Las mujeres tienen más dificultades para acceder al mercado laboral y mantener su ocupación, así como para lograr las mismas condiciones salariales que los hom- bres. Los principales obstáculos se derivan de las dificultades para conciliar la vida familiar y la laboral, ya que las políticas de igualdad de oportunidades desarrolla- das hasta el momento son insuficientes y en algunos casos han supuesto incluso una precarización de las condiciones laborales a consecuencia de la reducción de la jornada.
Por tanto, las mujeres sufren una doble discriminación: todavía llevan el peso de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos y son infravaloradas en el trabajo. Además, la tasa de desempleo femenino es mucho más elevada que la masculina, por
lo que hay más trabajadoras que deben aceptar trabajos por debajo de su cualifica- ción profesional y son pocas las que, pese a sus méritos y su formación, logran alcanzar puestos de responsabilidad. Ante este contexto, cada vez son más las mu- jeres que deciden crear su propia empresa para adaptarse a sus necesidades y con- vertirse en empleadoras.
Pero, si a esto se suma además el hecho de ser inmigrante o refugiada, hay que hablar ya de una “triple discriminación”: mujer, trabajadora y extranjera. En el caso de las refugiadas y solicitantes de asilo es frecuente que mujeres con alta cua- lificación en su país, amplia experiencia laboral, gran motivación para trabajar y aptitudes para afrontar nuevos desafíos, al llegar a España ocupen puestos de tra- bajo inferiores a su capacitación, más precarios y poco reconocidos socialmente. Las causas estriban en la falta de reconocimiento de sus títulos universitarios, los prejuicios socialmente extendidos, la dificultad para acceder a la formación y los problemas para obtener la regularización una vez que, como les sucede a casi el 95 por ciento de los solicitantes de asilo, les deniegan la protección internacional. Sirva de ejemplo el caso de esta solicitante de asilo colombiana:
Llegué al aeropuerto de Barajas en febrero de 2001 junto con mi hijo. Pasé tres meses en casa de una amiga que vivía en la ciudad mientras llega- ba mi marido y mi hija y fue entonces cuando solicitamos el asilo. Estuvimos residiendo en Madrid, León y hace cuatro años y medio fuimos a Valencia para fijar la residencia allí. Soy licenciada en Administración de Empresas, trabajé en Colombia durante diez años desempeñando varios trabajos en el sector público y prestando asesoría a municipios para crear la “Oficina de Control Interno” que el Gobierno implantó, controlando que se cumplieran todas las normas administrativas en estos municipios. Mi último empleo fue en el Servicio Nacional de Aprendizaje en la oficina de formación y empleo estatal.
Al llegar a España quise homologar mi titulación, por lo que me informé de los requisitos del proceso. El coste económico era alto y además tenía que estudiar algunas materias aquí en la Universidad y no tenía tiempo ni era uno de mis objetivos prioritarios, ya que tenía que trabajar.
Otro problema fue la documentación, pues me han denegado el asilo en dos ocasiones: en 2004 me quitaron “la tarjeta amarilla” y estuve tres meses sin ella hasta que me la volvieron a entregar después de presentar un recurso ante la Audiencia Nacional. En 2005 me volvieron a denegar el asilo y sigo el mismo procedimiento para la obtención de la tarjeta, hasta hoy continúo a la espera del estatuto de refugiada. En 2005, en el proceso de regularización, presenté mi documentación y gracias a ello dispongo de otra tarjeta que me
permite residir y trabajar aquí. La oferta de trabajo que me hicieron era de ser- vicio doméstico por lo que tenía que estar un año trabajando en el sector, ahora ya tengo la segunda desde mayo de 2006.
El primer obstáculo que tuve para la inserción laboral fue la documenta- ción, ya que la “tarjeta amarilla” que me acreditaba como solicitante de asilo admitida a trámite es una gran desconocida y te la revisan y comprueban rei- teradamente. En segundo lugar, y aunque mis hijos no son pequeños, mi con- dición de mujer es un problema porque las empresas temen que puedas aban- donar el trabajo ya que soy la responsable de un hogar, aunque esto ya es un problema más generalizado.
En tercer lugar, está mi condición de extranjera, mayor de 40 años y care- cer de carné de conducir y vehículo. Además, para desempeñar trabajos cuali- ficados las empresas quieren personas no cualificadas, “sin expectativas”, a veces mi formación universitaria me ha impedido acceder a puestos de trabajo, pero tampoco puedo trabajar en el ámbito de mi especialización porque me exi- gen la homologación del título universitario y experiencia laboral previa en España.
En varias situaciones he percibido discriminación. Recuerdo que en la primera entrevista que tuve en Madrid, para trabajar como empleada de hogar, llegué a la casa muy arreglada, recomendada por una amiga. La señora me miraba mucho y le comentó a mi amiga que no me cogía porque iba demasia- do arreglada y “las colombianas quitamos los maridos”.
Desde que llegué a España he estado trabajando. Al llegar a Madrid tra- bajé como empleada de hogar, en León trabajé cuidando a un matrimonio de an- cianos y en Valencia también en el servicio doméstico como empleada de hogar discontinua, cuidando ancianos o limpiando casas... En la actualidad limpio una casa, pero estoy buscando empleo como auxiliar administrativa, depen- dienta o teleoperadora, ya que tengo problemas de columna, el brazo derecho mal y dificultades físicas que me impiden hacer mucha fuerza. No he tenido mucha suerte, he dejado el currículo en muchas empresas de trabajo temporal, varias ONG, he ido al Servicio Valenciano de Empleo... y ahora estoy haciendo un curso de ofimática en el CEIM para facilitar mi inserción laboral.
Las extranjeras estamos estigmatizadas, parece que sólo servimos para el servicio doméstico. Las solicitantes de asilo a las que he conocido tienen una alta formación y cualificación profesional, pero trabajan como yo en el servicio doméstico, un trabajo poco reconocido, sin derechos. En España existe un gran desconocimiento de la realidad de los refugiados, es preciso sensibilizar a la población, pues se cree que renegamos de nuestro país, que hemos hecho algo
allí, a mí me han preguntado varias veces por qué he pedido asilo y esto nos afecta en nuestra inserción laboral.
CEAR presta una atención integral a este colectivo. A mí en concreto me han dado apoyo en momentos difíciles y me han llamado para ofertas de tra- bajo, he recibido orientación laboral, asesoramiento jurídico y he realizado prácticas en empresas como administrativa a través del Programa Equal.
Son muchas las mujeres que se dedican al servicio doméstico o a funciones asistenciales cuidando a personas dependientes, mayores o niños. Asumen las funciones que las autóctonas han delegado en la población inmigrante después de su incorporación al mercado de trabajo. El servicio doméstico es un trabajo infra- valorado, invisible socialmente, cuya regulación es deficiente y su remuneración, baja, pero tiene cada vez mayor demanda.
Puede decirse que las trabajadoras extranjeras están sosteniendo la atención a determinados colectivos, al compensar con su trabajo los insuficientes servicios que ofrecen las instituciones para atender las necesidades de las familias. Las políticas de conciliación de la vida familiar y laboral no pueden ser aquellas que permiten el pleno desarrollo profesional y familiar de unas personas frente a otras, sino que deberían propiciar el mantenimiento de los sistemas productivos y reproductivos de modo armonioso y sin que el desarrollo en un aspecto impida el crecimiento en otro.
Este trabajo tan poco gratificante, ejercido a lo largo de la historia por las mujeres, sigue recayendo en ellas, por lo que se mantiene un trasvase de desigual- dades relacionadas con el género. Para algunas es un trabajo temporal hasta que logran otro mejor o más acorde con sus expectativas, pero para muchas otras representa su única ocupación durante años y por ello, al no estar incluidas en el Régimen General de la Seguridad Social, carecen de los derechos básicos que sí tie- nen la mayor parte de los trabajadores.
La homologación de los títulos universitarios es una tarea compleja y sinuo- sa, como analizó el Informe 2005 de CEAR, y que pocas veces concluye con una respuesta completamente afirmativa del Ministerio de Educación. Mientras se resuelve, muchas refugiadas aprovechan para ampliar su preparación y, por ejem- plo, ven en la formación ocupacional una posibilidad de obtener una acreditación formal del oficio que desarrolló en su país. Por ejemplo, si allí trabajó durante cinco años como cocinera, conviene que realice en su itinerario de inserción un curso de cocinera que combine los módulos teóricos y prácticos con las prácticas no remuneradas en empresas.
En otras ocasiones participan en estas acciones formativas para adaptar sus conocimientos a la sociedad de acogida y reciclarse, con lo que facilitan su inserción
en el mercado laboral español. Entre los cursos más demandados por las solicitan- tes de asilo y las refugiadas están los relacionados con la peluquería y la estética, así como con las tareas administrativas en las empresas. Son muchas las políticas acti- vas de empleo que apuestan por la formación como instrumento que favorezca la incorporación al mercado laboral y algunas de ellas se dirigen en exclusiva hacia las mujeres y los trabajadores extranjeros al considerarse dos colectivos de difícil inserción laboral. En muchas comunidades autónomas los solicitantes de asilo sin autorización de trabajo no pueden darse de alta en los servicios públicos de empleo que financian estos proyectos.
La formación complementaria no es menos importante para favorecer la inserción laboral de las mujeres, pero varía en función de su formación académi- ca, nivel sociocultural y país de origen. Entre las estrategias que engloba destacan los cursos de conocimiento del español, alfabetización informática, reforzamiento de las habilidades sociales, búsqueda activa de empleo y empoderamiento. Estas acciones se conocen como preformación laboral y se analizan en profundidad en el epígrafe siguiente: son necesarias para desarrollar con éxito un itinerario de inser- ción y que la persona sea autónoma en la búsqueda de un puesto de trabajo.
6.3. LA PREFORMACIÓN COMO HERRAMIENTA PARA LA INSERCIÓN LABORAL