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El año que comenzamos a vivir en democracia

―En un muro de Masatepe, en Nicaragua, poco después de la caída del dictador Somoza: Se

morirán de nostalgia, pero no volverán‖

Eduardo Galeano377

1983 fue el período de restitución de la democracia y 1984 fue un hermoso primer año de la vuelta de los derechos y las garantías, la necesidad de tener memoria y justicia por las violaciones a los derechos humanos, el regreso de todo lo prohibido, el conocimiento sobre lo censurado y la normalización de las instituciones que estuvieron intervenidas o cerradas. En fin, un concreto y efectivo retorno plagado de restituciones.

El primer paquete de medidas del nuevo gobierno no estuvo centrado en la delicada situación económica heredada o en la dura situación social de olvidos y postergaciones que se vivía, ni mucho menos en la conformación de nuevas y diferentes relaciones internacionales. Alfonsín puso el acento en la revisión judicial de los años de plomo y en el restablecimiento de nuevas pautas en democracia. Reconstruir ese ejercicio olvidado de vivir en democracia tolerando al otro que piensa y actúa diferente, reconociendo que una sociedad no se puede reconstruirse sin memoria y castigo a los culpables. Este reconocimiento tenía diferentes caminos y procesos, el gobierno radical tuvo una cautelosa negación para dar ciertos pasos y una implementación paulatina y presionada por algunos actores importantes de la sociedad civil que lucharon desde siempre por esos derechos humanos.

Apresado entre el miedo en la aplicación de ciertas políticas y las negociaciones para suavizar reacciones, Alfonsín instala una mirada de esos años de horror, amplia y conformista de todos los posibles posicionamientos sobre el tema. Malos son todos y todos deben ser responsables por lo que hicieron, así surge la implementación oficial de la doctrina de los dos demonios donde se propiciaba la idea de atrocidades aberrantes incurridas por el terrorismo de Estado y por

guerrilleros alzados contra el poder intentando aplicar políticas económicas y sociales contrarias a la mayoría de la población. Hacer justicia con unos y otros sin entender el nivel de

atrocidades cometidas. Sin comprender los fines que lo propiciaron y sin reconocer que ese otro supuesto, representante de un terrorismo que quería imponer ideas foráneas –tal como decían los argumentes castrenses–, eran en marzo de 1976 unos pocos sobrevivientes de una diezmada guerrilla, agigantada y aumentada para sostener justificaciones sólidas al nuevo golpe militar. Una doctrina de justicia que se proponía como una receta mágica para cerrar las heridas entre ciudadanos de una misma Nación, producidas injustificadamente por esas acciones aberrantes del terrorismo en manos del Estado. El problema de esas políticas con posturas de todos somos

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culpables estuvo cruzada por intereses irreconciliables, muy disímiles de parte de

posicionamientos que quedaron enfrentadas, en veredas apuestas. Desde las reivindicaciones de las acciones castrenses quedaron solicitando olvido y perdón por estar brindando un servicio a la

patria frente al enemigo extranjero. Desde los defensores del respeto por los derechos humanos y

los afectados por esas acciones, reclamaban verdad y justicia, cárcel y castigo por sus culpabilidades.

Después de ocho años sin funcionar, diputados y senadores nacionales aprobaron en diciembre de 1983 la ley que estuvo directamente asociada a esa línea de dar luz sobre los aberrantes hechos de violación a los derechos humanos derogando la autoamnistía militar. Primera de una serie de medidas desarrolladas en la misma línea durante todo 1984: aumento de penas para el delito de rebelión, juicio rápido para quien atentaba al orden constitucional, pena de prisión perpetua para quien torture, ratificación parlamentaria de los pactos de las Naciones Unidas sobre Derechos Civiles, Económicos, Sociales y Políticos y de la OEA de San José sobre Derechos Humanos, entre otras medidas. 1984 estuvo destinado a políticas que garanticen en el futuro que esto no

vuelva a suceder y a brindar ciertas posibilidades controladas para enjuiciar a los culpables del

terrorismo de Estado.

Antes de las elecciones, los Organismos de Derechos Humanos emitieron un documento conjunto de exigencias y propuestas. Allí se proponía la conformación de una comisión investigadora parlamentaria con poder para indagar, documentar y dar a conocer las acciones de ese terrorismo de Estado y las responsabilidades de su ejecución. Ya al frente del gobierno, y ante la instalación en la agenda nacional del tema en manos de las reiteradas marchas de los organismos de Derechos Humanos, Alfonsín toma la iniciativa porque no le atraía para nada la idea de tener una Comisión Bicameral debido a que su partido no era mayoritario en una de las dos Cámaras. Entonces apostó a una Comisión de notables de diferentes áreas y profesiones, acompañados por seis senadores y diputados, dependiendo directamente del Poder Ejecutivo. Algunos organismos de Derechos Humanos participaron activamente a pesar de no estar de acuerdo con la constitución de la Comisión y otros impugnaron por no ser conformada por legisladores elegidos por el pueblo. La oposición política tampoco participó, los senadores y diputados eran todos radicales.

Alfonsín creó, a través del decreto 187 del 15 de diciembre de 1983, la Comisión Nacional

sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), integrada por el obispo católico Jaime de

Nevares, la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, el obispo protestante Carlos Gattimoni, el escritor Ernesto Sábato, el rabino judío Marshall Meyer, el médico René Favaloro, el epistemólogo Gregorio Klimovsky, el matemático Hilario Fernández Long, el jurista Ricardo Colombres y el filósofo Eduardo Rabossi.

En el artículo 2 del decreto presidencial se detallaba con precisión las ―funciones específicas y

taxativas de la Comisión‖: ―recibir denuncias y pruebas sobre aquellos hechos y remitirlas inmediatamente a la justicia si ellas están relacionadas con la presunta comisión de delitos; averiguar el destino o paradero de las personas desaparecidas, como así también toda otra circunstancia relacionada con su localización; determinar la ubicación de niños sustraídos a la tutela de sus padres o guardadores a raíz de acciones emprendidas con el motivo alegado de

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reprimir al terrorismo, y dar intervención en su caso a los organismos y tribunales de protección de menores; denunciar a la justicia cualquier intento de ocultamiento, sustracción o destrucción de elementos probatorios relacionados con los hechos que se pretende esclarecer y emitir un informe final, con una explicación detallada de los hechos investigados, a los ciento ochenta (180) días a partir de su constitución‖378, lo que se conoció, luego, como Informe de la

CONADEP Nunca Más, concibiendo finalmente un libro editado en noviembre de 1984 por

EUDEBA Libros, la editorial de la Universidad de Buenos Aires,379 con prólogo escrito por el Presidente de la Comisión, Ernesto Sábato. También, en ese artículo del decreto, se determinaba los límites de dicha comisión: ―no podrá emitir juicio sobre hechos y circunstancias que

constituyen materia exclusiva del Poder Judicial‖380.

Quizás lo primordial y esencial para su funcionamiento concreto se centraba en el artículo 3 del decreto: ―La Comisión podrá requerir a todos los funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional,

de sus organismos dependientes, de entidades autárquicas y de las fuerzas armadas y de seguridad que le brinden informes, datos y documentos, como asimismo que le permitan el acceso a los lugares que la Comisión disponga visitar a los fines de su cometido. Los funcionarios y organismos están obligados a proveer esos informes, datos y documentos y a facilitar el acceso pedido‖381, tareas que fueron muy difíciles de lograr en un cumplimiento

efectivo, sobre todo en las Fuerzas Armadas que debieron abrir los cuarteles donde se habían albergado dependencias de los Centro Clandestinos de Detención de Personas. En primera instancia, los militares actuaron realizando acciones que se rebelaban al mandato del decreto presidencial que los obligaba a colaborar con la Comisión. Desde los integrantes de dicha Comisión hubo protestas y quejas que llegaban al propio Alfonsín, así como de parte de los militares de alto rango al Ministro de Defensa de la Nación, Raúl Borras, quien finalmente tomó medidas para persuadir a los militares. Estos mecanismos y modalidades de reclamos serán moneda corriente en Radio Belgrano frente a la programación pluralista y a la posibilidad de apertura a todas las voces.

La CONADEP dio resultados muy favorables, a pesar de la no colaboración de organismos importantes de Derechos Humanos, se ganaron de a poco la confianza de los afectados, se animaron a dar testimonios, aportar nuevos datos y se conoció de cerca aquellos que pudieron sobrevivir a tremenda barbarie estatal. Se publicaron las denuncias, se conocieron más lugares

378Decreto 184/83 del Poder Ejecutivo Nacional Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas del 15 de diciembre de

1983, publicado en el Boletín Oficial el 19 de diciembre de 1983. (Consulta: 12 agosto 2015) Disponible en : http://www.derechos.org/ddhh/arg/ley/conadep.txt

379La obra de 500 páginas en su primera edición tuvo 40.000 ejemplares y fue puesta a la venta a partir del 31 de noviembre de

1984. El libro reproduce el Informe sobre la represión política de la última Dictadura Militar, elaborado por la Comisión Nacional

Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) La edición en EUDEBA esto a cargo de Luis Gregorich. Con esa primera

edición se sumó un anexo del libro en tres partes donde se proporcionaba uno de los primeros listados completos de personas desaparecidas ordenados por apellido paterno, además de listas de centros Clandestinos de Detención conocidos hasta ese momento y otro listado con personas vistas en esos lugares de detención.

380Decreto 184/83 del Poder Ejecutivo Nacional Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas del 15 de diciembre de

1983, publicado en el Boletín Oficial el 19 de diciembre de 1983. (Consulta: 12 agosto 2015) Disponible en : http://www.derechos.org/ddhh/arg/ley/conadep.txt

381 Decreto 184/83 del Poder Ejecutivo Nacional Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas del 15 de diciembre de

1983, publicado en el Boletín Oficial el 19 de diciembre de 1983. (Consulta: 12 agosto 2015) Disponible en : ttp://www.derechos.org/ddhh/arg/ley/conadep.txt

129 clandestinos de detención y se determinaron las primeras zonas donde se habían enterrado a los NN, asesinados por los militares de la dictadura.

Finalmente el jueves 20 de septiembre de 1984 se entregó al Presidente de la Nación todas las informaciones recaudadas por la Comisión CONADEP en un acto en Casa de Gobierno. El Diario Clarín ubicó en tapa y en tema central el hecho, bajo el título: ―Formula graves cargos el

informe sobre desaparecidos‖382, acompañado por dos fotos, una de ellas dentro de la Casa

Rosada con la entrega de manos de Ernesto Sábato a Raúl Alfonsín y Antonio Tróccoli, Ministro del Interior. La otra foto mostraba la Plaza de Mayo con una enorme multitud que acompañó la entrega. El documento suministrado constaba de 50.000 fojas y aportaba por primera vez los datos más significativos del horror vivido. Así se conocían oficialmente las abultadas cifras del terror, ejecutado ―por personas de las Fuerzas Armadas y de seguridad‖, empleando métodos de ―represión, torturas y vejámenes‖, así como ―la exterminación física de los detenidos‖383. Luego de la entrega simbólica, el Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, expresó un mensaje de agradecimiento y de valoración del Informe, de donde es muy importante destacar las palabras que acertadamente buscaban dar respuestas a las disimiles y contrapuestas posturas que se tenían en esos momentos: ―El país necesitaba este ejemplo de ustedes, porque sobre la base de mentiras

o de la oscuridad no podemos construir la unión nacional. Solamente sobre la base de la verdad

y la justicia es que podemos encontrarnos en la reconciliación‖384. Alfonsín deja bien en claro

bajo qué lineamientos se reconstruiría la Nación, además de confirmar que ese informe serviría para que actuara ―la Justicia, a través del debido proceso y en el marco del estado de

derecho‖385. Lo que llegaría pronto. Además de estar implícito en el Informe, Sábato se encargó

de resaltar en esa entrega que la Comisión CONADEP tuvo una ardua tarea ―porque debimos

recomponer un tenebroso rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado deliberadamente todos los rastros, se ha quemado toda documentación y hasta se han demolido edificios‖386, además de señalar que durante el desarrollo de sus tareas fueron ―insultados y amenazados, fuimos acusados de no propiciar la reconciliación nacional, de

activar el odio y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así, no estamos movidos por el

resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia‖387.

Las fuerzas de poder asociadas con el militarismo desarrollaron una importante serie de presiones y amenazas sistemáticas para que el Gobierno Nacional cediera con las intenciones de justicia sobre los militares responsables del horror, medidas que estaban respaldadas en el consenso de la población y de acciones concretas donde la gente se manifestaba masivamente. Incluso se podría decir que el pueblo solicitaba mucha más acciones de las que aspiraba dar

382Tapa de la edición gráfica del Diario Clarín, año XL, N° 13.866, viernes 21 de septiembre de 1984. (Archivo personal) 383Resumen del Informe de la CONADEP, entregado a la prensa y editado como Suplemente Especial acompañando a la edición

gráfica del Diario Clarín, año XL, N° 13.866, 21 septiembre 1984. (Archivo personal)

384―Desaparecidos: graves cargos se formulan en el Informe Sábato‖. Diario Clarín, año XL, N° 13.866, 21septiembre 1984, p.p

02-05. (Archivo personal)

385―Desaparecidos: graves cargos se formulan en el Informe Sábato‖. Diario Clarín, año XL, N° 13.866, 21 septiembre 1984, p.p

02-05. (Archivo personal)

386 ―Desaparecidos: graves cargos se formulan en el Informe Sábato‖. Diario Clarín, año XL, N° 13.866, 21 septiembre 1984, p.p

02-05. (Archivo personal)

387 ―Desaparecidos: graves cargos se formulan en el Informe Sábato‖. Diario Clarín, año XL, N° 13.866, 21 septiembre 1984, p.p

130 Alfonsín. Estas presiones militaristas fueron realizadas con las mismas estrategias aplicadas durante los años oscuros de control y dominación en el país, agitando el fantasma del rebrote de la subversión. Pedían a gritos ―hacer las paces‖ rápido, ―cerrar las heridas‖ pronto sin investigar nada de todo lo que pasó y conocer quiénes son los culpables de tanta atrocidad; propiciaban el olvido y la amnistía por una supuesta ―seguridad nacional‖ y la ―reconstrucción del país‖. Sus posturas no eran de reconocimiento de lo sucedido y de abrir los archivos para saber qué había sucedido con cada uno de los treinta mil desaparecidos. Era mucho más que evidente que los militares y sus socios habituales no querían juicios de ningún tipo, no querían reconocer que habían cometido excesos por demasía, reivindicaban todo lo actuado y amenazaban públicamente con la vuelta de todo ese horror. Con esos duros, peligrosos y amenazantes enfrentamientos se vivió todo aquel año.

Los militares produjeron los primeros levantamientos, amotinamientos y expresiones físicas de movimiento de tropas cuando todavía no se había cumplido un año de las elecciones democráticas de octubre. Sucedieron en la provincia de Córdoba cuando se impidió la entrada a un Cuartel Militar a miembros de la CONADEP y cuando se amotinaron pidiendo que un Juez Federal dejara de importunar a militares con citaciones a indagatorias para brindar explicaciones por rematar de un tiro en la frente a un detenido y por haber estaqueado desnudo a un médico durante una noche del invierno de 1976, sobre cuyo cuerpo se ordenó arrojar agua fría hasta su muerte por congelamiento.

Pero quizá el hecho más relevante de esos primeros momentos sucedió a consecuencia de la difusión de un especial para televisión Nunca Más, emitido el 4 de Julio de 1984 en el Canal 13 de Buenos Aires, realizado por la directora Diana Álvarez, dentro del programa del periodista Sergio Villarruel, denominado Televisión Abierta. Allí se brindaban los primeros datos, estadísticas y testimonios recaudados por la CONADEP. Intentó ser un primer informe preliminar a las conclusiones definitivas. Se ponían en imágenes y en palabras el horror vivido en la larga y oscura noche de la dictadura, a través de un canal público con masiva llegada y en horario central de la televisión.

Antes de salir al aire el programa, que había sido grabado con anterioridad, diferentes facciones de las Fuerzas Armadas presionaron fuertemente al gobierno radical para que no se emitiera. La reacción primaria de Alfonsín fue levantar el programa y no permitir su emisión hasta nuevo aviso, pero los integrantes de la CONADEP se quejaron y amenazaron con alejarse de la Comisión si se lo censuraba. Finalmente Alfonsín concibió una fórmula fantástica y conciliadora para mantener a todos contentos y felices. Se emitió el programa como estaba realizado pero exigió la incorporación de una introducción del Ministro del Interior, Antonio Tróccoli, aportando la idea de la teoría de los dos demonios que tanto les gustaba aplicar a Alfonsín y los radicales para dar una explicación conformista: dos facciones contrarias y malas hicieron cosas malas y hay que sacarlas para quedarnos con los buenos argentinos que somos. Intentando convencernos que los jóvenes y obreros con ideas extranjeras setentistas y los locos

militares ochentosos actuaron con las mismas metodologías de horror, violencia y terror. Teoría

que termina favoreciendo la irrupción del militarismo y del nacionalismo de derecha en el país para reinstalar un modelo de exclusión para muchos y de enriquecimiento para unos pocos. Es

131 decir, que la teoría de los dos demonios termina tapando los verdaderos propósitos iniciados el 24 de marzo de 1976.

Con Ernesto Sábato sentado al lado, Tróccoli comienza esa noche su alusión legitimando la CONADEP y su tarea con la calificación de ―patriótica‖, pero advirtiendo que ese relato que se vería a continuación era una parte de todo lo sucedido en nuestro país. Seguidamente, Tróccoli repite el nefasto discurso castrense y del nacionalismo de derecha para justificar tanta muerte producida por ese terrorismo de Estado: "la otra cara (…) se inició cuando recaló en las playas

argentinas la irrupción de la subversión y el terrorismo alimentado desde lejanas fronteras, (…) con un puñado de hombres, que manejando un proyecto político notorio, apoyado en el terror (…) querían ocupar el poder sobre la base de la fuerza y la violencia y terminó desatando una orgía de sangre y de muerte a personas e instituciones‖. Entonces surge necesariamente ese

relato mediocre y falso: estábamos tranquilos en los cuarteles y nos vinieron a buscar

nuevamente para arreglar todo esto, incluido en las palabras de Tróccoli: ―la sociedad argentina (…) fue conmovida y sorprendida por irrupción subversiva pero no la amparó, no la cobijó en su seno, todo lo contrario, la marginó, la aisló y reclamó la erradicación de la violencia, dio señales inequívocas de que había que terminar con este brote subversivo, le reclamaba al Estado el ejercicio de la autoridad a los efectos de ponerle punto final a estas calamidades inéditas en la historia del país pero lo menos que podía presuponer esta sociedad era que el propio Estado iba a adoptar metodologías del mismo signo, tan aberrantes como las que acababa de impugnar y

que habían sido utilizadas por la subversión y el terrorismo. Esto es lo que estamos juzgando‖388.

Sin embargo, no quedaron para nada conformes con esta acción conciliadora de Alfonsín y el radicalismo, tal como no lo estarán por años con estas políticas de reivindicación de memoria, verdad y justicia, y produjeron la respuesta violenta e intimidatoria que estaban acostumbrados a producir desde 1930. Al comenzar el programa estalló una bomba de estruendo en las afueras del Canal y vecinos de la Zona Norte del Gran Buenos se asombraron al ver desplazarse una columna de tanques sobre el pavimento de la Panamericana. Antes de ingresar a la Capital dieron la vuelta y regresaron a Campo de Mayo. Por esos días, Alfonsín finalmente decide renovar la cúpula