• No se han encontrado resultados

EL SÉPTIMO CIELO: PRIMER SUBPLANO

In document EL CUERPO CAUSAL y EL EGO (página 89-91)

Capítulo XVII PENSAMIENTO CAUSAL

EL SÉPTIMO CIELO: PRIMER SUBPLANO

Ésta, la esfera más gloriosa de todas las del mundo celestial, tiene hasta ahora pocos representantes de nuestra humanidad porque en sus alturas moran únicamente los Maestros de la Sabiduría y Compasión y sus Discípulos.

En una de las primeras cartas recibidas de cierto Maestro dice que es imposible comprender la condición del Primer y Segundo Reino Elemental, es decir, los planos causal y mente inferior, salvo en el caso de ser un Iniciado; por lo cual no podemos esperar tener éxito al intentar describirlos en el plano físico.

No existen palabras que puedan describir la belleza de forma de color y de sonido en el plano causal, porque el lenguaje mortal no contiene tèrminos con que expresar estos radiantes esplendores.

Al alcanzar el sèptimo cielo, entramos en contacto por vez primera con un plano que es cósmico en su extensión; por cuanto ésta, la parte atómica de nuestro plano mental, es el subplano inferior del cuerpo mental del Logos Planetario. En este nivel, por tanto, se puede encontrar muchas entidades que, por falta de palabras, el lenguaje humano no alcanza a describir. Para nuestras necesidades actuales, por consiguiente, convendrá poner totalmente de lado a estas huestes de seres cósmicos y limitarnos estrictamente a los habitantes pertenecientes al plano mental de nuestra propia cadena de mundos. Los que se hallan en dicho subplano han alcanzado la evolución mental, de manera que en ellos lo superior brilla siempre a través de lo inferior. Han quitado de sus ojos el velo ilusorio de la personalidad y se dan cuenta de que no son la naturaleza inferior sino que utilizan esta como un medio para adquirir experiencia.

En los menos evolucionados de éstos, la naturaleza inferior puede tener aún el poder de encadenar y dificultad pero jamás podrán ellos caer en el error de confundir el vehículo con el Yo que lo utiliza. De esto se salvan porque llevan la conciencia no sólo de día en día sino de una encarnación a otra, de manera que las vidas pasadas ya no se consideran tanto en retrospecto sino como continuamente presentes en la conciencia, y el hombre las considera como una sola en lugar de verlas como múltiples vidas.

En este subplano, el ego es consciente del mundo celestial inferior, como también del plano en el que se encuentra. Si en este tiene alguna manifestación tal como una forma mental de la vida celestial de sus amigos, puede extraer la máxima utilidad de la misma. En el tercer subplano y aun en la parte inferior del segundo, su conciencia de los

subplanos debajo de él era todavía débil y su acción en la forma mental instintiva y automática. Pero cuando entró de lleno en el segundo subplano se le aclaró la visión y con agrado reconoció en dichas formas, vehículos mediante los cuales podía expresarse con mayor amplitud en cierto sentido de lo que le era posible por medio de la

personalidad.

Ahora que funciona en el cuerpo causal, en la magnífica luz y el esplendor del cielo superior, su conciencia está instantánea y perfectamente activa en cualquier punto de las divisiones inferiores a que desea dirigirla, y puede, por consiguiente, proyectar

intencionalmente un aumento de energía en alguna forma mental, cuando quiere emplearla con fines educativos.

Desde este nivel más elevado del plano mental desciende la mayoría de las influencias proyectadas por los Maestros de la Sabiduría, a medida que trabajan para la evolución de la raza humana, actuando directamente sobre las almas o egos de los hombres, derramando sobre estos las energías inspiradoras que estimulan el crecimiento espiritual, aclaran la inteligencia y purifican las emociones.

De ahí recibe el genio la iluminación; allí todos los esfuerzos hacia arriba encuentran su dirección. De la misma manera que, partiendo de un centro todos los rayos del sol caen en todas partes y cada cuerpo, al recibirlos, los aprovecha de acuerdo con la naturaleza propia de cada uno; así, de los Hermanos Mayores de la raza parten la luz y vida que es

su función suministrar. Cada uno de dichos cuerpos usa todo lo que puede asimilar, y mediante esto crece y se desarrolla. De esta manera, como en todas partes, la gloria más excelsa del mundo celestial se encuentra en la gloria del servicio, y los que han logrado la evolución mental son los manantiales de donde fluye fuerza para los que aun están ascendiendo.

En los tres niveles superiores del plano mental se encuentran las huestes de devas arupa o sin forma, que no poseen cuerpo más denso que el causal. La naturaleza de la vida de estos parece ser tan esencialmente distinta a la nuestra como para hacer imposible ninguna descripción de ellos en palabras físicas.

Estos devas tienen que ver con la dirección de los mundos, de las razas y de las naciones.

Existe también una clase muy limitada de hombres, conscientes en los niveles arupa del plano mental, que han sido "hechiceros" en el pasado. En ellos está activo el intelecto superior, y con esto el reconocimiento intelectual de la unidad. Ahora perciben que han estado en mal camino, que no es posible retener al mundo e impedir su avance en el arco ascendente. Como están todavía atados por el Karma que han producido, se ven obligados a trabajar del lado negativo, es decir con la desintegración. Pero actúan con un móvil diferente, y tratan de dirigir sus fuerzas contra aquellos individuos que requieren ser fortalecidos en la vida espiritual por medio de la lucha contra la

resistencia. Marie Corelli parece haberse dado cuenta de esta verdad al tratar el tema en su obra "Los Dolores de Satanás". El Satanás descrito en esta obra se regocija siempre cuando es vencido; se esfuerza en oponer, pero se alegra cuando el hombre demuestra ser lo suficientemente espiritual para resistir.

Este aspecto de la vida es también reconocido en las Puranas hindúes. Hay casos en que un hombre ha evolucionado hasta alcanzar un punto muy elevado de conocimiento, y luego para expiar una parte de su Karma pasado, encarna bajo la forma de un enemigo del bien, como Ravana. Debido a este Karma pasado, está obligado a recoger en sí mismo las fuerzas malignas del mundo para que éstas puedan ser destruidas. En otras religiones existe la misma idea bajo distintas formas.

Capítulo XXII

In document EL CUERPO CAUSAL y EL EGO (página 89-91)