El objetivo de este estudio fue describir la percepción de ejecutivos de la industria extractiva de América Latina sobre el estado de situación en sus empresas de las dimensiones más relevantes de RSE para el contexto latinoamericano, y comparar estas percepciones con las de ejecutivos de otras actividades económicas o industrias.
Se analizaron datos de 48 empresas de petróleo, gas y minería operando en diversos países de América Latina. Los datos se extrajeron de un estudio que incluyó a empresas de todos los países y sectores económicos, lo cual permitió que se puedan realizar comparaciones sobre la situación de las dimensiones de RSE entre la industria extractiva y otras actividades económicas. Este estudio fue realizado y dirigido por la tesista y se llevó a cabo desde Forum Empresa en el año 2009.
Podría considerarse que el estudio que se propuso esta tesis cumple con su objetivo general. Es decir, se logró comprobar que el sector de las extractivas está más avanzado en su nivel de RSE que las otras actividades económicas.
Para la realización del estudio se decidió focalizar el análisis en el sector extractivo por varias razones. Por un lado, el incremento de las inversiones del sector en la región latinoamericana ha sido considerable desde 1989 y esto ha generado gran impacto tanto en las legislaciones de los países, como en su PBI. Como se planteó anteriormente ante la falta de liquidez, los gobiernos de la región, en muchos casos, consideraron que aprovechar sus ventajas competitivas y sus recursos naturales era más razonable que pagar los altos servicios e intereses que implica una deuda externa.
Por otra parte, la literatura, así como las críticas de diversos organismos sobre todo medio ambientalitas e indigenistas, se han incrementado considerablemente en los últimos años. Frente a esta situación, las empresas de petróleo, gas y minería comenzaron no sólo a manifestarse
públicamente sobre sus prácticas de sustentabilidad, sino también intensificaron sus programas y proyectos de RSE. Estos avances de las empresas y a su vez, el incremento de la literatura crítica hacia el sector, dejan hasta el momento incertidumbres y un sinnúmero de aspectos que resulta interesante clarificar en post de tener un panorama más certero de lo que está ocurriendo en la región. Este estudio se propuso aportar en el proceso de identificar información para este debate.
Asimismo, y como también se planteo en el marco teórico, el hecho que las materias primas principales de la industria sean recursos no renovables plantea un desafío importante en términos de conciliar el crecimiento económico de la región con un desarrollo sustentable, aspecto que sin duda se ha consolidado como un factor insoslayable para cualquier propuesta de progreso que se quiera plantear. Es más, para este estudio, el último elemento cobra total relevancia, puesto que la sustentabilidad es un imperativo intrínseco de la RSE.
Otro supuesto para seleccionar la industria extractiva fue la creencia de que el sector ha avanzado más que otras actividades económicas en su nivel de RSE y en sus diversas dimensiones. El estudio permitió corroborar esta presunción. Se demostró que el sector se encuentra más avanzado que el resto de las industrias en términos de sus políticas de medio ambiente, relaciones con la comunidad y relaciones con los trabajadores.
Algunas razones que se podrían argumentar respecto de que el sector extractivo ha avanzado más que las otras actividades económicas en estas dimensiones, se podrían asociar a las mayores presiones que tuvo por parte de diversos actores: por un lado, los grupos indígenas que han ganado un espacio tanto en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como en las instancias de diálogo que la OEA y el Banco Mundial han generado para canalizar denuncias y reclamos.
Por otro lado, los gobiernos han avanzado en su institucionalidad creando ministerios y oficinas especializadas en evaluaciones de impacto socio- ambiental para esta industria. Sin duda, la reforma de la ley minera en Ecuador, la penalización de Petrobrás en Brasil y la nueva regulación sobre la obligatoriedad de publicar reportes de sustentabilidad en Colombia son ejemplos que dan cuenta de cómo los Estados han avanzado en sus demandas y exigencias para este sector industrial.
Igualmente, las entidades de financiamiento han evolucionado en esta línea sin lugar a dudas, por la multitud de críticas que han recibido a partir de involucrarse en el financiamiento de mega proyectos de la industria extractiva en la región. La Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) son quizá los que más han avanzado en esta línea. La IFC creó la iniciativa Community Development en la cual se exponen prácticas ejemplares y se publican guías para que las empresas mejoren sus proyectos en la comunidad. Sin embargo, se podría pensar que con este proyecto, en cierta forma se están quebrantando los esfuerzos que están realizando otros actores para avanzar en un enfoque integral que no sólo se vincula al tema de las comunidades sino que tiene que ver fundamentalmente con los temas de gobierno corporativo.
El BID también lanzó una iniciativa asociativa para transferir el conocimiento de diversas oficinas del banco al sector extractivo. El proyecto se inició en mayo del 2009 y su alcance no se conoce aún, ya que la entidad está a la espera de que las 15 mineras que agrupó se decidan a colocar los recursos económicos y una agenda de trabajo, con lo cual sobran las dudas de las transformaciones que el proyecto pueda generar.
En el análisis de los datos se encontró que, en comparación con las otras actividades económicas, el sector extractivo resultó mejor evaluado por sus ejecutivos en materia de cuidado del medio ambiente y relaciones con la
comunidad. Si bien se había indicado en la hipótesis correspondiente que relaciones con los trabajadores sería mejor evaluada en el resto de las industrias, los resultados indicaron que esta variable resultó más valorada en el sector extractivo.
En efecto, la literatura ha comenzado a dar cuenta de ciertos avances en medioambiente y relaciones con la comunidad, si bien quedan dudas respecto de la resolución de dilemas complejos. Por ejemplo, cómo dar solución a la mina que Barrick pretende construir en la cordillera de los Andes entre Argentina y Chile, en conocimiento de que el mineral se encuentra bajo un glaciar. Y a pesar de que Barrick buscó durante dos años un experto que pudiera crear una tecnología para extraer el mineral sin dañar el glaciar, el proyecto continúa en marcha sin haber dado respuesta a esta situación.
Las buenas valoraciones en las relaciones con los trabajadores que logró la industria, se podrían atribuir a la cantidad de programas para el trabajador y la familia que se han impulsado. Sin embargo, es relevante no desestimar algunos aspectos que tienen impactos en el largo plazo y que no necesariamente están bien atendidos en la industria, como por ejemplo, los temas de sindicalización.
En Chile, este tema está ligado a las reformas de flexibilización que se han implementado en los últimos años. Específicamente, la ley de subcontratación deja sin posibilidades de reclamos a muchos trabajadores. Por ejemplo, la empresa Xstrata indica que en sus operaciones trabajan 205 personas y a la vez, sólo contabiliza 30 empleados contratados, como se puede ver en su reporte de sustentabilidad del año 2006 (Xstrata, 2006).
Como se hipotetizó, las empresas de gas, petróleo y minería avanzaron más que otras industrias en medioambiente y relaciones con la comunidad pero sería muy oportuno estudiar situaciones claves, o problemáticas en
cada país y realizar estudios de caso puntuales para analizar los modos de proceder de las empresas de la industria ante situaciones que presentan dilemas para el desarrollo social y medioambiental.
Si bien no se pudieron identificar diferencias estadísticas para la dimensión toma de decisiones y transparencia, está que fue la variable peor evaluada en los dos grupos (extractivas y otras industrias). En cambio, sí se encontraron diferencias estadísticas en el grupo de extractivas entre minería y petróleo, siendo minería la mejor evaluada.
Al respecto de este punto, es importante considerar que la literatura ha abordado el tema del gobierno corporativo y la carencia de políticas anticorrupción desde una perspectiva crítica. Efectivamente, pareciera que este es el tema más complejo para el sector. Las críticas se centran fundamentalmente en la falta de transparencia sobre las contribuciones que realizan las empresas a los gobiernos correspondientes a sus operaciones. Recientemente, el caso más emblemático es el de Pueblo Viejo en República Dominicana. La empresa Barrick planifica grandes operaciones a cielo abierto, razón por la que se comprometió a entregar el 5% de las ganancias desde el momento en que comience a obtenerlas, que será a los 5 años de aprobado el acuerdo. Aquí las dificultades se han planteado en varios frentes, pero sobre todo, en términos de cuáles serán las comunidades que recibirán los recursos económicos, tomando en cuenta que son varias las que se verán afectadas por la mina. Al parecer el desafío más grande es cómo capacitar a los gobiernos locales para el uso de los cuantiosos recursos que van a recibir para evitar problemas vinculados a la corrupción.
Por otra parte, cabe recordar que ninguna empresa participante en el estudio reconoció ser parte del EITI (Iniciativa por la Transparencia de la Industria Extractiva) si bien es muy probable que en algunas de ellas sus matrices estén adheridas a este estándar. Lo cierto es que en la región poca
referencia se hace a esta iniciativa y menos aún se podría hablar de que el estándar tenga alguna credibilidad entre los gobiernos latinoamericanos. Con lo cual quedan serias dudas de las ventajas que tendría en la región hacer énfasis en el cumplimiento de sus cláusulas.
Sobre la percepción de los ejecutivos respecto sus planes a 3-5 años posteriores a la crisis financiera internacional de 2008, se planteó como hipótesis que los ejecutivos del sector extractivo serían más pesimistas que los de otras actividades económicas. Como no se obtuvieron diferencias estadísticas para esta variable, se realizó una comparación de las medias en términos descriptivos, y se observó que la media de las extractivas fue levemente superior al promedio del resto de las actividades económicas. Al respecto, es importante indicar que el promedio en esta variable fue el más alto en el estudio de Forum Empresa 2009 que incluyó 529 casos.
La pregunta que motivó la inclusión de esta variable se vinculó al debate que se generó dentro del movimiento de la RSE, y que se asoció a si la RSE podría soportar una crisis que impactaba las finanzas de las empresas. El estudio mostró que la RSE está lo suficientemente consolidada como para atravesar una crisis financiera tanto en el sector extractivo con en el resto de las industrias. Aquí vale la pena recordar que casi el 60% de las empresas participantes en este análisis está adherido a una organización de promoción de la RSE. También es válido indicar que estas organizaciones una vez iniciada la debacle financiera hicieron grandes esfuerzos por resaltar el aspecto ético de la crisis e indicar que en lugar de ser un golpe para los negocios, la crisis implicaba una gran oportunidad de girar aún más la perspectiva empresarial para dar lugar a la ética y la transparencia. Ciertamente, los resultados indican buenas proyecciones a futuro y que la RSE, en los pocos años que lleva en América Latina, ha logrado instalarse en las empresas sin discriminar entre sectores económicos.
Sin embargo, en el apartado donde se indican las limitaciones del estudio, se hace referencia a la deseabilidad social que pudo haber influido en las respuestas de los ejecutivos. Se podría pensar que quizá este aspecto fue más susceptible a tal limitación. Como las preguntas se refieren a lo que harán sus empresas en el futuro, a diferencia de las otras que se enfocan en lo que efectivamente está haciendo la empresa, es posible que está variable haya resultado más influida por el deseo que por lo que realmente ocurre en la actualidad.
Asimismo, se propuso identificar si la valoración de los ejecutivos sobre el nivel de RSE de la empresa podría influir en sus proyecciones a futuro. Los datos corroboraron la hipótesis planteada sugiriendo que aquellas empresas que han avanzado en RSE también consideran que continuarán invirtiendo en el tema, más allá de las crisis económicas que puedan surgir. Esto también podría indicar que hay una clara intensión de las empresas avanzar en esta línea más allá de las fluctuaciones en su rentabilidad.
Igualmente se hipotetizó que la percepción del ejecutivo sobre las relaciones con la comunidad de su empresa influirían positivamente en sus planes a futuro. Sin embargo, la variable que resultó tener mayor peso en la ecuación de regresión fue medio ambiente. Aquí es complejo indicar factores que podrían haber influido en este resultado. Sin embargo, vale mencionar que el tema del cambio climático ha cobrado gran relevancia en la región en los últimos años y que esto podría haber colaborado en la asociación de la necesidad de ejecutar más acciones de preservación del medio ambiente en el futuro.
En cuanto a las relaciones entre las dimensiones de RSE estudiadas, se planteó la hipótesis de que las percepciones sobre las relaciones con la comunidad se relacionarían positivamente con las expectativas a futuro de los ejecutivos. Sin embargo, las correlaciones entre las variables se dieron entre medio ambiente y comunidad. Es decir, ante un cambio en medio
ambiente se produce un cambio en las relaciones con la comunidad y viceversa.
También se encontró una correlación entre medio ambiente y expectativas a futuro. De nuevo las acciones de preservación del medio ambiente son un elemento clave para los ejecutivos y predice o puede provocar cambios en su percepción sobre las proyecciones a futuro de sus empresas en relación a la RSE. Comunidad es un aspecto importante, pero su relevancia pareciera estar ligada al medio ambiente. Es decir, ambas variables se comprobaron como muy ligadas en la industria extractiva, lo cual tiene todo sentido, si se considera que las características de la industria implican una injerencia en la vida de las comunidades fundamentalmente por sus impactos en el medioambiente. La comprobación de esta relación resulta oportuna de considerar a la hora de plantear propuestas en una de estas dos líneas, ya que se debería tener en cuenta que el trabajo en una de las variables tendrá efectos sobre la otra.
Al respecto de la influencia de la capacidad instalada de RSE en las empresas en la percepción sobre su nivel de RSE, se propuso una relación directa positiva. La hipótesis se cumplió en torno a dos de los tres indicadores planteados. Es decir, se encontró que la existencia de un encargado de RSE influyó positivamente en los resultados de las variables relaciones con la comunidad y medio ambiente y la publicación de reportes de sustentabilidad se asoció a mejores niveles en todas las dimensiones de RSE. Y si bien no se pudo corroborar que la adhesión a una organización promotora de RSE tiene incidencias en el nivel percibido de avance en la materia, sí se demostró que las empresas que han definido un puesto específico para el tema, y que realizan reportes, han sido las más avanzadas en su nivel de RSE.
Aquí interesa clarificar que, si bien, el tema de la RSE es transversal a todas las operaciones del negocio contar con una persona que dedique su tiempo
y trabajo a otorgar de integralidad a las políticas de la empresa, tiene buenos efectos.
Con respecto a la mejor valoración en la percepción en torno a todas las variables asociadas a empresas que reportan, es importante indicar que la práctica de reportar tiene justamente el propósito de alcanzar conocimiento más detallado de cómo la empresa se está desempeñando en las diversas variables de la RSE. A su vez, como se requiere la alineación de los sistemas de información para dar cuenta de los indicadores a reportar, en muchos casos, esto influye en que quienes deben lograr ciertos resultados, se encarguen de que éstos mejoren para el próximo período. En efecto, los reportes sirven para identificar un estado de situación y asumir compromisos de mejora para el futuro.
Sobre el último objetivo específico planteado en este estudio, se corroboró la hipótesis, y se encontró que efectivamente cuando el encuestado ocupa cargos más bajos en la empresa, su percepción es más crítica. Esto se cumplió para las variables Toma de decisiones y transparencia y Medio ambiente, no así para el resto de las variables. Aquí puede haber influido positivamente que la encuesta fue anónima y que los ejecutivos de cargos más bajos pudieron sentirse protegidos para expresar sus opiniones. Por otra parte, también es importante pensar que son ellos los que están en el terreno donde se evidencian los impactos de las empresas en el medio ambiente. A su vez, los jefes de área están menos al tanto de los planes de la empresa o de sus intensiones y por ello, gerentes generales o miembros de la junta directiva podrían haber brindado respuestas pensando en estas propuestas a futuro y no tanto en lo que ocurre en la actualidad. Este resultado estaría corroborando la influencia de la mayor limitación de este estudio, que como se indicó refiere a la deseabilidad social.
En relación a los aportes de esta tesis, se pueden esbozar las siguientes ideas. En primer lugar, este es el primer estudio que analiza la percepción de
ejecutivos de la industria extractiva para América Latina como región. Existe un estudio realizado por Cochilco (ver Anexo de Revisión de estudios asociados y su método de investigación) pero sus resultados remiten a empresas mineras de Chile.
En segundo lugar, el estudio permitió comprobar que las empresas de la industria extractiva están más avanzadas en RSE en comparación con otras industrias, y que en general la minería es la actividad que mejores percepciones logra entre sus ejecutivos en comparación a las empresas de gas y petróleo.
En tercer lugar, el estudio aporta un instrumento de medición validado por 18 países y un panel de expertos en el tema, cuestión que no es menor si se consideran las dificultades que se han tenido hasta la fecha para hablar de la RSE a nivel regional.
En cuarto lugar, las clarificaciones respecto a las proyecciones después de la crisis financiera y en torno a los efectos que puede generar el hecho de instalar capacidades en las empresas, generan avances relevantes en relación al conocimiento de cómo está funcionando la RSE como modelo de gestión en la región. En ambos aspectos existían presunciones que esta investigación clarifica y comprueba con resultados estadísticos.
En quinto lugar, se presenta una aproximación respecto de una línea de investigación cada vez más clara y que viene tomando fuerza recientemente, a saber, el análisis de los impactos de la industria en el desarrollo