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TRISHNA: LA CAUSA DE LA REENCARNACIÓN

In document EL CUERPO CAUSAL y EL EGO (página 91-94)

Capítulo XVII PENSAMIENTO CAUSAL

TRISHNA: LA CAUSA DE LA REENCARNACIÓN

Hemos casi terminado nuestra consideración de la naturaleza, funciones, crecimiento y desarrollo del cuerpo causal. Habiendo de esta manera estudiado lo que podríamos llamar el lado forma, es necesario ahora tratar de comprender mejor el ego mismo, como ser consciente y activo.

En este capítulo iniciaremos el estudio del ego en relación con sus personalidades: esto significa en realidad el aspecto vida de la reencarnación. La primera parte de nuestro tema será consagrado a Trishna — esa "sed" que es la razón principal que incita al ego a buscar la reencarnación. En el siguiente capítulo trataremos más especialmente del aspecto forma de la reencarnación, es decir, su mecanismo.

Luego nos ocuparemos de otros aspectos de la actitud del ego hacia la personalidad. Después pasaremos a un estudio de la vida del ego en su propio plano. Finalmente abordaremos en cuanto permitan nuestros materiales, la relación del ego con la Mónada. La razón primaria y esencial de la reencarnación es la Voluntad Cósmica que se hace sentir en el ego, apareciendo en él como un deseo de manifestarse. En obediencia a esto, el ego repite la acción del Logos y se proyecta en los planos inferiores.

En sánscrito este deseo se conoce más específicamente como Trishna, o sed, en pali, como Tanha. Es la sed ciega de vida manifestada, el deseo de encontrar alguna región en que el ego pueda (1) expresarse y (2) recibir aquellas impresiones e impactos desde afuera, los únicos que le permitirán estar consciente de vivir, de sentirse vivo.

Esto no es el deseo de vivir en el sentido corriente de la palabra, sino más bien el de una manifestación más completa, un deseo de sentirse vivificado y activo en mayor grado, un ansia de esa conciencia plena que comprende el poder de responder a todas las vibraciones posibles procedentes de los medios ambientes en cada plano y en tal forma que el ego pueda alcanzar la perfección de simpatía, es decir, sentir con.

Como veremos con mayor claridad más adelante, el ego en su propio plano está lejos de ser del todo consciente, pero la conciencia que tiene, le da una sensación de mucho agrado y despierta en él una especie de hambre de una realización más amplia de la vida. Es esta hambre del ego, en realidad, lo que está por detrás del gran clamor mundial en demanda de una vida más abundante.

No es la presión exterior la que le obliga al hombre a volver a la encarnación: encarna porque quiere venir al mundo. Si el ego no quisiera retornar, no lo haría; pero en tanto persista deseo de alguna cosa que el mundo puede proporcionarle, deseará regresar. De modo que no está forzado contra su propia voluntad a volver a este mundo de penas, sino que es su propia e intensa hambre lo que lo atrae de vuelta.

Podríamos tomar una analogía del cuerpo físico. Cuando se ha ingerido alimento y éste ha sido completamente absorbido, el cuerpo pide más, tiene hambre. Nadie le obliga al hombre a comer; consigue alimento y lo consume porque lo necesita. De igual modo, mientras el hombre sea imperfecto, mientras no haya asimilado todo lo que este mundo le puede ofrecer y lo haya utilizado completamente, de tal manera que no ansíe más nada de este mundo, volverá a encarnar.

Se puede concebir a Trishna como uno de los muchos modos en que se manifiesta la ley universal de periodicidad. En la Filosofía Esotérica, se reconoce esta ley como

abarcando la emanación y la reabsorción del universo, el Día y la Noche de Brahma, la expiración y la inspiración del Gran Aliento.

De ahí que los hindúes hayan representado al Dios del Deseo como el impulso hacia la manifestación. "Kama. . . es en el Rig Veda la personificación del sentimiento que conduce e impulsa a crear. Fue el Primer Movimiento que impulsó al UNO a crear, después de su manifestación desde el Principio Abstracto puro. Primeramente surgió en Él el deseo, que fue el germen Primordial de la Mente; y que los Sabios, al investigar con su inteligencia han descubierto ser el lazo que relaciona a la Entidad con la No- Entidad." (La Doctrina Secreta, II, 206).

Cuando la Inteligencia espiritual entra en contacto con esta sed de sensación, su primer acto es de intensificarla. Como dice la Estancia: "De su propia esencia llenaron (es decir, intensificaron) el Kama". (ídem, 212). Así Kama para el individuo como para el Cosmos llega a ser la primera causa de la reencarnación, y a medida que el Deseo se diferencia en deseos, éstos encadenan al Pensador a la tierra y le traen de vuelta repetidas veces al nacimiento. Las escrituras hindúes y budistas están, naturalmente, repletas de esta afirmación de una verdad.

Existirá Trishna en tanto no se alcance la realización de Brahman. Cuando el hombre haya asimilado todo lo adquirido, incorporándolo en sí mismo, entonces Trishna surgirá y lo hará salir para que vaya a adquirir nuevas experiencias.

Al principio, es sed de experiencias externas, y es en este sentido que se emplea Trishna generalmente. Sin embargo hay una sed aún más aguda, expresada bien en la frase: "Sedienta está mi alma de Dios, del Dios vivo. Esta es la sed que siente la parte de encontrar la totalidad a que pertenece. Si pensamos en la parte que procede del total pero sin perder jamás el vínculo con éste, entonces veremos que existirá siempre una fuerza de retracción tratando de hacer retornar a dicha parte. El Espíritu, que es divino, no puede encontrar satisfacción permanente fuera de la divinidad; y es este descontento, este deseo de buscar, lo que constituye la raíz de Trishna, que saca al hombre de

devachán, o, en realidad, de una condición cualquiera hasta alcanzar el término de la búsqueda.

Es muy posible para el hombre llegar a una especie inferior de Moksha — una temporaria liberación del renacimiento. Así en la India ciertos yogis menos

desarrollados matan deliberadamente todos los deseos que pertenecen a este mundo determinado. Al darse cuenta de que el mundo es transitorio, de que apenas vale la pena preocuparse mucho de permanecer en él, especialmente si se ha sufrido mucho o se ha desilusionado, el hombre llega a esa forma de vairagya (desligamiento) que se

denomina técnicamente "vairagya de tierra candente"; y si bien esto no conduce a la liberación completa, da por resultado una liberación parcial.

Como afirma uno de los Upanishads, el hombre nace en el mundo al que le conducen los deseos. De ahí que, habiendo matado todo deseo de algo en este mundo, desaparece del mismo y no renace más en él. Entonces pasa a un loka (mundo) que no es

permanente, pero en el que podrá permanecer durante largas épocas. Existen muchos mundos de tal naturaleza, relacionados a menudo con la adoración de una forma Divina particular, con tipos especiales de meditación, etc., y el hombre puede pasar a uno de éstos y quedar allí por tiempo indeterminado. En el caso de los que se han entregado mayormente a la meditación, su deseo está dirigido por completo hacia los objetos de la meditación; por consiguiente permanecen en el mundo mental, donde sus propios deseos les han conducido.

Si bien tales personas se han libertado de las penas de este mundo, volverán finalmente a un mundo, a éste si aún existe, sino a otro parecido a éste en el que podrán continuar su evolución desde el punto en que fue suspendido. De ahí que solo postergan las dificultades, y por consiguiente no parece valer la pena adoptar el plan descripto.

Es debido a la posibilidad de "matar" el deseo que los instructores ocultistas prescriben en su reemplazo la transmutación del deseo. Lo que se mata resucitará de nuevo: lo que se transmute está cambiado para siempre. Una persona en estado muy imperfecto de evolución, que mata el deseo, destruye al mismo tiempo toda posibilidad de evolución superior, puesto que no tiene nada para transmutar. El deseo está muerto para la vida actual, lo que significa que toda la vida superior de las emociones y mental está muerta durante dicho período.

El falso vairagya es una repulsión de lo inferior, producida por desilusión, penas, cansancio de cualquier naturaleza: la verdadera indiferencia hacia las cosas inferiores resulta del deseo de la vida superior, y produce un resultado completamente distinto. En "La Voz del Silencio" se dice que el alma requiere "puntos que le atraen hacia arriba"; al matar el deseo el hombre se libera sólo temporalmente del gusto de la vida; el gusto existe todavía en estado latente, y a su debido tiempo renacerá.

Si un individuo que ha matado el deseo en la forma señalada es una persona muy corriente, sin cualidades especiales de intelecto o morales, quedará, como ya se explicó, apartado de este mundo, en condición tal que se encuentra feliz pero en la que no es de ninguna utilidad especial, ni para sí mismo ni para ningún otro ser.

Si, por el contrario, es un hombre que ha progresado considerablemente en el Sendero, puede haber alcanzado una etapa de meditación en la que sus poderes mentales son de gran valor. Puede, aunque sea inconscientemente, influenciar al mundo y así ayudar en esa gran corriente de energía mental y espiritual de que se sirven los Maestros para Su obra en el mundo. Este es el repositorio llenado con energía espiritual por los

Nirmanakayas (véase "El Cuerpo Mental", pág. 185).

Un individuo de esta naturaleza, pleno de espíritu de servicio, pasaría a un mundo en el que podría trabajar en ese sentido especial. Sería un mundo más o menos al nivel del cuerpo causal. Allí podría vivir durante evos, literalmente, proyectando una corriente de pensamiento concentrado para ayudar a los demás, y ayudando así en el abastecimiento de esta reserva de poder espiritual.

Capítulo XXIII

LOS ÁTOMOS PERMANENTES Y EL MECANISMO DE LA

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