EVALUACION/ CONTRASTACIÓN
1.2.5 Retroalimentación y toma de decisiones
Otra etapa importante de la evaluación en el proceso de ejecución curricular es la retroalimentación y la toma de decisiones. La evaluación de proceso, por tener una intencionalidad formativa, necesita tener como siguiente paso la retroalimentación y la toma de decisiones.
El término retroalimentación, ligado al proceso de evaluación, tiene diversas connotaciones a decir de Price, Handley, Millar & O’Donovan (2010), señala
“correction, reinforcement, forensic diagnosis, benchmarking and longitudinal development (feed-forward)”.1 Se reconoce que tanto la corrección y el refuerzo, son las que están más asociadas a la práctica común de la retroalimentación, sin embargo resalta la importancia de incorporar a la significación del termino el de
“forensic diagnosis” el diagnóstico de problemas, el identificar la brecha entre lo que se entiende, lo demostrado y lo esperado y que la retroalimentación debe
1 “La corrección, el refuerzo, el diagnostico forense, evaluación comparativa y desarrollo longitudinal (feed-forward)”
25 especificar lo que se necesite para llenar ese vacío que no necesariamente tendría que ser con más conocimiento.
En esta línea de conceptualizar la retroalimentación como un proceso que no solo proporciona información de los errores, se plantea el concepto de “feed-forward”, es decir una mirada más al futuro y no tan solo a lo ya hecho, bajo esta mirada, se sostiene que la retroalimentación debiera incluir comentarios, orientaciones o la asesoría dirigidos a la mejora de las próximas acciones.
En esta línea conceptual, Casanova (2004) afirma categóricamente que la función última de la evaluación es la retroalimentación, y que esta es una herramienta indispensable para hacer de la evaluación un elemento eficaz y útil que nos permita conocer que se está haciendo al interior de las escuelas y por la calidad. En consecuencia la acción posterior al recojo de datos, sea de la supervisión o el monitoreo en aula, debe ser la retroalimentación. A través de este proceso los datos recabados retornan a los interesados con las orientaciones, fruto de un juicio experto del evaluador que sirva para la mejora de la práctica del evaluado, como para la toma de decisión y/o apoyo técnico pedagógico posterior.
La retroalimentación a nivel del docente monitoreado, se evidencia en el proceso de acompañamiento y/o asesoría puesto que es el espacio para dialogar y retomar la data recogida con las orientaciones necesarias para la mejora de los resultados obtenidos.
Parte de este proceso de retroalimentación a nivel documental es el que se realiza en las programaciones anuales, unidades didácticas y sesiones. La tarea de retroalimentación más frecuente es el que se realiza con las programaciones cortas (unidades didácticas y sesiones) que se diseñan y rediseñan cada trimestre o bimestre según como cada institución haya temporalizado su año académico. Estos programas deben ser reestructurados según los resultados que arroja la evaluación que se haya hecho en el periodo anterior y cuyos resultados deben servir para fortalecer lo positivo en los hallazgos y superar las dificultades. Estos resultados cuando no son producto de una evaluación de proceso y de naturaleza formativa, suelen centrarse sólo en una reprogramación de contenidos que
26 probablemente no se llegó a desarrollar no siendo por tanto un verdadero proceso de retroalimentación
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En cuanto a la toma de decisiones, Castillo (2010) subraya que la finalidad de la evaluación de la práctica pedagógica es poder dar un juicio y que este debe servir como base para la toma de decisiones. La toma de decisiones necesariamente implica un esfuerzo comunicativo, dialogante y de respeto por el conocimiento acumulado de todos los agentes involucrados en el acto educativo. La toma de decisiones en cuanto más dialogante y participativa sea, podrá generar un verdadero compromiso de todos los implicados en las acciones de mejora.
La verticalidad, el autoritarismo y la poca o nula participación de los implicados directos (docentes y alumnos) o indirectos (personal de la institución educativa y padres de familia) genera el rechazo, la indiferencia o en el mejor caso el cumplir por obligación. Es más común encontrar docentes y estudiantes que frente a una propuesta de cambio, se disponen a tan solo cumplir con lo solicitado y esto implica en ocasiones engañar al sistema. Es natural, pensar que si no se entienden las razones y los porqués de una propuesta de cambio, es porque no han sido parte de ella y no sabrán cómo ponerla en ejecución.
El desarrollo del presente capitulo, configura la línea que guía el presente trabajo, posicionándose en los principales conceptos que la determinan. En consecuencia, concluimos primero señalando que se concibe al currículo no como un documento acabado y puramente prescriptivo, sino como una propuesta en continua construcción, por tanto una propuesta planificada, dinámica, flexible y transformadora y sujeto a la mejora continua. En este sentido, como segundo punto se sostiene que la ejecución curricular es la etapa articuladora y movilizadora del proceso curricular, en tal razón la importancia de garantizar su desarrollo. Finalmente, en este proceso por garantizar la ejecución curricular en vistas de la mejora continua del currículo y su impacto en el logro de los aprendizajes, se considera la evaluación procesual como un conjunto de acciones que posibilitan su desarrollo eficaz y dentro de un marco de una evaluación formativa y participativa.
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