ámbito de la comunidad postpascual, tal como se desprende principalmente del libro de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas paulinas[57].

La primitiva comunidad cristiana, consolidada gracias al evento prodigioso acaecido el día de Pentecostés, mientras elevaba himnos y cánticos al Señor en medio de las más grandes dificultades (cf. Hch 16, 25; 1 Co 14, 15.16; Ef 5, 19; Col 3, 16; St 5, 13, etc.), recurría a los salmos para confirmar la propia fe en la persona y la misión divina de Jesús. Principalmente se aplicaron a Jesús dos grupos de salmos, los relacionados con el

mesianismo real (especialmente, Sal 2; 45; 72, 89; 110) y los referidos a la figura del justo sufriente (Sal 22; 69). A la luz de estos salmos se anunció a Cristo como el Hijo de Dios consustancial al Padre (Sal 89, 27; cf. Hb 1, 5), con un origen eterno (Sal 2, 7; cf. Hch 13, 33; Hb 1, 5; 5, 5); por tanto, verdadero Dios (Sal 110, 1; cf. Mt 22, 44 par.), pero también verdadero hombre por su encarnación (Sal 22; cf. Mt 27, 29- 31.35.39.43.46 par.; Jn 19, 24; Hb 2, 15; 5, 7), el cual, después de su resurrección de entre los muertos (Sal 16, 9-10; cf. Hch 13, 35), se encuentra ahora sentado a la derecha de Dios Padre (Sal 110, 1; Hb 1, 3.13; 1 P 3, 22), siendo el destinatario de un reino universal al que nadie podrá oponerse (Sal 2, 8-9; cf. Ap 2, 26-27), un reino de justicia y de paz (Sal 45, 7-8; Hb 1, 8-9). Él ha sido constituido, además, sumo sacerdote para siempre, para salvar a aquellos que, por medio de él, se acercan a Dios, estando siempre vivo para interceder a nuestro favor (Sal 110, 4; Hb 7; 5, 6-8; 8, 1).

El Salmo 22, en particular, fue especialmente utilizado por los evangelistas en los relatos de la pasión por su innegable significado tipológico y su inconmensurable valor teológico: Cristo personifica y encarna, en efecto, al justo perseguido y que sufre injustamente siendo inocente, del que habla el salmo; y el Sal 69 fue utilizado para destacar que Jesús sufrió persecución sin motivo siendo inocente (v. 5; Jn 15, 25), habiendo desplegado toda su vida con un ardiente celo por llevar a cabo los designios salvíficos de su Padre Dios (vv. 10a y b citados, respectivamente, en Jn 2, 17 y Rm 15, 3). El Salmo 16 se aplicó durante la primitiva catequesis cristiana a la resurrección de Jesús (cf. Hch 2, 24-28). Son también notables los dos casos en los que se aplican a Jesús expresiones que en el Salterio hacen, indudablemente, referencia a Yahvé (Sal 97, 7c y 102, 26-28, respectivamente, en Hb 1, 6 y 1, 10-12). La riqueza de la teología del Nuevo Testamento favoreció sucesivamente la lectura cristológica y eclesiológica de todo el Salterio en el seno de la Iglesia, guiada por el Espíritu vivificante. Este desarrollo se inicia ya en la época de los primeros Padres apostólicos y apologistas.

b) Teología de los salmos

A diferencia de otros libros de la Biblia, la teología del Salterio es muy amplia y variada, prácticamente omnicomprensiva. No existe, de hecho, hablando con propiedad, un tema central único, es decir, una unidad monotemática que abarque toda la propuesta teológica del Salterio. Los salmos presentan, en efecto, una amplitud enorme de argumentos y en ellos han confluido, bajo la inspiración divina, variadas corrientes espirituales del judaísmo bíblico. Si se quisiese encontrar un principio unificador, este podría ser definido como un compendio de la palabra única y multiforme de Dios dirigida a los hombres para su salvación, o como un libro de oraciones y plegarias para las más diferentes circunstancias y avatares de la vida. Pero, también, el Salterio podría ser considerado un compendio de la revelación del misterio de Cristo, puesto que todo el Salterio, en una lectura integral de la Biblia, como enseñó la antigua tradición cristiana representada especialmente por Orígenes, san Ambrosio y san Agustín, o habla de Cristo o es palabra que Cristo (el Cristo total) dirige al Padre por Sí mismo o como cabeza de la

Iglesia. Por último, el Salterio puede también ser considerado una instrucción sobre el modo justo de comportarse del hombre ante Dios (cf. Sal 1; 19 y 119).

La diversidad de géneros literarios, aunque se refieran principalmente a la forma externa, ofrece una idea bastante completa de los temas tratados en los salmos. Una reseña de los motivos principales con respecto al contenido podría ser la siguiente: la realeza de Dios (cf. los salmos de Yahvé rey), su eternidad (Sal 90, 2), trascendencia (Sal 113), cercanía a los hombres (Sal 8), paternidad (Sal 89, 27; 68, 6), poder creador y providente (Sal 19; 29; 33; 104; 114; 135; 146; 148); su omnipotencia (Sal 139; 147), omnipresencia (Sal 135) y omnisciencia (Sal 132); su designio salvador sobre Israel y a favor de todos los hombres (Sal 77; 98; 105; 107; 135); su singular relación con el pueblo elegido (Sal 76; 87; 121; 122; cf. los cánticos de Sión); sus atributos, particularmente, su bondad y amor (Sal 103; 106; 117; 118; 145), su justicia (Sal 9-10; 11; 75; 94; 98; 145), misericordia (Sal 23; 27; 32; 40; 51; 85; 146) y fidelidad (Sal 18; 46; 78; 89; 92).

Otros temas son: la doctrina del monoteísmo moral y religioso (Sal 81; 82; 96; 115), el destino final del hombre en Dios (Sal 97), el profundo significado religioso de la ley (Sal 73; 93; 119), la apertura mesiánica hacia un universalismo religioso (Sal 47; 93; 99), la llamada a la piedad individual con Dios (Sal 5; 16; cf. salmos de lamentación), al ofrecimiento a Dios de un culto digno (Sal 95), la fidelidad a sus preceptos (Sal 15; 24), el reconocimiento de la majestad divina (cf. himnos), la confianza en Dios (cf. salmos de confianza), el agradecimiento (cf. salmos de acción de gracias), la esperanza escatológica (cf. salmos de confianza), el amor al prójimo (Sal 133) y todo lo que se refiere a la santidad de la vida doméstica en la que los hijos son vistos como una bendición de Dios (Sal 115, 14; 147, 13).

San Ambrosio expresó con gran elocuencia la fecundidad y la riqueza inagotable de este singular libro de la Biblia escribiendo, en su comentario a los salmos, unas palabras que han permanecido indelebles:

«Aunque toda la divina Escritura difunde la gracia de Dios, de modo particular lo hace el dulce libro de los Salmos […]. La historia instruye, la ley enseña, la profecía anuncia, la corrección amonesta, la moral exhorta: en el libro de los Salmos se encuentra provecho para todos y una medicina para la salvación del hombre […]. Si alguien se aplica en examinar las obras de los antepasados y quisiese imitarlos, encuentra contenido en un solo salmo toda la sucesión de la historia de los padres, obteniendo con un ahorro de lectura un tesoro de noticias. Si alguien indaga la fuerza de la ley, que se encuentra compendiada en el vínculo de la caridad (“quien ama al prójimo ha cumplido la ley”), lea en los salmos con qué sentimiento de amor uno solo se ha expuesto a graves peligros para alejar el oprobio de todo el pueblo; en este triunfo de la virtud conocerá la igual gloria de la caridad. ¿Y qué decir de su contenido profético? Aquello que otros habían anunciado de manera enigmática se promete clara y abiertamente a un personaje determinado: el Señor Jesús: “A uno de tu linaje pondré sobre tu trono”. De este modo, en los Salmos hallamos profetizado

no solo el nacimiento de Jesús, sino también su pasión salvadora, su reposo en el sepulcro, su resurrección, su ascensión al cielo y su glorificación a la derecha del Padre. El salmista anuncia lo que nadie se hubiera atrevido a decir, aquello mismo que luego, en el Evangelio, proclamó el Señor en persona»[58].

BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL

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(trad. it. ALONSO Trenta salmi. Poesia e preghiera, EDB, Bologna 1982).

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RAVASI, G., Il libro dei Salmi. Commento e attualizzazione, 3 voll., EDB, Bologna

1981-1984.

NOTAS

17 Sobre la historia de la interpretación del Salterio, cf. V. MORLA ASENSIO, Libros sapienciales y otros escritos,

403-456; T. LORENZIN, I Salmi, 570-580.

18 Cf. C. HAURET, L’interprétation des psaumes selon l’École «Myth and Ritual», RevScRel 33 (1959) 321-342;

34 (1960) 1-34.

19 Gunkel incluía en el grupo de los salmos mixtos Sal 9-10; 36; 40; 77-78; 89-90; 94; 107-108; 119; 123; 129; 137; 139.

20 Cf., por ejemplo, L. SABOURIN, Un classement littéraire des Psaumes, ScE 16 (1964) 23-58; T. BALLARINI - V.

REALI, Salmi, en T. BALLARINI, Introduzione alla Bibbia, III, 237-270; E. LIPINSKI, Psaumes. I. Formes et

genres littéraires, DBS IX (1979) 1-125; G. RAVASI, Il libro dei Salmi, 46-65; A. BONORA, I Salmi, en AA.VV.,

Il Messaggio della salvezza V, 193-208; V. MORLA ASENSIO, Libri sapienziali e altri scritti, 325-363.

21 Se pueden incluir en este género literario Sal 8; 19; 29; 33; 46-48; 65-68; 76; 84; 87; 93; 95-100; 103; 104; 105; 111; 113; 114; (115); 117; 122; 129; 134-136; 139; 145-150.

22 Cf. G. RAVASI, Il libro dei Salmi, III, 51-77 (bibliografía en la p. 54); T. LORENZIN, I Salmi, 401-403; T. M.

WILLIS, «So great is His Steadfast Love»: A Rhetorical Analysis of Psalm 103, Bib 72 (1991) 525-537; L. C.

ALLEN, Psalms 101-150 (WBC 21), 16-23.

23 Algunos estudiosos añaden Sal 24; 29; 68; 100.

24 Cf. S. A. PANIMOLLE, Regno di Dio, NDTB 1296-1322.

25 Su conocida obra Psalmenstudien I-VI se publicó entre los años 1921-1924.

26 No faltan quienes, apartándose de las interpretaciones cultuales o meramente históricas, difícilmente verificables, proponen una interpretación escatológica de los salmos de realeza, es decir, consideran que estos salmos entraban a formar parte de una colección de himnos que, aunque tal vez nacidos para la entronización del arca en el santuario, se habrían transformado, bajo el influjo de la literatura profética, en una celebración del reino escatológico de Dios, que ejercita su dominio sobre la historia y sobre todo el universo creado, a cuyo reconocimiento son invitados todos los pueblos. Sobre el tema cf. E. LEPINSKI, Les Psaumes de la

Royauté de Yahwé dans l’exégèse moderne, en R. DE LANGUE (ed.), Le Psautier, Louvain 1962, 133-272, y C.

HAURET, Les Psaumes. Études récentes. État de la question, en Où en sont les études bibliques?, Paris 1968,

79-84.

27 Cf. G. RAVASI, Il libro dei Salmi, I, 837-852; S. I. COHEN, Psalm 47. Numerical and Geometrical Devices

Used to Emphasize the Author’s Message, JBQ 23 (1995) 258-264; P. C. CRAIGIE, Psalms 1-50 (WBC 19),

346-350.

28 Dos de estos salmos, 84 y 122, fueron considerados por Gunkel salmos de peregrinaje, junto a 95, 1-7.

29 Sobre Sal 46, cf. M. MILANI, Salmo 46. Uno studio strutturale sulle immagini di guerra e di giudizio, StPat 27

(1980) 513-537; G. RAVASI, Il libro dei Salmi, I 821-836; P. C. CRAIGE, Psalms 1-50 (WBC 19), 341-346.

30 A los salmos de súplica del Salterio se asemejan por la forma y por el contenido textos como Is 59, 9-15; 63, 7-64, 11; Lm 5; Jr 14, 2-9.17-22, etc.

31 En este grupo se incluyen, generalmente, Sal 3-7; 9; 13-14; 17-18; 22; 25-28; 35-36; 38-40; 42-43; 51; 53- 59; 61; 64; 69-71; 77; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141-143. Sobre estos salmos, además de la bibliografía general indicada en este estudio, cf. G. BERNINI, Le preghiere penitenziali del salterio, Roma 1953;

J. W. M. WEVERS, A Study in the Form Criticism of Individual Complaint Psalms, VT 6 (1956) 80-96; C.

WEST ERMANN, Salmi. Generi ed esegesi, 67-117.

32 Los salmos con estas características se denominan «salmos imprecatorios». A ellos pertenecen especialmente Sal 58; 83 y 89. Estos salmos, junto a diversos versículos de otros salmos, han sido omitidos de la liturgia porque –como explica la instrucción Principios y normas para la Liturgia de las horas de 1971, n. 131– presentan «una cierta dificultad psicológica» para su comprensión.

33 Cf. G. RAVASI, Il libro dei Salmi, I, 253-260.

34 Cf. también Sal 40, 7-9 (Hb 10, 5-10); Sal 41, 10 (Jn 13, 18); Sal 42, 6.12 y 43, 5 (Mt 26, 38; Mc 14, 34); Sal 69, 10 (Jn 2, 17); Sal 69, 10 (Rm 15, 3); Sal 69, 22 (Mt 27, 34.48; Mc 15, 36; Lc 23, 36; Jn 19, 28); Sal 78, 2 (Mc 15, 35). Se puede añadir Sal 16, 8-11 (Hch 2, 25-28).

36 Cf., entre otros, J. OWENS, The Forgiveness of Sin. A Practical Exposition of Psalm 130, Grand Rapids 1977;

G. RAVASI, Il libro dei Salmi, III, 625-646; ÍDEM, Dal profondo grido a te (Salmo 130), en A. BONORA - M.

PRIOT TO y coll., Libri Sapienziali e altri scritti, 323-332 (con bibliografía esencial).

37 A este género literario pertenecen los siguientes salmos: Sal 44; 74 (súplica ante la contemplación de la destrucción del Templo); 79; 80; 83; 85; (89); 90; 94; 108; 123; 126; 137. Y tal vez Sal 60.

38 Entre estos salmos se encuentran Sal 11; 16; 23; 62; 91; 121; 125; 131.

39 Cf. A. AMMASSARI, La religione dei patriarchi, Roma 1976, 193-202; L. ALONSO SCHÖKEL, Trenta salmi.

Poesia e preghiera, 109-125; S. CAVALLET T I, Alcuni aspetti del Sal 23 nella tradizione midrashica e liturgica,

en B. BAGAT T I (ed.), Studia Hierosolymitana, Jerusalem 1976, II 27-38; G. RAVASI, Il libro dei Salmi, I, 427-

446.

40 Estos son Sal 9, 1-13; 21; (23); 30; 31; (32); 40, 2-11; 41; 66, 13-20; 73; 92; 103; 107; 116; 118; 138; (139).

41 Salmos 67; 124. A estos se pueden añadir los salmos: 66, 8-12 y 129.

42 Cf. G. RAVASI, Il libro dei Salmi, III, 407-432.

43 Concretamente, Sal 2; 18; 20; 21; 45; 72; 89; 101; 110; 132.

44 Comentario y amplia bibliografía en G. RAVASI, Il libro dei Salmi, I, 87-114.

45 También se citan en sentido mesiánico los salmos 47; 97 y 98, y se aplican a Cristo algunos versos de otros salmos: Sal 47, 9 al reino universal de Cristo (Ap 3, 21); Sal 96, 7 (según la versión griega), a la superioridad de Cristo sobre los ángeles, que le deben adoración (Hb 1, 6); y Sal 98, 2-3, a la salvación de los gentiles gracias a la redención universal realizada por Cristo (Hch 28, 28).

46 Cf. G. RAVASI, Il libro dei Salmi, III, 255-299; B. COSTACURTA, Il trionfo del re messia (Salmo 110), en A.

BONORA - M. PRIOT TO y coll., Libri Sapienziali e altri scritti, 303-314; L. C. ALLEN, Psalms 101-150 (WBC

21), 78-87. Estos estudios contienen amplia bibliografía.

47 Sobre los salmos 89 y 132 cf., respectivamente, G. RAVASI, Il libro dei Salmi, II, 803-819 y III, 821-862.

48 Cf. J. C. NESMY, I Padri commentano il Salterio della Tradizione, Torino 1983; I. SAINT-ARMAND, Les

Psaumes dans la tradition chrétienne, DBS IX (1973) 206-214. Merece una mención especial en este contexto el Salmo 45: v. 7 («Tu trono, oh Dios, es por siempre, sin fin; cetro de rectitud es el cetro de tu reino»), que es aplicado en Hb 1, 8-9 a la realeza de Cristo; la liturgia relee la persona de Cristo en los v. 3 («Eres el más hermoso de los hijos de Adán, en tus labios se ha derramado la gracia, pues Dios te ha bendecido para siempre») y ve en la segunda parte del salmo (vv. 9-16), en la esposa del rey, una prefiguración de la Virgen María o de la Iglesia.

49 Normalmente, entre los salmos sapienciales se incluyen Sal 1; 32; 34; 37; 49; 112; 119; 127; 128; 129; 133.

50 Cf. D. N. FREEDMAN, Acrostics and Metrics in Hebrew Poetry, HarvThR 65 (1972) 367-392; W. SOLL, Psalm

119. The Hermeneutic of an Acrostic Lament, Vanderbilt 1982; ÍDEM, Psalm 119. Matrix, Form, and Setting

(CBQ.Mon 23), Washington (DC) 1991.

51 Cf. J. W. KEET, A Study of the Psalms of Ascents, London 1969; L. ALONSO SCHÖKEL, Trenta salmi. Poesia e

preghiera, 381-389.

52 Por ejemplo, Sal 12; 50; 60; 75; 78; 81; 115; 119 y 121; quizá también Sal 107; 118; 134 y 136.

53 El salmo 144, aunque contiene algunas características comunes con los salmos mencionados, se puede clasificar mejor entre los salmos de realeza o himnos de alabanza.

54 Se pueden añadir Sal 9-10; 25; 34; 37; 111-112; 119; 145.

55 Cf. G. R. CAST ELLINO, Libro dei Salmi, 25-29; M. MÖLLER, Gebet und Kerygma in den Psalmen, en

Theologische Versuche, Berlin 1971, III, 11-29; P. AUVRAY, Psaumes, en H. CAZELLES (ed.), Introduction à la

Bible, Paris 1973, II, 515-524; L. SABOURIN, The Psalms, New York 1974, 65-178; T. BALLARINI - V. REALI,

Salmi, en T. BALLARINI, Introduzione alla Bibbia, III, 279-326; É. BEAUCAMP, Psaumes, DBS IX (1979) 166-

187; N. QUESSON, Il messaggio dei Salmi, 2 voll., Roma 1979-1980; G. RAVASI, La spiritualità del Salterio, en

A. BONORA, La Spiritualità dell’Antico Testamento, Bologna 1987, 277-327; H. J. KRAUS, Teologia dei Salmi,

Brescia 1989; V. MORLA ASENSIO, Libros sapienciales y otros escritos, 365-401; T. LORENZIN, I Salmi, 547-580.

56 Cf. S. VIRGULIN, I Salmi preghiera cristiana, en Costituzione conciliare «Dei Verbum», «Atti della XX

Settimana Biblica», Brescia 1970, 367-371; L. JACQUET, Les Psaumes et le cœur de l’homme, Gembloux 1975,

I, 33-56; H. TROADEC, Les Psaumes prière chrétienne, Paris 1981; J. C. NESMY, I Padri commentano il

culto a Dio presente nel Tempio, Milano 1995.

57 Cf. Hch 1, 16-20; 2, 25; 4, 24-30; 13, 33-35; Rm 4, 6-7; 11, 9; Hb 3, 7; 4, 3; etc.