Los pastizales del Río de la Plata, con- formados por las ecorregiones de las Pampas en Argentina y los Campos en el Uruguay y parte de Rio Grande do Sul en Brasil, constituyen una de las regio- nes de pastizales templados más gran- des del mundo y han sido identificadas como una de las áreas de mayor diver- sidad de gramíneas a nivel mundial. La ubicación del país en una zona de transición biogeográfica en el conti-
nente sudamericano da lugar a cam- pos naturales intercalados con hu- medales, diferentes tipos de bosques nativos (5% aproximado del territorio nacional, con tipos de quebrada, ri- bereño, serrano, parque, palmares) e importantes extensiones de agua, como las lagunas costeras y zonas de humedales, algunas de relevancia in- ternacional —sitios Ramsar o reser- va de Biósfera UNESCO— (MVOT- MA-MRREE, 2016). Véase Recuadro XIII.
Recuadro XIII
Breve caracterización de humedales, bosques nativos y ecosistemas costeros que coexisten con el campo natural, según la Estrategia Nacional de Biodiversidad, año 2016
Los humedales ocupan aproximadamente un 12% de la superficie total del territorio, ubicándose en
tierras bajas, inundadas en forma temporaria o permanente, poco profundas, con vegetación emergente de raíz arraigada. Esta superficie incluye casi 600.000 hectáreas de bosques ribereños, considerados humedales en la clasificación de Ramsar utilizada en el Inventario Nacional de Humedales (Sosa, Díaz, Canabal, y Achkar, 2018). Si bien se encuentran en todo el territorio nacional, se destacan por su exten- sión aquellos ubicados en el sureste del país (cuenca de la laguna Merín y costa oceánica de Rocha: sucesión de lagunas y bañados asociados, algunos de aguas dulces y otros con intrusión salina), y, en el litoral oeste, Farrapos, sobre el río Uruguay. Otros bañados, a modo de ejemplo, son los del río Santa Lu- cía, en las cercanías de su desembocadura en el Río de la Plata, y los del río Tacuarembó. Los humedales, de gran productividad natural, actúan como reguladores del sistema hidrológico y como filtros, además de controlar la erosión y albergar una importante riqueza de fauna silvestre, en especial aves. Myocastor coypus (nutria) e Hydrochoerus hydrocharis (carpincho) son algunas de las especies de mamíferos de significación económica de estos ambientes.
Los bosques nativos cubren el 5,5% del territorio nacional (datos de la Dirección General Forestal). Se los
clasifica de acuerdo a sus características y composición en ribereños o de galería a lo largo de los cursos de agua a manera de “franjas” paralelas a la costa, integrados por árboles adaptados a la humedad; serranos, ubicados en las sierras del sur del país, con árboles de menor altura y troncos retorcidos; de quebrada, localizados en las quebradas del norte y este, compuestos por especies de características subtropicales; de parque, asociaciones xerófitas con bajo número de individuos; y los palmares, comuni- dades monoespecíficas ubicadas en el este y litoral oeste. El territorio uruguayo constituye el límite sur y este de la distribución natural de varias de las especies de árboles nativos (Brussa y Grela, 2007). Este es un elemento para destacar en cuanto a la importancia que cobran los programas de conservación de los recursos genéticos del país.
Los ecosistemas costeros corresponden a la interfaz terrestre-acuática y se encuentran a lo largo del
Río de la Plata, océano Atlántico, río Uruguay y resto de los ríos interiores del territorio nacional. La costa estuarina del Río de la Plata tiene una extensión de 460 kilómetros, mientras que la extensión de la costa del Atlántico es de 220 kilómetros. La presencia de depósitos aluviales recientes, suelos arenosos y turbas o afloramientos rocosos (playas de arco con puntas rocosas en el departamento de Rocha) son las princi- pales características de la costa. La vegetación típica es psamófila (pasto dibujante, senecios) o de bos- ques achaparrados (matorral psamófilo-xerófilo o bosque psamófilo), dependiendo de las condiciones del ambiente. Particularmente sobre la costa atlántica los ecosistemas costeros presentan la singularidad de estar constituidos por el sistema de lagunas costeras (José Ignacio, Garzón, Rocha y Castillos), que llega hasta el sur del Brasil. Estas lagunas juegan un papel muy importante en la conservación a nivel local y regional, por su alta diversidad biológica y productividad. Son importantes zonas de reproducción y alimentación para aves acuáticas residentes y migratorias, y también para las especies de peces y anfibios de importancia comercial, a la vez que tienen una alta riqueza florística asociada. Asimismo, el territorio marino uruguayo ha sido recientemente declarado “santuario de ballenas y delfines” por medio de la Ley 19.128 (2013).
Un trabajo realizado por varios espe- cialistas nacionales sobre “Biodiversi- dad, conservación y desarrollo en Uru- guay” señala que la propia “condición transicional del Uruguay, sumada a la alta diversidad de ecosistemas, permi- te que un elevado número de especies de animales y vegetales de diferente afinidad biogeográfica habite el país. Actualmente se conocen en el ámbito continental 2 750 especies de plantas superiores (302 leñosas), alrededor de 859 vertebrados (219 peces, 48 anfi- bios, 65 reptiles, 453 aves y 74 mamífe- ros). En el caso de las aves, Uruguay se destaca en la región por su alta riqueza de especies por unidad de superficie, que es 40% superior a la de Argentina y 25% superior a la de Brasil, a pesar de que estos países son 16 y 48 veces más grandes que Uruguay (Brazeiro, 2015). Este mismo trabajo agrega que la biodiversidad terrestre y acuática continental de la región ha sido cla- sificada, dentro del continente ame- ricano, como vulnerable y en peligro. Desde una perspectiva histórica, la pér- dida —sustitución de ecosistemas natu- rales— se ha dado en forma más acele- rada en las últimas décadas, resultando al año 2007 con un 27% del territorio continental —y en su mayoría pasti- zales— sustituido por cultivos y plan- taciones forestales (CLAES, DINAMA, PNUMA, 2008) (FAO-SARAS, 2017) (Brazeiro, 2015). En el apartado Trans- formaciones regionales y el estado del ambiente en el país: breve introducción, página 58, se presenta cómo se dieron esos cambios espacial y temporalmente. A nivel de especies también exis- ten evidencias de problemas de conservación. La ENBD reporta:
Un 29% de las especies presentes en el país se encuentran actualmente bajo algún grado de amenaza. Este dato surge de un análisis que ha tenido en cuenta la relación rareza/abundancia de las especies y los estatus naciona- les de conservación (Soutullo et al., 2013). Recientemente se han publica- do las Listas Rojas de especies amena- zadas de Aves y de Anfibios y Reptiles, y está en proceso la elaboración de la Lista Roja de Mamíferos. En el caso de las Aves se evaluaron 458 taxones, 46 fueron identificados como Ame- nazados, 31 Vulnerables, 12 En Peli- gro y dos En Peligro Crítico. Además, otros 28 fueron clasificados como Casi Amenazados. La evaluación también incluye dos especies Extintas a Nivel Regional, diez especies Deficientes de Datos y 290 de Preocupación Menor. Existe información espacial confiable sobre la biodiversidad en el Uruguay, y a partir de ella las autoridades loca- les de conservación identificaron 373 prioridades para la conservación, que abarcan: 219 mamíferos, aves, anfi- bios, peces de agua dulce y especies de plantas; 92 ecosistemas nativos amenazados; seis servicios ecosistémi- cos; siete ecorregiones reconocidas a nivel nacional; y 13 unidades de pai- saje (Di Minin, Soutullo, Bartesaghi, Rios, y Szephegyi, 2017). Sin embargo, hay quienes señalan que las plantas no han sido un objeto de evaluación del estado de conservación, aunque existe información sobre especies su- jetas a fuertes procesos de erosión genética, como las gramíneas de la pradera natural y las palmas butiá ca- pitata y butiá yatay (Brazeiro, 2015).
68 Reportados bajo el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar
contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiver- sidad.
69 Hay unas 435 833 hectáreas bajo este sistema de protección. Las primeras ingresadas en el año 1984,
los bañados de Rocha y la franja costera, contabilizan 407 408 hectáreas. En 2004 ingresan los Esteros de Farrapos (departamento de Río Negro), con 17 496 hectáreas. Finalmente, en 2015, se incorporan las lagunas de Rocha, sumando 10 933 hectáreas.