Diagrama XXIX – El Ego y sus Personalidades
EL EGO EN LA PERSONALIDAD
Hay un número de formas en que se puede observar más específica, mente la actividad del ego a medida que actúa éste mediante la conciencia de la personalidad. En primer lugar, como ya se ha señalado más de una vez, ninguna cosa mala o egoísta puede
afectar al ego, por razón del mecanismo mismo de los planos superiores, y por tanto podemos decir que éste no tiene nada que ver con el asunto. Sólo los pensamientos y sentimientos altruistas lo pueden afectar; los inferiores afectan a los átomos
permanentes, no al ego, y como hemos visto, correspondiente a éstos encontramos vacíos en el cuerpo causal, y no colores "malos". El ego está ocupado exclusivamente con sentimientos y pensamientos carentes de todo egoísmo.
La mayoría de las personas son conscientes de épocas en que están plenos de
esplendorosa inspiración y exaltación, de ardiente devoción y gozo. Estos momentos, por supuesto, son precisamente aquéllos en que el ego logra imprimirse en la conciencia inferior; pero lo que se siente entonces, en realidad está allí todo el tiempo, si bien la personalidad no se da siempre cuenta de ello. El aspirante ha de tratar de percibir por medio de la razón y también por la fe, que el ego siempre está presente, y entonces le parecerá que lo siente realmente, aún en los momentos en que el vínculo es imperfecto y cuando no lo percibe en la conciencia personal.
Además, es evidente que mientras la mente está respondiendo a los llamados de los planos físico, astral y mental, no es probable que oiga el mensaje que el ego está tratando de trasmitir a la personalidad desde sus propios planos superiores.
Un impulso emotivo, que pertenece al plano astral, se toma a veces equivocadamente por verdadera inspiración intelectual, porque lo que ocurre en el vehículo búdico, si baja a la personalidad, está reflejado en el cuerpo astral. Un ejemplo clásico de este
fenómeno se encontrará en las reuniones de despertar religioso. Las grandes sacudidas emotivas como éstas, si bien son a veces beneficiosas, en muchos casos son per. judiciales, porque tienden a producir un desequilibrio mental en las personas. Se puede dar dos reglas sencillas pero excelentes, para distinguir entre la intuición verdadera y un mero impulso. Primero: si se pone el tema de lado durante un tiempo, y se "duerme sobre" ello, con toda probabilidad desvanecerá el impulso; la intuición genuina siempre está relacionada con algo altruista; si contiene un ápice de egoísmo, se puede estar seguro que se trata sólo de un impulso astral y no de una verdadera intuición búdica.
La influencia del ego se siente a menudo en ocasiones en que uno parece conocer con convicción interna que una cosa es verídica, sin poder razonarla. El ego sabe, y su conocimiento está bien fundamentado, pero a veces no puede imprimir sus razones en el cerebro físico, aunque el mero hecho de conocer halla modo para llegarle. Por esta razón, cuando nos presentan una verdad nueva, sabemos enseguida si podemos aceptarla o no.
Eso no es superstición, sino una intensa convicción interna, Superficialmente,- parecerá un abandono de la razón en favor de la intuición; pero se ha de recordar que buddhi que traducimos por "intuición", se conoce en la India como "razón pura". Es la razón del ego, que es de tipo más elevado que lo que tenemos en los planos inferiores.
Más específicamente, podemos decir .que manas da inspiración; buddhi da intuición en cuanto al bien o el mal; atma es la conciencia dirigente, ordenando que el hombre siga aquello que sabe que es lo mejor, aún cuando la mente este tratando de inventar alguna excusa o de hacer de otra manera.
Además, las manifestaciones del genio son sólo el momentáneo dominio del cerebro por la conciencia más extensa del ego, obligándola a una percepción, a una fuerza de
concentración y amplitud de perspectiva que es la causa de su noble alcance. Esta conciencia mayor es el verdadero Yo, el hombre real. Muchas cosas que percibimos en torno nuestro, o que nos acontecen, son indicios de esta conciencia mayor, susurros, apenas articulados aún, pero promisores del futuro, que proceden de nuestra
patria,desde el mundo al que realmente pertenecemos. Son la voz del espíritu viviente, no nacido, imperecedero, antiguo, perpetuo y constante. Son la voz del Dios interno, hablando en el cuerpo del hombre.
La vida nos enseña de dos maneras, por la enseñanza que nos da el mundo, y por la intuición — el trabajo del ser interno. A medida que se desarrollan los hombres,
aumenta su intuición, y no dependen tanto como anteriormente, de la instrucción que da el mundo. Esto es otra forma de decir que el hombre que utiliza sus poderes internos puede aprender mucho más de una poco de experiencia que lo que otros pueden de mucha. A causa de la actividad de su inteligencia innata, el hombre desarrollado puede percibir el mayor significado aún en cosas pequeñas; pero la mente no desarrollada está llena de curiosidad, tiene ansias de verdad, porque, no pudiendo pensar con facilidad, agota pronto el significado obvio de las cosas ordinarias. Esta es la mente que ansia milagros en relación con su experiencia religiosa, por estar ciega a los incontables milagros que la rodean en todo momento.
Lo que llamamos los dictados de la conciencia proceden de arriba, y representan por lo general el conocimiento que posee el ego del tema. Pero aquí es necesario una palabra de cautela. El ego mismo está todavía desarrollado sólo parcialmente. Sus
conocimientos sobre un tema determinado pueden ser muy limitados o inexactos, o razona basándose únicamente en los hechos que tiene por delante.
Debido a esto, la conciencia del hombre a veces le hace extraviar, porque el ego joven que sabe poco, sin embargo, puede imprimir su voluntad en la personalidad. Pero como regla general el ego que no es desarrollado no lo es tampoco en su poder de imprimirse en los vehículos inferiores; y quizás es mejor que sea así.
Algunas veces, empero, como ya se observó, un ego a quien le falta desenvolvimiento en tolerancia y conocimientos amplios, puede, no obstante, tener la voluntad bastante fuerte como para imprimir órdenes en el cerebro físico, que demuestran que es un ego muy joven, y que no comprende.
Por eso, cuando la conciencia parece dictar algo que es contrario a las grandes leyes de la verdad, y de la justicia (como fue posiblemente el caso entre los inquisidores) el hombre debiera pensar con mucho cuidado si la regla universal no es más grande que la aplicación particular que parece estar en conflicto con dicha regla. Se ha de emplear la inteligencia siempre en tal forma que sea ésta instrumento del ego y no un obstáculo en el camino de su desarrollo.
Un curioso ejemplo de la manera en que el ego puede manifestarse a la personalidad es el descrito en "El Cuerpo Mental", pág. 264. Cierta oradora, mientras pronuncia una frase de su conferencia, ve materializarse habitualmente la siguiente frase frente a ella, en tres formas distintas, de las que selecciona ella concientemente la que le parece
mejor. Es evidente que ésto es obra del ego, aunque es un poco difícil comprender porqué adopta este método de comunicación, en vez de seleccionar él mismo la forma en que la .perece mejor, e imprimir sólo esa forma en la conciencia personal.
Los místicos saben cómo la "Voz del Silencio" difiere para personas en distintas etapas. La voz del silencio para uno cualquiera es la que procede de la parte de él mismo que es más elevada que la que puede alcanzar la conciencia, y esto, naturalmente, varía según progresa su evolución.
Para los que están trabajando ahora con la personalidad, la voz del ego es la voz del silencio, pero cuando la personalidad está dominada y unificada con el ego de manera que éste puede obrar perfectamente a través de la misma, es la voz del alma —el
espíritu trino en el plano nirvánico. Cuando se haya alcanzado ésta, habrá aún la voz del silencio, la de la Mónada. Cuando el hombre identifica al ego con la Mónada y alcance el estado de Adepto, encontrará una voz del silencio que le llegará desde lo alto, pero entonces será posiblemente la de uno de los Ministros de la Deidad, uno de los Logos Planetarios. Quizás para Él a su vez será la del Logos Solar Mismo. La "Voz del Silencio", por consiguiente, sea cual fuere el nivel de donde procede, es siempre esencialmente divina.
El ego actúa en el cuerpo físico mediante las dos grandes divisiones del sistema
nervioso — el simpático y el cerebro-espinal. El simpático está conectado mayormente con el cuerpo astral, el cerebro-espinal con el cuerpo mental, llegando dicho sistema a estar cada vez más, bajo la influencia del ego, a medida que avanza éste en poder intelectual.
Al desarrollarse el sistema cerebro-espinal, el ego pasó al sistema simpático más y más de las partes de su conciencia ya definitivamente establecida, hacia las cuales no necesitaba dirigir más la atención para mantenerlas en funcionamiento. Es posible por medio de los métodos del Hatha Yoga, por ejemplo, hacer que el ego recobre control directo sobre partes del sistema simpático; es evidente que hacer esto no constituye un paso en adelante, sino de retroceso en la evolución."
El estudiante debe recordar que el ego siempre se está esforzando hacia arriba, tratando de liberarse de los planos inferiores y de las cargas que impiden su ascenso. No quiere molestarse, por ejemplo, en cuidar las funciones vitales del cuerpo, y dedica su atención a la maquinaria sólo cuando algo anda mal. Como ya se dijo anteriormente, se puede recuperar todas estas funciones, pero no vale la pena hacer esto. Al contrario, cuanto más podemos entregar a dicho automatismo, mejor; puesto que cuanto menos utilizamos la conciencia de vigilia para las cosas que se repiten continuamente, más tendremos de ésta para trabajar en lo que realmente requiere nuestra atención, que probablemente sea de una importancia mucho mayor, en todo caso desde el punto de vista del ego.
De vez en cuando podrá estar el hombre dominado por una "idea fija", resultando en locura en algunos casos, en otros, en la devoción inflexible o la determinación del santo o del mártir. Estas dos clases tienen diferente origen psicológico, que pasaremos ahora a estudiar.
Una idea fija que es locura es la que el ego ha entregado al sistema simpático de manera que ha llegado a ser parte del "sub-consciente". Puede ser una modalidad o idea pasada que el ego ha dejado atrás; o algún hecho olvidado que de repente se reafirma, sin estar acompañado del medio ambiente que le corresponde; o la conexión de dos ideas incon- gruentes, etcétera.
Hay un sinnúmero de ideas semejantes con las que el ego ha tenido que ver en el pasado, y que no ha desechado completamente del mecanismo de la conciencia; de modo que han demorado allí, aunque el ego mismo ya no las necesita más. Siempre cuando parte del mecanismo de la conciencia puede responder a ellas existe la
posibilidad de que dichas ideas surjan arriba del horizonte o “umbral” de la conciencia. Al surgir una idea semejante, como lo hace, sin razón de ser, sin razonabilidad, con el ímpetu, la precipitación, el impulso y la fuerza apasionada del pasado, domina el mecanismo más sutil producido por el ego para sus propósitos más elevados, porque las ideas tales como las que estamos considerando son más fuertes en el plano físico que las que llamamos ideas mentales corrientes, puesto que por el hecho de ser sus vibraciones más lentas y groseras, producen un resultado mayor en materia más densa. Es mucho más fácil por ejemplo afectar el cuerpo físico por medio del impulso de una emoción salvaje, que mediante el razonamiento sutil del filósofo.
Podemos afirmar pues, que la idea fija del loco es por lo general una que ha dejado su rastro en el sistema simpático, y que, durante algún disturbio o debilitamiento del sistema cerebro-espinal puede afirmarse en la conciencia. Surge desde abajo.
La idea fija del santo o del mártir, por lo contrario, es cosa muy distinta. Ésta desciende del ego mismo, que está tratando de imprimir en el cerebro físico su propia emoción más elevada, su propio conocimiento de mayor extensión. El ego, que puede ver más lejos en los planos elevados que en la envoltura física, trata de imprimir su voluntad, su propio deseo de lo superior y sublime, en esa envoltura. Este impulso llega con poder todo-dominador; no puede aprobar la razón, debido a que el cerebro todavía no está pronto para razonar sobre esas líneas de conocimiento superior, de visión e intuición más profundas; pero baja con la fuerza del ego, en un cuerpo preparado para ello y así se afirma con poder dominador, guiándole al hombre a la acción heroica, al martirio, a la santidad. Tales ideas vienen no como en el caso anterior, desde abajo, sino de arriba, no del subconsciente, sino del superconsciente.
Como se dijo en "EL Cuerpo Mental" pág. 263, no hay por qué huir de la verdad de que existe con frecuencia cierta inestabilidad psicológica asociada con el genio, según expresado en el dicho que el genio está muy cerca de la locura y en la afirmación de Lombroso y otros, que muchos de los santos fueron neuropáticos. Cuanto más delicada la maquinaria tanto más fácil será forzarla demasiado, o hacerla salir de su engranaje; por eso es cierto a veces que la misma inestabilidad del genio o del santo es condición propia de su inspiración, por no estar el cerebro normal lo suficientemente desarrollado ni bastante delicado como para responder a esas oleadas que vienen de la conciencia superior.
Así los impulsos, que llamamos la inspiración del genio, bajan de la superconsciencia, desde el reino del ego mismo. Estas inspiraciones de la conciencia superior no sólo suelen causar a veces inestabilidad cerebral, sino que, como es bien sabido, con
frecuencia están acompañadas de gran irregularidad en la conducta moral. La razón de esto es interesante y de importancia.
Al bajar alguna fuerza de un plano más elevado a uno inferior, está sujeta a transmutación en el vehículo en el que aparece. Según la naturaleza de éste será la transmutación de la fuerza, siendo parte de la misma transformada por el vehículo en el que actúa, en aquella forma de energía a la que se presta con mayor facilidad.
Por consiguiente, si un órgano, por ejemplo, tiene cierta tendencia a la excitación
sexual, la bajada de la fuerza del genio aumentará enormemente la fuerza de sexualidad, por la parte de ésta que se trasmite en vitalidad. Podemos observar aquí, como ejemplo del funcionamiento de este principio, que en la Tercera Raza, la bajada de la vida espiritual a los canales del hombre animal, aumentó tan enormemente sus poderes animales que fue necesario que los Hijos de la Mente vinieran en su ayuda, o la humanidad se hubiera hundido en el más vil de todos los excesos animales,
acrecentando la fuerza misma de la vida espiritual, la hondura del sumergimiento en la degradación. La acción que se ha de aprender de esto es claramente la gran importancia de purificar en primer lugar la naturaleza inferior antes de invitar la entrada de las fuerzas superiores. La primera regla es. como enseñó el Buddha: "Dejad de hacer el mal".
En las palabras de "La Voz del Silencio": "Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escala. ¡Ay de aquel que se atreva a ensuciar con sus pies fangosos un escalón tan solo! El cieno inmundo y pegajoso se secará, se hará tenaz, pegará sus pies en aquel sitio y como el pájaro cogido en la liga del cazador astuto, quedará imposibilitado para un nuevo progreso. Sus vicios adquirirá forma, y le arrastrarán hasta el fondo. Sus pecados levantarán la voz, semejante a la risa y al plañido del chacal después de la puesta del sol; sus pensamientos se convertirán en un ejército, y se lo llevarán tras sí como a un esclavo.
"Mata tus deseos, Lanú; reduce tus vicios a la impotencia, antes de dar el primer paso en el solemne viaje.
"Ahoga tus pecados, enmudécelos para siempre, antes de levantar fifi pie para subir la escala.
"Aquieta tus pensamientos, y fija toda la atención en tu Maestro, a quien todavía no ves, pero a quien tu sientes."
Sería casi innecesario advertirle al estudiante que uno de los significados de "tu Maestro" es su propio ego.
El hombre en el Sendero ha de cumplir con su trabajo esmeradamente. En el umbral se pueden corregir errores con mucha facilidad; pero si el discípulo en las primeras etapas de su aprendizaje espiritual no se libera totalmente del deseo de poder, por ejemplo, éste se hará cada vez más fuerte. Si no lo desarraiga donde está basado en los planos físico, astral y mental, sino que le permite echar raíces en el plano espiritual del ego, los encontrará muy difíciles de estirpar. La ambición establecida así en el cuerpo causal se lleva de vida en vida. Por eso el aspirante ha de precaverse de permitir que la ambición
espiritual toque el cuerpo causal, y de esta manera construir en él elementos de separatividad que encierran la vida cada vez más.
El individuo que es un genio en alguna línea puede a menudo encontrar suma facilidad en aplicar extremada concentración en su línea específica de trabajo; pero, al descansar de esto, su vida ordinaria con toda posibilidad puede estar todavía plena de remolinos en los cuerpos mental y astral. Tales remolinos pueden cristalizarse, y esto lo hacen
constantemente, en prejuicios permanentes, y producen verdaderas congestiones de materia que se asemejan a verrugas en el cuerpo mental (véase "El Cuerpo Mental" pág. 38). Esto, naturalmente no es lo que se requiere: el estudiante de ocultismo tiene por objetivo nada menos que la completa destrucción de los remolinos, para enderezar la mente inferior y hacer de ella en todo momento, una servidora tranquila y obediente del ser superior.
Durante el sueño del cuerpo físico, aunque el ego deja el cuerpo, sin embargo siempre mantiene un estrecho conexo con éste, de modo que bajo circunstancias ordinarias sería pronto llamado de vuelta por el cuerpo en el caso que fuera objeto de algún ataque; por ejemplo, una tentativa de obsesión.
Si bien existen causas muy variadas que producen el sonambulismo véase "El Cuerpo Astral" pág. 113, hay algunos casos en que parece que el ego puede actuar con mayor facilidad sobre el cuerpo físico durante la existencia de los vehículos intermediarios, mental y astral — casos éstos en que el hombre durante el sueño puede escribir poesía o pintar cuadros, cosa que sería mucho más allá de sus capacidades en el estado de vigilia.