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FORMATIVA E INVESTIGADORA EN LAS CIENCIAS SOCIO-EDUCATIVAS: LA AUTOBIOGRAFÍA

APROXIMACIÓN A LAS HISTORIAS DE VIDA DESDE EL SIGLO XX HASTA LA ACTUALIDAD PERÍODO

4. Distintas formas de trabajar y/o enfocar actualmente la historia de vida

Las Historias de Vida se enmarcan actualmente en un enfoque amplio que incluyen distintas corrientes, por lo que, realmente, no se podría hacer una clasificación exhaustiva, pues se vienen combinando diversidad de distinciones según: las disciplinas desde las que nos situamos, la forma de encauzar su elaboración, los diferentes motivos que nos llevan a escribir o relatar oralmente, las diferentes formas de proceder, los métodos empleados o las dimensiones que queremos estudiar. Las Historias de Vida toman sentidos variados, creándose posiciones cercanas o divergentes que pueden confluir en el tiempo.

Así pues, aunque desde la antigüedad hasta los usos contemporáneos de la aproximación biográfica como medio de formación, ha habido distintos posicionamientos y formas de abordarla, siendo ésta cada vez más importante en el campo de la educación (y más concretamente en Educación Social y Permanente), como medio de formación e investigación socio-cultural. Ésta se ha convertido en un medio para rescatar, no sólo la memoria o la historia, sino también y, esencialmente, para recuperar y desarrollar los aprendizajes y la experiencia de la gente a través de una posición crítica y reflexiva. Constituyéndose así, en la actualidad como una herramienta, tanto formativa como investigadora, que puede tomarse desde otras

disciplinas o enfoques como: Historia Social, Historia Oral, Antropología, Sociología,

Etnosociología, Psicosociología, Psicología Terapéutica, Psicología Social, Literatura o Documentación, etc.

“La adquisición de saberes reemplaza ella misma una lógica de construcción

biográfica: en los procesos de aprendizaje, los saberes constituidos se

encuentran descompuestos y recompuestos según una lógica de la experiencia que no respeta los desgloses y las formalizaciones disciplinarias, sino que los somete a un proceso de conocimiento de tipo biográfico. Si cada aprendizaje releva una construcción particular de la experiencia, la estructura de conocimiento en la cual viene a integrarse tiene por consecuencia su propia historia y reenvía a una biografía de aprendizaje” (Delory-Momberger, 2004: 218).

Igualmente podemos encontrar a las Historias de Vida de diversas formas según su

elaboración: oral, escrita, acompañada de grafías o documentos, de forma

combinada, etc. Éstas dependerán del ámbito, contexto, las opciones o los motivos que nos lleven a crearlas. Algunos de estos motivos, los podemos consultar en González Monteagudo (1996: 230-231), que rescata aquellos que sistematiza Allport (cit. en Szczepanski, 1967: 600) y que a continuación sistematizamos:

a) autodefensa o autojustificación ante sí mismo y ante los demás; b) exhibicionismo y apremio egoísta de mostrarse (…);

c) preocupación de reordenar la vida, de realzar acontecimientos y hechos personales; d) satisfacción estética, como actividad literaria;

e) proyección de la propia vida, el dar cuenta del camino recorrido y/o del comienzo de nuevas posibilidades;

f) descarga de tensiones internas, ante la tendencia al suicidio o como necesidad de exteriorizar conflictos internos;

g) deseo de obtener dinero con una publicación o de ganar un concurso (…); h) por encargo (…);

j) el interés de personas cultas, en la creencia de que sus memorias pueden tener valor histórico o sociológico;

k) como deber frente a la colectividad o por las enseñanzas que puede reportar el relato a las nuevas generaciones;

l) por último, otras causas pueden ser el deseo de eternidad, de dejar alguna obra o la lucha contra el olvido.

Aunque en este listado se enumeran los motivos, creemos que pueden darse varios a la vez, o también que pueden ser otros los motivos que no se registran como tales y que hoy pueden estar presentes para trabajar con Historias de Vida, como por ejemplo: tomar mayor conciencia de las concepciones socio-históricas que rodean a una vida, tener una amplia comprensión a través del trabajo auto/biográfico para poder relativizar algunas experiencias, sobre todo, aquellas que son dolorosas o para conocernos más en profundidad.

Del mismo modo, las distintas experiencias son tomadas desde diversos ejes, según sea la finalidad, el objetivo o la particularidad. Podemos focalizar la historia de vida hacia la investigación en distintos campos, o bien, podemos utilizarla como un medio pedagógico, así como para llevar a cabo proyectos e iniciativas de educación popular, de evaluación de competencias, de recuperación de hechos que acontecieron en otros tiempos, u otros objetivos o necesidades. Como bien expone Le Grand (2004), se pueden trabajar los relatos de vida como plantea Bertaux (1989), como medios para producir información sobre las condiciones sociales, “socio-estructurales” que, difícilmente, se pueden recoger a través de cuestionarios u otros medios. Y también otros investigadores las toman como medio para estudiar las representaciones que hemos ido interiorizando, pasando a ser manifestaciones “socio-simbólicas”.

Por tanto, habrá distintas formas de abordar las Historias de Vida según la manera de

proceder: se puede crear un taller donde cada persona se compromete a trabajarse;

se le puede pedir a otra persona que relate parte de su vida; podemos ser los autores de nuestra elaboración biográfica y/o contrastarla, en parte, con otras personas; u otras, por ejemplo, como señala Pujadas (2000), que diferencia entre relatos cruzados y relatos paralelos:

“El criterio que yo propongo para establecer la diferencia entre las Historias de Vida de relatos cruzados frente a las de relatos paralelos consiste, precisamente, en la existencia o no de ese sentimiento de comunidad entre los narradores. Esta variable está en relación directa con el grado de intertextualidad con la direccionalidad y con el sentido último del relato” (Pujadas, 2000: 149).

La historia de vida, por tanto, nos puede remitir a la dimensión individual de la persona, aunque “en el momento en que una persona comienza a contar su vida aparece un conjunto entrelazado de dimensiones colectivas de pertenencia” (Le Grand, 2004: 7). Según este autor, también pueden implicar al grupo, distinguiéndose aquí una “historia de vida de grupo” y una “historia de vida en grupo”, “historia colectiva” e “historia de vida colectiva” (cuando existe una vida colectiva que se une de modo afectivo) haciéndose, según sea una comunidad de pertenencia o una comunidad de destino.

Serán diversos los usos, según si tomamos un método como algo predeterminado de antemano, o bien algo abierto en continuo devenir. Igualmente, serán diferentes las posiciones si tomamos al método que haga hincapié en la formación permanente o un método de investigación y/o formación o diversas metodologías que nos permitan una reconstrucción de identidades; ya sea a través de entrevistas en profundidad u otras

herramientas. En este sentido, Formenti, (2005: 159-160), presenta un cuadro muy interesante en el que incluye diversidad de instrumentos para trabajar el método autobiográfico, dividiéndolo en: a) instrumentos de trabajo individual (espontáneos o con consignas): diario personal, producción de un texto temático, testimonios materiales como fotos de familia, cartas, letras de canciones, etc. y otros. b) Instrumentos de trabajo cara a cara: entrevista abierta, no directiva, entrevista en profundidad, entrevista semi-estructurada, método descriptivo, método crítico-clínico, cuestionarios, etc. y c) instrumentos de trabajo colectivo: autopresentaciones, trabajo del grupo con observadores, técnicas mixtas y cruzadas, etc. También Domingo Segovia y Fernández Cruz (1999), presentan diversidad de técnicas para el trabajo

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