Educativa I Sub Director de gestión Administrativa
5. Criterios de evaluación Evaluar si se han definido correctamente los criterios de evaluación y de promoción, si se ha ejecutado de acuerdo con lo
2.3 CARACTERÍSTICAS DEL GESTOR CURRICULAR
2.3.1 Dimensión personal
a. Competencias socioemocionales
El buen desempeño, tradicionalmente ha sido asociado a las competencias cognoscitivas y técnicas, sin embargo, hoy cobra mayor relevancia el desarrollo de las competencias socioemocionales. Según reporta Goleman (2008) los
factores que mejor “discriminan”, de entre un grupo de personas igualmente
inteligentes, a quienes mostraran una mayor capacidad de liderazgo, no son el coeficiente intelectual ni las habilidades técnicas, sino las relacionadas con la inteligencia emocional. Señala que la inteligencia emocional y las habilidades
46 relacionadas con ella son predictores de quienes logran alcanzar una mayor posición laboral.
El autor además señala que los principios que fundamentan la inteligencia
emocional son; “la conciencia de uno mismo, la autogestión, la conciencia social y la capacidad de manejar las relaciones” (Goleman, 2008, p. 18) y que cuando hablamos de competencia emocional estamos aludiendo al grado de dominio de estas habilidades que se reflejan en el ámbito laboral y que finalmente son factores que determinan su éxito en ella.
Por tanto, bajo estas premisas y teniendo en cuenta la función tan compleja y demandante del gestor curricular, se necesita que tenga las competencias profesionales y técnicas que exige su labor y además, desarrolle competencias socioemocionales. Se afirma que “para gestionar de manera eficaz, es necesario
comprender cómo funciona el mundo emocional, tanto el del gestor como el de las
personas que participan en la organización” (Casassus, 2000, p. 109) y es que, las funciones y acciones directivas del gestor curricular tiene un gran componente relacional y de interacción constante con los otros de tal manera, que como afirma Goleman (2008) el arte de las relaciones supone la habilidad de relacionarse de forma adecuada con las emociones de los demás.
En suma, podríamos agregar que esta dinámica relacional e interacción de las emociones, nos remite a pensar en la empatía como la capacidad de sintonizar con el otro y que es necesario poner en práctica para evitar caer en el autoritarismo y el verticalismo de las relaciones docente-directivo, líder y liderados.
En esta línea, Álvarez (2010), señala la importancia de un liderazgo afectivo y señala que los líderes emocionalmente inteligentes gestionan las emociones de los otros en cuanto saben construir relaciones fuertes y de confianza. Y es en este ambiente relacional que la comunicación surge como un elemento importante para saber acercarnos al otro e ir construyendo los lazos, no tan solo laborales sino afectivos. En ese sentido según Nájera et al. (2013), la comunicación abierta posibilita el logro de los objetivos y un clima sano y productivo.
47 b. Ética profesional
La ética profesional comprende el conjunto de principios morales y modos de actuar éticos en un ámbito profesional. En vista de ello, el tema ético no puede ser ajeno a la gestión y práctica educativa, más aún como señala Montero (2011), la población en nuestro país considera como uno de sus graves problemas la corrupción, siendo el sector educación quien ocupa el primer lugar en la lista de instituciones denunciadas por este tema. Es por esta razón que desde las escuelas se debe trabajar por transformar esta visión de la educación y de la sociedad, para lo cual es necesario del gestor y sus docentes “un liderazgo ético,
moral; que a través de estilos de liderazgo democrático y distribuido, buscan
hacer real ese sueño de una sociedad diferente” (Bolívar, López y Murillo, 2013. p. 47).
Los niveles y actos de corrupción en el ámbito educativo podrían ser diversos. Por este motivo, no nos referiremos a ellos y podrían ser materia de otras investigaciones, pero no podemos dejar de considerarlos como un factor que afecta la práctica educativa y los resultados de aprendizaje.
Para tener un panorama al respecto, por ejemplo Sime (2005) señala cómo el proceso evaluativo en las instituciones puede estar afecto por tres distorsionadores de la función institucional, estos son: la corrupción, la discriminación y la mediocridad. Al referirse a la corrupción, menciona cómo un docente puede recurrir a criterios ilícitos para aprobar a un estudiante, esto en el plano de la relación docente estudiante, pero lo mismo podríamos afirmar de la relación docente directivos, con respecto a la “conveniente” relación de trueques y
favores.
A lo expuesto, se suma el componente de maltrato o abuso de poder que se da en el plano docente directivo y que es poco reportado por las implicancias que tiene. Es interesante la investigación hecha por Blase (2004a), con respecto al maltrato a docentes en las instituciones educativas por parte de los directivos y cómo este maltrato o abuso tiene consecuencias en su persona a niveles físicos
48 como psicológicos que obviamente inciden en su trabajo y por lo tanto en el aprendizaje de sus estudiantes.
Otro estudio de Blase (2004b) subraya la importancia de formar a los directivos de forma que ejerzan un liderazgo que no dañe seriamente a los profesores, la enseñanza y el aprendizaje del estudiante. Sin duda un ambiente de injusticia y corrupción no son un escenario idóneo para la construcción de aprendizajes, de allí que surge la necesidad de un comportamiento ético moral entre los miembros de la comunidad educativa y con mayor razón de quienes la lideran.
En este contexto, sin duda, la escuela tiene un importante papel para el fortalecimiento y desarrollo de la ética y la moral en la formación que brinda. La práctica pedagógica, según Minte y Villalobos (2006), deberá enfatizar en este contexto, las dimensiones del aprender a ser y el aprender a convivir, considerando la ética como herramienta para la formación del futuro ciudadano y profesional. Esto supone que los docentes deben transmitir esto a los estudiantes, a través de una actitud y actuación ética, es decir, a través de procedimientos que contemplen la práctica, los modelos y la reflexión.
Sin embargo, la formación ética y en valores debe empezar por los mismos docentes, de allí surge la necesidad que su formación profesional también contemple la formación ética. En razón de ello el estudio realizado por Esteban, Mellen & Buxarrais (2014) señala que la formación ética del profesional forma parte de la misión educativa de las universidades y en vista de ello debe darle la atención que merece. La formación ética en un profesional como la del docente, exige una mayor reflexión y tratamiento más aun cuando como señala Fullan (2006) el actuar ético en las escuelas es también un factor clave en la mejora de la escuela y los aprendizajes. En consecuencia, siendo el gestor curricular quien lidera el trabajo pedagógico, su actuar debe ser ético.
49