―Es sólo miedo mi noche
Miedo lento, lento y largo Siempre lento, siempre dentro Dentro de una larga noche‖.
Chabuca Granda58
En la madrugada del 24 de marzo de 1976 comenzó un período oscuro de la historia de nuestro país, el séptimo golpe de Estado cívico-militar liderado por Jorge Rafael Videla del Ejército, Emilio Eduardo Massera de la Marina y Orlando Ramón Agosti de la Aviación; destituyendo a la presidente María Estela Martínez de Perón, elegida como vicepresidenta el 23 de septiembre de 1973 por un 61,85 por ciento de los votos. Llegó al cargo luego del fallecimiento de Juan Domingo Perón. El nuevo gobierno se autodenominó: ―Proceso de
Reorganización Nacional‖.
El sistema de radios argentinas, ya solidificadas en el nuevo rol social y en los nuevos formatos surgidos a partir de la inserción de la televisión en el mundo mediático, estuvieron muy atentas en esa madrugada trasmitiendo los hechos como se fueron desarrollando. Rápidamente las radios en manos del Estado fueron intervenidas, las privadas brindaron un temprano y valioso apoyo a los militares y a todas llegaron los primeros lineamientos en control, censura y prohibiciones. El 31 de agosto de 1976, apenas cuatro meses y medio del golpe de Estado, la
Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas (ARPA) –a través de su presidente de ese
entonces, Evaristo Alonso–, defendió y elogió a la dictadura en una reunión de la Asociación
Interamericana de Radiodifusión, celebrada en Quito, Ecuador.
Es muy importante remarcar que los militares heredaron un fabuloso sistema de medios electrónicos (radios y canales de televisión en la Capital Federal y en todo el interior del país) que había pasado a manos del Estado en 1973. Sólo tuvieron que reemplazar a los funcionarios a cargo de los principales puestos de dirección y conducción de esos medios. Sustitución que se efectuó velozmente con militares en actividad o retirados, así como familiares o amigos cercanos o adeptos de sus acciones y pensamientos. Prontamente en las radios y en los canales de televisión se comenzó a vivir en un régimen o clima similar al de los cuarteles militares, debido al estilo castrense que impusieron en el trato con el personal. Se dividieron entre las tres Fuerzas las emisoras capitalinas en manos del Estado: Radio Mitre, El Mundo y Antártida quedaron en manos de la Marina, en el edificio de Maipú al 500 donde ahora funciona Radio Nacional. Fuerza Aérea manejó Radio Excélsior y Splendid. Ejército se quedó con Radio Belgrano, Argentina y
Del Pueblo.
58Granda, Chabuca. Una larga noche. Disponible en:
37 El periodista y locutor Eduardo Aliverti comenzó a trabajar en Radio Continental en diciembre de 1977, recién recibido de locutor en el COSAL. Durante sus estudios compró espacios en dos emisoras y produjo sus propios programas: ―tuve uno en 1976 que se llamaba
Punto Cero en Radio Antártida, hoy Radio América, lo habíamos comprado el espacio con otros tres compañeros de locución (…) Además adquirimos otro espacio, siendo que manteníamos ese, en Radio El Mundo, los sábados de 18 a 21. Eso me permitió conocer los mecanismos de censura. (…) Lo que viví, muy de cerca, fue la censura de artistas, cantantes, etc. Teníamos que elevar la lista de temas que trataríamos a consideración del Departamento de Asesoría Literaria, así se llamaba. En Radio El Mundo, Antártida y Mitre estaba a cargo de una tal Dora Cuadros, una nazi esposa de un Almirante o Contralmirante, no me recuerdo. Tenías que presentar siempre la lista con cuarenta y ocho horas de anticipación. No te pedían específicamente lo que ibas a hablar en cuanto al texto, sino concretamente las áreas de tratamiento. Durante la Guerra de Malvinas sí hubo pautas escritas que se agregaron a las listas. No se podían consignar al aire cables de agencias extranjeras y no se podía hablar de la Paz, sino de la Paz Justa, hasta tal punto eso fue así que La Nación, el domingo de la visita del Papá en 1982, tituló: ‗Dos millones de personas gritaron ayer queremos la Paz‘, por la misa en Palermo. Yo leo ese titular de La Nación el domingo a la mañana, consignando las tapas de los diarios en un programa en Continental, y ese domingo a la noche en una reunión en el Edificio Libertador habían resuelto pedirle a la Elizabeth Viegener de Udaquiola el levantamiento del programa. Siempre me pareció una anécdota impresionante por el hecho de que estaban perdiendo la guerra y se reunían para hablar de un programa de radio, estamos hablando cuando el Papa vino acá a dar el certificado de defunción. A esa altura del partido, debo admitir, que teníamos un grado de popularidad muy fuerte, una audiencia infernal y era un costo político muy importante levantar
el programa‖59. De las anécdotas extrañas donde se cruzan hechos de censura durante los duros
momentos de la Guerra de Malvinas, Aliverti recuerda que su ―postura en contra de la guerra
nunca pudo ser explicitada‖, pero sí le llegó que lo ―acusaban de ausencia de vocación patriótica en la voz, eso es maravilloso‖60.
Otro hecho fundamental en el transcurso de la Dictadura fue el Mundial de Fútbol Argentina
1978, Aliverti recuerda indicaciones concretas que podrían enrolarse en hechos de censura
absolutamente insólitos: ―hubo en las radios del Estado un memo pegado en las paredes de los
estudios, previo al Mundial 78, que decía literalmente: se recuerda a todos los comunicadores y periodistas que queda terminantemente prohibida toda mención critica al Campeonato Mundial de Fútbol, al Seleccionado Argentino, a su director técnico César Luis Menotti y al estilo de juego de la Selección Argentina. Un inverosímil, yo creo que tuvo que ver que en aquellos años
se daba el estilo de Lorenzo que estaba en Boca y el de Menotti que estaba en River‖61.
Como si cada anécdota intentara superar a la otra, el periodista Marcos Taire cuenta que trabajó en Radio Rivadavia durante esos años oscuros y el ―director del informativo dejaba sus
59Entrevista exclusiva a Eduardo Aliverti (2004) 60Entrevista exclusiva a Eduardo Aliverti (2004) 61Entrevista exclusiva a Eduardo Aliverti (2004)
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‗instrucciones‘ escritas en una pizarrón. Lo llamábamos ‗el pizarrón de la libertad de prensa‘,
porque el tipo ponía ahí lo que no se debía dar, era lo único que sabía hacer‖62.
Afanoso apoyo tuvieron los militares de la mayoría de los medios gráficos con capitales privados aquellos más pequeños y locales, así como los de tirada nacional. Después de tantas décadas padeciendo golpes de Estado que no fueron la solución a nada, La Nación –el matutino con 106 años de existencia para esos días–, tituló en su tapa de la edición del 24 de marzo de 1976: ―Las Fuerzas Armadas asumen el poder; detúvose a la Presidente‖63. Ningún tipo de
repudio por el hecho atroz de volver a interrumpir la democracia por séptima vez en 46 años. La misma complacencia y consentimiento tuvo el matutino Clarín: ―Nuevo gobierno‖64. Limitaron sus críticas y se esforzaron en resaltar desde sus columnas de opinión acciones que ellos creían convenientes para el país. Nunca hablaron de golpe de Estado, pero tampoco de desaparecidos, secuestros, Centro Clandestino de Detención, torturas, picana, NN, vuelos de la muerte, secuestro de niños, entre otros. En la bajada informativa del Diario Clarín de ese día se percibe el grado de consentimiento de las acciones militares y la intensión de dejar establecido que esa parecía ser la única opción: ―La prolongada crisis política que aflige al país comenzó a tener su desenlace esta
madrugada con el alejamiento de María E. Martínez de Perón como presidenta de la Nación‖65,
disfrazando una expulsión y destitución del presidente constitucional por ―alejamiento‖.
Uno de los tantos ejemplos claros y directos de ocultamiento en los medios de comunicación puede ser el caso del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Cuando un ciudadano de cualquier país del mundo recibe tan importante y calificado premio es un gran orgullo para todos, un gran reconocimiento que no se obtiene todos los años. El 13 de octubre de 1980, el Comité del
Parlamento Noruego otorgó el premio a un argentino por su lucha por la Democracia y los
Derechos Humanos frente a las Dictaduras en América Latina. Nuestra gente desconoció masivamente el tema por la escasa difusión que se empeñaron en dar los medios nacionales, Pérez Esquivel no era del agrado de los militares en el poder porque lideraba y coordinaba la entidad laica cristiana Servicio de Paz y Justicia, que desarrollaba intensas actividad en toda América Latina por el resguardo de esos preceptos que albergaban en su nombre66. Aquel ciudadano perspicaz frente al ocultamiento masivo de los medios de comunicación, quizás haya sintonizado Radio Colonia de Uruguay y escuchado al periodista y locutor argentino Ariel Delgado leyendo la noticia: ―Buenos días amigos, ‗en la Argentina no se respetan los Derechos
Humanos‘ esto lo declaró el flamante Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel. Como se sabe, el Nobel de la Paz, máximo galardón que se otorga a las más destacadas personalidades mundiales, es discernido anualmente por el Comité noruego con sede
62Ares, Carlos. Rivadavia: un símbolo. (Recuadro de Informe Especial: Radio y Dictadura) Revista El Periodista de Buenos Aires, n° 16, 29 diciembre 1984 al 4 enero 1985, p. 30.
63Título en la tapa del Diario La Nación, segunda edición del 24 de marzo de 1976. En: Blaustein, Eduardo. Zubieta, Martín.
(1998) Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires: Colihue, p.95.
64Título en la tapa del Diario Clarín del 24 de marzo de 1976. En: Blaustein, Eduardo. Zubieta, Martín. (1998) Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires: Colihue, p. 97.
65Bajada informativa en la tapa del Diario Clarín del 24 de marzo de 1976. En: Blaustein, Eduardo. Zubieta, Martín. (1998) Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires: Colihue, p. 97.
66Adolfo Pérez Esquivel fue detenido en Buenos Aires por miembros de la Policía Federal Argentina en agosto de 1977. Fue
encarcelado y torturado, sin haberse hecho proceso judicial alguno. Luego fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo. Permaneció en prisión catorce meses y en libertad vigilada otro tanto.
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en Oslo. El anuncio oficial hecho en la capital Noruega dice: El Comité Noruego del Premio Nobel ha concedido el Premio Nobel de la Paz 1980 a Adolfo Pérez Esquivel, arquitecto y escultor de profesión, ha sido catedrático en arquitectura en Buenos Aires. En 1974 habiendo decidido dedicarse su vida por los Derechos Humanos, se hizo cargo de la dirección de la organización de Servicio Paz y Justicia, que tiene su sede en Buenos Aires, como también filiales en otros países de América Latina. El objetivo de esta organización es trabajar para la promoción de los Derechos Humanos fundamentales, basándose exclusivamente en medios no violentos. La organización ha desarrollado una red de contactos que abarca el continente entero, coordinando las actividades de numerosos grupos locales que comparten puntos de vista clásicos‖67.
El caso del periodista Marcelo Simón y su conocido, prestigioso y afamado programa Las
voces de la Patria Grande, –que se emitía por Radio Belgrano de lunes a viernes de 14 a 17
cuando sucedió el Golpe de Estado de 1976–, es muy particular ya que fue levantado antes que se cumplieran cuarenta y ocho horas del asalto al gobierno constitucional. Todo estuvo en su lugar para alcanzar lo que se buscaba. Los motivos en ese caso fueron muy claros: fue entendido como ―subversivo‖ porque defendía y difundía la cultura nacional y popular, así como al música de proyección folclórica.
Aunque parece ser mucho más ejemplificar el caso de Revista Para Ti de la Editorial
Atlántida –propiedad del periodista argentino-uruguayo Constancio López Vigil–, convertida en
panfleto militarista y anticomunista. Un caso donde la prensa escrita asume directamente su lugar y posicionamiento en la trama de poder político del momento, toda la editorial –con todas sus publicaciones, incluidas aquellas que siempre fueron cabecera política e ideológica: Gente y
Somos–, apoyaron incondicionalmente, desde sus comienzos, todo lo accionado por los militares
golpistas. Pero específicamente la Revista Para Ti –que publicó su primer número en mayo de 1922 y fue precursora en Argentina en revistas femeninas–, sostuvo esa tendencia de apoyo a los militares en el poder con un contacto directo desde lo social, lo cotidiano, lo doméstico, lo moral y lo familiar con sectores medios altos y bajos. De los tantos hechos producidos desde sus páginas es interesante destacar dos: uno al comienzo del Proceso y otro durante el polémico
Mundial de Fútbol de 1978. El 6 de julio de 1977 publicó un artículo donde se enseñaba a los
padres con hijos en edad escolar cómo reconocer la ―infiltración marxista‖ en las escuelas: ―Lo
primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario que, aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar es ‗transbordo ideológico‘ que nos preocupa. Aparecerán frecuentemente los vocablos: diálogo, burguesía, proletariado, América Latina, explotación, cambio de estructuras, compromiso, etc. Otro sistema sutil es hacer que los alumnos comenten en clase recortes políticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas y que nada tienen que ver con la escuela‖68. El otro caso paradigmático en
Revista Para Ti fue la campaña desplegada desde sus páginas en varios números para
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Fragmento desgrabación de audio grabado del aire en Radio Colonia en 1980. Redactor y Locutor: Ariel Delgado. En: Web de
Adolfo Pérez Esquivel. (Consulta: 15 junio 2015) Disponible: http://www.adolfoperezesquivel.org/?page_id=29.
68Ferreira, Fernando. (2000) Una historia de la censura. Violencia y proscripción en la Argentinas del Siglo XX. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, agosto de 2000, p.p. 253 y 254.
40 contrarrestar las presiones internacionales sobre la violación a los Derechos Humanos y las atrocidades cometidas por los militares, con el único fin de combatir en una supuesta guerra denominada por ellos como ―sucia‖. La revista femenina incluía una serie de postales de nuestro país, tituladas ―Argentina: Toda la verdad‖, las cuales los lectores podían recortar y enviar por correo a una lista de los más prominentes críticos internacionales del régimen. Incluía esa lista el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter, el demócrata senador norteamericano Ted Kennedy, así como mandatarios europeos, organizaciones no gubernamentales y periodistas de muchas publicaciones de diferentes partes del mundo.
El periodista y escritor Eduardo Blaustein, –autor del conocido libro Decíamos ayer–, completa el tema: ―Hace unos años, yo hice un libro en el que investigué el comportamiento de la
prensa argentina durante la dictadura. No era necesario escribirlo para saber que los niveles de censura y autocensura durante la dictadura fueran absolutamente horrorosos y espantosos. En todo caso sí es bueno aclarar que no sólo se trató de censura y de autocensura por comprensible temor, sino que hubo una gran batahola de aplausos general hacia la dictadura por parte -por lo menos- de las grandes empresas periodísticas argentinas. Es decir, no solo se omitió sino que se
ocultó todo lo que se aplaudió a rabiar‖69.
Se buscó el silencio de un pueblo sostenido por la variable del miedo, instalaron hábilmente las ideas: ―mejor no hablar, por las dudas‖, cualquiera podía estar escuchando y todos podían ser potenciales denunciantes. La mejor opinión resultó ser el silencio, como sucedía en los cuarteles o en los hospitales. La frase "El silencio es salud" fue acuñada y ponderada a ultranza por el brigadier Osvaldo Cacciatore, Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, durante esos años oscuros de la dictadura, mientras destruía casas y construía autopistas que modernizaron a la capital del país. El miedo fue instrumento de aplacamiento y control, utilizando herramientas muy efectivas, lanzando y popularizando frases como ―algo habrán hecho‖ o ―por algo pasó
eso‖, con la idea de ocultar la barbarie descontrolada y poderosa, lograron convencer a todo un
pueblo y negar –hasta el gran convencimiento–, que no había sucedido o que ―no podía suceder
eso que decían de nuestro país‖, incluso hasta después de terminada la dictadura con el ―no se sabía nada‖, gran justificador y salvador de complicidades.
En lo que respecta a la instauración concreta y evidente de la censura hay que marcar que después del Golpe de marzo de 1976, el gobierno militar elaboró una serie de comunicados que dejaron una impronta muy clara sobre las órdenes generales. Todo aquello que ellos creían suficientes para encausar a la tropa: ―Sea considerado pernicioso y por lo tanto prohibido para la
televisión argentina, el material que incluya aspectos que presenten algún deterioro de la imagen de los padres; justifique la rebeldía de los hijos o conduzca a su ejercicio; desvirtúe el sentido del matrimonio en la relación sexual; presente el divorcio como solución a los problemas matrimoniales; considere una salida justa el adulterio o la infidelidad; contenga el tema del aborto como línea argumental: sólo podrá ser mencionado en forma incidental y cuando obedezca a causas naturales o impremeditadamente accidentales; presente en forma incidental
69Blaustein, Eduardo. Exposición en panel Censura y autocensura en el periodismo, en Buenos Aires, el 7 junio 2002. En: Conflicto social, censura y medios. (2003) Buenos Aires: Observatorio Social y Político de Medios de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, p.p. 77-81.
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escenas de abandono de niños, ancianos, enfermos o incapacitados mentales o físicos. En todos los casos mencionados, deberán conducir a un desenlace positivo que induzca a la comprensión e integración del grupo familiar o social; presente escenas físicas de prepartos, partos y operaciones cesáreas; no cuide las debidas formas de tratamiento en los casos de adopción, para evitar las incidencias negativas en los niños; contenga referencia alguna sobre el control de la natalidad; ofrezca ejemplos de vida familiar totalmente ajenos a nuestra sociedad y con características disociantes que introduzcan falsos patrones en ella; atente contra el concepto real de sexo, como personalidad realizadora del individuo en función de su destino social; presente escenas que muestren el submundo de la prostitución en cualquiera de sus aspectos; que utilice el desvarío sexual como centro de la trama; que contenga escenas de amor, de danzas, diálogos o fondos estéticos que no encuadren dentro de un marco de decencia o que connoten lascivia, indecoro o exageración compulsiva; que proponga estilos de vida sexual desacordes con nuestra concepción comunitaria‖ (Comunicado del Comité Federal de
Radiodifusión de agosto de 1977, remitido a los interventores militares de los canales de televisión)70 Parece no faltar nada. Lo más fácil y económico habría sido escribir: se prohíbe
todo. Hay una negación total de todos los problemas que tenía la sociedad en ese momento. Se
prohíbe todo aquello que resultará un problema a considerar. Muchos de los temas que prohibieron en esos años serán los que reclamarán los militares y la iglesia, ya en democracia, frente al destape cultural y político lógico después de tantos años de oscuridad y censura. Golpearán oficinas de altos funcionarios para pedir aquello que en otros tiempos, con ellos, no ocurría: ―Esto, con los militares no sucedía‖.
Asimismo, el gobierno usurpador había abierto una oficina en la propia Casa Rosada para moldear y ejercerla censura previa. Se debía mandar el material periodístico escrito para su aceptación. Esta operación engorrosa fue sacada rápidamente, los militares se dieron cuenta que no se precisaba: los dueños de los medios apoyaban integralmente su gestión y los trabajadores de prensa se acostumbraron rápido a la autocensura. Oscar Muiño –periodista, docente y escritor,