2.4. La mujer
3.1.2. Distintos acercamientos al teatro social
La investigación de las relaciones humanas que Carballido lleva a cabo en el reducido ámbito de la familia comienza a mostrar muy pronto (a me- diados de la década de los cincuenta) la determinación que supone para el desarrollo del individuo pertenecer a un determinado estrato social. Quizá las piezas de Carballido no llegan a estar absolutamente de acuerdo con la afirmación de Octavio Paz de que «el obrero moderno carece de individua- lidad. La clase es más fuerte que el individuo y la persona se disuelve en lo genérico» (Paz 2001, 81), porque este teatro, como se ha visto en varias ocasiones, sostiene que «beneath or behind every social clash [. . . ] exists an individual whose sense (or nonsense) of personal autonomy and responsabi- lity produces a given vision of the world and explains the nature of his / her participation in the system» (Taylor 1987, 69); pero no cabe duda de que, en las piezas de temática social e incluso claramente política, Carballido denun- cia la existencia de una visión del mundo que, por encima de los discursos de los personajes, otorga a cada individuo un rol según su posición social que condiciona en buena medida su participación dentro de una estructura que se toma por inamovible.
La prueba irrefutable de que el mundo dramático carballidiano se puede ordenar sobre coordenadas referidas a la clase social es el hecho de que este autor editara en 1985 la colección Teatro para obreros. En la introducción a ese tomo afirma que «un drama francamente resuelto en términos de comu- nicación natural con la clase obrera» es aquel en que «lenguaje, pensamiento y trama, sin limitarse ni esforzarse demagógicamente, coinciden con interés, y gusto y espectro cultural de esta clase» (Obrero, 5).
Si se reelabora esta idea con los términos utilizados en el presente tra- bajo, se entiende que existe un ente que se denomina clase obrera y que a menudo se identifica con el público. Este ente tiene una visión del mundo propia —basada en una tradición y unas necesidades específicas— y esta visión sufre a menudo la imposición de una mirada ajena. El teatro social de Carballido actúa sobre la visión de la clase obrera de forma análoga a la que actuaban las piezas estudiadas en el capítulo 2 sobre la visión del indi- viduo en su entorno cotidiano, es decir, obligando al público a modificar su
perspectiva frente a las relaciones sociales.
La docena de piezas que se estudian en este capítulo modifican la perspec- tiva de maneras diferentes, por supuesto. De una parte, las piezas abordadas en § 3.2 enfocan diversos problemas de la sociedad mexicana contemporánea, bien basados en la desigualdad económica dentro del propio México (§ 3.2.1), bien en sus relaciones con los EUA (§ 3.2.2), o bien la posición de la mujer en esa situación de desigualdad (§ 3.2.3). De otra parte, los grandes collages que se muestran en § 3.3 ofrecen una nueva perspectiva de la historia y del ser mexicanos.
La estructura social que este teatro denuncia es, básicamente, la del auto- ritarismo y paternalismo de la oligarquía mexicana, y se manifiesta en múl- tiples fenómenos como la corrupción de las instituciones, la falta de justicia, el clasismo, el desigual reparto de riqueza, etc. La denuncia de estas rea- lidades está presente en la mayoría de la producción de Carballido, pero en algunas piezas, como Un pequeño día de ira o ¡Silencio, pollos peleones, ya les van a echar su maíz!, la acción de los personajes se encamina a eliminar esta situación de injusticia, siquiera pasajeramente, y el cambio de perspectiva que Carballido promueve con el uso de técnicas brechtianas busca identifi- car al espectador con dicha acción revolucionaria. La nueva perspectiva que se abre deja entrever otra estructura que refleje la verdadera naturaleza del pueblo y no la de los gobernantes, y esta visión ha de persuadir al especta- dor de la necesidad de adoptar una actitud distinta ante la estructura que lo oprime.
Cuando un autor como Carballido comienza a investigar artísticamente el comportamiento del ser humano, y sigue la línea que va desde su conciencia individual hasta los determinantes sociales, pasando por la presión de los se- res cercanos, es difícil que no continúe alargando dicha línea hasta encontrar los factores gracias a los que pervive una estructura capaz de determinar de tal manera al individuo. Es decir, en esta evolución, el autor se pregunta: si el individuo se mutila en buena parte debido a sus relaciones, y estas están a menudo impuestas por la estructura social, ¿qué es lo que sostiene dicha estructura? La respuesta, en Un pequeño día de ira y ¡Silencio. . . ! es elo- cuente, y la propia representación teatral pretende ser un antídoto contra la alienación que sostiene el sistema opresor. Pero en piezas como Acapulco,
3.1 Consideraciones previas 125
los lunes y Ceremonia en el templo del tigre, la línea trazada por Carballi- do se estira un poco más hasta señalar un origen algo más lejano para esta situación. En ambas obras, «the play of the multiplicity of power relations incorporates not only Mexicans, but their neighbors from the North, so that the power complex is seen as a wide network of relations extending beyond the borders of any one town, any one country» (Cypess 1987, 110 – 111). La amplitud del fenómeno explica el carácter desesperanzado de estas dos úl- timas piezas, donde la denuncia de tan amplia estructura de presiones es tan amarga como inútil, frente a las dos anteriores, en las que la adquisición de conciencia lleva a los oprimidos a corregir siquiera momentáneamente la situación.
Llegados a este punto, la reflexión ética y política de Carballido ha de bus- car otro camino teatral, puesto que la espontánea explosión de furia popular de Un pequeño día de ira no parece ser capaz de doblegar algo tan amplio como un nuevo orden mundial. Al mismo tiempo que escala la montaña de condicionantes sociales hasta alcanzar su cima en Ceremonia en el templo del tigre —con la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos—, Car- ballido es consciente de que para lograr un cambio de actitud ha de llegar al tejido interior, ahora no del individuo, sino de la sociedad. Los dramas histó- ricos de Carballido (véase la sección 3.3) conciben la lucha política mexicana como una batalla dentro de la propia conciencia histórica de la nación, atra- pada en su propia retórica que se impone a la realidad e impide modificarla. La lucha política que Carballido lleva a cabo es la que Octavio Paz (2001, 89) describe en estas líneas:
Nosotros [. . . ] luchamos con entidades imaginarias, vestigios del pasado o fantasmas engendrados por nosotros mismos. Esos fantasmas y vesti- gios son reales, al menos para nosotros. Su realidad es de un orden sutil y atroz, porque es una realidad fantasmagórica. Son intocables e inven- cibles, ya que no están fuera de nosotros, sino en nosotros mismos.
Por medio de la catarsis que suponen para la comunidad obras como Ho- menaje a Hidalgo, Almanaque de Juárez, Las glorias de Posada, Chucho el Roto o incluso Querétaro imperial, Carballido ayuda en la lucha contra los fantasmas que menciona Paz poniéndolos delante del espectador, ya que los episodios extraídos de la historia consiguen «construir el puente entre ayer,
hoy y mañana, al trascender los datos históricos, dramatizar la historia y así convertirla en una realidad nueva» (Bixler 1991, 355).
Ya se apuntó en § 2.4 el interés de Carballido por la figura femenina en el proceso de configuración de la perspectiva de los personajes de su teatro de la cotidianidad. Al hablar ahora en términos de relaciones sociales, tampoco se le escapa a este autor la existencia de un grupo que también se ve afectado como víctima de la estructura oligárquica y patriarcal: la mujer. Sobre todo en los últimos años, Carballido se ha acercado a esta cuestión en piezas como La prisionera (1995), Engaño colorido con títeres (1995) y Vicente y Ramona (1996). Son éstas piezas difíciles de clasificar, y quizá no del todo asimilables a este capítulo, puesto que se desarrollan en épocas alejadas de la actualidad y porque el estudio de los caracteres principales adquiere una importancia bastante grande. Es su conjunto lo que les da una cierta coherencia en el marco de las obras estudiadas aquí, como se verá en § 3.2.3.